domingo, 11 de noviembre de 2018

Las dudas de las FANB


Hugo Chávez cambió la naturaleza de las fuerzas armadas venezolanas. De ser una institución al servicio de la República ha quedado reducida al apéndice más servil del régimen. Esto lo logró dinamitando la historia y la doctrina de las FANB, creando alianzas antinaturales con la guerrilla, el narcotráfico y grupos paramilitares que se agenciaban para sostener al chavismo en el poder.
En este desarrollo de casi dos décadas se cambió la orientación democrática e institucional en las FANB por la propaganda ideológica del socialismo y el chavismo. Igualmente se adoctrinó a los nuevos oficiales en el credo de reconocer a la guerrilla colombiana de las FARC y el ELN como ejemplos de un supuesto bolivarianismo. Los nexos del régimen chavista y de las fuerzas armadas de venezuela con la guerrilla colombiana han sido sobradamente documentados en medios periodísticos.
Para el chavismo la alianza militar con la guerrilla colombiana ha significado la posibilidad de convertirse en un factor perturbador de la política en Colombia, o una forma de comenzar a influir directamente en los asuntos domésticos del país vecino e inhibir una eventual acción armada.
El resultado ha sido la formación de varias promociones de oficiales en las FANB con ideas muy difusas en torno a su papel en defensa de la república. Al caos operacional y logístico que hoy vive las FANB se suma el alto grado de confusión de numerosos efectivos que fueron entrenados para ver como aliados a regímenes totalitarios de izquierda como Cuba y Nicaragua y además a las fuerzas guerrilleras principalmente de Colombia.
En medios castrenses se percibe como normal que Venezuela haya roto su relación institucional con los Estados Unidos en materia de combate al narcotráfico. Y esto lleva inclusive a justificar la actuación delincuencial del cartel de los soles por razones de seguridad de estado.
Esta política de postración ante el crimen es lo que condujo a una actitud permisiva de los comandantes de las FANB con diversas formas de delito sobre todo en la frontera. Para nadie es un secreto que oficiales y contingentes militares destacados en Táchira, Barinas, Apure Zulia y Bolívar reciben órdenes superiores para dejar operar con la mayor libertad a estos grupos irregulares dentro del territorio venezolano. Algunos documentos internos de las FANB incluso justifican esta política reconociendo la superioridad militar y logística de esos grupos frente a las FANB. Se les dice a los oficiales que es una forma de preservar su vida.
El resultado ha sido una fuerza armada útil instrumentalmente para linchar a la población civil pero totalmente castrada a la hora de enfrentar el crimen. En estas condiciones guerrilla y paramilitares que operan libremente dentro de Venezuela con la anuencia de las FANB ahora se vuelcan en contra de sus antiguos protectores desatando una ola de secuestros y asesinatos a militares que parece imposible detener.
Es una vergüenza que el ministro Vladimir Padrino López tenga que pedirle a sus oficiales de las FANB  que frente a los ataques de la guerrilla y el crimen no pueden dudar y deben actuar. De esta forma Padrino López admite con claridad que las actuales FANB están paralizadas frente al crimen, son incapaces de defender la integridad del territorio y, lo más grave, están dudando a la hora de actuar frente a sus antiguos socios.
Las dudas que hay en las FANB y a las cuales refiere Padrino López no van a desaparecer porque él lo pida. Se requiere de una renovación profunda que quizás signifique reemplazar esta FANB corrupta y aliada del crimen por una fuerza militar íntegra y honesta al servicio de la república. Y eso solo será posible con la expulsión del chavismo y sus militares serviles del poder. @humbertotweets


