domingo, 17 de septiembre de 2017

MUD vs MUD

Una de las razones por las cuales la dictadura sigue gobernando son las cada vez más notables incoherencias de la alianza electoral opositora MUD. La estrategias zigzagueantes de esta coalición son el resultado de tratar de conciliar las agendas disímiles de partidos opositores y candidatos presidenciales. Estas agendas no siempre están en sintonía con las expectativas de los ciudadanos porque sus diseños suelen ser mezclas extrañas de combinaciones políticas que no terminan de tener conexión con la realidad.
La consulta popular del 16 de julio de este año le mostró a la siempre dubitativa e inconsistente MUD un claro camino para actuar. La pregunta número 3 aprobada mayoritariamente en esta consulta era un mandato a la Asamblea Nacional para renovar los poderes públicos y entonces avanzar a un gobierno de unidad nacional y convocar elecciones libres.
Pero en la misma semana que que el programa político opositor era refrendado por millones los partidos dueños de la MUD se lanzaron a una carrera frenética por la elección de gobernadores, tal como el gobierno quería. La prisa y la urgencia en desconocer lo aprobado el 16 de julio los llevó a embarcarse en un proceso incierto sin fechas ni garantías.
Esa jugada inspirada en el más puro y frío cálculo político dividió a la oposición y desconcertó a la sociedad. Ahora en lugar de hacer una oposición firme y homogénea a la dictadura la MUD nos embarca en una pugna por cargos que en algunos estados aún no termina y que ha involucrado acusaciones de fraude y sicariato político. Patetico espectáculo que la sociedad observa con decepción mientras el gobierno discretamente se hace a un lado para que la misma oposición le haga el trabajo.
Con el capítulo de las primaria de la MUD aun en desarrollo se confirma por terceras vías que la MUD desarrolla negociaciones con el régimen en República Dominicana, una vez más, de espaldas a la sociedad e incluso como lo señaló el diputado Calzadilla de espaldas a los mismos partidos que integran la alianza. A estos hallazgos siguieron la cadena usual de respuestas contradictorias donde la MUD primero negó la negociación para luego admitir que están en fase “exploratoria”, como si ya no tuviesen experiencia de esto con el mismo interlocutor.
Participar en las regionales sin previo debate y asistir a hurtadillas a una nueva negociación con el régimen son el tipo de cosas que destruyen la ya poca confianza que tienen los ciudadanos en la MUD. Sus componentes han perdido toda capacidad de juicio y autocrítica para reconocer y rectificar sus errores. El gobierno se beneficia de las jugadas erráticas de la MUD, por eso las alienta y las celebra.

jueves, 14 de septiembre de 2017

En las primarias de la MUD ganó la abstención

Una vez pasado el trago amargo de las primarias, los partidos de la MUD irán inmediatamente a la fase siguiente de su cronograma electoral. Así como no hubo debate luego de la consulta popular del 16 de julio y el sorpresivo acto acrobático de lanzarse a las regionales, ahora tampoco lo habrá. Los partidos defenderán el resultado de las primarias con base en la cantidad de gente que se movilizó a votar, ignorando los millones de ciudadanos que pudiendo votar no lo hicieron.

Se calcula que en las primarias de la MUD votaron cerca de 1 millón de personas con una abstención de 90%. Que en menos de dos meses la MUD haya perdido el apoyo de casi 6 millones de ciudadanos es algo que no solo debería motivar un debate, sino también un replanteo total de su estrategia. La abstención en las primarias de la MUD tiene todas las características de un mensaje de los ciudadanos inconformes hacia sus dirigentes para que cambien la forma de hacer oposición.

Las primarias de la MUD fueron la prueba de fuego para evaluar la tesis de votar en dictadura. Todo aquel que apoyaba esta tesis tuvo la oportunidad de expresarlo. Los resultados no dan para inferir que un porcentaje relevante de los opositores estaría dispuesto a apoyar con su voto la propuesta de la MUD. El resultado en sí es grave, y más grave aún será si la MUD decide ignorarlo como ya ha ocurrido antes.

Frente a esta realidad, ¿qué hará la MUD?: ¿ordenar linchamientos morales selectivos en las redes sociales contra quienes nos oponemos a las regionales? ¿Intensificar su campaña de manipulación del elector desprevenido para hacerle creer que no votar es permitir que gane el candidato del gobierno?

