viernes, 9 de septiembre de 2016

Revolución sin pueblo

Sólo la mentalidad fundamentalista y sectaria de los chavistas podría justificar lo injustificable.

Sólo el fanatismo ciego que rebasa la religión para convertirse en secta puede arrastrar a la negación de la realidad.

De los operadores civiles y militares del régimen hemos visto y escuchado de todo.

Que no hay hambre.

Que no hay inseguridad.

Que vivimos en una revolución bonita donde hasta Maduro puede tomarse unas horas de descanso para ir al cine.

Claro, para el resto de los venezolano, sin escolta presidencial, solo queda la calle oscura y la muerte.

Pero el extremo de las negaciones del chavismo es la de sus propios orígenes.

Toda esa fraseología y retórica cursi del pueblo y del soberano ha quedado reducida a una farsa.

Ante la evidencia incontestable de la pérdida de apoyo popular al chavismo no le ha quedado más camino que renegar del pueblo.

Ese mismo pueblo que le dio confianza y votos para mantenerlos en el poder.

Ahora el chavismo se lanza en la más atrevida de todas sus piruetas.

La revolución sin pueblo.

El gobierno de una casta burocrática de operadores que sólo responden a sus intereses personales e ignora al resto de la sociedad.

Sin este componente en la ecuación al régimen solo le queda la violencia y la represión con su aparato policial y militar.

La revolución sin pueblo es otro producto de la mejor manufactura chavista.
Es simplemente un sofisma para ocultar la estafa política más grande del siglo XXI.