domingo, 16 de julio de 2017

El régimen jamás entregará el poder

Algunos políticos y analistas parecen alienados de la realidad. Luego del desmontaje progresivo y agresivo del estado democrático y la disolución de la república por el régimen chavista aún hay quienes dudan de lo que parece demasiado evidente. Al chavismo y ahora, su nueva mutación, el madurismo se les puede criticar en todo. Pero a ambas deformaciones políticas hay que reconocerles que nunca han ocultado sus objetivos e intenciones.
El propio Chávez, cuyo legado despótico y autoritario defiende la Fiscal Luisa Ortega Díaz, anunciaba ya en 1999 que gobernaría hasta el 2021 y más si se lo permitían. El desmantelamiento del estado de derecho y el sistema de libertades ciudadanas fue concebido como una forma para tomar el control total del estado a perpetuidad. Este objetivo no solo esta en documentos públicos y confidenciales del PSUV. Esta ha sido la promesa de los dirigentes oficialistas desde el principio.
Y ahora, en la medida en que el conflicto político interno se agudiza, el régimen y sus operadores se ven forzados a renovar su juramento autoritario que es un llamado fanático, irracional y fundamentalista a su clientela: Si no es con votos será con balas, pero seguiremos en el poder. Más que una confesión esta expresión es la  ratificación pública de una decisión que ya ha sido tomada. Y es que al régimen se le han cerrado prácticamente todas las puertas en todo el mundo para cualquier tipo de salida política o negociada que la única opción que les queda es el suicidio colectivo.
La lógica irracional del suicidio basada en la conducta más brutal y primitiva luce, en principio, irreductible, cuando se contrasta con la lógica de lucha política de una oposición democrática y civilista que no solo rechaza la violencia sino que también evade el conflicto. Esta posición “políticamente correcta” le ha impuesto una acerada camisa de fuerza psicológica a la oposición venezolana que desesperadamente trata de encontrar formas democráticas e institucionales para salir del régimen mientras éste ejecuta una masacre sistemática y sin precedentes en la historia política de la América Latina.
Estos políticos y analistas, seguramente horrorizados por la barbarie del régimen, han creado una ficción según la cual el régimen sería desplazado mediante formas jurídicas y legales. Pero en la realidad en Venezuela hay un vacío absoluto de estado de derecho. No hay un poder público en posición de garantizar la legalidad. Cualquier invocación de la ley o la Constitución chocará irreversiblemente con el comportamiento servil de las fuerzas militares.
Es un grave error estratégico de las fuerzas democráticas asumir que el régimen entregara voluntariamente el poder. Hay abundante evidencia que eso no ocurrirá. Este régimen se inició con violencia y saldrá del poder de la misma manera. Esta caracterización no es ninguna apología a la violencia. Es la observación desprejuiciada del comportamiento de una mafia política que no se va a detener hasta aniquilar completamente a sus adversarios como tantas veces lo han anunciado.

Llamar a una confrontación con el régimen, ignorando deliberadamente la asimetría del conflicto, sin organización y sin preparación, es una irresponsabilidad. Pensar que entregaran voluntariamente el poder porque son una minoría es, por decir lo menos, una ingenuidad.