En las primarias del domingo pasado solo votaron quienes forman parte de las maquinarias de los partidos. Allí no se vio el espíritu cívico y unitario de la consulta popular del 16 de julio donde millones de ciudadanos participaron con entusiasmo. Solo quedó reducida a eso, a una consulta interna entre los partidos. Esto pone en evidencia –una vez más– la gran debilidad de la Mesa de Unidad Democrática, muy eficiente para campañas electorales, pero incapaz de articular una fuerza de oposición nacional que vaya más allá de los partidos y sea capaz de derrocar la dictadura chavista.

El triunfo de la abstención en las primarias de la MUD es una derrota de las tesis de Ramos Allup y el G4 de cohabitar con la dictadura y aceptar ir a sus elecciones fraudulentas de gobernadores sin siquiera conocer la fecha.

@humbertotweets

jueves, 7 de septiembre de 2017

Las dictaduras no salen con votos

En un habitual ejercicio de simplificación histriónica de lo político, el secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, declaró que “las dictaduras salen con votos.” Al preguntársele cuáles, con relancina osadía respondió de inmediato: Chile, Paraguay y Brasil.

El contexto de esta declaración es la improvisada campaña de la MUD para persuadir a desprevenidos electores de que ir a votar en las elecciones de gobernadores orquestadas por el régimen, es una forma para sacarlo del poder.

Es un argumento falaz que sigue siendo machacado ad nauseam, obviamente por los candidatos a gobernadores de la MUD, y todos los operadores políticos que están embarcados en la misma empresa. Sin mayor análisis o prueba repiten la frase “las dictaduras salen con votos”, para tratar de vencer el justificado escepticismo de los electores que no logran entender cómo se puede salir del régimen eligiendo a unos funcionarios públicos que no tendrán ni poder ni presupuesto para cumplir con sus promesas. La consigna es un intento lánguido de darle sentido a lo que en realidad no tiene.

No es cierto que las dictaduras de Chile (1988), Paraguay (1989)  y Brasil (1985) salieron con votos. El derrocamiento de esas dictaduras fue el resultado de la combinación de: 1) El deterioro de la situación económica y social del país en manos de la dictadura; 2) La masiva protesta popular en la calle; y 3) Las contradicciones surgidas entre los componentes civiles y militares de esos regímenes. Esas tres situaciones de conflicto potenciaron, en cada caso, una crisis de gobernabilidad, que obligó a esos regímenes a optar por diferentes esquemas de transición; y la expresión final de esos procesos políticos fueron, efectivamente, unas elecciones con garantías mínimas de respeto a la voluntad de los electores.

Es una tergiversación intencional decir que esas dictaduras salieron porque un día el pueblo fue convocado a votar, y los dictadores entregaron el poder sin protestar al conocer los resultados. En los referidos casos y en la gran mayoría de las transiciones de dictadura a democracia, el acto electoral sólo marca un momento crítico en una sucesión de crisis y contradicciones, donde los sectores ciudadanos acumulan suficientes fuerzas para derrocar política y militarmente al régimen. El acto electoral es tan solo la ratificación de una nueva situación política que ya había sido previamente decidida en las calles por la vía de la presión popular.

Pero si le damos el beneficio de la duda al espadachín de la MUD, y aceptamos aunque sea parcialmente su argumento, habría que considerar la naturaleza de las elecciones que él mismo ha invocado. En ninguno de los casos citados, el pueblo fue convocado a derrocar al régimen eligiendo funcionarios públicos tales como concejales, alcaldes o gobernadores. En los tres casos se trató de elecciones nacionales, de envergadura, de naturaleza plebiscitaria, con un reclamo categórico para ponerle punto final a esos regímenes.

Asemejar la dimensión histórica de los procesos políticos vividos en la recuperación democrática de Chile, Paraguay y Brasil, con la elección de gobernadores en Venezuela este año, es una generosa licencia que tan solo la falacia argumental de Ramos Allup se puede permitir.

