jueves, 19 de julio de 2018

La adicción electoral de la falsa oposición


Después de todo lo que ha ocurrido en Venezuela hay temas que deberían darse por cancelados o agotados. Sin embargo, se vuelven reiterativos e intentan colarse por las grietas de la ignorancia o la desmemoria del pueblo. Y es que, con el fin de preservar sus prebendas y privilegios, los operadores políticos están obligados a meterlos nuevamente de contrabando para ver si esta vez la gente los acepta.
En estos diecinueve años, cada vez que el régimen ha entrado en una fase de crisis que amenaza con convertirse en terminal, vuelve a apelar a la negociación de condiciones políticas y electorales para ganar tiempo. Un tiempo que, aunque pareciera estar en su contra, termina comprando prórrogas que se convierten en derrotas para la oposición. Es una táctica cíclica, va y viene, pero siempre está allí, latente, esperando por una nueva oportunidad para debutar como algo novedoso.
El régimen sabe muy bien que la droga de preferencia de la falsa oposición son las elecciones. Saben que, con adoración fetichista, esta oposición llegaría hasta donde sea necesario para asegurarse algunos cargos en cualquier instancia del régimen político chavista, y resolver los apetitos de su clientela partidista.
Con algunos matices, la falsa oposición sigue jugando a la estabilidad del régimen. La retórica incendiaria de los Ramos Allup se combina con sofisticadas estrategias para desarticular la oposición real contra la dictadura. En el último fraude electoral presidencial, una parte de estas franquicias de la falsa oposición simplemente no postuló candidato, y trató de hacer ver esa postura como un supuesto llamado a la abstención. Sencillamente se quedaron callados, mientras sus operadores regionales apoyaron la candidatura no menos falsa y engañosa de Henri Falcón.
A estas alturas, el tema electoral debería estar cancelado, luego de la constatación del fraude electoral que constantemente perpetra el régimen, y que es cohonestado por la falsa oposición. Pero el asunto regresa nuevamente con la convocatoria a elecciones de concejales para finales de año, y los coqueteos de la falsa oposición para inscribir candidatos. Claro, ya no será en forma directa, porque el mismo régimen ha inhabilitado la capacidad de postular que tendrían AD, PJ, VP y UNT. Sin embargo, los cupos del partido de Henri Falcón estarán a la orden para ser rellenados con nombres ligados al clientelismo municipal de esas organizaciones partidistas.
En esta nueva etapa que se inicia, el régimen ha decidido que seguirá con su manoseada táctica de negociaciones y elecciones para debilitar la lucha política. Esta vez las negociaciones serán individualmente con cada organización o bloque de la falsa oposición. El grupo de Falcón ha sido favorecido, esta vez con ciertas prerrogativas, al ser oficialmente el escogido como la oposición oficial al régimen. Los otros recibirán trato y prebendas según su nivel de servilismo; cuanto más tímidos y discretos menos recibirán.
Al mismo tiempo, casi por reflejo, el otro tolete de la falsa oposición anuncia que seguirá pidiendo condiciones electorales, aunque está sobradamente demostrado que jamás producirán un cambio político en dictadura. Mientras tanto, el país se cae a pedazos, el régimen aumenta la represión, y Maduro y Diosdado sonríen. Nada mejor para ellos que seguir alimentando la adicción a la droga electoral que continuamente proporciona el estado chavista a sus opositores.

