domingo, 17 de diciembre de 2017

No hay salida electoral

Mientras la república colapsa y el régimen consolida su poder político y militar, la MUD implosiona al quedarse sin tesis ni respuestas para salir de la crisis. Primero por miopía y luego por conveniencia la Mesa de la Unidad Democrática siempre apostó a una salida electoral de la dictadura. Esta historia de elecciones fraudulentas, que casi siempre gana el chavismo y de vez en cuando le adjudican algo a la oposición, lleva ya dieciocho años.
Durante este tiempo el discurso de la falsa oposición ha sido llamar a las elecciones como una vía para derrotar el régimen. El problema es que bien temprano el régimen secuestro todos los poderes y aunque la mayoría del país este en su contra, como ocurre ahora, no es posible comprobarlo electoralmente porque todas las instancias del estado operan en su favor.
Por esta vía podemos seguir asistiendo a eventos electorales durante 20 años más y los resultados serán idénticos. El poder seguirá en manos del chavismo ahora con sus mutaciones maduristas o diosdadistas con una oposición amaestrada para protestar dentro de los rígidos límites que le permite el régimen, pero sin posibilidad alguna de llegar al gobierno.
Por la vía de provocar situaciones que se presentan como definitivas (Constituyente y elecciones fraudulentas, por ejemplo)  el régimen ha seguido una estrategia coherente para mantenerse en el poder a pesar de ser una evidente minoría del país. Se han inventado una pseudo legalidad, en la cual participa la MUD, que les da la excusa para usar el poder militar en su beneficio y en contra de la población civil.
Es una necedad que la MUD insista en forma fetichista con la consigna voto, voto, voto, cuando lo que tiene al frente es una batería de cañones. La única explicación lógica a este comportamiento es que efectivamente la MUD y sus partidos ya decidieron entregar la lucha y claudicar para sobrevivir políticamente en una nueva situación política de cohabitación con el chavismo.
En este contexto seguir llamando a elecciones como la única vía para enfrentar a la dictadura no es sino hacerle el juego a la estrategia hegemónica del régimen que ahora usa como sus propios agentes a operadores de la MUD que tratan de influir sobre el resto de la oposición. En este sentido la narrativa de la MUD ha sido muy útil para confundir y desmovilizar a amplios sectores que efectivamente quieren una salida pacífica a este conflicto.
Para articular una nueva estrategia de poder desde la oposición venezolana lo primero es entender que la salida de este régimen no será electoral. Esto ayudaría poner la situación en una perspectiva más realista para valorar lo que se tienen y lo que se necesita para derrocar a la tiranía. Partiendo de esa premisa habría que invertir más energías en la organización de la lucha ciudadana para energizar la protesta social en lugar de propagar el adormecimiento de la gente ante una falsa expectativa de cambio electoral.
Igualmente esto permitiría coordinar iniciativas con la comunidad internacional para aumentar medidas de presión sobre la dictadura de Venezuela sin descartar una intervención directa para detener su colapso y que sus nefastos efectos se propaguen a otros países de la región.
Las consignas electoreras durante dieciocho años solo han servido para que metamos la cabeza debajo de la tierra y mientras la dictadura se consolida en el poder. Asumir que no hay salida electoral al conflicto político en Venezuela significa asumir la realidad tal como es, sin maquillaje, para entenderla, estudiarla y transformarla. No para negarla. @humbertotweets


jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Con quién ha estado negociando la MUD?

La muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013 dejó en el poder a un grupo que genéricamente se ha denominado como chavismo. Allí convergen diferentes subgrupos y tendencias segmentados por el grado de su actividad criminal o por la intensidad de su apetito de poder. Chávez cuidadosamente dividió los factores civiles y militares de su gobierno para asegurarse un control total sin riesgo de inesperados desafíos o traiciones.
Así le entregó sectores enteros de la actividad pública a clanes chavistas para mantenerlos en línea. De allí surgieron los boliburgueses, los bolichicos, el clan Maduro, el clan Cabello y el clan Ramírez entre muchos otros grupos del sofisticado entramado de corrupción chavista.
Al desaparecer Chávez quien arbitraba los conflictos de intereses de esas facciones estas quedaron reguladas por su propia dinámica de poder y ambición. Detrás de la aparente imagen monolítica y disciplinada del chavismo comenzaron a surgir signos reales de graves contradicciones en su seno algunas de las cuales han estallado mientras otras están en plena ebullición.
En ese proceso de purga el chavismo como tal ha ido desapareciendo para mutar en dos grupos que cada dia son mas perceptibles: El madurismo y el diosdadismo. El reparto de las posiciones civiles y militares claves del gobierno se ha venido haciendo de acuerdo a los arreglos de estos dos grupos que también han coincidido en la aniquilación de otras pequeñas facciones rivales. Así fueron progresivamente alejados operadores tales como Rodríguez Torres, Alcalá Cordones, Ortega Díaz y muchos otros que han sido execrados por traición a la revolución.
La reciente defenestración de Rafael Ramírez, antiguo zar de PDVSA y el hombre encargado de proteger financieramente a la familia inmediata de Hugo Chávez, confirma que nadie, fuera del entorno de Maduro, tiene inmunidad ni siquiera por haber acompañado al comandante en sus últimas horas. La caída de Ramírez no es poca cosa porque se trata del grupo financiero del régimen que alimentó a Boliburgueses, Bolichicos y sus conexiones con factores financieros de la Mesa de la Unidad Democrática MUD. Aunque el Fiscal Tarek Saab dice que es un ataque a la corrupción resulta muy claro que se trata de una guerra a cuchillo entre pandillas.
Una vez liquidado el clan Ramírez solo queda un facción atravesada en el camino de Maduro para asegurarse un poder absoluto: La de Diosdado Cabello. Lidiar con el grupo de Cabello no sera tan facil porque cuenta con apoyo militar y seguramente más aceptación en los cuadros chavistas que el propio Maduro. Sin embargo, su decapitación como presidente de la Constituyente fue un claro signo que ese ajuste de cuentas está en pleno desarrollo. Pero no puede haber duda que un hombre que lleva semanalmente a generales a desfilar y pararse firmes en su program de television es un hombre con poder e influencia en el gobierno.

Así como la MUD no representa a toda la oposición Jorge y Delcy Rodríguez no representan a todo el bloque oficialista en esas negociaciones. El grupo de Diosdado Cabello y las facciones militares que lo acompañan no están alli. Y ese es un detalle muy importante porque Diosdado Cabello es claramente el otro factor de poder de ese estado chavista. Además el es el único miembro del alto gobierno que no ha sido sancionado por los Estados Unidos y astuto operador que parece cuidar muy bien sus pasos. Por eso Cabello no se hizo representar y asistió personalmente en Junio de 2015 junto a Delcy Rodríguez a las negociaciones con Thomas Shannon en Haití. Quizás la MUD ha estado negociando con la facción equivocada.- @humbertotweets

