miércoles, 18 de enero de 2017

La lógica de la represión y las maniobras militares

Aunque salvaje y brutal, el comportamiento del régimen obedece a una lógica altamente predecible. La mayoría de sus operadores fueron discípulos de los comandantes guerrilleros de los 60’ o militares renegados que conspiraban contra la democracia en los 80 y 90. Las nociones que estos operadores tienen de la política han sido tomadas del mundo militar, de la guerra y la insurgencia armada.

Una de las prácticas militares más socorridas para abortar las crisis internas del cuerpo militar es identificar un adversario exterior real o imaginario para forzar la cohesión interna del grupo ante la amenaza externa, lo cual lleva a distraer y posponer los conflictos internos.

El secreto —no tan secreto— de Hugo Chávez para mantener cohesionadas a sus huestes a pesar de sus profundas diferencias, fue siempre mostrarles un adversario poderoso, pero derrotable, para mantenerlas ocupadas luchando contra él. Ese adversario toma cuerpo diferente según la coyuntura política. Unas veces es el “imperialismo norteamericano”, otras la “derecha fascista” o la “oligarquía”. Es una práctica política y militar del chavismo oficialista el crear adversarios externos imaginarios ante crisis internas.

La ferocidad y brutalidad de la represión del régimen en los últimos días trata de esconder la profunda crisis que vive el chavismo oficialista. Hay división y descontento civil y militar en las filas de su partido desde hace años. Pero esta crisis no termina de aflorar porque, hábilmente, la cúpula siempre maniobra para crear un adversario externo que obliga a todo el cuerpo con sus facciones enfrentadas a concentrarse en el enemigo externo y no en las confrontaciones internas.

En los últimos días, el régimen ha combinado la represión brutal contra la oposición y unas maniobras militares ante presuntos planes de invasión extranjera. La realidad es que la oposición política al régimen no está interesada en involucrarse en golpes militares y que ningún país, y menos los Estados Unidos, obtendría beneficios con una absurda e imaginaria invasión a Venezuela.

En realidad, el aumento de la ola represiva y los caricaturescos ejercicios militares son distracciones fríamente calculadas para abortar la crisis interna del chavismo y el creciente descontento entre sus cuadros civiles y militares.

Se trata entonces, de un viejo truco del régimen.  Al mismo tiempo es una advertencia clara a los chavistas, civiles y militares, que están pensando romper con el sistema y enfrentarlo. Que sepan que si eligen ese camino les espera el linchamiento moral y físico, y ni siquiera sus familias serán respetadas.

La represión y las maniobras militares de estos días solo tratan de esconder lo que casi todo el mundo sospecha: el chavismo también está dividido. Chavistas —civiles y militares— dividen sus lealtades entre el régimen que fenece y el grupo que puede garantizar su supervivencia.


domingo, 15 de enero de 2017

Prioridades tácticas de la coyuntura

El régimen está débil, pero no termina de caer. El colapso institucional del régimen chavista no se traduce en su definitivo desbancamiento por dos razones fundamentales: a) La oposición política concentrada en la MUD es débil y errática; y b) El régimen se sostiene gracias al aparato represivo militar-policial. Y es que la premisa inicial de este artículo aunque gramaticalmente correcta encierra una profunda equivocación política que ha llevado a los sectores democráticos por un camino equivocado.

Ningún régimen por muy débil que sea, como el régimen chavista hoy por ejemplo, cae o se desploma en forma automática o espontánea. Aun para que ocurra el desplome o la implosión, como tantas veces lo hemos analizado en las páginas de La Razón es necesaria una energía que haga ignición y provoque el estallido. Sin esa chispa inicial todo queda en manos de la inercia política y el esfuerzo se reduce a una apuesta pasiva al desgaste del régimen.

Lamentablemente hasta ahora la iniciativa de la oposición al régimen ha estado en manos de la MUD como una coalición electoral de partidos que no ha sido capaz de superar las limitaciones de su propia realidad virtual. La MUD termina haciendo una oposición exactamente a la medida del régimen no porque quiera sino porque carece de claridad para entender el momento político que vive el país y es incapaz de articular una propuesta viable y sostenible de poder frente al régimen chavista.

