domingo, 25 de febrero de 2018

Megafraude niega salida electoral

En Venezuela estamos luchando al mismo tiempo contra el régimen y sus colaboradores. Del régimen ya sabemos que es el adversario que tenemos al frente al cual hay que derrotar. Los colaboradores por el contrario se mezclan en esa masa diversa llamada oposición y desde allí actúan para favorecer al adversario.
Este es el drama que hemos tenido con la llamada oposición electoral en los últimos diecinueve años. Aunque ellos se atribuyen el mérito de haber enfrentado electoralmente al régimen el balance final es que la mera vía electoral no ha sido suficiente para derrocar la dictadura y por el contrario se ha convertido en una peligrosa ilusión para desmovilizar la protesta.
La semana pasada y con casi un mes de retraso la MUD finalmente se pronunció frente a las elecciones convocadas por el régimen para el 22 de abril. En forma improvisada y contradictoria la MUD trata de armar una maroma donde dice que no participa en dichas elecciones pero que seguirá buscando la vía electoral. Esta es por diseño una estrategia fallida. Insistir en la vía electoral cuando el régimen tiene secuestrados todos los poderes públicos no es más que un acto simbólico.
Y es que parece que el sistemático uso de estrategias políticas  fallidas es lo que ha llevado a banalizar la lucha contra el régimen hasta reducirla a un simple saludo a la bandera. Un discurso oportunista pleno de voluntarismo pero deficiente en ideas concretas para organizar la lucha social contra el régimen.
Más tardó la MUD en anunciar su postura que el régimen en responder el mismo día con la convocatoria a una megaelección donde se votaría al mismo tiempo por el Presidente de la República, la Asamblea Nacional, los concejos legislativos y los concejos municipales. Seguramente le tomará a la MUD otro mes articular una respuesta frente al anunciado megafraude del régimen. Se tomarán su tiempo para analizar si conviene o no participar.
La gente en la calle tiene mucha más claridad de quien es el adversario y la forma de combatirlo. Muy pocas personas podrían sostener sensatamente que aun queda alguna opción electoral viable para derrotar al régimen. Por eso la fórmula que nos presenta la MUD es equivocada y conducirá a mayor confusión y desesperanza. La propuesta de rogarle ad infinitum al régimen que cambie las condiciones electorales para que sea derrotado electoralmente es simplemente una estafa.
La ecuación política correcta es derrocar la dictadura primero, desmontar el estado chavista y sus estructuras armadas y financieras para luego si ir a unas elecciones libres. Mientras la MUD y sus franquicias electorales no lo entiendan ellos seguirán siendo un obstáculo para la lucha democrática y un operador al servicio del régimen dentro de la misma oposición.
La convocatoria al megafraude deja al desnudo una vez más las profundas debilidades políticas de la MUD incapaz de luchar en otro escenario que no sea el electoral. Cada día el régimen sigue escalando su posición de asaltar todas las instancias del poder público y frente a eso la MUD responde con papelillo y serpentinas electorales. La respuesta frente a este asalto a mano armada no puede ser anunciar que seguirán pidiendo mejores condiciones electorales.
Todo esto pone de manifiesto la fragilidad y desesperación del régimen que coinciden con el momento de mayor debilidad e incoherencia de la MUD. Solo la alianza de amplios sectores civiles con poder fácticos, como los militares y la Iglesia, tendrían la claridad y la fuerza para derrocar la dictadura cuyo momento de crisis más aguda será precisamente el 23 de abril de 2018.