domingo, 15 de julio de 2018

Evangelizar la servidumbre voluntaria


No hay forma de explicar 19 años de tiranía chavista sin la complicidad de la falsa oposición. Esa complicidad ha operado en diversas formas e intensidades. Están los negocios directos que unen al régimen con la oposición en la asignación de contratos a testaferros para financiar a partidos y en joint ventures como Odebrecht.
Pero también están los falsos dirigentes opositores que aunque no reciben asignaciones directas del estado chavista reciben un trato preferencial con ciertas garantías que les permiten seguir en la política sin que los toquen a cambio de que adecuen su discurso a los intereses del régimen.
Es una táctica que se basa en usar a los propios operadores de la falsa oposición como voceros de los intereses del gobierno. Así estos falsos opositores esconden su intención real de convivir y cohabitar políticamente con el estado chavista tras un manipulado discurso de negociaciones y vía electoral para salvar a país.
Lo perverso de esta táctica es que se apoya en situaciones concretas para imponer a la sociedad una manera de hacer oposición, una que aunque vocifere retóricamente al mismo tiempo desmovilice a la gente y desarticule la lucha real. Se trata de una forma sofisticada de usar a estos pseudo opositores para evangelizar la servidumbre voluntaria como condición para vivir en Venezuela.
Ese es el metalenguaje que transpiran por ejemplo Henry Ramos Allup y Acción Democrática cuando justifican la acción servil de sus cuatro gobernadores para gestionar la supuesta liberación de los presos políticos que no ha sido tal. En el fondo lo que intenta el régimen es usar elementos de la misma oposición para convencer al país que la lucha es inútil y que la única forma de oponerse al régimen es la forma legal y constitucional que el propio régimen lo permite. O sea una forma que sea tan inofensiva que le asegure al chavismo otros veinte años en el poder.
En medio de la tragedia de un país que se cae a pedazos y que requiere una respuesta política inmediata para enfrentar al régimen Acción Democrática anunció que visitará todo el país para “escuchar qué es lo que quiere el pueblo.” Eso no es más un típico cinismo de Ramos Allup para emboscar a la gente con falacias tales como “el régimen cae con votos, no con balas.”
Una dirigencia opositora verdaderamente honesta y digna sabría orientar y liderar la lucha social. En realidad lo que busca AD es propagar la desesperanza y justificar la cultura del servilismo de absoluta factura chavista para volver a caer en la trampa de unas elecciones.
El estado chavista y sus evangelizadores de la falsa oposición deben ser enfrentados con la misma intensidad para poder recuperar la república.-

jueves, 12 de julio de 2018

La implosión de la MUD

No podía ser de otra manera. El derrumbe de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es el fracaso de una política cortoplacista y electorera que nos ha impuesto la falsa oposición desde 1999, para enfrentar al estado chavista.
Hicieron de la llamada vía electoral un fetiche al cual había que adorar, desechando otras formas de lucha. Tal como Henry Ramos Allup y Edgar Zambrano —ambos de AD— lo admiten, la MUD nunca fue nada más que una mera alianza electoral. Muy lógico y apropiado para una oposición que no podía concebir otras formas para salir de la narcotiranía. Pero también era una propuesta ineficaz para dirigir la lucha social contra el régimen, que pudo haber implicado definir una política y una organización, y no solo presentarse a una tras otra elección amañada.
Durante estos años, la MUD acumuló algunas victorias nominales dentro del sistema electoral del estado chavista. Estas supuestas victorias resultaron ser mecanismos eficientes de desmovilización de la lucha social, al alentar la ilusión electorera que tanto ha beneficiado al régimen.
En otros casos, ni siquiera fueron defendidas, como sucedió con el desmantelamiento de la misma Asamblea Nacional. Por eso costó hacerle ver a la gente la naturaleza real de la estafa política perpetrada por el régimen, teniendo a la falsa oposición como cómplice entusiasta y voluntario.
Pero esa política colaboracionista, basada en negociaciones secretas con el régimen y en participación continuada en el fraude electoral, tenía que derrumbarse, porque sencillamente hemos llegado al punto donde ya no hay más ilusiones que ofrecer. Ni siquiera porque la MUD trate de reinventarse y se esconda tras las siglas de un Frente Amplio, que es su apéndice; ni porque se le adjudiquen graciosamente cuatro gobernadores a Acción Democrática; o que, usando a aquellos como garantes del gobierno, se liberen presos políticos. Ya la gente sabe que tras cada acción de la MUD o sus operadores siempre hay una componenda oscura que termina beneficiando al régimen.
La gente le ha retirado su confianza a la MUD, porque representa una política de oposición fracasada que solo ha tenido éxito para atornillar al chavismo. El rechazo a esta alianza partidista se hizo patente cuando la presión de la calle obligó a los principales partidos de la unidad a no participar en las últimas elecciones. Aunque estos partidos nunca se identificaron con la abstención, ésta se convirtió en un gran movimiento nacional contra el régimen y contra la falsa oposición, y se impuso sobre la blandenguería de la MUD.
Ahora estamos en presencia del estallido interno de esta asociación de franquicias partidistas, que no es otra cosa que el fracaso de una falsa política de oposición basada en negociaciones y elecciones.
Los argumentos que ofrece Acción Democrática para salirse de la MUD son patéticos y solo tratan de ocultar la verdadera intención de este partido de procurarse ventajas adicionales de una negociación individual con el régimen. Ya ha tenido importantes avances con la adjudicación generosa de cuatro gobernadores al partido socialdemócrata, y la sospechosa inmunidad de la que gozan para “hacer oposición” los operadores de AD, partido que a diferencia de todos los demás nunca ha tenido un preso político durante el chavismo.
Es completamente irrelevante que AD se vaya o se quede en la MUD. Lo importante es que comprueba la implosión que sufre esa alianza, como resultado de sus políticas fallidas; y marca el comienzo de una nueva etapa en la lucha para derrocar el estado chavista con nuevas tesis y nuevos actores civiles y militares. @humbertotweets