Al participar en las elecciones de gobernadores, los candidatos de la MUD han aceptado voluntariamente degradar el discurso político para abandonar los grandes temas nacionales de la crisis humanitaria, los presos políticos, y la recuperación de la libertad; y abrazar el discurso populista y clientelar de las aceras y brocales.

Es lastimoso ver a estos jóvenes dirigentes abandonar sus espacios naturales de lucha en la Asamblea Nacional para ir en la búsqueda afanosa de otros espacios inciertos, y luchar para ser los empleados subalternos justamente del régimen que queremos derrocar.

Por el contrario, al votar en estas elecciones de gobernadores se le hace una doble e inmerecida colaboración a la dictadura. Primero, se legitima un sistema político y electoral perverso, cuyas reglas de juego están diseñadas para procurar ventajas sólidas a los candidatos del gobierno. Este acto público de legitimación parece tener sin cuidado a los candidatos de la MUD. Lo que sorprende es que tampoco muestren preocupación por el hecho de ir a una elección, a ciegas, sin siquiera tener definida la fecha del acto electoral. Esto, digamos, sería lo menos que podrían haber exigido.

Pero lo más pernicioso de este argumento es la súper letal arma secreta que el régimen introduce en el corazón mismo de la oposición para usar sus propias energías contra ella: El llamado al voto en estas condiciones lleva implícito un mandato para desmovilizar la calle y apostarle a la ilusión electoral dentro de las viciadas reglas de juego del Estado chavista. Así, el régimen termina usando a los candidatos a gobernador de la MUD para propagar el adormecimiento, la confusión y la división en el sector opositor.

La lógica detrás de “las dictaduras salen con votos” es la misma lógica que arrastró a la oposición a la Mesa de Negociación y Acuerdos en 2002-2003, a las negociaciones secretas en el 2016, y a las que ya están en curso en este mes de septiembre. Por esa vía ya llevamos 19 años. Seguir votando, legitimando y cohabitando solo pavimentará el camino para que el Estado chavista siga en el poder los próximos 20.








domingo, 3 de septiembre de 2017

Una patada a la mesa

La dinámica política venezolana ha venido revelando las verdaderas fuerzas que sostienen al estado chavista. El perfil totalitario y militarista del gobierno no permitía apreciar otros colores grisáceos de fuerzas y factores que también actuaban en el fondo para sostener al régimen que decían combatir. Siempre entendimos que un componente militar doblegado y corrompido sería clave para sostener el régimen en contra de la voluntad de las mayorías. Pero el otro sostén, tan sinuoso como imperceptible, venía de la propia “oposición” manejada siempre por los partidos actuando como agentes legitimadores de la dictadura.
Con la desarticulación de sindicatos, gremios y organizaciones de la sociedad civil la conducción de la oposición venezolana siempre ha quedado a merced de los partidos políticos, sus intereses y sus agendas. A diferencia de otros países que lograron derrotar exitosamente gobiernos dictatoriales tales como Chile y Polonia como resultado de amplias alianzas de partidos políticos, organizaciones civiles y militares.
Los partidos de la llamada oposición en Venezuela fracasaron en 1999 en anticipar que lo que tenían al frente no era un adversario político común, sino una dictadura en agresivo proceso de desarrollo. Este error en caracterizar al régimen como uno dictatorial y totalitario sería repetido por la “oposición” durante más de 18 años influyendo en el diseño de una estrategia derrotista y equivocada para derrocar al estado chavista. Esta estrategia se monta sobre la base de que esta dictadura puede ser combatida “desde adentro” y jugando con las reglas de juego que ella le impone a la sociedad y que en todo caso termina cambiando a conveniencia.
Consecuentes con esa visión estrictamente electoral de enfrentar al régimen los partidos de oposición crearon la Unidad Nacional en el 2006 que luego se transformaría en Mesa de la Unidad Democrática en el 2009 manteniendo intacta la naturaleza de una coalición de partidos más que una alianza amplia de fuerzas sociales contra la dictadura. Como coalición electoral la MUD ha participado en las últimas elecciones alimentando la falsa ilusión de un cambio dentro del viciado sistema electoral que le permite el régimen. Triunfos como el de las elecciones parlamentarias de 2015 le inyectarían nuevas dosis de optimismo a esta estrategia aunque en la realidad el régimen haya mutilado públicamente las atribuciones de la Asamblea Nacional en una clara demostración que los votos nunca serán suficientes para desplazarnos del poder.
Pero a pesar de arrebatarle funciones a la AN y elegir en forma fraudulenta una Constituyente la oposición insiste en tratar a la dictadura tan solo como un mal gobierno que puede ser derrotado con votos. Esa lógica se ha convertido en el peor enemigo de la causa libertaria al usar los partidos de oposición como agentes legitimadores de la política del régimen.
De esta forma la MUD con su equivocada estrategia electoralista se ha convertido, literalmente, en la mesa que soporta al régimen mientras este destruye la república. El gobierno ha manipulado a su antojo a esta oposición electoral manoseando sus debilidades y contradicciones, convenciéndola que solo por esa vía será posible un cambio. Entre mesas, negociaciones y acuerdos ya han pasado 19 años de engaños donde el gobierno usa a la MUD para consumar su estafa. Sin el apoyo de militares corruptos y sin la vocación de cohabitar de la oposición electoral el régimen habría sido derrocado mucho antes.

