domingo, 25 de junio de 2017

¿Podremos detener el fraude Constituyente?

El grave conflicto político interno que hoy vive Venezuela no es una confrontación típica. Al régimen no se le puede catalogar como una dictadura clásica porque usó los mecanismos del poder público para burlar la legalidad y obtener el poder por la vía electoral”. Tampoco se puede establecer que se vive una situación convencional de guerra civil ya que no hay dos o tres pedazos de la república enfrentados entre sí. Más bien se trata de una confrontación asimétrica donde una oligarquía política y militar ejecuta un magnicidio sin precedentes en América latina para mantenerse en el poder.
Quizá sea por lo atípico de este conflicto que los dirigentes de la oposición, casi todos formados en la ideas del civilismo y la democracia, dudaron a la hora de establecer una agenda de lucha efectiva contra el régimen. A la oposición venezolana le tomó más de 16 años entender que lo que tenía frente a sí era una dictadura con velo democrático. Y una vez que lo hizo se encontró con el grave reto de enfrentar ese régimen antidemocrático dentro de las “formas democráticas” que el propio régimen permitía.
El triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias del 2015 usando el sistema viciado del Consejo Nacional Electoral tomó por sorpresa al régimen que estaba seguro de ganarlas con sus habituales mecanismos fraudulentos. Pero esa victoria también generó la falsa esperanza en la oposición que si era posible derrotar al régimen por la vía democrática y electoral. Con base a esto la oposición se embarcó en todas las opciones legales y jurídicas posibles para tratar de provocar un cambio institucional dentro de la legalidad Constitucional.
Desde la Asamblea Nacional se plantearon diversas fórmulas para tratar de controlar legalmente al régimen y cada una fue burlada por los otros poderes públicos secuestrados por la dictadura. La oposición no entendió que la dinámica política planteaba un viraje táctico inmediato para cambiar de la lucha jurídico-institucional a una político-militar para derrocar a la dictadura. Allí se perdieron meses que han podido invertirse en la organización ciudadana de la resistencia al régimen a todos los niveles y en todos los sectores.
Ahora nos encontramos en un punto donde la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha logrado un mínimo de consenso entre sus factores para impulsar la lucha política sin aun abandonar la esperanza de la lucha jurídico-institucional. Aunque el llamado de la MUD para ejercer las garantías establecidas en los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional fue contundente, la manera de hacerlo no ha sido tan clara. En el comunicado leído por Freddy Guevara hay entrelíneas un llamado a organizarse por centros de votación para impedir la Constituyente. Aunque este sería el paso lógico en esta estrategia de lucha sería una aventura dejarlo a la interpretación de cada quien y sin el menor esfuerzo logístico y organizativo.
Con toda razón la analista Rocío San Miguel alertó: “No puede entregársele a los venezolanos la responsabilidad de enfrentarse a soldados del Plan República armados con Kalashnikov…” En esta coyuntura es legítimo para los factores democráticos preguntarnos: ¿Estamos organizados y preparados para detener el fraude Constituyente? Y de ser así, ¿cómo?






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