jueves, 8 de noviembre de 2018

Alinear nuestros intereses con los de EEUU


La falsa oposición en Venezuela sigue dinamitando las opciones reales para derrocar y destruir el régimen chavista presidido por Nicolás Maduro. Esta amorfa y antinatural alianza de franquicias partidistas y aspirantes presidenciales ha agenciado toda suerte de emprendimientos dentro y fuera de Venezuela para debilitar la lucha contra el narco estado chavista, y lanzarla por el abismal barranco de elecciones, negociaciones y desesperanza.
Dentro de Venezuela, esta falsa oposición ha sido la propagadora de la lógica según la cual solo mediante elecciones es posible sacar al chavismo del poder. Han fracasado durante casi dos décadas en este empeño entreguista que ha sido el mejor obsequio legitimador para el régimen. Pero aún así, insisten en tratar a un régimen indiscutiblemente mafioso y criminal como si fuese una democracia.
Cada vez que el régimen necesita el favor de la oposición, usa la vieja táctica de “la zanahoria y el garrote”. Para unos funciona por la vía de prebendas, concesiones burocráticas y contratos. Para otros operadores de la falsa oposición, hay que usar el dolor físico y hasta la muerte para que entren en razón. Así ha sido como, de una forma u otra, el régimen siempre termina llevando a estos opositores a la mesa de negociaciones o a unas elecciones.
En el ámbito internacional, esta falsa oposición hace turismo por países y se toma selfies con líderes de otros estados, pidiendo solo sanciones contra el régimen de Maduro. Esto, alineado con la lógica de tratar al estado mafioso chavista como si fuese una entidad de derecho internacional, que eventualmente cederá a sanciones penales o financieras que le apliquen otros países.
Allí también se anida la falacia de pedir una supuesta ayuda humanitaria internacional, como una especie de blandengue y mal disimulada forma de solicitar una intervención militar en Venezuela. Estos operadores de la falsa oposición se cuidan muy bien de usar un lenguaje educado en lo políticamente correcto, que no es otra cosa que la hipocresía política. Lo que en realidad intentan desconocer, sin éxito, es que apuestan por una supuesta renuncia del régimen de Maduro al poder, como resultado de esta política equivocada de sanciones que solo ha servido para alargar la vida a la agónica tiranía.
El gobierno de Donald Trump sigue evaluando la intervención militar en Venezuela y, eventualmente, también agregar a Cuba, un estado patrocinante del narco estado venezolano, a la lista de regímenes que habría que derrocar. Es lo que el propio Trump ha dicho en varias oportunidades. Al mismo tiempo, algunos funcionarios de su administración han señalado que deben agotarse las formas pacíficas con estos regímenes antes de implementar otras opciones. Esto tiene sentido, y es que EEUU no va a confirmar una intervención militar en Venezuela o en ningún otro país hasta el mismo día en que ocurra.
Sin embargo, en su infinita miopía e ignorancia, los operadores de la falsa opción saltan de alegría y felicidad a celebrar una supuesta contradicción o retroceso en la política de la administración de Trump, como si esto significara una invitación a negociar la paz en una mesa con el régimen asesino de Maduro.
La intervención militar en Venezuela es una delicada decisión política para EEUU, que debe ser calibrada por todos los entes que asesoran a Donald Trump en la materia. Es algo que, de ocurrir, será más por su alineamiento estratégico con los intereses geopolíticos de EEUU que por defender a la agónica república de Venezuela. Es una dramática realidad, pero aun siendo dramática, podría trabajar a nuestro favor.
En ese contexto, el papel de la verdadera oposición que busca derrocar la tiranía en Venezuela no debe ser el de la ambivalencia y la blandenguería. Por el contrario, es necesario persuadir al gobierno de Trump y sus aliados en el congreso de los EEUU sobre la necesidad de una salida de fuerza inmediata para derrocar al régimen de Maduro, pues éste atenta contra su propia población civil como cualquier estado fallido, y por esa misma condición es igualmente una amenaza para los intereses de los Estados Unidos. @humbertotweets