A los militares les tocará ajustar cuentas con su honor y su historia. A los civiles, a los ciudadanos que no participamos del mundo de la clientela y la componenda partidista solo nos queda darle una patada a la mesa y tumbar con ella al régimen que en ella se asienta. @humbertotweets

jueves, 31 de agosto de 2017

No se puede votar “con un pañuelo en la nariz”

La semana pasada, el Vicepresidente de Acción Democrática, Antonio Ecarri Bolívar, argumentó en un artículo de opinión, la necesidad de votar en las elecciones regionales convocadas por el gobierno “con un pañuelo en la nariz”.

Ecarri Bolívar admite en su escrito que “...somos conscientes de todos los obstáculos, trapisondas y dificultades que impone este régimen para pretender desconocer el derecho soberano del pueblo a elegir a sus gobernadores de estado, luego a sus alcaldes y después al mismísimo presidente de la República.” Pero, según su lógica, a pesar de todo eso que él mismo reconoce, se debe ir a votar. Y para ello hace referencia a la postulación de la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos en 1941; en cuyo contexto, Rómulo Betancourt habría usado —para justificarla— la célebre frase del pañuelo.

Pretender igualar el contexto político de 1941 al de 2017 es absolutamente antihistórico. El Partido Democrático Nacional (que luego se convertiría en Acción Democrática) denunció con vigor al gobierno autoritario de Eleazar López Contreras, pero nunca cuestionó al régimen por ilegal o alegó la ruptura del hilo Constitucional. Así, el PDN reconocía que aun dentro de ese régimen autoritario, existía un clima de relativa paz social que permitía la actividad política. Entonces, participar en esas elecciones con una candidatura que no tenía la menor oportunidad de ganar y por lo tanto era simbólica, era una posición coherente.

El contexto de 2017 es diferente al de 1941. Desde 2016 la oposición viene denunciando en la Asamblea Nacional el asalto sistemático del régimen de Nicolás Maduro contra la legalidad y la Constitucionalidad. El control del TSJ y el CNE por parte del PSUV y la convocatoria misma a una Constituyente fraudulenta e ilegal, llevaron a la Fiscal Luisa Ortega Díaz a declarar formalmente que en Venezuela el hilo Constitucional se había roto. La Asamblea Nacional, la Mesa de la Unidad Democrática y diversos factores de la oposición estuvieron de acuerdo con la Fiscal.

Fue precisamente en respuesta a la sentencia 156 del TSJ del 29 de marzo de 2017, arrebatándole competencias a la Asamblea Nacional , que la MUD invoco la aplicación de los artículos 333 y 350 e inició una jornada de protestas de más de 100 días.  Por lo tanto, resulta absolutamente incoherente que la MUD llame ahora a participar en unas elecciones de gobernadores, cuando las circunstancias que ella misma y la AN denunciaron como ruptura del hilo constitucional no han cesado.

