sábado, 29 de octubre de 2016

Sentencia del TSJ sobre nacionalidad de Maduro busca calmar a los militares

Si algo hemos aprendido en estos 17 años de régimen bolivariano es que el gobierno no hace nada al azar.

Todo tiene un sentido.

Una lógica.

A veces no es fácil adivinarles las maniobras por la cantidad de intereses y facciones que están en lucha y se reparten el poder del gobierno chavista.

El último bastión que le queda al régimen para mantenerse en el poder son los militares.

El gobierno perdió apoyo popular y hasta la capacidad para movilizarse políticamente en la calle con el PSUV y sus aliados.

Los militares y los operadores que aún le reportan al régimen desde el TSJ y el CNE son los únicos sostenes de un gobierno que está técnicamente caído.

Pero hay que aclarar.

La gran mayoría de los militares de diferentes rangos y jerarquías se consideran chavistas.

Pero no todos son maduristas.

La gran mayoría de los efectivos de las fuerzas armadas hace uso de la beligerancia que les otorgó el régimen para expresar públicamente su rechazo al presidente Maduro.

Hay miles de razones para esto.

La corrupción de los superiores y del régimen, el deterioro de la calidad de vida de los militares y la desmoralización en general de pertenecer a una fuerza armada que nadie respeta fuera de los cuarteles.

Pero hay una razón que es particularmente enconosa para los militares.

La nacionalidad de Nicolás Maduro.

El régimen bolivariano se ha dado el lujo de falisficar actos de gobiernos, actas de nacimiento y de defunción, cambiar a su antojo decretos y leyes luego de publicados en la Gaceta Oficial.

Todo esto ocurre porque se trata de una dictadura que gobierna sin controles y sin contrapesos.

Uno de estos exabruptos es el misterio de la nacionalidad de Nicolás Maduro.

Ni siquiera el régimen logró ponerse de acuerdo y hubo tres versiones sobre su supuesto lugar de nacimiento.

Hasta que ayer el TSJ decidió echarse el muerto encima y pasando por encima de leyes, procedimientos y evidencias decretó una cuarta forma para nacionalizar a Nicolás Maduro: vía sentencia judicial express.

La decisión del TSJ no tiene sustento legal.

Es la respuesta política al virulento rechazo que se respira en la FANB en contra de Nicolás maduro.

Que haya corrupción, desmoralización y desmantelamiento de las FANB, eso lo rechazan pero lo entienden los oficiales.

Lo que ningún militar puede explicar es como seguir las órdenes de un Comandante en jefe cuya nacionalidad no solo es dudosa sino que es presumiblemente colombiana.

Ser dirigidos por un extranjero es pedirle demasiado a unos militares que han sido permisivos con el régimen.

Es como herir el amor propio de un soldado que ha sido formado bajo las ideas de soberanía, territorialidad y patriotismo, aunque ya nadie crea en ellas.

La decisión del TSJ busca atajar la ola de insubordinación que cree en los cuarteles con cualquier motivo, siendo uno de ellos la convicción de estar comandados por un extranjero.

No es casual que la sentencia del TSJ se haya producido horas después del histórico discurso de Padrino López a las FANB donde encarecidamente pide no atender los llamados de insubordinación.

La mala noticia para el régimen es que el remedio resultó peor que la enfermedad.  

Ahora la duda es mayor y Nicolás Maduro quizás no sea venezolano, nunca lo fue y todo es una farsa que tratan de ocultar en forma burda.

La sentencia del TSJ no resuelve el problema de fondo.

Deja muchas interrogantes sin contestar.

No habrá calma.

Ni en los cuarteles.