jueves, 22 de febrero de 2018

La opción cívico-militar

El régimen de Maduro cerró todas vías para una solución institucional a la grave crisis política. No hay garantías para un cambio por vía electoral. La Asamblea Nacional ha sido reducida en sus funciones. Ningún poder del estado puede actuar con independencia de la dictadura ni siquiera para hacer valer la absurda legalidad chavista.
En este contexto es posible que una parte de la oposición electoral decida participar en el fraude que ha convocado el gobierno para el 22 de abril. Esa participación no será más que una invocación retórica y simbólica sin ninguna significación real ante un régimen que ya hace tiempo había decidido no entregar el poder de ninguna forma que no sea por la fuerza.
La legalidad del estado chavista ya ni siquiera es invocada para hacer valer la dictadura porque el régimen se ha convertido en una instancia de facto, de hecho, sin  ninguna legalidad o legitimidad que lo soporte. Cualquier decisión que vaya contra las leyes y constitución que ellos mismo redactaron simplemente se hace ley por decisión del Presidente y con el aval de la sala Constitucional del TSJ.
Valorar esta realidad es lo que ha llevado a varios países a entender que no hay formas jurídico-institucionales para salir de un régimen de facto como el de Venezuela. Solo quedan en la mesa igualmente las vías de hecho para resolver un conflicto sobre el cual hay consenso de que debe ser detenido de inmediato.
La opción más natural es que, producto de la presión interna por la protesta social y la presión externa de la comunidad internacional, se produzca una fractura militar que lleve a la mayoría de las FANB desmarcarse del régimen y quitarle su apoyo. Hay que decir una vez más que el juego está trancado, no solo porque se agotaron todas las vías institucionales para una salida democrática, sino también por el chantaje que aplican las fuerzas armadas sobre el 80% de la población civil desarmada.
La primera declaración del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, antes de iniciar su gira por América Latina, fue para ofrecer el apoyo de los Estado Unidos a aquellos militares que se levanten en contra del régimen. Fue una invitación inspirada en el pragmatismo de admitir que efectivamente solo quedan vías de hecho para enfrentar al régimen de Maduro. No es lo deseable, pero es lo único que queda.
De todas, la fractura militar interna luce como la más pertinente. No solo la inmensa mayoría de los militares sufren las privaciones que afectan al resto de los venezolanos. Además de esto, los militares saben que el gobierno al que se ven obligados a defender es el que sistemáticamente está destruyendo a la República y al mismo tiempo a la institución armada. Entonces es casi un asunto existencial decidir si siguen con el régimen o no.
Es cierto que todas las promociones de oficiales militares en los últimos años han tenido la influencia ideologizante del chavismo. Pero, como en todo cuerpo social, es de suponer que en el seno de las FANB existan diversidad de criterios y hasta se desarrollen contradicciones. Es razonable suponer que, aunque todos están vestidos de verde oliva, no todos son corruptos, asesinos, o traficantes. Esas generalizaciones usadas en forma demagógica y altisonante por algunos “opositores” siempre terminan sirviendo al régimen, que se vale de ellas para aislar hábilmente a la fuerza armada de los civiles,

Si las FANB, como institución, logran zafarse del rígido control del régimen y de los militares cubanos, se podrían establecer las bases para una verdadera alianza cívico-militar que derroque a la dictadura. Antes que una intervención militar internacional, la opción cívico-militar es la única oportunidad que queda para que “los problemas de Venezuela sean resueltos por los venezolanos.” @humbertotweets

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Qué hará la FANB ante la intervención militar internacional?