domingo, 10 de diciembre de 2017

Más sanciones contra la dictadura

En el contexto de un estado fallido, como el venezolano, no hay la menor posibilidad de lograr un cambio político por la vía electoral. El régimen controla todos los hilos del poder que hacen imposible una elección transparente ni que exista un poder que trate de remediarlo. Convocar a elecciones manipuladas ya se hizo un hábito para el gobierno y la MUD, ambos siguen propagando la ilusión de un cambio dentro del estado chavista como una manera de desmovilizar la protesta y cualquier intento de rebelión militar.
La protesta y cualquier intento de rebelión podrían en evidencia la dramática desproporción en la correlación de fuerzas entre el régimen y los ciudadanos. Mientras el gobierno moviliza a los militares armados hasta los dientes del otro lado los enfrentan con piedras y escudos de madera. En esas condiciones no importa cuánto heroísmo se derroche nunca será posible poner al régimen a la defensiva.
Por eso hemos insistido en que la participación del factor militar es esencial para revertir la situación política en Venezuela. Sin embargo, estamos hablando de toda una estructura militar que ha sido corrompida en sus diferentes niveles y con diferentes modalidades. Esas tendencias militares que coexisten en el seno de las FANB de una u otra forma participan del reparto de las prebendas que hace el régimen para tenerlos a su lado. Es muy difícil esperar que de mantenerse esta situación los militares encuentren algún incentivo para rebelarse contra un gobierno que les ha hecho concesiones inimaginables.
Las sanciones económicas que los Estados Unidos, Canadá y la Comunidad Europea han aplicado contra operadores civiles y militares específicos del régimen buscan provocar una crisis política interna que lleve, eventualmente, a una fractura de la coalición gobernante. Estas sanciones se han concretado en la forma de bloqueo al acceso de cuentas en dólares y la prohibición de hacer transacciones bancarias internacionales lo que golpea directamente el corazón del implicado quien no podrá usar ese dinero para su beneficio o el de sus familiares.
Las sanciones internacionales contra jerarcas del régimen han sido mucho más efectivas que una medida de embargo comercial al petróleo venezolano. Se trata de la única medida que ha puesto al gobierno contra la pared. Tan es así que es el punto más importante en la agenda del gobierno en sus negociaciones con la MUD. El gobierno ha dicho con claridad que en esas negociaciones busca el levantamiento de las sanciones económicas que según ellos le impiden a Venezuela refinanciar su deuda o comprar alimentos y medicinas.
Resulta más condenable y perverso que sea la propia MUD quien se muestre dispuesta a mediar un alivio de las sanciones que le permitan al régimen mayor margen de maniobra. Julio Borges y otros voceros de la MUD no ocultan que estarían dispuestos a aprobarle al régimen  nuevas operaciones de deuda en la Asamblea Nacional.
Lo que debería hacer la MUD y la Asamblea Nacional es pedirle a la comunidad internacional sanciones más severas contra la dictadura venezolana y sus operadores porque esto permitiría la fractura de su poder interno tan necesaria para su derrocamiento. Claro, debería ser así, si y sólo si la MUD estuviese negociando para deponer al régimen y no para lanzarle un salvavidas.-