jueves, 1 de noviembre de 2018

Diálogo a la chavista


Que la actual crisis sea o no terminal para el régimen chavista no depende del chavismo. En realidad, dependerá de la claridad, la firmeza y la consistencia de las fuerzas que, tanto interna como externamente, se oponen al régimen. En otras palabras, las condiciones materiales y objetivas para la caída de la dictadura venezolana han estado dadas desde hace años. Pero la ausencia de una oposición consecuente y la complicidad de la comunidad internacional han extendido la vida a este régimen que es agónico desde tiempos de Chávez.
Casi con precisión matemática, cada vez que el régimen chavista necesita sortear una crisis importante, hace una hábil combinación de fichas en el tablero: elecciones, diálogos o negociaciones. Siempre alimentando la ilusión de un cambio, al mismo tiempo que aprovecha la tregua electoral o negociadora para pisar el acelerador y ganar más terreno que el que ya tenía.
Así ha sido, sin excepción, desde las rondas de negociaciones que inauguró Chávez con la falsa oposición en 2002 hasta ahora. Entre unas elecciones y otras, entre unas negociaciones y otras, siempre median eventos a veces poco visibles que tienen que ver con la adjudicación de prebendas y la concesión de posiciones en el sistema político para legitimar la componenda.
Sin duda, esta dinámica combina además la política del garrote y la zanahoria como un sistema casi perfecto de recompensas y castigos que los chavistas han aplicado a la falsa oposición para inducir un movimiento reflejo de colaboracionismo.
Nuevamente, el régimen enfrenta una crisis para la cual necesita el auxilio de la falsa oposición. No se trata del absurdo e irrelevante argumento de que Nicolás Maduro perderá legitimidad el 10 de enero de 2019, que además es de un simplismo insultante, solo potable en ciertos círculos diplomáticos.
En realidad, más que a esa supuesta pérdida de legitimidad que alentaría a más acciones simbólicas de presión de la comunidad internacional, lo que preocupa al régimen es la conformación de un frente internacional dispuesto a intervenir militarmente en Venezuela. Eso sí justifica una nueva ronda de negociaciones para que sea, una vez más, la falsa oposición la que se ofrezca como garante del régimen.
Esta nueva ronda de negociaciones que intenta el régimen tiene el mismo propósito que las anteriores: lograr prórrogas y seguir en el poder. Pero esta vez tendrán que ser más creativos en los temas y la fraseología, dada la escasez de argumentos racionales para justificarla. Además, este sería el intento más sofisticado, quizás el último, que le quede al régimen para detener la casi inevitable intervención militar internacional en Venezuela.
Contrario a lo que se cree, los mejores aliados del régimen de Maduro para enfrentar esa acción militar no serán ni Rusia ni China, sino operadores y dirigentes de la falsa oposición y gobiernos dispuestos a participar en una nueva ronda de negociaciones a la chavista. Desde allí sembrarán una vez más “mentiras frescas” que podrían darle al chavismo dos o tres años más de vida, si así lo permitimos.
La única negociación posible será después de la derrota militar del régimen. No antes. Mientras tanto, si se acude al falso diálogo propuesto una vez más por la dictadura, se le dará vida a un régimen que sin esas maniobras ha debido estar fuera del poder hace más de una década. @humbertotweets

domingo, 28 de octubre de 2018

¿Quién quiere votar?


