lunes, 12 de febrero de 2024

El último poema de Tarek William Saab

            Quienes conocieron a Tarek William Saab por los años 70 y 80 le recuerdan como un “poeta comprometido con la revolución” en referencia a su prolífica producción poética ensalzando abiertamente cualquier intento insurreccional contra el entonces imperante Estado de partidos. La idea de revolución que atraviesa casi toda la obra poética de William Saab es lo suficientemente vaga y ambigua que bien puede tener un significado diferente para cada lector de sus poemas. Un verdadero sofisma desde el punto de vista político pero una extraordinaria figura literaria de gran fecundidad como el mismo poeta lo demostraría con sus elaborados versos.

            Pero es asunto de los críticos y de la crítica literaria juzgar la calidad artística y estética del poemario de Tarek William Saab. Hay métodos y reglas para valorar con rigor si lo que escribió William Saab tiene la categoría de poemas o de otra cosa. Lo que aquí nos interesa es su relación con lo político, no con lo artístico y literario.

            La militancia partidista de Tarek Wiliam Saab, primero en el PRV-Ruptura de Douglas Bravo y luego en el MBR-PSUV de Hugo Chávez, estuvo marcada por el aura del poeta, no de uno cualquiera, burgués, sino de un poeta que cantaba loas a esa promesa amorfa, indefinida, pero seductora de “revolución”. Sus poemas “Ruptura” (1991) y “Maisanta” (1992) son buenos ejemplos de este tipo de poesía que además quedaron como reliquias que capturaron la esencia de su pivote partidista de la penumbra de Bravo hacia la sombra de Chávez.

            Ya avanzada la década de los 90 Tarek William Saab tuvo que reinventar su imagen pública y del “Poeta Tarek” se convirtió en “Tarek el defensor de los derechos humanos”. Eran los años en que había más preocupación mediática por los derechos humanos de los victimarios que de sus víctimas en sus crímenes de tipo político. Con todas las garantías constitucionales, jurídicas y procesales que ofrecía el llamado Estado democrático y social de derecho resultaba relativamente muy fácil hacerse un nombre y una reputación como defensor de los derechos humanos tal como hizo William Saab. Muchos funcionarios civiles, policiales y militares fueron a la cárcel procesados por delitos contra los derechos humanos en la era del Estado de partidos. Nada que ver con estos tiempos de revolución bolivariana y chavista cuando los verdugos del régimen son laureados y gozan de impunidad amancebados con instituciones como la que hoy dirige el propio Tarek William Saab.

            A juzgar por sus intervenciones en la Asamblea Nacional y por las críticas de sus compañeros del PSUV como gobernador del estado Anzoátegui Tarek William Saab no es un operador político particularmente competente. El, como muchos otros, escaló a las alturas del régimen chavista primero de la mano de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro no por sus capacidades profesionales sino por sus destrezas para adular siempre a la persona oportuna.

            En el 2017, por decisión de Nicolás Maduro,  Tarek William Saab es designado Fiscal General de la República más que por sus credenciales académicas o profesionales por la urgencia de cubrir el puesto luego de la destitución de Luisa Ortega Díaz. Este cargo es especialmente importante para el régimen chavista porque es desde el cual se coordina las operaciones judiciales con el TSJ, jueces y fiscales, civiles y militares, para procesar y sentenciar “legalmente” a quienes son declarados enemigos del régimen y eventualmente algunos otros que también caen por ajustes de cuentas interno en la luchas intestinas del chavismo.

            En su condición de Fiscal General a Tarek William Saab le ha tocado que justificar “legalmente” los linchamientos del Comisario Oscar Pérez, del General Raúl Isaías Baduel, del estudiante Neomar Lander, del Capitán Acosta Arevalo, al igual que las detenciones arbitrarias contra Nicmer Evans y Javier Tarazona por decir y hacer mucho menos de lo que el propio William Saab decía y hacía con la protección de las garantías democráticas en los años 90. Sin duda uno de los casos que evidencia la perfidia y el cinismo de Tarek William Saab es la desaparición de Carlos Lanz a quien le concedió una muerte poética, por decir lo menos.

            Siguiendo su estilo truculento y chapucero hace unos días Tarek William Saab ordenó la captura de Tamara Sulay Sujú; Wender Villalobos; Norbey Marin; María Sebastiana Barráez; Mario Carratú Molina, José Antonio Colina, y un grupo de oficiales militares por su supuesta participación en una conspiración contra Nicolás Maduro y con base a las declaraciones del ex militar Angelo Heredia. Aunque las declaraciones del ex militar están plagadas de incoherencias y contradicciones William Saab subscribió la tesis de su jefe sin tomar en cuenta que varios de los presuntos implicados no sólo no están relacionados sino que ni siquiera se conocen entre sí.

