lunes, 29 de agosto de 2016

Seguir empujando para que el gobierno siga retrocediendo

Al hacer un balance del conflicto político en Venezuela se puede apreciar que, a pesar de las amenazas, el gobierno sigue retrocediendo.


No ha sido fácil.


Ha sido una lucha titánica.


Epica.


Desde el año pasado el gobierno viene de derrota en derrota.


Cediéndole espacios políticos a la oposición,que los ha ido conquistando a sangre y fuego, contra todos los pronósticos y contra toda la maquinaria represiva, financiera y política del régimen.


Este último año de lucha política ha tenido hitos cruciales como las elecciones de diciembre 2015 cuando se concretó electoralmente la nueva correlación de fuerzas en el parlamento venezolano.


Pero también se ha desarrollado en una coyuntura definida por el aumento de la presión de la oposición y el debilitamiento dramático del régimen en diferentes momentos y escenarios.


El gobierno ha ido retrocediendo hasta en los terrenos más insospechados para entregar amplios espacios a la oposición.


Este año la calle, las manifestaciones públicas y las colas han sido claramente dominadas por el sentimiento de la oposición.


Se puede decir con certeza que la revolución bolivariana que una vez se inspiró en el pueblo, en la calle, hoy la ha perdido por completo.


Solo le quedan al régimen algunos funcionarios tarifados dispuestos a salir como locos a amenazar, pero hasta el pueblo chavista no se siente parte de este gobierno.


El sentimiento de rechazo al régimen y de apoyo al cambio democrático ha permeado, inclusive, hasta amplios segmentos del gobierno y de las fuerzas armadas.


Esto se ha podido apreciar con el episodio de la recolección de firmas para el revocatorio cuando numerosos funcionarios, civiles y militares, se atrevieron a firmar contra Maduro y luego se negaron a retirar sus firmas, a pesar de las presiones.


Al principio parecía un chiste sin importancia.


El gobierno sabía exactamente cuántos y quiénes de sus funcionarios firmaron por el RR.


Se pensó que se trataba de una estrategia para luego pedirles que retiraran sus firmas  e incluso alegaran que fueron presionados y hubo fraude.


Pocos, muy pocos, civiles y militares, al servicio del régimen lo hicieron.


Las risitas cambiaron a muecas que trataban de ocultar el pánico.


El régimen, en su momento, no quiso revelar exactamente la cantidad ni la identidad de los funcionarios firmantes con la esperanza que todo había sido parte de un plan.


Además, hacerlo, implicaba admitir lo inadmisible: El Régimen está perdiendo hasta con sus propios empleados.


Por eso ante el aumento de la onda expansiva de apoyo popular a la protesta del 1ro de septiembre el régimen ha dado otro paso atrás.


En esta larga agonía, ahora el régimen persigue a chavistas, civiles y militares, para botarlos de la administración por haber firmado en apoyo al referéndum.


Pero ya es demasiado tarde.


A pesar que el gobierno aún maneja tenebrosos hilos de poder los firmantes se sienten apoyados y desafían.


Muchos de ellos, civiles y militares, públicamente reniegan del PSUV y no quieren ser asociados con el chavismo.


Aunque muchos de ellos de corazon aun lo sean y hayan firmado convencidos que es la única forma de rescatar la revolución de manos de sus enterradores.


Todo esto presenta un cuadro muy favorable para la oposición y oscuro, muy oscuro, para el régimen.


Tan oscuro que jueces y militares ya están gestionando asilos y tratando de llegar de primeros en la cola para ser testigos protegidos del gobierno norteamericano.


Tan oscuro es lo que se le viene encima al régimen que los muchos jerarcas del oficialismo ya han sacado del país a sus familias temiendo lo peor.


Todos estos son signos que el barco del régimen naufraga.


Aun no esta hundido, pero lentamente se está hundiendo.


Bajo los efectos alucinógenos del humo de lumpia Aristóbulo dice que el gobierno atraviesa su momento más peligroso porque la oposición, supuestamente, está  punto de dar un golpe de estado violento.


Aristóbulo al igual que otros operadores del régimen no ve, no quiere ver, la realidad.


Y esta no es otra que el desmoronamiento del régimen y su mal nacida revolución ante sus propios ojos.


No producto de un golpe de estado. Eso sería reivindicante y liberador para ellos.


El régimen está cayendo por decisión soberana de un pueblo que una vez le dió confianza y poder.


La revolución es víctima de su propio pueblo. Humillante.


Lastima que Chávez no vivió para verlo.


Habría sido todo un poema.


En medio de la trona Aristóbulo tiene razón.


Este es el momento más peligroso para el gobierno.


Porque es el momento en que el pueblo les da la espalda y se quedan, literalmente, colgando de una brocha y sin escalera.


Intuitivamente los chavistas que aún le apuestan al régimen dicen: “No hemos perdido la batalla porque aún nos quedan los militares.”


En otras palabras, aun les queda el premio de consolación.


En este contexto, con una voluntad amplia y mayoritaria por el cambio democrático que permea a todos los sectores y estratos de la sociedad, unas fuerzas armadas sin apoyo popular valdrían poco menos que un cascarón vacío.


Y ellos, los militares, que saben muy poco de política pero mucho de tácticas de supervivencia, saben instintivamente cuando la opción más apropiada es la retirada.


Para no perderlo todo.


No, aunque los chavistas del gobierno  sueñen con ello, los militares no se suicidarán por esta caricatura de revolución.


Hasta aquí hemos llegado empujando. Todos. La sociedad. La oposición. La MUD. Los radicales. Los estudiantes. Los trabajadores.


Todos hemos puesto nuestro granito convicción y energía para desafiar las amenazas.


Ha dado resultado.


Este es el momento de empujar.


De seguir empujando en la misma dirección para que el régimen siga retrocediendo.


Hasta que caiga.