En 1941 era muy claro, desde el principio, que no había ninguna posibilidad de ganarle al gobierno con la candidatura de Rómulo Gallegos, porque sería sometida a una elección, indirecta, de segundo grado, en un congreso que había sido seleccionado a dedo por Juan Vicente Gómez. Los opositores de entonces le hablaron muy claro al país del alcance de la candidatura de Gallegos y no crearon falsas expectativas de triunfo.  En el 2017 la MUD llama a participar en unas elecciones donde lo primero que se vende es la ilusión que sí es posible ganarle al gobierno “si se remolca la gente y se llevan testigos a las mesas.” El espejismo ignora a propósito el público y notorio fraude Constituyente del 30 de Julio perpetrado por el régimen.

Curiosamente, en 1941 el gobierno de López Contreras no alentaba esa candidatura simbólica e inofensiva de Gallegos, porque sabía que ponía al desnudo la arbitrariedad del sistema electoral. No ocurre lo mismo en 2017, cuando el régimen estimula abiertamente la participación electoral de la oposición, aunque en condiciones de abuso e incertidumbre,  porque en última instancia termina legitimando el sistema que antes atacaba.

El otro punto es la naturaleza genuinamente simbólica de la candidatura de Gallegos, y allí su verdadera potencia, al ser un instrumento para propagar el mensaje de libertad. A diferencia de las actuales candidaturas a las gobernaciones, que no tienen nada de simbólicas y tratan de cabalgar sobre la ficción creada por el régimen  de que si es posible lograr algo dentro de este viciado sistema electoral. Además, los candidatos a gobernador están tratando de ganar apoyos con las usuales promesas electorales, como si el país no estuviese al borde del colapso. Ninguno ha podido explicar hasta ahora cómo el obtener un cargo de gobernador ayudará a conquistar la libertad en Venezuela.

Quizá lo más pernicioso es usar las fichas de la propia oposición como vehículos eficientes del metamensaje del régimen, para hacerle creer a la gente que participando dentro de estas reglas de juego —que el gobierno cambia a conveniencia—, algún día se podrá cambiar el sistema. En esa ilusión llevamos 19 años.

Pero aparte de esto queda el argumento de fondo: Hay que votar “con un pañuelo en la nariz”. En otra palabras, sabemos que estamos en dictadura, que el sistema electoral es fraudulento, que nos van a robar los votos, que nos van a inhabilitar candidatos, que nos pueden quitar lo que nos reconozcan como triunfo electoral. Y hasta sabemos que votando hacemos un acto público de reconocimiento a la dictadura que decimos combatir. Pero aun así, los dueños de las franquicias partidistas nos quieren llevar arriados a votar, sin razones, a ciegas.

“Votar con un pañuelo en la nariz” es el razonamiento más sinuoso y falaz que se ha usado  en las últimas semanas, para engañar a los ciudadanos desesperados, dispuestos a hacer lo que sea para salir de esta dictadura. Por su simpleza y perfidia para escurrirse en las mentes indefensas de las personas, es un razonamiento que debe ser enfáticamente refutado.

“Votar con un pañuelo en la nariz” es admitir que la única forma de hacer política es jugar siempre al cálculo oportunista, asqueroso y pestilente. Que hay algo que está mal; que aunque es inmoral e inconveniente hay que hacerlo. Por el contrario, Abstenerse de votar es algo que podemos hacer en paz con nuestra conciencia, respirando hondo y llenando los pulmones con aire puro y limpio. Para eso ni siquiera hace falta un pañuelo.




