jueves, 17 de marzo de 2016

Hay angustia en el oficialismo por el futuro de Maduro




Maduro nunca ha sido una figura destacada por su capacidad en las filas del oficialismo.
Siempre gozó de la protección de Chávez y aunque su incapacidad era evidente los deseos del Comandante siempre se respetaron.
Cuando Chávez lo escogió como su sucesor no hubo sorpresa.
Pero si un dejo de decepción en su circulo inmediato.
Tal como se esperaba Maduro se ha convertido en el enterrador de la revolución bolivariana.
En el gobierno y el PSUV se le critica y se le ridiculiza en privado.
Sus incoherencias y su fingido acento cubano son motivo de burla y chistes en los pasillos del gobierno.
Mas que solidaridad hay lastima por un hombre que aunque incapaz siempre ha sido dispuesto y voluntarioso al servicio de la causa.
Condición que nadie en el oficialismo objeta.
Sea solidaridad o lastima esa obligación de “protegerlo” como el ultimo deseo del Comandante parece estar llegando a su final.
Cada día aumenta la angustia en el gobierno y las FFAA ante una verdad inocultable: Mas allá de los formalismos Nicolás Maduro es colombiano.
La sospecha que hasta ahora había sido soslayada como una maniobra política de sus adversarios ahora parece confirmada.
Ante la avalancha de evidencias el propio Maduro se ha visto obligado a confesar entre los suyos la verdad de su doble nacionalidad.
En una petición desesperada, como acto último y definitivo de solidaridad, Maduro le ha confiado su situación a colaboradores cercanos, civiles y militares, a quienes ha pedido ayuda.
El argumento de que se trata de un ataque más de la derecha es solo para el consumo del público.
En las interioridades del PSUV se trata de vender la tesis que la doble nacionalidad de Maduro es un “asunto de todos y todos tenemos que restearnos.”
Pero NO todos están de acuerdo con esta tesis.
Hay opiniones divergentes en la filias oficialistas sobre como tratar esta situación.
En lo que si hay acuerdo es en el nivel de angustia.
Al día de hoy el oficialismo hace sus mejores esfuerzos por tratar de buscar una solución “dentro de la revolución” que en ningún momento le otorgue ventajas a la oposición en su empeño por remover a Maduro.
Por lo menos antes de tiempo.
Y ese “tiempo” para algunos podría ser febrero de 2017.
El problema es que para fabricar una situación que proteja a Maduro por casi un año implica involucrar a varios elementos de diferentes instancias del poder público en calidad de encubridores.
Seria asumir demasiada responsabilidad en nombre de un Presidente que todos admiten esta “técnicamente” caído.