jueves, 7 de diciembre de 2017

Los negocios de la dictadura y la MUD

Es justificado el rechazo que sienten los venezolanos por las negociaciones entre el gobierno y la MUD. El tiempo ha develado las verdaderas intenciones de ambos factores. Para el gobierno, seguir alargando su tiempo en el poder; y para la MUD, entrar en una conveniente cohabitación con el régimen. En ambos casos nada se traduce en un alivio, ni siquiera temporal, ante el alto grado de sufrimiento y padecimiento de millones de venezolanos bajo esta tiranía.
Los operadores políticos han tratado de presentar estas negociaciones como la única salida para resolver la profunda crisis política y social que vive el país. El régimen con más crímenes políticos en toda la historia republicana dice con cinismo que esas negociaciones son para alcanzar la paz. La MUD, por su parte, ratifica que el objetivo es lograr mejores condiciones para ir a unas elecciones con garantías, apostándole todo el éxito de su empeño a la palabra de un gobierno de malandros.
Lo que han logrado esas negociaciones entre gobierno y MUD es desalentar la lucha de calle contra la dictadura para trasladarla al oscuro tablero de una mesa servida a la medida del régimen. En rondas sucesivas de engaño, el régimen insiste en que quiere negociar, la MUD le hace el juego, pero todo sigue igual. Mientras tanto, el tiempo precioso e irreparable sigue pasando, otorgando ventajas que podrían ser cruciales para beneficiar al régimen en los próximos meses.
Mientras la MUD canceló todas las otras formas de lucha, el régimen ha aprovechado cada segundo que ha logrado arrebatar para seguir consolidando su Constituyente y llevar adelante una purga que le permita liquidar cualquier intento de resistencia en su propio seno. El gobierno, además, ha usado en su propio beneficio la debilidad electoral de la MUD. Al saber desde ya que la MUD tiene la decisión tomada de ir a las elecciones presidenciales de 2018 independientemente de los resultados de las negociaciones, el gobierno tiene muy poco incentivo para hacer concesiones reales.
Así que cualquier migaja que el régimen le conceda a la MUD tendrá que ser presentada como un logro glorioso de la “lucha democrática”, cuando en realidad esconde una estafa contra la esperanza de millones de venezolanos. Estas migajas vendrán en la forma de concesiones que no cambian la naturaleza represiva del régimen ni mejoran las condiciones para su salida.
La MUD —que ejerce la política como un negocio— no está en condiciones de liderar la verdadera oposición. La oposición electorera de la MUD es transaccional y tiene un afán utilitario que la lleva a negociar incluso derechos universales e irrenunciables como el derecho a la vida y el derecho a la libertad.
Así como pedir la renuncia de Nicolás Maduro no tiene más que un inocuo efecto simbólico, pedirle a la MUD que se haga a un lado y deje sus negocios con el régimen no es más una petición que será rotundamente ignorada. No se le puede pedir a la MUD que renuncie a su esencia colaboracionista y negociadora que le ha rendido beneficios burocráticos; es preciso hacerla a un lado junto al régimen, como su socio mayor.
Cada día se hace mucho más claro que para salir del régimen hay que salir primero de la MUD y de su visión tóxica y oportunista de la política como negocio o como reparto de un botín.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Negociación MUD-dictadura es inmoral

A riesgo de que me llamen iluso, romántico o teórico soy un convencido que si es posible hacer política con un alto sentido de la moral. El pragmatismo político asocia el ejercicio de la política a la mentira, la trampa y la zancadilla. Una pésima interpretación de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo asegura que el fin justifica los medios con la pretensión de que cualquier atrocidad física o moral es aceptable para lograr un propósito político.
Bajo la barbarie del chavismo en Venezuela se ha reducido el ejercicio de la política a un vulgar acto de pillaje. Pero esa banalización del concepto de la política no sólo es atribuible a los operadores del régimen. Igualmente la oposición electoral ha contribuido a degradar el sentido de la política al realizar las más insólitas piruetas políticas para llegar al gobierno.
El chavismo que dice ser socialista improvisa decisiones de gobierno que no son ni socialistas ni capitalistas. Para ellos lo mismo da ser una cosa u otra con tal y seguir saqueando el tesoro nacional en nombre de una revolución que no existe ni siquiera en el papel.
Por su parte los partidos agrupados en la Mesa de la Unidad operan como una alianza de intereses grupales para tratar de ponerle la mano al gobierno. En nombre de la falsa unidad allí conviven posiciones políticas variopintas de izquierda y derecha, diversas formas de hacer oposición la mayoría colaboracionistas y conciliadoras. Difícilmente podrá salir de esa viscosa y tóxica tizana la fibra para derrocar la dictadura y recomponer la república.
Mientras el país literalmente se desangra el régimen y la MUD siguen disfrutando de su conveniente cogobierno. La dictadura despliega toda serie de maniobras para seguir en el poder en contra del 80% del país, con políticas que van en contra del sentido común y con el solo apoyo de la cúpula militar. Por su parte, la MUD se diluye en sus propias contradicciones pero defiende a muerte su derecho a recibir migajas del régimen en forma de gobernaciones, alcaldías o contratos.
El gobierno ha sabido manipular las ansias de poder que medran en la MUD. Por eso usa eficientemente la política del garrote y la zanahoria. Ejerce una represión selectiva sobre algunos elementos de la MUD y luego les ofrece elecciones y prebendas para que estos sigan operando como sus  propagandistas. Este es el contexto real de las negociaciones.
La MUD asiste a estas sesiones de “diálogo” con el régimen en una posición de evidente debilidad. Por el discurso y las acciones de sus operadores ya se sabe que independientemente de lo que se decida en estos acuerdos la MUD ya tiene una decisión tomada de ir a las elecciones presidenciales del 2018. Y el gobierno lo sabe. Con esa certeza el régimen no tiene incentivos para darles migajas mayores a la MUD que no pasen de concesiones burocráticas seguramente limitadas a aumentar la cuota opositora en el CNE.
A cambio el régimen no solo se asegura la obediencia absoluta de la MUD sino que la convierte en defensora de la estafa electoral de la dictadura. Llamar a  votar en elecciones con la palabra de Maduro, Cabello y El Aissami como garantías electorales es tan solo la cuota inicial del pago que se le exige a la MUD. A esto habrá que sumar la disposición que hay en la Asamblea Nacional a aprobar nuevos endeudamientos al régimen y pedirle a la comunidad internacional que modere las presiones.
Mientras la inmoralidad sea la que presida las negociaciones entre gobierno y MUD ningún cambio político profundo será viable. Solo está asegurada la cohabitación. @humbertotweets


jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Qué ofrece la MUD a cambio?

Esta semana continúa la farsa de las negociaciones entre el régimen y la MUD. Estas se desarrollan en el marco de la peor crisis económica y social en Venezuela. El colapso de la salud pública y la imposibilidad de acceso a los alimentos afectan ya a millones de venezolanos. La gente se está muriendo de infecciones e inanición. Sin embargo, tanto el régimen como la MUD siguen jugando en el mismo tablero, mientras los venezolanos son tratados como fichas de negociación.
El gobierno tiene muy claro su objetivo en esas negociaciones: Ganar tiempo. Esto es vital  para avanzar con su Constituyente hacia una situación que, según su pseudo legalidad, parezca irreversible. Todo acuerdo que el régimen suscriba y toda promesa que haga  siempre estarán sujetos a lo que resuelva la Constituyente, la cual actúa como válvula de seguridad. Por eso cualquier negociación que comience antes de la total disolución de esa Constituyente estará condenada al fracaso.
La MUD, por su parte, enfrenta una grave crisis de legitimidad. La alianza de oposición electoral ha sido repudiada y rechazada por amplios sectores de la sociedad, debido a que se evidencia una política colaboracionista con el régimen. Este rechazo obligó a la MUD a no postular directamente candidatos en las elecciones de alcaldes, aunque finalmente lo hicieron a escondidas. De igual forma, la aparición de la alianza “Soy Venezuela” y el surgimiento de un movimiento amplio de abstencionarios,  confirman que el sector opositor está dividido y que muchos venezolanos no se sienten representados por la MUD.
A la crisis de legitimidad que enfrenta la MUD se suma la falta de credibilidad derivada de un discurso falso e incoherente que ha quedado en evidencia muchas veces. En un último intento por superar sus propias fallas de diseño, la MUD asiste esta semana a República Dominicana con tres peticiones para el gobierno: 1) Apertura de canal humanitario; 2) Liberación de los presos políticos; y 3) Garantías para elecciones libres.
Independientemente de las parciales y microscópicas concesiones que el régimen pueda hacer en cada una de esas tres peticiones, lo relevante es que la estructura de poder cívico militar sobre la que opera el Estado chavista seguirá intacta. En lugar de articular una estrategia nacional e internacional para derrocar a la dictadura, la MUD prefiere  negociar con el régimen “paños de agua tibia” para tapar los graves y agudos problemas que requieren remedios mayores.
El domingo pasado, el propio Julio Borges  admitió sin rubor las profundas debilidades de la táctica de la MUD: “Tenemos ya dos años pidiéndole al gobierno la apertura del canal humanitario, y lo seguiremos haciendo.”
Lo que no dice la MUD es qué está dispuesta a ofrecer al gobierno a cambio de esas peticiones. Y esto es lo que desnuda su falsedad. ¿Vale la pena negociar soluciones aparentes y parciales, a cambio de hacer más fuerte al régimen? En otras palabras, ¿vale la pena que dejen entrar a Venezuela unos bultos de comida o de medicinas, que liberen selectivamente unos presos políticos y que le den otro rector a la MUD en el CNE, a cambio de someterse a la Constituyente fraudulenta? ¿A cambio de que la Asamblea Nacional le apruebe nuevas operaciones de endeudamiento al régimen? ¿O a cambio de luchar para siempre dentro de la constitución chavista?
El peaje que la MUD estaría dispuesta a pagar resulta mucho más caro, en términos humanos y políticos, que las migajas que les han prometido. Un camino más costoso, porque deja el destino de la república en manos de una política de pedigüeños y de servidumbre voluntaria, con la cual podremos conseguir de vez en cuando una bolsa de comida, pero jamás la libertad.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Los verdaderos espacios de lucha

