martes, 15 de noviembre de 2016

¿Apuesta la MUD a su propia destrucción?

La MUD tiene muchos enemigos, dentro y fuera de ella.

Desde afuera está el régimen chavista y quienes sin ser parte del gobierno le hacen el juego a este con la mezquina obsesión de abrirse un espacio político.

Pero hay otros conspirando contra la MUD, desde adentro.

Se trata de partidos y dirigentes que al ser parte de la alianza se ganan el derecho a ser parte de las decisiones y sembrar la duda y el pesimismo dentro de las filas opositoras.

Son los que quieren luchar, pero con las banderas ya arriadas, en el suelo.

No es un secreto que la MUD no es un partido.

La MUD es una alianza circunstancial de partidos que luchan por un objetivo político, pero cada uno con su propia agenda.

Esto hace difícil lograr ciertos consensos sobre todo cuando hay quienes pujan por llegar a un arreglo con el régimen “como sea”.

No se trata de traición.

Es más bien impericia y falta de visión del proceso y la coyuntura que se vive.

Los actores políticos que desde adentro de la MUD presionan para llegar a un arreglo con el gobierno “de cualquier manera” parecen haberse impuesto en esta oportunidad para llevar a la mesa de diálogo propuestas que son percibidas más como una claudicación que como un logro.

En defensa de Carlos Ocariz y de Chuo Torrealba habrá que decir que ellos no fueron sino los voceros de lo que otros ya habían decidido incluso antes de sentarse a dialogar con el gobierno.

La evidente falta de consenso dentro de la MUD se refleja en un pésimo manejo de las negociaciones.

Hay quienes dicen que la MUD carece de la habilidad para comunicar eficientemente los logros.

Más parece que es un problema de liderazgo que no podrá ser resuelto mientras la MUD mantenga su actual conformación.

Con esta conducta de celebrar logros que no son, creando expectativas a corto plazo  y continuar desmovilizando la protesta la MUD arriesga y pierde su único capital: Su ascendencia y credibilidad en la calle.

La MUD debe emprender un proceso inmediato de autocrítica y de ser necesario aislar a los factores cuya visión maniquea de la coyuntura parece arrastrar al resto.

Mientras la MUD trata de salvarse de sus propias debilidades los jerarcas del régimen se frotan las manos.

Esperan el mejor momento para convocar unas elecciones a su conveniencia.

Rogando que el trabajo de destrucción de la MUD, desde adentro, ya esté  consumado.