domingo, 8 de julio de 2018

La peste chavista y sus propagadores

Cualquier análisis que se haga para tratar de explicar el chavismo sin incluir el colaboracionismo de la falsa oposición durante estos diecinueve años es un análisis incompleto. En mi opinión ese es uno de los problemas con el documental CHAVISMO La peste del siglo XXI de Gustavo Tovar Arroyo.
La metáfora del chavismo como peste pierde fuerza cuando queda planteada como si hubiese aparecido de la nada, producto solo de la equivocación de un pueblo. El documental pierde una preciosa oportunidad para examinar las desviaciones del estado de partidos consagrado en la Constitución de 1961 que llevó a una profunda crisis del sistema político venezolano y esta a su vez le abrió cauces al chavismo para llegar al poder.
La democracia de partidos fue corrupta e ineficiente. Por diseño constitucional se ocupaba más del reparto clientelar del botín del estado que de operar efectivamente en un sistema de libertades políticas con pesos y contrapesos entre poderes públicos separados. Esa partidocracia pretendía hacerse perdonar sus ineficiencias con la demagogia y un manejo clientelar del estado. Es lo que no dicen quienes defienden el sistema de gobierno que había antes de Chávez como si aquello hubiese sido el paraíso terrenal.
Chávez fue el resultado de las frustraciones y las contradicciones que la democracia no logro resolver y cuyos mecanismos constitucionales resultaron inoperantes para defenderse a sí misma.
Luego le tocaría a los mismos beneficiarios del antiguo régimen de partidos, ahora fuera del poder,  tratar de enfrentar al estado chavista. No pudieron ni siquiera defender sus propios privilegios clientelares. Desde 1999 la oposición se disfrazó de electoral y se ocupó de legitimar al régimen chavista en cada elección con algunas excepciones, en lugar de luchar para su derrocamiento.  
Lo que el documental de Tovar Arroyo no dice es que Chávez fue producto de ese régimen de partidos que había antes. Tampoco dice que en estos diecinueve años una falsa oposición actuó como agente legitimador, como propagador de esa peste chavista que el documental denuncia aunque en forma maniquea.
Tampoco ayuda a argumentar la tesis central del referido documental algunas entrevistas que aparecen fuera de contexto donde algunos dirigentes tales como David Smolansky, Yon Goicoechea y Freddy Guevara entre otros aparecen declarando obviedades, más para justificar sus aspiraciones de figuración política que otra cosa.

La tesis del chavismo como plaga histórica es una excelente metáfora que muestra la gravedad y brutalidad del fenómeno expresado en saqueos, muerte y destrucción. Pero esta peste política también tiene sus agentes propagadores desde la falsa oposición que deben ser erradicados con la misma asepsia que la enfermedad infectocontagiosa.- @humbertotweets