La actual coyuntura está definida por una alta conflictividad social y por un deterioro de la gobernabilidad. Este no es el momento del diálogo lo cual resultaría muy conveniente y a la medida del régimen. Este es el momento de la confrontación. El no entenderlo es lo que ha llevado al diseño de estrategias de oposición fallidas que solo han dejado desesperanza y confusión en la calle.

Mientras el régimen está ejecutando, ante los aún incrédulos ojos del país y del mundo, su asalto al poder para  asegurarse su control por la vía del golpe de estado la MUD sigue actuando bajo esquemas existentes de normalidad electoral, exigiendo al gobierno cambios que no pasan de ser un saludo a la bandera tal como sus propios voceros lo han admitido.

Con este tipo de estrategias  y estos métodos de lucha no será posible derrocar al régimen en su momento de mayor debilidad. En estos momentos los sectores democráticos tienen tres tareas esenciales para retomar la ofensiva contra el régimen: a) Organizarse en una frente de lucha amplio que vaya más allá de la MUD, incluya otras fuerzas sociales e incorpore sin complejos a sectores del chavismo crítico; b) Retomar el liderazgo de la calle encabezando la protesta social contra el régimen; y c) Ganar a más oficiales activos de las FANB para defender la Constitución y hacer respetar el estado de derecho.

La designación de Tareck El Aissami como Vicepresidente y el lanzamiento del Comando Antigolpe anuncian la ofensiva represiva del régimen. La contraofensiva de los sectores democráticos es urgente e impostergable. Cada hora cuenta.


miércoles, 11 de enero de 2017

El nuevo eje de la oposición

A pesar de que cuantitativamente la mayoría del país se identifica como oposición al actual régimen, orgánicamente los sectores democráticos opositores están fatigados. En el 2016 el régimen no escatimó esfuerzos en su escalada política y represiva para mantenerse en el poder. Y hará lo mismo en el 2017. La intensidad de la arremetida oficialista y la confusión del liderazgo opositor, centrado en la MUD, dejó un balance desconcertante en la lucha democrática. Hoy no estamos más cerca del cambio político que en enero de 2016.

Hemos sumado nuestras voces con las de otros venezolanos que proponen un cambio de estrategia. Es preferible detenerse unos días para analizar lo que estamos haciendo y hacia dónde vamos, que seguir en una carrera loca y desesperada sin rumbo, proponiendo esquemas de lucha que no terminan de acumular fuerza para el cambio político, sino que, por el contrario, siguen agitando a la sociedad en la desesperanza y la desilusión por su diseño cortoplacista.

No estoy de acuerdo con quienes proponen que la MUD debe desaparecer. La MUD debe continuar y revisarse, tal como lo han prometido sus voceros, para coordinar tareas electorales que serán necesarias en el futuro, cuando haya elecciones. Mientras tanto la tarea de dirigir la oposición contra la dictadura debe recaer en un frente político que cuente con la presencia de la MUD como uno de sus factores, pero que también incluya a otras fuerzas sociales necesarias para crear una nueva mayoría que derrote al régimen en todos los planos.

En otras palabras, la oposición necesita de un nuevo eje de conducción incluyente de todos los sectores de la sociedad comprometidos en derrocar a la dictadura. Este propósito es una tarea delicada, compleja y exigente, cuya responsabilidad no puede estar sólo en manos de los partidos políticos que integran a la coalición opositora.

Pero, ¿cómo lograr que ese nuevo frente político democrático no sea otro ejercicio burocrático y abstracto para alimentar ilusiones? ¿Cómo dar los pasos para integrar este nuevo eje de lucha política? Con certeza la iniciativa no vendrá de los partidos políticos, ni de la MUD, y mucho menos de líderes políticos que legítimamente se mueven en la dinámica de sus propias aspiraciones presidenciales. Todos ellos tienen una tendencia natural a crear pequeños cogollos para tomar decisiones (G3, G4, G5, etc.) que terminan aislándose del resto de la sociedad.  Además bastaría que cualquiera de estos factores lo intente para que de inmediato los otros se sientan alienados.