domingo, 27 de agosto de 2017

La agenda de los ciudadanos no es la agenda de la MUD

Desde 1999, cuando Chávez tomó el poder,  se orquestó desde el gobierno toda una estrategia para desmantelar la organización social no partidista. La arremetida contra gremios y sindicatos que una vez fueron la referencia de la lucha política en Venezuela fue tal que las organizaciones sindicales desaparecieron para dar paso a una aborrecible formación de cabilleros pro régimen en la administración pública y empresas del estado y la casi total desaparición de organizaciones obreras en el sector privado.
La desarticulación de la sociedad civil fue clave en la estrategia de control político y social del régimen para reducir el espacio de la oposición a uno mas pequeño solo controlado por los partidos políticos más débiles ante los engaños oportunistas del régimen y susceptibles de tomar decisiones más inspiradas en su propia agenda que en la agenda del país.
Que desde 1999 el peso de organizar a la oposición haya recaído principalmente en manos de los partidos políticos opositores es lo que ha determinado que la agenda de la oposición venezolana orbite más entorno a lo electoral que a lo político y lo social. La misma experiencia de no participar en las elecciones parlamentarias de 2005 fue concebida erróneamente como una jugada para cuestionar la legitimidad del sistema electoral, no la del estado chavista. Y fue tan incoherente que en los meses siguientes la misma oposición se devolvió arrepentida de no haber participado en esa contienda.
Esas marchas y contramarchas siguen marcando la agenda opositora. Ahora justo en el peor momento para el régimen la Mesa de la Unidad Democrática decide, una vez más, abandonar la agenda política (la aprobada por millones de ciudadanos el 16 de julio) para concentrarse en lo electoral. La MUD sabe que participar en esas elecciones de gobernadores le dará oxígeno al régimen moribundo porque alienta la ilusión de una salida electoral dentro de las viciadas reglas de juego del estado chavista.
Si la MUD sabe esto, entonces ¿por qué lo hace? ¿Porque asumir una política que solo conduce a prolongar la vida institucional del régimen? La MUD lo hace porque los partidos que la integran pivotaron en su posición política después del 16 de julio de 2017. Luego de la consulta popular la MUD develó una nueva estrategia para validarse a sí misma: La cohabitación con el régimen. Esto básicamente significa reconocer a la Constituyente y sus decisiones ilegítimas para que a cambio de ello el régimen les permita participación en esta suerte de cogobierno.
El problema con esta nueva política de la MUD es que le otorga tiempo y legitimidad al régimen al tiempo que desmoraliza sus propias fuerzas al desmovilizarlas voluntariamente y proclamar en un acto de castración política que los civiles tienen votos, no balas para salir de la dictadura. Descartando en un solo intento cualquier otro método de lucha política contra la tiranía aunque históricamente haya funcionado en otras experiencias.
Esto ocurre porque los intereses electorales  de la MUD no son necesariamente los intereses políticos del país de abolir la tiranía y conquistar la libertad. La lucha de la mayoría de la sociedad venezolana que se opone al estado chavista seguirá débil mientras continúe en manos de estos partidos. Hoy más nunca se valida la necesidad histórica de una nueva colación de fuerzas sociales que incluya partidos pero que no sea manejada por estos para efectivamente articular una estrategia que permita derrocar al régimen y sus colaboradores.

jueves, 24 de agosto de 2017

¿Por qué la MUD no participó en el fraude constituyente?

Las críticas que se le hacen a la Mesa de Unidad Democrática desde la oposición son el resultado de la frustración que hay en la calle con una política que no logra derrocar a la dictadura, a pesar de que ésta tiene al 80% de la sociedad en contra. No solo hay que evaluar el contexto objetivo que sostiene a la dictadura sino también las estrategias de lucha que se han empleado para confrontarla, y determinar si han funcionado o no para luego decidir un nuevo curso de acción o seguir en lo mismo.

Este es el tipo de debate que la MUD evade y no se siente obligada a llevar a cabo con sus bases. Asumen que, después del triunfo parlamentario de 2015, tienen un cheque en blanco; y siguen ensayando una y otra fórmula coyuntural para tratar de sacar a Maduro del poder, sin que hasta ahora ninguna haya funcionado. Lo más grave es que además sigue sin rendir cuentas de su gestión política. Por el contrario, continúa pivotante de una jugada a otra, sin evaluar los resultados de la anterior, en lo que más parecen movimientos azarosos que estrategia política.

Esos movimientos erráticos y zigzagueantes tienen su origen bien temprano, en Diciembre de 2015, cuando el régimen ejecutó el golpe de estado, y la MUD fracasó al no calificar la nueva situación política como una dictadura y actuar en consecuencia desde la Asamblea Nacional. Cuando la feneciente Asamblea Nacional, dominada por el oficialismo,  aprovechó las últimas horas de 2015  para nombrar militantes del PSUV en el TSJ y darle todo el control jurídico-legal a la Sala Constitucional, entonces hubo declaraciones contradictorias de parte de la MUD. Se denunció el acto como un golpe a la nueva Asamblea Nacional, pero se falló al no caracterizar la nueva situación política como una dictadura o tiranía.

