miércoles, 11 de enero de 2017

El nuevo eje de la oposición

A pesar de que cuantitativamente la mayoría del país se identifica como oposición al actual régimen, orgánicamente los sectores democráticos opositores están fatigados. En el 2016 el régimen no escatimó esfuerzos en su escalada política y represiva para mantenerse en el poder. Y hará lo mismo en el 2017. La intensidad de la arremetida oficialista y la confusión del liderazgo opositor, centrado en la MUD, dejó un balance desconcertante en la lucha democrática. Hoy no estamos más cerca del cambio político que en enero de 2016.

Hemos sumado nuestras voces con las de otros venezolanos que proponen un cambio de estrategia. Es preferible detenerse unos días para analizar lo que estamos haciendo y hacia dónde vamos, que seguir en una carrera loca y desesperada sin rumbo, proponiendo esquemas de lucha que no terminan de acumular fuerza para el cambio político, sino que, por el contrario, siguen agitando a la sociedad en la desesperanza y la desilusión por su diseño cortoplacista.

No estoy de acuerdo con quienes proponen que la MUD debe desaparecer. La MUD debe continuar y revisarse, tal como lo han prometido sus voceros, para coordinar tareas electorales que serán necesarias en el futuro, cuando haya elecciones. Mientras tanto la tarea de dirigir la oposición contra la dictadura debe recaer en un frente político que cuente con la presencia de la MUD como uno de sus factores, pero que también incluya a otras fuerzas sociales necesarias para crear una nueva mayoría que derrote al régimen en todos los planos.

En otras palabras, la oposición necesita de un nuevo eje de conducción incluyente de todos los sectores de la sociedad comprometidos en derrocar a la dictadura. Este propósito es una tarea delicada, compleja y exigente, cuya responsabilidad no puede estar sólo en manos de los partidos políticos que integran a la coalición opositora.

Pero, ¿cómo lograr que ese nuevo frente político democrático no sea otro ejercicio burocrático y abstracto para alimentar ilusiones? ¿Cómo dar los pasos para integrar este nuevo eje de lucha política? Con certeza la iniciativa no vendrá de los partidos políticos, ni de la MUD, y mucho menos de líderes políticos que legítimamente se mueven en la dinámica de sus propias aspiraciones presidenciales. Todos ellos tienen una tendencia natural a crear pequeños cogollos para tomar decisiones (G3, G4, G5, etc.) que terminan aislándose del resto de la sociedad.  Además bastaría que cualquiera de estos factores lo intente para que de inmediato los otros se sientan alienados.

El liderazgo natural de ese nuevo eje de la oposición debe surgir justamente de los únicos sectores sociales que se han mantenido éticamente irreductibles, atrincherados, resistiendo los embates del régimen: la universidad y la iglesia venezolana (la representada por el Episcopado, no el Vaticano). Me refiero a la universidad venezolana y a la iglesia como una simbiosis combativa de profesores, estudiantes, trabajadores y curas párrocos que con sus respectivas organizaciones gremiales, estudiantiles, sindicales y cristianas, se pongan a la cabeza de la lucha contra la dictadura y nos convoque al resto de los venezolanos.

Un frente democrático y social comandado por el liderazgo de las universidades y la iglesia estaría en las mejores condiciones para definir una agenda de lucha política, con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y no una simple hoja de ruta que nos lleve de ningún lado, a ninguna parte.

Además, una conformación de esta naturaleza permitiría, como tantas veces lo hemos escrito, la inclusión de diversos sectores opositores al régimen que no se sienten identificados con la MUD pero que son indispensables en esta lucha.

Bajo el liderazgo de las universidades y la iglesia y con la participación de amplios sectores políticos y sociales, se podría articular una estrategia viable de poder que permita derrocar a la dictadura. Esa nueva dirección de lucha política podría adoptar cualquier denominación que refleje su indiscutible diversidad, su indubitable claridad en los objetivos, y su innegociable compromiso de luchar por la libertad hasta lograrla.