domingo, 26 de junio de 2016

La Revolución bolivariana derrotada en su propio argumento


La revolución está derrotada en casi todos los terrenos, menos en uno: El control de los resortes de los poderes públicos.

De no ser por el servilismo del TSJ y la postración supina de las FANB el régimen habría dado curso a su muerte natural.

Que la vida del régimen esté pendiendo de los hilos del poder judicial y las Fuerzas Armadas dice mucho de la debacle de la llamada revolución bolivariana.

Todos los esfuerzos que hizo Hugo Chávez para construir una simbología en torno al “poder del pueblo” han quedado dramáticamente enterrados.

La idea de un gobierno autárquico y autosuficiente, endógeno lo llamada Chávez, fracasó como modelo de producción.

Hoy bajo la égida de la revolución bolivariana y socialista Venezuela no es capaz de producir lo que necesita para comer.

Hoy hay que importar de todo para vivir.

Y los cultivos urbanos solo florecen en los delirios de Nicolás Maduro.

En este sentido Venezuela es hoy un país absolutamente dependiente. Esta es la negación de la promesa fundamental del socialismo para desarrollar la capacidad productiva país como potencia etc, etc, etc...

El trasfondo político de darle todo el poder al pueblo fue justamente una de esas creaciones de Chavez llamada Referéndum Revocatorio.

En su momento de grandeza se pensó que el chavismo sería eterno, entonces ¿Por qué no darle poder al pueblo para revocar a funcionarios corruptos e incapaces?

La logica detras de este argumento es que con Chávez gobernaría el pueblo, el colectivo.

Al cambiar la situación política es el pueblo, la mayoría, quien exige ejercer su poder soberano para revocar el mandato del actual presidente.

Y aquí viene la otra derrota humillante para el chavismo.

No, no solo es perder el apoyo de las mayorías que claman por un cambio.

Esta derrota, la más vergonzosa, es la derrota ideológica.

De ser los campeones del poder popular, de las asambleas del pueblo y de parlamentarismo de calle ahora el chavismo en el poder tiene que retroceder para esconderse en el argumento que el sistema político venezolano “es presidencialista”.

Esto fue lo que dijo la canciller Delcy Rodríguez en la OEA para justificar porque, según la interpretación del régimen en Venezuela, el Presidente Nicolás Maduro puede concentrar y ejercer poder por encima de la Asamblea Nacional, que es por excelencia la representación del pueblo.

Delcy empalaga el argumento al insistir que el régimen y Maduro son más legítimos que la actual Asamblea Nacional porque el régimen ha ganado 16 elecciones en 17 años y Nicolás Maduro fue electo por allá en el 2012 con más de 7 millones de votos.

Es como decir que las circunstancias del país no han cambiado en los últimos 17 años. Esto es la negación absoluta de los principios más elementales del materialismo histórico que ellos deberían conocer.

Que Delcy Rodríguez, Diosdado y los operadores del gobierno tengan que refugiarse en esa falacia dice mucho de la derrota del régimen.

Que el régimen haya retrocedido al argumento que su legitimidad deriva de unas elecciones celebradas hace 4 años evidencia que a pesar de la retórica incendiaria de Maduro hay conciencia de la pérdida de apoyo popular.

Sin pueblo y con un país dependiente y destrozado la revolución bolivariana ha sido derrotada en su propio terreno y con sus propias reglas.

Sea este año, en el 2017 o en el 2018 su fatídico destino es inevitable.-