jueves, 5 de julio de 2018

La desaparición de la nación venezolana

No se trata de una exageración. Es una preocupación legítima al constatar la desaparición progresiva de elementos esenciales como el territorio, la fuerza armada, y la moneda, entre otros.
Es un proceso que tuvo momentos pico en 1961, con el diseño constitucional de un estado clientelar, basado en una democracia de partidos; y en 1999 con la constitución del estado chavista, sobre la base del fracaso de la democracia de partidos en Venezuela.
No se puede explicar el estado chavista y su efecto nefasto en la sociedad venezolana sin exponer el modelo de democracia clientelar de partidos que había antes del chavismo.
Ese venerado modelo de democracia de partidos no solo resultó insuficiente para resolver las contradicciones sociales y económicas del país; sino que concentró todo el poder en las mafias de partidos, configurando una oligarquía partidista avara y glotona, que también fue incapaz de defenderse a sí misma de la amenaza que representaba para ella Hugo Chávez.
La ausencia de una república de ciudadanos con separación absoluta de poderes facilitó el ascenso al poder de Chávez, quien heredó las estructuras clientelares de la antigua oligarquía de partidos para concentrarla en una oligarquía de un solo partido, haciendo más perversa y eficiente la estructura clientelar del estado.
Ya con todos los hilos del poder en sus manos, el chavismo se ha convertido en una mafia que usa todos los recursos del estado para perpetuar su dominio. Aunque ello implique la destrucción de elementos esenciales del estado como el territorio, la moneda y la fuerza armada. Ese es un precio que el chavismo está dispuesto a pagar con tal de no entregar el poder.
Estamos frente a una mafia criminal que no escatima esfuerzos para liquidar físicamente a sus adversarios. Para ello usa los mecanismos del estado. Cuando a esta mafia se le considera como a cualquier otro grupo político o social que podría ceder el poder bajo formas democráticas, sanciones o negociaciones, se comete un imperdonable acto de cinismo o ingenuidad.
Los politiqueros de la falsa oposición viven de propagar esperanzas artificiales en la gente. Son los que se oponen al chavismo como si tan solo se tratara de un mal gobierno que puede ser corregido con unas elecciones. Son los mismos que, confrontados con la irrefutable realidad, se niegan a admitir que efectivamente en manos del chavismo Venezuela es una nación en vía de extinción.
La cesión de amplias extensiones de territorio a la guerrilla y a paramilitares colombianos para que impongan orden donde la FANB no puede hacerlo; la voluntaria resignación a perder el territorio Esequibo en reclamación; la destrucción del signo monetario; la deliberada desarticulación de la Fuerza Armada, muy eficientes para reprimir a la población civil pero incapaces de defender la integridad del territorio venezolano. Son expresiones concretas de una política criminal que, de no ser enfrentada por la fuerza, terminará con Venezuela. Resulta evidente qué tan lejos está dispuesto a llegar el narcoestado chavista para destruir a la nación venezolana y mantenerse en el poder. La pregunta es cuán lejos estamos dispuestos a ir el resto de los civiles y militares para proteger lo que queda de la República.
@humbertotweets

miércoles, 27 de junio de 2018

¿Destruir el estado chavista o convivir con él?