La pregunta plantea uno de los escenarios posibles para el desenlace de la grave crisis social y política que vive Venezuela. Ante la inexistencia de formas institucionales para desplazar a la dictadura y la inhibición del conjunto de las Fuerzas Armadas se abriría la posibilidad de una intervención militar internacional para proteger a la población civil venezolana víctima de su propio gobierno.
Este escenario surgiría como la opción con más fuerza ante el convencimiento de la comunidad internacional que efectivamente la asimetría del conflicto venezolano no le permite al pueblo defenderse por sus propios medios o impulsar un cambio político. A esto habría que agregar la obligación moral de países vecinos y hermanos, a no ser indiferentes ante la tragedia que se sufre en Venezuela.
Esta hipótesis trae consigo el problema de que hacer una vez que el objetivo militar y político de descabezar la narcotiranía se haya logrado. ¿Como recomponer un país y su fuerza armada bajo la tutela de una fuerza militar extranjera? ¿Es eso posible?
Siendo todas estas preguntas legítimas, sin embargo, el precio de no hacer nada para corregir la situación parece mucho más elevado que intervenir militarmente de alguna forma para detener un caos que no solo afecta a los venezolanos si no que ya, de hecho, se está extendiendo más allá de las fronteras hasta llegar al corazón de Colombia y Brasil.
Este debate no tendría lugar de existir fuertes sectores en las FANB dispuestos a actuar para derrocar a la dictadura. Pero eso tampoco está muy claro y lo que hemos visto hasta ahora son expresiones aisladas de rebelión que aun no tocan masa crítica en el seno de las FANB. Sin embargo, las condiciones objetivas existen para que surja un movimiento liberador en las fuerzas armadas venezolanas. El descontento que impera en el país permea a todos los niveles de la estructura militar donde sus miembros ya son víctimas de las mismas carencias que afectan al resto de los venezolanos.
La primera fase de esta intervención militar internacional será un bloqueo económico para quitarle recursos al régimen, aplicar presión sobre factores internos y dar oportunidad a sectores en las FANB a realinearse al lado del pueblo como resultado de una potente fractura militar.
Si esta presión no logra su objetivo entonces estaría pavimentada la vía para una intervención militar directa que algunos analistas han calificado como “quirúrgica” al sugerir que sólo se concentraría en extraer o eliminar aquellos elementos del régimen sindicados de narcotráfico y terrorismo en instancia internacionales. Pero, como ya lo hemos explicado, se trata de una opción que tiene implicaciones que podrían resultar negativas para desarrollos ulteriores en Venezuela.
En cualquier caso parece que ha llegado el momento para que las FANB definan si siguen apoyando al régimen, caminando hacia el colapso de la república que también lo sería el de la institución armada. O si por el contrario restablecen su lealtad al pueblo.

La intervención militar internacional nunca será la opción más deseable para Venezuela. Unas FANB realineadas con el pueblo podrían ahorrarle al país ese grave accidente histórico. @humbertotweets

miércoles, 14 de febrero de 2018

Necesitamos una causa, no un candidato

Uno supone que en la oposición venezolana todos estamos luchando por lo mismo. Sin embargo, no es así. Hay inmensos sectores que luchan por derrocar a la tiranía y restablecer la libertad, pero estos siempre terminan chocando con las propuestas de negociación, elecciones y transición que proponen los partidos de la MUD.
El problema es la concepción que tiene un sector acerca del régimen y la forma para salir de él. Quienes proponemos su derrocamiento, vemos rasgos inconfundibles de una dictadura militar que solo saldrá del poder por la fuerza. No se trata de hacerle apología a la violencia, sino de ver la realidad como es y asumirla. Por otro lado, quienes sugieren enfrentar al régimen en una mesa de negociaciones o en unas elecciones amañadas, creen que estamos frente a lo que eufemísticamente llaman un autoritarismo competitivo.
La caracterización que se asuma define entonces, de forma consecuente, las estrategias políticas. Se trata de un asunto político y, si se quiere, hasta filosófico, que define la naturaleza de la lucha contra el régimen. Quienes están convencidos de que el régimen de Maduro es tan solo un gobierno ineficiente y autoritario, promoverán siempre elecciones para enfrentarlo como lo han hecho en estos últimos 19 años. Por otra parte, quienes entendemos que esto es una tiranía que despliega toda su fuerza para masacrar a su propia población civil, sabemos que jamás saldrá con elecciones.
Por eso la MUD, que representa la quintaesencia del oportunismo político, insiste en tratar de encontrar maneras para embaucar a la gente con el único tablero que conoce: El electoral. Fuera de ese contexto, la MUD luce confundida y errática. Para ellos, la única forma de lucha política es la que degenera en costosas campañas de publicidad y mercadeo. Las protestas de calle y la rebelión ciudadana le resultan categorías de lucha sumamente extrañas y complejas, como lo vimos el año pasado cuando convocaron  a la calle y luego no supieron qué hacer.
Consecuentes con su visión maniquea y alterada de la realidad, la MUD y sus partidos proponen, como solución al colapso de la república, la selección de un candidato presidencial por consenso o por primarias para medirse con el candidato del régimen. Cuando les recordamos los argumentos que la misma MUD nos ha explicado con detalle sobre la sofisticación del megafraude electoral, entonces responden: “no importa, hay que participar aunque sea con una candidatura simbólica como acto de protesta”.
Estas concepciones débiles, entreguistas y claudicadoras son las que han frustrado los esfuerzos para salir del régimen todos estos años. La MUD es una oposición que está diseñada para campañas de marketing político en tiempos de paz. No es una oposición con la claridad, el temple y el compromiso que se requiere para liderar la rebelión ciudadana contra la narcodictadura.
La última expresión de estas debilidades fue el llamado agónico del dirigente de Voluntad Popular, Luis Florido, quien pidió que  “se escoja un líder para unir a la oposición y sustituir a la dictadura”.  Esta es la visión mesiánica y caudillista de la política que tanto daño le ha hecho a Venezuela antes y ahora.  Es la idea de que un solo hombre, el candidato presidencial, el mesías, vendrá a resolver todos los problemas y salvarnos, como ofreció Hugo Chávez en 1998.
Aun suponiendo que a ese hombre o mujer le dejaran ser presidente, ¿cómo podría él solo resistir las presiones del aparato político, financiero y militar del Estado chavista? La idea de un candidato que una a la gente en torno a su mesiánico carisma no es más que otra falsa ilusión electoral para distraer la verdadera lucha contra la tiranía, cuyo escenario natural es la calle. En lugar de un candidato presidencial tan simbólico como un jarrón chino, lo que necesitamos es una verdadera unidad de propósito en torno a la causa que inspira esta lucha. Desde el 2010 escuchamos el grito de los estudiantes en la calle: “¿Qué queremos? ¡Libertad!”  ¿Es tan difícil entenderlo?