Los partidos de la falsa oposición y sus operadores siguen asilados en su mundo de prebendas y campañas electorales. El país colapsa y se derrumba en manos de un régimen que liquidó toda posibilidad de una salida democrática e institucional. Pero aun así estos operadores insisten en hablarle a un país que no solo no los quiere escuchar sino que además los desprecia por sus reiteradas traiciones.
Los partidos Acción Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia fueron inhabilitados por el régimen para participar en elecciones. Sin embargo, estos partidos para no perder el hábito electorero están postulando candidatos a concejales a través de organizaciones de fachada tales como Fuerza del Cambio, Alianza del Lápiz, Movimiento Ecológico, Por Amor a los Pueblos, Copei, Movimiento al Socialismo, Avanzada Progresista y Esperanza por el Cambio.
Intentan engañar, una vez más, a la gente con el devaluado argumento de ir a votar para no dejar los Concejos Municipales en manos del gobierno. Como si el hecho de que una cámara municipal en manos de esa falsa oposición pudiese significar algo en los esfuerzos para derrocar a la dictadura.  La presidente de la Asociación de Alcaldes por Venezuela Josy Fernández llegó al extremo de implorar que “sería catastrófico tener cámaras municipales oficialistas”
¿Catastrófico para quién? Seguramente para los partidos de la falsa oposición, que al igual que el PSUV necesitan tomar por asalto el tesoro nacional para pagar sus nóminas de activistas. Práctica perversa que comenzó en la IV república y que ha sido perfeccionada por el chavismo.
Ellos saben muy bien, como también lo saben los gobernadores oportunistas de la falsa oposición, que las alcaldías, los concejos municipales y las gobernaciones son instancias que están quebradas y carecen de los medios materiales para cumplir sus funciones, han quedado reducidas a entes burocráticos que solo pagan nómina en moneda ultra devaluada a un ejército de reposeros que trabajan en el activismo de sus partidos.
Quienes insisten en votar en las elecciones municipales lo hacen para seguir viviendo de los mendrugos clientelares que reciben del régimen chavista. En definitiva son parte del mismo régimen político y clientelar que se apoya en la constitución chavista de 1999 que todos ellos han jurado defender.
Pero el venezolano en la calle, que ha sido burlado y traicionado por casi dos décadas por esta falsa oposición, entiende que el voto como lo conciben el régimen y sus colaboracionistas solo conduce a perpetuar las condiciones de abuso y servidumbre con una falsa esperanza de cambio “electoral” que nunca se concretará mientras se siga obedeciendo las reglas de juego de la tiranía.
Hoy son millones quienes miran con desconfianza y desprecio el discurso demagógico y electorero. En veinte años ya se han dicho todas las mentiras posibles para tratar de engañar a la gente con el cuento de unas elecciones fraudulentas que siempre gana el régimen, aunque sea minoría. También se ha demostrado la inutilidad de una dirigencia opositora que usufructuó “puestos de lucha” para su propio beneficio sin que ello aumentará las posibilidades de un cambio político. Negociaron y traicionaron una y otra vez, hasta el cansancio. Después de todo esto, realmente, ¿Quién quiere votar?.-  @humbertotweets


