miércoles, 10 de febrero de 2016

El revocatorio también tiene sus riesgos



Ir a un referéndum revocatorio implica un esfuerzo de lograr por lo menos un 20% de firmas de apoyo de electores inscritos y obtener un número mayor de votos al que saco Nicolás Maduro en las elecciones de 2013.
Pero si esto se lograse aun habría que lidiar con amparos y otras artimañas jurídicas, posiblemente orquestadas desde el TSJ, tal como impúdicamente amenazó Hermann Escarrá.
Aun así, de las opciones en la mesa el revocatorio parece la más viable.
Se podría argumentar que el esfuerzo de ir a buscar las firmas y lograr esa cantidad de votos es un riesgo dadas las circunstancias de depauperación y desmoralización que hay en el país.
El riesgo es entonces que el pueblo haya sido tan golpeado que la desesperanza le impida ver en el revocatorio una opción eficiente para el cambio político.
Pero, al mismo tiempo es una  opción que le permitiría a la AN y a la oposición  justamente movilizar a la calle e ir a un debate en caliente que explique por qué debe salir Maduro de la Presidencia.
Uno de los problemas que hay con la enmienda es que la discusión arranca en las 4 paredes del Capitolio y podría continuar allí hasta que este lista para ser votada popularmente.
Esto llevaría el debate por las arenas movedizas de aspectos jurídicos que se deben resolver como su aplicación retroactiva.  
Esto aislaría a importantes sectores del país, que sin ser parte de la AN, seguramente tendrán algo que decir en este debate.
El revocatorio no esta exento de riesgos desde el punto de vista jurídico.
El gobierno lo tratara de torpedear desde el TSJ y el CNE, pero justamente es en ese escenario donde el argumento político se puede imponer a la artimaña jurídica.
Con un pueblo movilizado y en sintonía con la AN es posible crear las condiciones de presión necesarias para vencer el secuestro de los poderes públicos.
Al igual que la enmienda, el revocatorio plantea un camino complicado y difícil.
Pero nadie dijo que salir de este régimen iba a ser fácil