El liderazgo natural de ese nuevo eje de la oposición debe surgir justamente de los únicos sectores sociales que se han mantenido éticamente irreductibles, atrincherados, resistiendo los embates del régimen: la universidad y la iglesia venezolana (la representada por el Episcopado, no el Vaticano). Me refiero a la universidad venezolana y a la iglesia como una simbiosis combativa de profesores, estudiantes, trabajadores y curas párrocos que con sus respectivas organizaciones gremiales, estudiantiles, sindicales y cristianas, se pongan a la cabeza de la lucha contra la dictadura y nos convoque al resto de los venezolanos.

Un frente democrático y social comandado por el liderazgo de las universidades y la iglesia estaría en las mejores condiciones para definir una agenda de lucha política, con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y no una simple hoja de ruta que nos lleve de ningún lado, a ninguna parte.

Además, una conformación de esta naturaleza permitiría, como tantas veces lo hemos escrito, la inclusión de diversos sectores opositores al régimen que no se sienten identificados con la MUD pero que son indispensables en esta lucha.

Bajo el liderazgo de las universidades y la iglesia y con la participación de amplios sectores políticos y sociales, se podría articular una estrategia viable de poder que permita derrocar a la dictadura. Esa nueva dirección de lucha política podría adoptar cualquier denominación que refleje su indiscutible diversidad, su indubitable claridad en los objetivos, y su innegociable compromiso de luchar por la libertad hasta lograrla.


domingo, 8 de enero de 2017

Lo que trae Tareck Por. Humberto González Briceño

Lo que trae Tareck
Por. Humberto González Briceño

Hoy es innegable el estado de abatimiento de las fuerzas democráticas de la sociedad por su dispersión e incapacidad para organizarse fuera de los partidos. A esto se suma la desconfianza que existe hacia la MUD por la forma errática como lideró la lucha contra el régimen en el 2016. Aunque el régimen ha perdido y sigue perdiendo apoyo su férreo control del aparato militar y el debilitamiento de la oposición le permiten seguir en el poder.

Al apreciar un evidente debilitamiento de su adversario el régimen aprovechó la oportunidad para reforzar su cuadro político en el gobierno. Operadores políticos más intransigentes y radicales ocupan ahora posiciones clave. Pero el debilitamiento de la oposición también ha permitido a su vez que las confrontaciones internas contenidas dentro del chavismo oficialista comiencen a madurar cada vez más rápido.

Lo más significativo en los cambios que acaba de hacer Nicolás Maduro el pasado 4 de enero es la designación del gobernador de Aragua Tareck El Aissami, conocido por sus posturas irracionales y extremistas, como nuevo vicepresidente de la república. En una primera lectura esto significa que el régimen aumentará la represión contra la oposición y cualquier disidencia civil y militar en 2017. Maduro fue muy claro en cuanto al rol represivo que tendrá el nuevo vicepresidente.

La otra lectura entre líneas es la crisis política subyacente del chavismo oficialista alentada por enconadas luchas sin cuartel por la jefatura del gobierno y del PSUV. Las fichas de Diosdado Cabello ha sido progresivamente desplazadas y una nueva alianza parece estar dispuesta a asilarse en forma definitiva del centro de poder.

La designación de Tareck El Aissami también trae consigo una invitación a reavivar el conflicto interno entre facciones chavistas en el seno de las Fuerzas Armadas. Son inocultables las diferencias entre Vladimir Padrino López actual ministro de la defensa y Néstor Reverol, Ministro de Interior y Justicia y operador militar de Tareck El Assami. Es muy probable que estos movimientos aceleren la salida discreta de Padrino López del gobierno y le abra el camino a Reverol para ser el nuevo ministro de la defensa.

Padrino López es quien hasta ahora ha mantenido el delicado equilibrio entre facciones chavistas en el seno de las FANB y le ha dado estabilidad al frágil gobierno de Maduro. Su salida y la eventual designación de Reverol como nuevo Ministro de la Defensa acabarán con el equilibrio en las FANB y abrirá los cauces para liberar insospechadas dinámicas que podrían terminar con un levantamiento militar de grupos chavistas descontentos en contra del régimen. Vienen tiempos difíciles para el gobierno y el país en general.. Lo que trae Tareck no es nada bueno. Para nadie.


miércoles, 4 de enero de 2017

La lucha contra la dictadura. Consideraciones tácticas

En primer lugar, considerando los aspectos fundamentales y conceptuales, debemos asumir que en Venezuela existe una dictadura. El régimen que gobierna a Venezuela es, en esencia, una entidad antidemocrática que ha secuestrado todos los poderes y burla la voluntad de los ciudadanos. La apariencia democrática luce deshilachada, pero aún es suficiente para frenar acciones internacionales e incentivar ilusiones políticas como el diálogo.