            El común denominador de los casos criminales y políticos que ha trabajado la Fiscalía de Tarek William Saab es que TODOS en un 100% son resueltos con base a confesiones, delaciones, y declaraciones de testigos anónimos en varios casos. La figura del “testigo estrella” que inventó Isaías Rodríguez para complacer a Chávez en caso de Danilo Anderson ha sido perfeccionada por Tarek William Saab al nivel de una obra de arte. Casi de un poema, podríamos decir.

            Los casos que Tarek William Saab le ha manejado al régimen no están sustentados en una rigurosa investigación criminalística sino en la elaboración de versiones insólitas y grotescas donde el caso comienza y termina con la versión del testigo estrella al cual a pesar de su inexistencia física los jueces chavistas le otorgan toda la credibilidad y su declaración se convierte en el único soporte de una sentencia condenatoria.

            Con cada versión de los casos investigados, siendo una más increíble e insólita que la anterior, nos atreveríamos a decir que el Fiscal Tarek William Saab en sus servicios al régimen hace poesía más que investigación criminal. Sus elaboraciones para justificar las historias que fabrica el régimen son un pastiche de imágenes y figuras literarias estrafalarias donde la única racionalidad que se aporta es la declaración del testigo estrella quien responde a todas las preguntas y despeja todas las dudas.

             A pesar de que en los mentideros del régimen chavista es reconocido como un lisonjero a rabiar Tarek William Saab está en preaviso y tiene sus días contados. Su sucesor ya tiene nombre y apellido. En eso parecen estar de acuerdo Nicolás Maduro, los hermanos Rodríguez, Padrino López y hasta Diosdado Cabello.

            Sin embargo, el poeta le ha tomado cariño al cargo con sus prebendas y no lo quiere abandonar. Para demostrarle al régimen que aún le puede ser útil Tarek William Saab tiene en su libreta otro poema, uno más que aspira con soberbia a ser su más cara obra maestra y electrizante acto de prestidigitación. Para esta pieza literaria debe tener una métrica calibrada matemáticamente, no se puede improvisar y una jugada adelantada sería mortal. William Saab espera con ansiedad que el régimen le haga la seña para salir a debutar con su fantástica explicación sobre el paradero de Tareck El Aissami. ¿Vivo? ¿Muerto? ¿Accidente? ¿Suicidio? ¿Cáncer? ¿O todo este tiempo estuvo en Fuerte Tiuna protegido ante un complot combinado de la CIA, Hezbollah y Hamas para asesinarlo?

            Este será el poema de todos los poemas, para el cual Tarek William Saab ha ensayado cientos de veces porque se trata de una oportunidad única e irrepetible. Los versos deberían tener una rima perfecta para concatenarse, en forma melódica, uno con otro y que el testigo estrella aporte todas las piezas de un rompecabezas donde todo encaja a la perfección.

Por razones que nada tienen que ver con lo artístico y lo estético el régimen chavista tendrá que decidir en las próximas semanas si deja el manejo del desenlace del caso El Aissami en manos de Tarek William Saab o del nuevo Fiscal. Si William Saab sobrevive a las pugnas internas del chavismo, y logra ese papel, hará sus mejores esfuerzos para ejecutar una puesta en escena, poética y espectacular, que explique el misterio de Tareck El Aissami. Ese, sin duda, será el mejor de sus poemas. Porque será el último que podrá recitar en la Corte del tirano.- @humbertotweets

jueves, 8 de febrero de 2024

El suplente de María Corina

            María Corina Machado no quiere hablar de un candidato suplente, al menos no por ahora. Ella ha dicho tajantemente: “Un sustituto es el plan de los que no quieren cambio”. Esto en alusión a los operadores de la MUD que privadamente ya están conversando sobre el asunto aunque públicamente hayan expresado su apoyo a Machado.

Esto quiere decir que desde la perspectiva de María Corina Machado la campaña presidencial continúa con ella como candidata. Ella, Gerardo Blyde y toda la dirigencia de esa oposición parecen tener cifradas sus esperanzas no en una masiva protesta popular sino más bien en la presión que los Estados Unidos pueda ejercer para que el chavismo revierta la medida de inhabilitación.