domingo, 11 de febrero de 2018

El fin de las ilusiones electorales

Luego de dos años de intenso y dedicado colaboracionismo la MUD enfrenta su dramática realidad: Lo ha perdido todo. Bien sea por miopía, torpeza u oportunismo la estrategia de abandonar al pueblo que le dio la victoria en el 2015 ha fracasado. La MUD prefirió entregarse en brazos del régimen y sus engañosas tácticas para descubrir, una vez más, que la dictadura solo acudirá a unas elecciones que pueda controlar para perpetuarse en el poder.
Desde el ángulo de la MUD las negociaciones con el régimen han fracasado porque no se cumplió con la ingenua expectativa de obligar al gobierno a negociar condiciones que condujeran a su salida. Sin embargo, para el régimen es sin duda un logro porque desmovilizó la protesta al tiempo que puso en evidencia las contradicciones de la MUD.
La MUD se empeñó con obstinación enfermiza en apostar a la salida del régimen por la vía de una negociación. Para ello se convirtió en la vocera de la agenda oficialista y en su agente al promover eventos electorales fraudulentos como las elecciones de gobernadores y la de alcaldes. Asimismo la MUD en su afán de complacer al régimen se prestó para ser apagafuegos de la protesta social en lugar de ponerse al frente y liderizarla.
Estas conductas colaboracionistas significaron continuas concesiones al régimen para privilegiar la estrategia equivocada de negociar con él en lugar de luchar para derrocarlo. Esa política tal como era previsible reventó el pasado 7 de febrero al no poder suscribir un acuerdo con el gobierno ni siquiera por las condiciones más sumisas que ya previamente habían aceptado.
El problema de fondo no es lo que trataba de negociar el régimen y la MUD. El problema fundamental es la negociación misma que no ha llevado ni podrá llevar jamás a la salida de la dictadura. No importa las condiciones electorales que se discutan y se acuerden, mientras la mafia cívico militar tenga el control del estado no será posible ir a unas elecciones libres.
Insistir en una salida electoral, como la ha hecho la MUD, es no admitir que estamos frente a un régimen totalitario que además está dispuesto a hacer lo que sea para seguir en el poder. Esto que está claro para los venezolanos no lo está para la MUD. Por eso esta asociación de franquicias electorales luce hoy errática y confundida en un escenario de inevitable conmoción social.
Lo que viene ahora es la ruptura con la MUD como dirección política de la oposición por su torpeza y fracaso. Esto debe dar paso a la articulación de una gran alianza nacional de fuerzas sociales y políticas, civiles y militares,  comprometidas con el objetivo de derrocar la tiranía y restablecer la democracia.
Esta nueva formación debe ponerse al frente de las protestas y la ola nacional de rechazo a la dictadura de Maduro. Esta presión interna combinada con las presiones externas de la comunidad internacional contra la dictadura debe llevar la correlación de fuerzas a un  punto que permita derrotar a la mafia gobernante.
El pueblo nunca tuvo expectativas con el falso diálogo entre el gobierno y la MUD. La gente en la calle lo que quiere es salir cuanto antes de esta dictadura. Los únicos que están lamentando el fracaso de la negociación son precisamente los operadores de la MUD que pusieron todas sus esperanzas en el tablero electoral.
Una vez establecido, sin lugar a dudas, que el régimen no cederá el poder por vía de elecciones las tesis electoreras de la MUD quedan completamente refutadas. El fracaso de las negociaciones entre el régimen y la MUD marcan el fin de la ilusión electoral y la profundización de la lucha ciudadana para salir de la narcodictadura por otras vías.