Mientras la oposición política concentrada en la Mesa de la Unidad Democrática no entienda que lo que tiene frente a sí es una dictadura, no se podrá avanzar. Todas las estrategias y tácticas basadas en una incorrecta caracterización del adversario están destinadas a un fracaso irreversible. Muchas de las derrotas que con justicia se le achacan a la MUD tienen que ver con la falta de claridad a la hora de definir a su adversario.

De haber entendido bien temprano que se está luchando contra una dictadura, la MUD no habría caído en la trampa del diálogo. O quizás lo habría asumido de otra manera. Seguir en lo mismo solo garantiza los peores resultados en el 2017.

Caracterizar al régimen como una dictadura cívico militar de nuevo tipo, le permitiría a la oposición definir métodos de lucha que combinen espacios ganados institucionalmente, como la Asamblea Nacional, y comandar la rebelión ciudadana en la calle.

El otro problema que debe abordar la oposición política es entender que en esta lucha hay que cambiar la correlación de fuerzas para lograr un camino viable y derrotar al régimen. Ya en el 2016 ensayamos la fórmula de la MUD donde los partidos, con genuino interés, trataron de liderar la lucha contra el gobierno. Pero quedó demostrado que a pesar del indiscutible éxito de las movilizaciones, los partidos políticos de oposición no son suficientes para desmontar al chavismo oficialista.

Dejar el manejo de asuntos tan trascendentales como la oposición al régimen, exclusivamente en manos de la MUD, fue un error que cometimos todos. La MUD, por su propia naturaleza, desarrolló una estrategia de confrontación estrictamente electoral contra el gobierno y se aisló del resto de la sociedad.

Quedó demostrado que apostarle todo a la agenda electoral fue una equivocación que hoy pagamos con un evidente agotamiento de la energía opositora. Se nos fue el tiempo movilizando a la calle para pedir revocatorio y elecciones, y nos olvidamos de lo más obvio: La cruda realidad social del país. Un país sin comida, sin medicinas, sin justicia y sin esperanza, pero además huérfano de líderes dispuestos a tomar esas banderas de lucha.

Habríamos logrado objetivos políticos mucho más decisivos si hubiésemos puesto toda esa energía para exigir el desbloqueo a la ayuda humanitaria o la liberación total, no selectiva, de los presos políticos.

La Mesa de la Unidad Democrática puede reformarse o dejar de existir. En cualquier caso sus aportes a la causa democrática son innegables. Pero no se puede dejar sólo en sus manos la grave responsabilidad de coordinar a toda la oposición. Lo más conveniente es crear una instancia más amplia que incluya a la MUD y a otras fuerzas sociales y políticas comprometidas con la lucha por la democracia.

Allí la MUD podría aportar su extraordinaria experticia electoral, pero también tendría que compartir el diseño de las tácticas y estrategias para combatir la dictadura con otros sectores: obreros, estudiantiles y gremiales. E incluso —y en esto hay que insistir— incorporar a los cada vez más amplios sectores del chavismo críticos al gobierno. Estas no son decisiones fáciles pero son absolutamente necesarias para comenzar a construir una verdadera estrategia de poder que derroque la dictadura y restablezca la democracia en Venezuela.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Las lecciones de la estafa

En enero de 2016 pensábamos que para lograr el cambio político solo era necesario ser mayoría. Aún celebramos la victoria de la oposición en las elecciones legislativas de diciembre. El régimen acababa de tomar por asalto el TSJ, y aunque creímos que serían capaces de todo, nunca pensamos que violarían la Constitución. Su propia Constitución. Pecamos de ingenuidad entonces.