jueves, 25 de octubre de 2018

El 10 de enero y la disolución de la FANB


En los últimos días, varios operadores políticos han argumentado sobre la ilegalidad del gobierno de Nicolás Maduro a partir del próximo 10 de enero de 2019. Según esa tesis, la elección de Maduro del pasado 20 de mayo fue fraudulenta, y entonces se produciría un vacío de poder a partir del vencimiento de su mandato. Vacío de poder que sería aprovechado por la comunidad internacional y hasta por algunos sectores de la FANB para desconocer a Maduro e intentar derrocar a su régimen.
Esta tesis no es más que otra fábula para mantener a la gente distraída y engañada en el supuesto cumplimiento de ciertas fórmulas legales que darían paso a una situación de facto. Como si el desarrollo de un proceso eminentemente fáctico pudiese esperar a la verificación de ciertos trámites burocráticos para poder avanzar.
Si se quiere hablar de estricta legalidad –o ilegalidad-, entonces habría que comenzar por establecer que la elección de Maduro el pasado 20 de mayo fue tan fraudulenta como todas las anteriores, comenzando por el referéndum de 1999, donde se aprobó la engañosa Constitución chavista. Quienes se esconden en los argumentos de la legalidad y los trámites formales para enfrentar al régimen de Maduro, han tenido casi veinte años de ilegalidades y fraudes para escoger a su antojo.
Pero lo que no se dice es que el problema es de naturaleza política, y que esas contradicciones sólo serán resueltas por vías de facto con la intervención de fuerzas militares internas o externas, o ambas.
Es ingenuidad o ignorancia decir que hay sectores en la FANB esperando al 10 de enero para levantarse contra el régimen de Maduro. A pesar del miedo y la complicidad que reina en la FANB, hay claridad meridiana de la ausencia de formas institucionales o legales para arbitrar este conflicto. De eso no hay duda, a pesar de las gestiones internacionales de Zapatero y la falsa oposición. Y lo que es incluso peor, es la clara conciencia que existe dentro de la FANB de que el régimen de Nicolás Maduro — que unos apoyan por miedo y otros por complicidad— está, literalmente, destruyendo a las fuerzas armadas. Si estas facciones militares antes se hicieron de la vista gorda ante la destrucción del país, ahora les ha llegado el momento de sentir en carne propia el progresivo e indetenible proceso de disolución.
No se trata tan solo de la precariedad en la que viven los soldados y sus familias, al igual que millones de venezolanos; ni del desmantelamiento logístico por la compra de inservible chatarra militar suministrada por “bolichicos” y “boliburgueses” chavistas. Es, además, tener que defender a un régimen que para sostenerse hace alianzas con la guerrilla y los paramilitares, quienes aprovechan inmunidades y privilegios concedidos por el gobierno de Maduro para destruir a la FANB y desmembrar el territorio.
Los militares desplegados en la frontera y los que han sido enviados al Arco Minero de Guayana conocen mejor que nadie el estado de caos, desmoralización y vulnerabilidad de la FANB; incapaz de defender la integridad territorial, e inclusive incapaz de defenderse a sí misma y de evitar robos y agresiones contra sus propios efectivos. Esta es la FANB que hoy se debate entre seguir apoyando a este régimen por cobardía o por comodidad. Para quienes desde hace años decidieron hacer carrera militar, es un verdadero problema existencial.
Es totalmente irrelevante lo que apruebe la constituyente fraudulenta antes de diciembre de este año, o lo que pase después del 10 de enero de 2019, porque en definitiva no estamos frente a un problema de legalidad. Si estas facciones militares no han reaccionado antes para impedir la disolución de la FANB, no es precisamente por una fecha de vencimiento o por un artículo que se violó aquí o allá. 
Hay otras dinámicas en juego que podrían precipitar la ruptura militar; o retrasarla por unas semanas, quizá meses más. Pero eso tiene que ver con la capacidad de fuego que tenga una facción para imponerse sobre las otras, en el intento de salvar a las FANB de su corrupto alto mando y su pusilánime ministro. Tal vez en ese intento puedan salvar también lo que para ese momento quede de la República de Venezuela. @humbertotweets

domingo, 14 de octubre de 2018

El asesinato es política de estado


No se trata de hechos aislados. Existe una conducta planificada y sistemática del estado chavista para alentar el linchamiento físico y moral de sus adversarios. Esto comenzó por allá en 1999 cuando Hugo Chávez no se ahorraba palabras para desacreditar a sus oponentes mediante insultos y campanas de opinión orquestadas para intimidar, ridiculizar y destruir a sus oponentes.
El linchamiento moral de sus adversarios significó una autorización para que todos los chavistas en cualquier parte de Venezuela, independientemente de su rango, hicieran del canibalismo político su forma habitual de comportamiento.
Este linchamiento moral fue mutando a formas más perversas y sofisticadas de destrucción humana, siempre alentadas por el propio Chávez. Así se comenzaron a propagar torturas físicas y psicológicas para agredir al adversario. Unos casos fueron tan emblemáticos como el del productor agropecuario Franklin Brito cuya muerte hay que atribuir a Hugo Chávez y cuyas características son las de un asesinato político.
Pero a este caso rápidamente se fueron sumando cientos de miles más, unos con más impacto en la opinión que otros. Hasta que se ha llegado al punto en que hoy hay todo un tinglado diseñado por la inteligencia cubana y ejecutado por los esbirros del SEBIN para torturar y asesinar impunemente por motivos políticos.
No se trata de hechos aislados. Es un patrón de conducta definida y sistemática que desde la óptica del régimen se ve como normal para justificar sus propósitos políticos. La muerte y el linchamiento físico está entronizado en la psiquis de los esbirros del régimen que operadores impunes como Cabello celebran y bailan públicamente sobre  los asesinatos de personas como el piloto Oscar Pérez y más recientemente el del concejal Fernando Albán.
Pero para degradar el crimen a una categoría celebratoria más despreciable el régimen quiere legalizar la tortura y el asesinato por motivos políticos en el adefesio constitucional que intentará hacer aprobar con buena ayuda de la falsa oposición colaboracionista.
No hay formas institucionales para corregir a un estado que hace del asesinato su política. Y que además para ejecutar esa política cuenta con el soporte instrumental de un elenco de capos (Reverol), esbirros (Calderón), fiscales (Tarek),  jueces (Maikel) y operadores (Cabello) dispuestos a justificar el crimen.
El asesinato de Fernando Albán confirma una vez más la indiscutible naturaleza criminal del régimen chavista de Nicolás Maduro. Debe ser un llamado de atención a la racionalidad para los Ramos Allup, los Borges y los Florido que aún siguen abonándole a las negociaciones y a las elecciones como fórmulas para salir de un régimen que hace mucho tiempo se dejó de esos formalismos.
Solo vías de facto expresadas en una fuerza cívico militar superior al estado criminal podrían detener el asesinato como una forma monstruosa de hacer política. La forma que se ha impuesto en la Venezuela de Hugo Chávez desde 1999. @humbertotweets

