domingo, 2 de abril de 2017

La hora más oscura

En todo el país se respira un aire de indignación y desesperanza. La indignación es la reacción natural a la avalancha de abusos y violaciones de todo tipo perpetradas por el régimen y la impotencia para revertirlas por la vía democrática e institucional. La dictadura bolivariana no solo ha confiscado las libertades individuales también ha saqueado los recursos del país en tal magnitud que no queda para comprar comida ni medicinas. El caos se propaga en todos los ámbitos y el cinismo del régimen se convierte en una abierta provocación a un pueblo que ha sido ultrajado moral y físicamente.

Pero frente a este cuadro de país fallido, gobernado por una dictadura, no hay una respuesta coherente ni estratégica por parte de los partidos de la oposición. Unos confundidos en sus propósitos y otros obnubilados por el poder siguen tanteando formas para tratar de enfrentar con éxito la dictadura. Luego del magnífico triunfo electoral de diciembre de 2015 las fuerzas de la oposición se han ido debilitando lentamente en buena medida producto de sus propias contradicciones más que por las maniobras del régimen. La falta de una respuesta política contundente frente a la dictadura ha dejado a la lucha democrática a la deriva y a la sociedad sumida en la desesperanza donde pareciera que no importa lo que se haga esto no va a cambiar.

La reciente decisión del TSJ anulando de hecho el funcionamiento de la Asamblea Nacional no es sino el desarrollo lógico de un proceso que comenzó hace varios años para instaurar una dictadura de nuevo tipo. Esta dictadura no es como las tradicionales y busca ocultar sus pezuñas con un velo de aparente legalidad obsequiado por un poder judicial arrodillado ante la barbarie.

Justamente en respuesta al debate de la OEA sobre la crisis política y social en Venezuela el régimen anuncia que las facultades legislativas de la Asamblea Nacional quedan suspendidas en la práctica mientras continúe el supuesto desacato. Por si hacían falta pruebas de la naturaleza dictatorial del régimen estas ahora no sólo abundantes sino públicas y evidentes.

Esta parece ser la hora más oscura para la lucha democrática en Venezuela. El régimen parece imparable en su intención de llevarse todo por delante y hacer lo que sea para concretar su asalto al poder. La oposición política está confundida, dividida, y distraída. La preocupación de la comunidad internacional se diluye en pasillos y reuniones diplomáticas donde el drama venezolano es solo un tema más de la agenda.  La gente en la calle, abatida, se refugia en la oración y en la esperanza que algún día de cualquier forma esta pesadilla llegue a su final.

Con la escueta intención de combatir el pesimismo y a desesperanza hay quienes se empeñan en ver signos alentadores en medio de la tragedia. Hay quienes dicen que el amanecer siempre viene precedido de la hora más oscura de la noche. Saber si lo que viene después de esto es una falsa luz de bengala, un simple resplandor o un amanecer es una especulación que corresponde al campo de la metafísica política. La realidad concreta, incontrovertida, hoy es que esta es, y sigue siendo, la hora más oscura para todos.  @humbertotweets