miércoles, 23 de marzo de 2016

Transición a la cubana o a la venezolana




Ningún régimen comunista o socialista podría sobrevivir en este mundo globalizado aferrado a arcaicas premisas marxistas y de espaldas a la realidad.
No pudo la Unión Soviética.
Ni China.
Y los regímenes que no se adaptaron a la dinámica de la nueva encomia global cayeron.
Ese pudo ser el destino de Cuba de no ser por el legendario pragmatismo de los Castro.
Cuba se adaptó para sobrevivir en un mundo gobernado por relaciones económicas complejas que van más allá de los desteñidos conceptos marxistas.
Al hacer a un lado su querella con los Estados Unidos Cuba se abre a un mundo de posibilidades que antes le estaban negadas.
Claro, eso no viene sin costo.
Hay un costo político en términos de redefinir los intereses y la agenda del gobierno cubano.
Pero para este régimen cuyos líderes ya casi desaparecen físicamente se trata de sobrevivir unos años más a la inevitable transición política a la democracia.
La transición vendrá, es inevitable.
Los Castro lo saben, pero no será a empujones.
Sera una transición pacifica, progresiva y negociada.
No será un proceso abrupto y para el momento en que esta se concrete ya los Castro estarán muertos y sus camarillas habrán mutado a nuevas formas de hacer política para seguir operando.
Ese sentido pragmático de adaptarse para sobrevivir es lo que le hace falta al régimen venezolano.
El chavismo oficialista sigue gobernando como si mañana nunca va a llegar y como si la tuerca nunca fuese a girar.
Esa visión reduccionista de la historia todo lo simplifica en blanco y negro no les  permite ver otras opciones.
Ese todo o nada expresado en la consigna primitiva de “rodilla en tierra” o “patria y muerte” es lo que ha arrinconado a este régimen y sus operadores políticos.
Por eso a la hora de sacar las cuentas ni siquiera Cuba es un sitio seguro para los chavistas del régimen cuando salgan del gobierno.
En sus círculos íntimos dicen que prefieren irse para Rusia pues en un mundo de traiciones allá se sentirían más seguros.
La política a la cubana inspirada en el pragmatismo le permitiría al gobierno ser flexible en su desteñida agenda económica y construir un acuerdo de unidad nacional.
Pragmatismo bien entendido no necesariamente quiere decir renunciar a todo el cuerpo de principios ideológicos, pero si lograr consensos con el país para recuperar la economía, por ejemplo.
Y quizás por la vía del pragmatismo, el gobierno encuentre un punto de apoyo en la oposición y haga la situación del país más gobernable.
Pero el beneficio ultimo, el que podría resonar con los operadores del oficialismo, es abrirse a posibilidades de una transición política pacifica, progresiva y negociada.
Sin persecuciones y sin facturas.
Sin empujones.
A la cubana, pues.