jueves, 11 de octubre de 2018

No a las constituciones chavistas


La falsa oposición se convirtió en el mejor agente legitimador del régimen desde que aceptó e hizo suya la constitución chavista de 1999. Esa constitución fue aprobada en fraude a la anterior constitución vigente para el momento, la de 1961, en una maniobra que implicó a quienes ejercían los poderes públicos. El haberla llevado a un referéndum popular no le agrega legalidad a un acto que, desde el principio y por su propia naturaleza, fue fraudulento.
Aquí se consuma el pecado original del estado chavista, producto de un fraude a la constitucionalidad; y el de la falsa oposición, entregada en servidumbre a reconocer una autoridad y unas reglas de juego diseñadas para favorecer siempre al estado chavista.
Sobre esa constitución fraudulenta de 1999 han jurado todos quienes han sido y son parte del régimen. Los chavistas, por supuesto, pero además todos aquellos “opositores” que han ejercido o ejercen funciones como diputados, alcaldes y concejales, formando parte de un régimen que dicen combatir pero que les hace generosas concesiones clientelares.
Por definición, una verdadera y auténtica oposición no podría ni siquiera reconocerle legalidad a la constitución chavista de 1999. Este es un asunto medular, porque partiendo de esta premisa se va definiendo todo lo demás. El reconocimiento a esa constitución fraudulenta es lo que ha entrampado a la falsa oposición durante casi dos décadas, viéndose obligada a participar en sucesivas estafas electorales y a reconocer sus resultados, tan solo para recibir los beneficios de ser una “oposición reconocida” por el régimen.
Solo la falsa oposición que ha defendido como suya la constitución sobre la cual se ejecutó la destrucción de la República, es quien podría plantearse un dilema frente al no menos fraudulento referéndum constitucional que convocará el régimen para finales de año.
Mientras la inmensa mayoría de los venezolanos tiene muy claro que se trata de un fraude que no se puede convalidar con el voto, la falsa oposición se debate entre votar o no votar para enmascarar su real intención de llamar a votar por el No. Como si ello fuese a abonar la lucha para derrotar a un régimen que, al igual que la falsa oposición, vive y se nutre de los fraudes electorales como su bombona de oxígeno.
No se puede reconocer la constitución chavista de 1999, y menos aún el fraude constitucional que intenta el régimen para convalidar su nueva constitución — no menos chavista que la anterior— en un proceso que tiene vicios de origen, aunque estos se hayan consumado hace casi dos décadas.
Tampoco se puede creer en la “inocente” rueda de molino que hábilmente ha confeccionado la fiscal chavista Luisa Ortega Díaz para ofrecerle a un sector de la falsa oposición la alternativa de lanzar una enmienda constitucional para salvar la constitución de Chávez de 1999, nada más y nada menos.
El rechazo masivo a ambas constituciones no será por la vía de un voto controlado por el régimen, sino más bien por la multiplicación de todos los esfuerzos internos y externos para derrocar al estado chavista sostenido por una pseudo legalidad que es afanosamente reconocida por la falsa oposición.- @humbertotweets