Animados por nuestras propias expectativas de lograr un cambio democrático de gobierno dentro del marco constitucional, y alentados por un liderazgo opositor altisonante y desafiante, nos embarcamos en la legítima causa de convocar el referéndum revocatorio para sacar a Maduro por las buenas.

Por supuesto, también creímos que el CNE, “el más eficiente de todo el mundo”, podría organizar el referéndum revocatorio y a su vez las elecciones de gobernadores, tal como legalmente estaban pautadas para el 2016. Y aunque los “ultrosos” de siempre y los inefables “guerreros del teclado” nos advirtieron una y mil veces que para este régimen no hay salida democrática, no les creímos. Ni siquiera disimulamos el fastidio que nos producía recibir en nuestro celular a cada momento el famoso video de Orlando Urdaneta. “No vale, yo no creo. Hasta cuando con el pesimismo, ¡por Dios!”,  reclamábamos en las redes sociales.

Con el paso de las semanas la situación económica y social del país se deterioraba a niveles que amenazaban la estabilidad del régimen. El gobierno articuló una estrategia para desmontar a la MUD, que venía holgada y victoriosa, y a su vez desmovilizar la protesta social. La siniestra táctica del diálogo fue concebida para neutralizar la presión internacional sobre Venezuela y, a su vez, darle largas al revocatorio y a las elecciones de gobernadores.

Pasaron los meses y llegamos a diciembre. El revocatorio quedó cancelado. Las elecciones regionales no se hicieron. La crisis se agudizó para los venezolanos. Contrariamente a la prédica oficial,  continuó la escasez de comida y de medicinas. Hoy el 80% del país rechaza con rabia a Maduro. Somos mayoría, pero aun así nos embarga un sentimiento de impotencia. Excusa tras excusa, se desvanecieron todas las ilusiones de un cambio político por la vía electoral. Hoy ya nadie duda que mientras el régimen sienta que puede perder, jamás habrá elecciones en Venezuela. 

Nos tomó un año entender y aceptar que fuimos engañados. Hemos sido víctimas de la estafa política más grande que se haya conocido en la historia de Venezuela. No solo el chavismo oficialista nos ha hecho más pobres, traicionando su promesa de redención social, también se ha burlado de la Constitución y las leyes para mantenerse en el poder.

Como si esto no fuese suficiente y para completar la estafa política, el régimen logró, a finales de año, perpetrar con éxito una estafa de naturaleza eminentemente criminal: Bajo engaño, el gobierno sacó de los bolsillos de millones de venezolanos el dinero efectivo para que no compraran mucho en Navidad y así bajar los precios a la fuerza. Se quedaron con la plata y se echaron a reír. La gente no lo podía creer. Miles de venezolanos expresaron su frustración en la calle: “Nos volvieron a j…”

La estafa ejecutada por el régimen contra millones de venezolanos en el 2016 deja muchas lecciones. Una de ellas, quizá la más importante, es que para sacar del poder al chavismo oficialista no basta ser mayoría. Esta mayoría tiene que ser capaz de invocar sus derechos constitucionales y hacerlos valer, a pesar del régimen. De lo contrario seguirán gobernando por una década más. O hasta que se cansen de estafar.

viernes, 16 de diciembre de 2016

La MUD tiene el tiempo en negativo...

Vivimos tiempos volátiles.

Los eventos se suceden y desencadenan en minutos.

Entre rumores e incertidumbres cada día en Venezuela es equivalente a una eternidad.

La volatilidad del tiempo y la crisis tomó por sorpresa a la MUD, aun empantanada con el gobierno en el diálogo y perdiendo su caudal político cada minuto.

Luce confundida, errática y dividida.

La crisis existencial que atraviesa la MUD es inocultable.

Sus componentes tienen que asumirla y hacer lo que tengan que hacer cuanto antes.

Antes de que la crisis los arrope y la búsqueda de otros referentes de la oposición sea definitiva.

La MUD tiene que revisarse y para esto no le quedan días. Quizás horas.

Lo cierto es que el tiempo lo tienen en negativo y entre una reunión y otra quizás ya sea demasiado tarde.

Tuvieron un año para hacer lo que tenían que hacer.

Ahora quizás menos de una hora.

Así es la política.