viernes, 25 de marzo de 2016

Reconciliándonos con nuestra aridez en una sola canción




Olvídate de la poesía y la prosa describiendo a un país rosa, chévere.
O de un arte hipócrita describiendo que somos lo más grande que ha parido la naturaleza en la tierra.
O del discurso trillado que el petróleo es nuestra principal riqueza.
La poesía honesta deAndrea Lacoste en su canción nos redescubre tal como somos: Una tierra de eterno verano.
Ese verano describe el clima emocional de un pueblo que aun vive aislado tratando de definir su destino.
O tratando de no ahogarse en un mar de felicidad.
En medio de la aridez nos levantamos cada día a desafiar nuestra propia naturaleza con serenidad y candor.
As somos.
Hasta que termina la faena y nos preparamos para repetir el ciclo al siguiente día.
¿Como negar lo que somos?
La canción de Andrea Lacoste es una combinación de voz, sonidos e imágenes que pone en el lienzo digital una acuarela de tonos melancólicos que describen el ser venezolano.
La metáfora no podría ser más apropiada.
Somos la tierra de un verano que nunca termina.
La sed de tantas cosas nos seca la garganta, pero aun así tragamos grueso y seguimos.
Siempre ha sido así. Incluso en la época de la abundancia cuando vivíamos anestesiados por la sobreabundancia de petróleo.
Siempre hemos sido una tierra de eterno verano. Hijos de la palma y el mar.
Es una condición simple y digna la mis tiempo. Ni más, ni menos.
Pero la diferencia es que ahora lo sabemos.
Y además tenemos una hermosa canción que así nos lo recuerda.