La miopía en definir la nueva realidad como un régimen dictatorial, puro y simple, probaría ser uno de los errores más grandes de la MUD. Al identificar al adversario tan solo como un régimen autoritario y no un dictadura, la MUD decidía entramparse voluntariamente en el esquema de las reglas de un juego jurídico-legal que no controla; unas reglas que además serían cambiadas por el gobierno a capricho. No ver al régimen como lo que es, una dictadura, es lo que anima a la MUD a sentarse a dialogar y tratar de negociar una transición política, cuando lo que el gobierno hacía era ganar tiempo para atornillarse en el poder y desacreditar a la oposición.

Casi un año más tarde, y luego de repetidos y sucesivos ataques a la ya precaria institucionalidad democrática, a la MUD no le quedaba más que identificar al gobierno como dictadura, aunque en la práctica lo siga tratando más como un gobierno autoritario.

Al fallar en caracterizar oportunamente al régimen como una dictadura, la MUD sentó las bases de lo que sería su futura estrategia: Una lucha estéril dentro del marco legal del estado chavista, debilitada por la incertidumbre y la represión institucional. Esta es la lógica que anima a los partidos de la MUD a declarar, con sospechoso optimismo, que la “única” forma de derrotar al régimen es con votos. No importa que el gobierno controle la autoridad electoral o que desconozca el resultado de las elecciones, como lo hizo con los tres diputados por Amazonas.

Esta lógica de dar la pelea “dentro” del viciado marco institucional chavista llevó a algunos voceros de la MUD, como Henry Ramos Allup, a negar olímpicamente verdades históricas y decir en un programa de televisión que “las dictaduras caen con votos, no con balas”. Esta falacia argumental en realidad trataba de ocultar en forma perniciosa que, ciertamente, luego de que las dictaduras son derrocadas por una conjunción de fuerzas políticas, sociales y militares, entonces el pueblo vota libremente. Pero no antes, como fue sugerido en forma engañosa.

De alguna manera, el régimen de Maduro ya logró su victoria política más importante: el control de la estructura mental de los miembros de la MUD, al convencerlos que el cambio político “sólo es posible dentro de este marco institucional.” Esto lleva inevitablemente a que la MUD asuma que no hay otra forma posible de lucha que la electoral permitida dentro del viciado sistema chavista. Todas las demás, de entrada, están descartadas. Y esta es la victoria más importante para el régimen porque puede adivinar y controlar los futuros movimientos de la MUD.

Siendo consecuente con la lógica que le ha sido impuesta por el régimen, la MUD no quiso esperar a conocer los resultados oficiales del fraude constituyente, ni saber la fecha de las elecciones regionales, ni siquiera saber si podría postular candidatos o no. Mucho antes de que todo eso ocurriera, ya los partidos de la MUD estaban embarcados en sendas campañas para la elección de gobernadores. Para justificar la jugada política ante sus bases desilusionadas, la MUD argumenta que “esos espacios no se le pueden dejar al gobierno”, y sus candidatos aseguran afanados que tampoco importa que la Constituyente les quite atribuciones y hasta elimine las gobernaciones.

Si es cierto que esos espacios no se le podían  dejar al gobierno, ¿Qué llevó a la MUD a no participar en la elección Constituyente, también convocada por el régimen, la cual sería en todo caso una elección mucho más trascendente que la de gobernadores? O sea, ¿qué hace diferente una elección de otra? ¿Por qué participar en una sí, y en la otra no? Si la MUD está dispuesta a confiar en el sistema electoral que regirá las elecciones de gobernadores, ¿por qué no habría confiado en las mismas reglas que regularon el fraude constituyente? Si es realmente honesta la idea de no ceder espacios al gobierno, entonces la MUD ha podido participar en las elecciones de la Constituyente, movilizar sus testigos a todas las mesas y hasta ganar la mayoría de esos espacios. Pero no lo hizo.

La evidente contradicción entre lo que se dice y lo que se hace es una absoluta incoherencia. Y solo se explica por la extraña hegemonía intelectual que la dictadura ejerce sobre la MUD, que la hace dudar de sus propias fortalezas y la obliga a seguir jugando un juego cuyas reglas siempre favorecerán a la dictadura y que nunca podrá ganar.