viernes, 8 de julio de 2016

Se impone el Madurismo en las FANB

En teoría en las FANB todos son -o deberían ser- chavistas en su totalidad.

Pero la lucha por el control de la institución armada y su repercusión en el plano político han alentado el surgimiento de distintas facciones cuyas lealtades no parecen coincidir en su totalidad en la persona del Presidente de la República.

Es importante recordar en Abril de 2013 Nicolás Maduro se estrena como Comandante en Jefe de las FANB sin conexiones reales con los Comandantes de tropa.

A diferencia de Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, quienes tuvieron innumerables oportunidades de sugerir nombres para los ascensos militares al entonces Presidente Hugo Chávez.

En este sentido Nicolás Maduro era un General sin tropa que debía comenzar desde cero a ocupar espacios de poder y liderazgo en un mundo militar que al principio lo miraba con indiferencia.

Nicolás Maduro hereda al Almirante Diego Alfredo Molero quien había sido designado Ministro de la Defensa por Hugo Chávez.

Pero ya en julio de ese año Maduro entiende que tiene un problema real con una Fuerza Armada sobre la cual su ascendencia es nula.

En ese momento Maduro hace su primer movimiento para comenzar a ocupar espacios en las FANB y promueve a la Almirante Carmen Meléndez como Ministro de la Defensa.

Un año después designa al General Vladimir Padrino López en el Ministerio de la Defensa y Comandante del Comando Estratégico Operativo de la FANB.

Al consolidar las responsabilidades de Ministro de la Defensa y Comandante del CEO en una misma persona Nicolás Maduro comenzaba a perfilar lo que sería su nueva relación con la institución armada. Relación marcada por una gran desconfianza sobre todos hacia esos oficiales que vociferan en forma estridente su lealtad al chavismo e indiferencia hacia su persona como Presidente de la República y Comandante en Jefe de las FANB.

Desde ese momento las funciones administrativas y las de Comando operativo sobre la tropa recaerían en la única persona en quien Nicolás Maduro parece confiar para que maneje las FANB: El General Vladimir Padrino López.

No es casual que en varias oportunidades Maduro le haya prorrogado el tiempo de servicio al General Padrino López. En una institución que está abiertamente fracturada por las luchas de poder no se puede estar experimentando con lealtades dudosas.

Este año, que ha sido particularmente conflictivo dentro y fuera de las FANB, Maduro aprovechó para aumentar su control y poder en las FANB desplanzando factores importantes afiliados con sus compañeros Diosdado Cabello y Tareck El Aissami.

La ratificación de Padrino López en Min Defensa no solo es un voto de confianza al único militar en quien Maduro parece confiar.

También es una decisión que apunta a tratar de mantener los difíciles equilibrios de poder en el seno de las FANB donde deben tratar de coexistir el chavismo fraccionado en seguidores de Cabello, El Aissami, 4F, la minoría institucionalista y ahora los oficiales de filiación madurista.


Llaman la atención los desplazamientos del Almirante Montplasier de la Comandancia de la Armada y de Reverol de la GNB dos de los oficiales más estridentes a la hora de profesar su chavismo. A ambos les fueron ofrecidas difusas “nuevas responsabilidades.” Y ya sabemos lo que eso significa.

A estos oficiales los sustituyen Orlando Miguel Maneiro Gaspar en la Armada y José Antonio Benavides Torres en la GNB ambos de clara filiación madurista.

Analistas conocedores de lo que pasa en esa caja negra que es la FANB aseguran que con este último movimiento de militares Nicolás Maduro también aprovechó para remover oficiales chavistas (sobre todo de las facciones de Cabello y El Aissami) del mando directo de tropa en las regiones.

Esto estaría justificado en el análisis de Maduro sobre la radicalización de militares chavistas descontentos con su gobierno y de otros recibiendo línea directa de operadores como Diosdado Cabello y Tareck El Aissami.

Maduro anticipa tiempos difíciles y de definiciones en las FANB y apuesta por lo seguro.

Con estos movimientos hay una mala noticia para el país.

Nicolás Maduro está desesperado porque se siente arrinconado y sospecha, con toda razón, que en algún lugar podría estar negociandose su sacrificio.

Esta convicción ha llevado a Maduro a radicalizarse para aferrarse más al poder. Por eso las rotaciones, las ratificaciones y los últimos nombramientos. Esto pasa por instrucciones precisas de reprimir a sangre y fuego las protestas del pueblo y perseguir a los opositores.

La designación del General Benavidez Torres, por ejemplo, en la Comandancia de la GNB solo anuncia más y peor represión por parte del gobierno.

Pero en este proceso quizás también haya una buena noticia para la oposición.

Ahora está más claro quien manda, quien ejerce el poder y eventualmente con quien hay que negociar.

Antes se pensaba que hablar con el gobierno implicaba pasar por diferentes anillos de poder representados por Diosdado Cabello y Tareck El Aissami.

Hoy es evidente quién manda en el gobierno y en las FANB. Eso al menos despeja con quien habría que entenderse en el momento en que las condiciones se den. Sobre todo en un gobierno de claro corte autoritario y militarista.

El avance del Madurismo en el seno de las FANB no hay que verlo como algo necesariamente negativo para el cambio político.

Por el contrario, el surgimiento de una facción fuerte en el seno de las FANB, que se imponga decisivamente sobre las otras, permite entender quien realmente ejerce el poder y con quien hay que conversar.

Es preferible conversar con un sector autoritario y homogéneo que con una federación de grupos anárquicos y disímiles.

La oposición debe captar y tratar de entender las fuerzas y las dinámicas que se desarrollan en las Fuerzas Armadas para ponerlas a trabajar a su favor.

Cualquier proceso de transición política, para que sea viable, debe tomar en cuenta la realidad interna de las FANB.

Unas FANB que hoy amanecieron más maduristas que chavistas.




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