El daño que la MUD le ha hecho a la causa democrática es tan grave como el que le ha hecho el régimen a la república. Casi irreparable. De la dictadura chavista sabemos a qué atenernos. Se trata de un modelo corrupto y tiránico que se instaló en 1999 con la intención de jamás abandonar el poder.
En el caso de la MUD y la llamada oposición electoral el daño es más perverso porque viene escondido en forma de esperanza e ilusión. La MUD ha llevado adelante una estrategia de oposición al régimen que no ha hecho otra cosa que legitimarlo y hacerlo más fuerte.
Es innegable que el discurso electoral de la MUD sorprendió en su buena fe a millones de venezolanos que siempre asistieron puntualmente a votar como una forma de salir del régimen. Sin embargo, la realidad destruye la ilusión electoral. La verdad es que estamos en dictadura y no hay salida electoral viable mientras la tiranía controle el poder.
Con este discurso legitimador de la dictadura la MUD se ha convertido en el mejor agente del régimen para propagar y fortalecer su agenda. El gobierno usa operadores de la MUD para hacerles repetir consignas tales como “dentro de la Constitución todo, fuera de ella nada” y “votar para ganar espacios de lucha”. El objetivo de estas consignas es desmovilizar a la sociedad para hacerle creer que el cambio político sólo será posible dentro de una institucionalidad que no existe.
La lucha que nos propone la MUD y sus desacreditados partidos es una lucha de brazos caídos, de ruego y postración ante el tirano. En lugar de apostar por la organización de la protesta popular y la movilización esta oposición solo hace ejercicio de su apetito burocrático para lograr puestos en la Asamblea Nacional, en las gobernaciones y ahora en las alcaldías para satisfacer a su clientela.
La oposición al estilo de la MUD es la de los espacios burocráticos que el régimen le adjudica para hacerlos parte de su sistema de prebendas y control social. La dictadura sabe que mientras la oposición siga ocupada en la vía electoral no habrá movilización de calle porque esta siempre será desmontada por la propia dirección política de la oposición como ya se ha visto.
De poco o nada ha servido que la MUD tenga el control de la Asamblea Nacional. El pueblo les dio un mandato que ellos mismos se negaron a cumplir enredándose en laberintos oportunistas para terminar con ningún logro de significación para la causa democrática. Los cuatro gobernadores adjudicados a Acción Democrática y los alcaldes que la dictadura le ceda a la MUD no podrán hacer más que pagar nómina y repartir contratos. Ninguno de ellos está dispuesto a confrontar la dictadura. Por el contrario, todos ellos con gusto se arrodillan ante el régimen con tal y los dejen en sus cargos.
La manera oportunista y burocrática de hacer oposición que propone la MUD debe ser desechada porque en sí constituye una estafa política apoyada en el atajo electoral y las negociaciones con e régimen. Los únicos espacios de lucha a la orden de los ciudadanos son la movilización de calle, la clandestinidad y el exilio para articular una gran fuerza nacional e internacional que derroque la tiranía. Estos son los verdaderos espacios de lucha que históricamente han funcionado contra las dictaduras.