jueves, 8 de febrero de 2018

El mensaje de Tillerson a la FANB

El Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, durante una conferencia la semana pasada en Austin Texas, confirmó lo que ya todo el mundo sabe: Que los venezolanos somos víctimas de una brutal dictadura, que además le niega a su propio pueblo el acceso a comida, medicinas y hasta la vida.
En el mismo contexto, Tillerson aseguró que habrá un cambio, y agregó: “En la historia, tanto en Venezuela como en otros países del hemisferio, los militares han hecho esos cambios y han llevado a cabo transiciones pacíficas, pero no sabemos si esto pasará en Venezuela”.
La duda de Tillerson no es sobre a la irreversibilidad de un cambio y la transición política en Venezuela, planteamiento sobre el cual fue detallado y reiterativo. La incertidumbre parece centrarse en si ocurrirá pacíficamente o no.
El asalto a la institucionalidad por parte de una mafia cívico militar no hace viable ninguna salida electoral, que bien podría funcionar en una democracia de verdad y con garantías constitucionales. Pero en Venezuela no es posible.
El agotamiento de todas las fórmulas institucionales y el estado de indefensión en que se encuentran los venezolanos, solo deja en el terreno dos escenarios probables: El levantamiento militar como resultado de una fractura en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana o, en su defecto, la actuación de una fuerza militar multinacional que se imponga a la FANB y detenga inmediatamente las agresiones a la población civil.
La cúpula militar respondió a Tillerson con un comunicado retórico que, por su arenga, seguramente fue elaborado por Padrino López. La respuesta fue débil, porque contiene afirmaciones falsas que son dramáticamente desmentidas por la realidad. Refiere una democracia pluralista y una extraordinaria inversión social que supuestamente ha hecho el régimen. Lo cierto es que Venezuela es un país destrozado por una supuesta “revolución” con más víctimas que las ocasionadas por la última guerra federal.
Al final del comunicado se invoca una presunta “fuerza armada unida monolíticamente”, en un escuálido intento por ignorar la profunda crisis de la FANB, que hoy se expresa en corrupción, complicidad y, sobre todo, la desprofesionalización de sus funciones.
A esto hay que agregar el malestar que reina en la sociedad venezolana, y que se siente también en el corazón de la FANB, donde las solicitudes de baja y las deserciones masivas se han convertido en actos discretos pero continuos de rebelión. La realidad es mucho más potente y terminará pulverizando al frágil monolito.
Las declaraciones de Tillerson no fueron otra cosa que un breve sumario del estado de la cuestión, especialmente diseñado para ser procesado por los militares venezolanos. El colapso del país es definitivo en manos de Nicolás Maduro. Los países vecinos no serán indiferentes ante un problema que hace tiempo dejó de ser exclusivamente de los venezolanos.
Estos son los temas que en este momento discute Rex Tillerson con gobiernos de América Latina: México, Argentina, Perú y Colombia.  Se trata de una iniciativa para articular una coalición militar internacional que libere a Venezuela en caso de que la correlación de fuerzas internas siga siendo desfavorable a la población civil.
De una u otra forma, con los elementos que se conocen al día de hoy, la salida será — inevitablemente— por fuerza militar. Pacífica o no, dependerá del papel que en su conjunto, como institución, decida jugar la FANB. O sigue alineada con el régimen contra el pueblo venezolano, o se convierte en un factor de cambio, tal como sugirió Tillerson.

