lunes, 25 de enero de 2016

Hoy, hay menos chavistas que ayer



En el país hay frustración. Rabia. Impotencia.
Pacientes se están muriendo porque las medicinas no se consiguen.
La gente no encuentra comida después de 8 horas de cola.
Esa es la calle, donde todos somos iguales.
En las oficinas del gobierno y en las sedes del PSUV el ambiente es otro.
Hay desconcierto. Confusión. Duda.
Los funcionarios de rangos medios y bajos aun están voluntariosos dispuestos a defender la revolución. Pero desde más arriba no llegan directrices o políticas. Solo rumores, que si rasparon a este o nombraron a aquel.
En la burocracia del régimen se vive de día en día ante la casi certeza que esto llego a su final y en cualquier momento hay que entregar el cargo.
Así, ni cobrando sin trabajar provoca ir a una pega de afiches de Chávez.
Y menos aun provoca ir al Capitolio a hostigar a los diputados de la oposición. Las últimas energías de esa burocracia oficial se invierte en lo único que puede tener sentido para el burócrata: Raspar la olla antes que sea demasiado tarde.
Además de los problemas graves que tiene el país, el gobierno tiene que lidiar con los suyos propios. Con esa especie de saboteo interno de quien se siente parte del último concierto de la orquesta del Titanic.
Esta es la caracterización del último reducto de la militancia del PSUV. El que esta conformado por esa gran cantidad de funcionarios y activistas que cobran sin trabajar por estar al servicio de la “revolución.”
Es el ultimo bastión, porque el pueblo chavista ya hace rato comenzó un proceso de catarsis en busca de nuevas expresiones de liderazgo ante el fracaso del actual.
Ese pueblo se canso de la arenga revolucionaria, hoy tan vacía como los platos de la cocina.
Por eso es que desde el 6D y a pesar de las supuestas ofensas a la memoria de Chávez Jorge Rodríguez y el PSUV no han logrado hacer una reunión significativa en Caracas.
Y en el interior es peor.
En algunas ciudades solo se ven funcionarios del PSUV megáfono en mano repitiendo el estribillo de la “guerra económica” ante la mirada indiferente de la gente en colas que se pierden de vista.
Y esa indiferencia duele más que el insulto de un opositor.
El régimen y el PSUV han fracasado en forma monumental a la hora de leer e interpretar la gravedad de la crisis que vive el país.
Esa miopía que por insidiosa se vuelve más necedad es consistente con la conducta de no escuchar a sus propias bases.
Porque irónicamente esas bases chavistas también son victimas de las políticas económicas del gobierno y de la glotonería de los enchufados.
Para ellos ya no hay revolución, solo consignas abstractas, sin sentido y totalmente desconectadas de la realidad que se sufre.
Todo esto ha creado un gran éxodo de chavistas que comenzó el 6D y hoy continua.
En el oficialismo atribuyen esto a fallas en la propaganda. O sea los chavistas que se van lo hacen porque la propaganda no esta funcionando y entonces hay que gastar mas campanas mediáticas.
Es la misma lógica que trata de atribuir la crisis a la supuesta guerra económica.
Es la expresión primitiva de la política que involuciona del comportamiento guerrerista de “rodilla en tierra” al comportamiento negador de la realidad “cabeza en tierra”.
A este régimen lo hemos acusado de corrupto e incapaz por muchas razones. Y quizás todo eso y mucho más sea cierto. Pero su pecado político capital es negarse enconadamente a ver la realidad simplemente para saciar un apetito dogmático.
Vivimos procesos sociales y económicos que no por negarlos desaparecen automáticamente.
Esas contradicciones seguirán allí  mientras no sean resueltas.
Esto es lo que el oficialismo, encerrado en su laberinto retorico no entiende.
Que todo tiene un límite.
Que la gente se cansa.
Que por eso hoy, hay menos chavistas que ayer.-