domingo, 14 de mayo de 2017

La crisis política y militar de la dictadura

El régimen de Nicolás Maduro enfrenta su peor crisis política y militar. La crisis de legitimidad ha evolucionado para convertirse en crisis de gobernabilidad. El 80% de la población pide un cambio inmediato de gobierno y desconoce el actual por ilegítimo. Todas las instituciones y poderes bajo el control del chavismo oficialista están colapsando, especialmente las llamadas a impartir orden y justicia. Las Fuerzas Armadas y el poder Judicial enfrentan sus propias contradicciones en un país que sucumbe frente al caos propiciado por el propio gobierno.

El PSUV ha quedado pulverizado en esta coyuntura y ya no representa la base política de apoyo del régimen. Es un hecho ya aceptado por la cúpula del gobierno que más nunca podrá volver a llenar la avenida Bolívar de Caracas. Los empleados de PDVSA La Campiña que son movilizados para las concentraciones oficialistas solo alcanzan para unas cuadras. Sin embargo, aún existe el chavismo como expresión política que contiene los más variados matices que van desde quienes apoyan al régimen hasta quienes abiertamente llaman a su derrocamiento por traicionar el legado de Chávez.

La desintegración del PSUV ha dejado al gobierno con el único apoyo de los colectivos paramilitares y de sectores fanáticos en las FANB comandados por un alto mando temeroso de rendir cuentas si el régimen cae. Esto ha llevado a la “psuvisación” de las FANB y su consecuente deterioro interno.

A parte del componente armado plegado al régimen por miedo o por conveniencia no hay otro factor relevante que sustenta al gobierno. Pero así como los operadores civiles están bajo presión de la sociedad los militares han tenido que pagar el costo de su desatino con descrédito y rechazo colectivo. En ambos casos además de la presión externa que ejerce sin tregua la sociedad se suma la presión interna de familiares y amigos de estos funcionarios quienes se comienzan a desmarcar de la pésima reputación de sus familiares y relacionados enchufados en el gobierno.

La presión de estos 45 días ha sido dolorosamente decisiva para que los resortes de la maquinaria represiva comiencen a saltar antes del estallido final. Medio centenar de jóvenes venezolanos asesinados por la represión del régimen y miles llenando las cárceles en calidad de presos políticos, sometidos a la sospechosa justicia militar revelan que el único recurso que le queda al régimen para gobernar es la represión política.

Se acabó la retórica de la ideología bolivariana. La única razón que ofrece el régimen para mantenerse en el poder es que tiene las armas aunque no cuente con el apoyo de la mayoría. El discurso violento y divisionista entrampó al régimen y alienó importantes sectores populares que alguna vez le apoyaron.

Cada día será peor que el anterior. Estamos frente a una crisis política y militar que el régimen no podrá ocultar y mucho menos evitar, bien sea por una crisis interna que lleve a su implosión o por la presión de las fuerzas democráticas que lleven a su derrota definitiva. En cualquier caso estamos frente un proceso de características irreversibles.  @humbertotweets