domingo, 4 de febrero de 2018

Las dictaduras no caen con besos

La oposición electoral desde 1999 ha sido redundante en subestimar al chavismo. Y después de 18 años de fracasos esa oposición representada hoy por la MUD sigue bien lejos de entender al tipo de enemigo que tiene al frente.
Pareciera una combinación de complicidad con torpeza. Las vinculaciones orgánicas de los financistas de la MUD con el régimen chavista deben tener algún peso a la hora de fijar la estrategia frente al chavismo. Pero también la necedad en seguir jugando dentro de la viciada legalidad chavista parece tener un papel decisivo en los desaciertos de esta errática oposición.
En uno y otro caso lo que está muy claro para la mayoría de los venezolanos parece no estarlo para la MUD. La evidente naturaleza criminal del régimen y su decisión de jamás entregar el poder por vías pacíficas parece ser deliberadamente obviado por esta oposición cómoda y blandengue que prefiere entenderse con el régimen en términos de elecciones y negociaciones.
Las opciones de lucha que propone la MUD, elección y negociación con el régimen, no ofrecen ninguna perspectiva realista ni viable para salir de la dictadura. Por el contrario ambas son escenarios que solo contribuyen a extender la vida de la dictadura y la agonía de millones de venezolanos.
Esta forma pusilánime y complaciente de hacer política tuvo una nueva expresión la semana pasada al término de la ronda de negociaciones entre el gobierno y la oposición. Con la mayor espontaneidad y afecto Julio Borges se despidió de Delcy Rodríguez obsequiándole un beso en la mejilla. La foto circuló por redes sociales y con toda razón enfureció a millones de venezolanos quienes no se explican esas profusas muestras de cariño.
El asunto no es de urbanidad y buenas maneras. Para ello habría bastado un sobrio y sereno apretón de manos sin dejar de mirar a los ojos del enemigo. Pero este parece ser el problema. Que Julio Borges y la MUD no identifican al enemigo aunque lo tengan al frente y se comportan con sospechosa camaradería.
Algunos periodistas y operadores políticos saltaron inmediatamente a justificar la caballerosidad de Julio Borges atajando las criticas con el super trillado lugar común de “lo cortés no quita lo valiente.” Otros, sin excusar la banalización, hasta se atrevieron a comparar la escena del beso con el encuentro entre Shimon Peres y Yasser Arafat.
Pero esa foto dice mucho más de lo que los políticamente correctos parecen dispuestos a admitir. La imagen de Julio Borges y su afectuoso gesto con Delcy Rodríguez muestra la debilidad psicológica de una persona que sencillamente no sabe quien es el enemigo ni como comportarse frente a el.
La contraparte de Borges en esa lastimosa escena representa a una dictadura asesina que hace menos de dos semanas ejecutó la masacre de El Junquito y es culpable de todas las miserias que hoy padecemos los venezolanos. Una postura firme y serena frente al enemigo, sin ser irrespetuosa, habría sido más apropiada que risitas y besitos como si estuviesen entre panas. ¿O es así?

La escena en cuestión retrata el estado de postración mental de los partidos de la oposición electoral que siguen creyendo en los buenos modales del régimen y desesperadamente tratan de portarse bien. Ellos seguramente creen que pueden salir de la dictadura con negociaciones, votos, y besos.-  @humbertotweets