La muerte de la vía electoral ha dejado pocas opciones para enfrentar al chavismo. En realidad, se reducen a dos; quizá a una. O se reconoce la realidad de que el estado chavista representa el colapso de la República de Venezuela, y por lo tanto hay que hacer todo lo posible para destruirlo; o se le caracteriza tan sólo como un mal gobierno que no se puede cambiar, y con el cual hay que cohabitar. No hay términos medios ni matices.
El estado chavista se fabricó un traje a la medida con la Constitución de 1999. Mientras esa Constitución sea la que fije las reglas del juego político y el estado chavista se mantenga en el poder, será imposible pensar en un cambio para Venezuela. Contrariamente, podemos esperar que de forma suicida pisen el acelerador y se abracen a un régimen más tiránico aún, que ni siquiera cuide las formas democráticas.
La falsa oposición, primero con la Coordinadora Democrática, y luego con la alianza de franquicias partidistas reunidas en la MUD, pensó durante estos diecinueve años que era posible derrotar electoralmente al chavismo con sus propias reglas de juego. El precio de esa ingenuidad —¿o complicidad? — es que perdimos el tiempo y renunciamos a todas las posibilidades políticas y militares para derrocar al régimen.
Hoy, cuando millones de venezolanos han puesto los pies en la tierra y entienden que lidiar con el chavismo es cosa demasiado seria como para dejársela a la MUD, la oposición al régimen se vuelve a enfrentar uno de esos dilemas existenciales: Definir al estado chavista como el enemigo a destruir, y crear una unidad orgánica ante esta tesis para lograrlo; o convivir política y financieramente con el régimen, propagando en su nombre la falsa ilusión electoral.
El elenco de operadores políticos que medraron en torno a la candidatura de Henri Falcón no dudó en reclamar para sí la membresía de genuinos representantes de la falsa oposición, antes de que otro más vivo se les adelante.
Por su parte, la MUD-Frente Amplio, y sus franquicias partidistas intentan —desesperados— encontrar un término medio que les permita ser aceptados y oponerse electoralmente al régimen, al tiempo que cohabitan con él. Una versión tardía y menos sofisticada de la oposición de Falcón. Sólo que aquellos aún sueñan con cubrir mejor las apariencias.
La desesperación ante la falta de definiciones en este punto podría provocar que algunos elementos, como Acción Democrática (AD) y su pandilla de cuatro gobernadores, jueguen adelantado y terminen de entregarse al régimen.
Otro sector importante de la oposición política, representado por María Corina Machado, también se verá forzado a escoger entre asumir la tesis de confrontar al estado chavista por la fuerza o transar y convivir con él.
El no saber qué hacer en una coyuntura tan delicada como ésta, es lo que reproduce el ambiente de confusión y desesperanza que reina en el país. Sin embargo, hay un segmento de la oposición verdadera; esa que, como millones de venezolanos, se mantiene irreductible y se juega la vida por la causa: Los militares rebeldes que aún conspiran para derrocar a la tiranía. Aunque provenientes de diversos componentes y facciones, representan un amplio sentimiento en las FANB.
Tal vez por su formación militar y comprendiendo la guerra como una ciencia y un arte a la vez, estos oficiales no han dudado un segundo en caracterizar correctamente al enemigo como el narcoestado chavista, y en consecuencia saben que la única salida es destruirlo con las armas de la república, no con devaneos electoreros ni negociadores.
A diferencia de los oportunistas de la política, estos oficiales, y los que aún quedan dentro de las FANB, han dado muestras públicas de claridad y determinación para lograr el objetivo que los políticos han traicionado. Con esa nueva estirpe de oficiales institucionales y republicanos tendremos que entendernos para salvar la República.  @humbertotweets

domingo, 24 de junio de 2018

Fractura y unidad de las FANB


Los oficiales de las FANB no son indiferentes a lo que ocurre en el país. Por expresar pública y privadamente sus opiniones críticas al régimen es que se ha desatado una masiva cacería de brujas para tratar de controlar el descontento. Lo que el régimen subestimo es el profundo estado de malestar y decepción que involucra a amplios segmentos de las FANB y no solo a unos grupos aislados.
El descontento en las FANB es un tan solo un reflejo del descontento que reina en el país. Estos oficiales en su mayoría provienen de familias que de una u otra forma también son golpeadas por la crisis económica que sacude al país. No todos los militares son chavistas o maduristas. No todos los militares están enchufados a las prebendas del régimen. Hay grandes contingentes que quedan por fuera del esquema de reparto para quienes tampoco existen formas lícitas de ganarse la vida.
Ese profundo estado de descomposición que se expresa en numerosos actos de corrupción y abuso es lo que ha propagado un desanimo en la oficialidad que muchos canalizan en formas diversas de rebelión contra el régimen. Se trata de un proceso de fractura y separación de segmentos que antes fueron defensores del estado chavista pero que hoy han sido arrastrados por el colapso a asumir posiciones críticas y de desafío al régimen.
Estas contradicciones sólo confirman una guerra que se libra dentro de las FANB donde varias facciones se disputan el liderazgo de la institución. Unos para mantener los códigos de la inmoralidad y la corrupción y otros para tratar de salvar a la FANB.
Está claro que sin un proceso previo de autodepuración por la vía de la fractura militar en el cual se impongan los oficiales honestos e institucionales será posible concebir una FANB unida en el propósito de salvar la república de la barbarie chavista.
En otras palabras, sólo salvándose a sí misma del conjuro chavista es como las FANB podrán, luego,  salvar a la república.