Es muy poco plausible que el chavismo, que ya se acostumbró a gobernar con o sin las sanciones de los EEUU, acepte cambiar esa decisión. El empeño en mantener la inhabilitación de María Corina tiene el mismo tono extremo, dramático y vehemente usado para suspender las negociaciones hasta que Alex Saab fuese incorporado a las negociaciones. En otras palabras, se puede negociar todo lo demás menos la inhabilitación.

La postura del chavismo se vería reforzada con la casi inminente decisión de adelantar las elecciones. Dejando en suspenso por unas semanas más la decisión táctica de hacer solo las presidenciales o hacer una elección general tipo totum revolutum para la Asamblea Nacional, los gobernadores, legislaturas regionales, alcaldes y concejales. Todo dependerá de cuál opción le garantice más ventajas al chavismo.

Pero llegado el día de inscribir candidatos María Corina Machado y los partidos que la apoyan tendrán que decidir si participan con un suplente o no participan y denuncian las irregularidades del proceso electoral.

Una vez recorrido todo ese camino lo más probable es que finalmente MCM y la MUD escojan a un sustituto que represente a la oposición en una campaña donde María Corina sería el portaaviones mediático para garantizar su éxito. Esta tampoco es una opción libre de conflictos ya que cuanto más se tarden en escoger a ese suplemento aumentan las probabilidades de que sea una decisión de 2-3 factores y hasta unipersonal de la propia María Corina.

Nada de esto resuelve y ni siquiera aborda lo fundamental de ese proceso electoral. Y es el tema de las condiciones y las garantías para unas elecciones justas y transparentes en Venezuela. Si estas condiciones se mantienen o incluso empeoran es muy probable que estas elecciones se parezcan mucho a todas las anteriores.

Y la precariedad institucional en la que se encuentra hoy Venezuela no es incentivo para salir masivamente a votar por María Corina Machado ni por su suplente. Tiene más sentido enfocar las energías y los recursos en luchar por salarios justos o en renovar la contratación colectiva de los maestros. La lucha social reivindicativa es la que debería prevalecer en estos momentos sobre las ilusiones electorales.- @humbertotweets

Farsa electoral exprés

            Venezuela sigue rumbo a una nueva farsa electoral. Nada ha cambiado con respecto a las anteriores. El régimen chavista sigue dictando las reglas de juego y por si esa discrecionalidad no fuera suficiente también se reserva el derecho a cambiarlas sin previo aviso según lo que le convenga. Pero en esencia estamos frente a un nuevo proceso en el cual el tinglado político, jurídico, y militar del Estado chavista se alinea, una vez más, para imponer sus resultados.

La habilitación e inhabilitación de candidatos, la incertidumbre en cuanto le fecha de las elecciones, la imposibilidad de que los venezolanos que viven fuera de Venezuela puedan votar, las manipulaciones al registro electoral y ultimadamente imposibilidad material de auditar la data transmitida por la máquinas electorales y los resultados que anuncie el CNE chavista son algunas de las trampas empotradas por diseño en el sistema electoral del chavismo.

            Esto es votar en tiranía. Esto es aceptar ir a unas elecciones simplemente como una figura ornamental porque los resultados ya han sido previamente acordados. El régimen chavista dispone del control absoluto de todas y cada una de las fases del proceso electoral que aun sin tener la mayoría dispone de los mecanismos pseudo legales según sus propias leyes para proclamarse ganador. Así lo ha hecho siempre. Así lo hicieron en el 2015 donde una falla en su propio mecanismo de fraude permitió la victoria de los candidatos de la falsa oposición en la Asamblea Nacional para luego ser “legalmente” anulada por el Tribunal Supremo de Justicia chavista ante la perplejidad de muchos.

            La única diferencia entre la farsa electoral de este año y las anteriores es que esta será del tipo exprés. El dramático deterioro de la situación económica en Venezuela ha desmoralizado a las clientelas chavistas, civiles y militares, promoviendo desaliento y resistencia en el universo de operadores que son necesarios para perpetrar el fraude electoral. Y aunque las sanciones que los Estados Unidos le ha aplicado al chavismo jamás surtieron efecto alguno, la amenaza de volver a imponerlas, aunque sean más suaves que las anteriores, puede impactar la operatividad del Estado chavista. Todo esto presenta posibles imponderables cuyos riesgos el chavismo no está dispuesto a asumir por lo cual lo más probable es que esta farsa electoral se convoque y se perpetre contra reloj en los próximos 90 días o incluso antes.

            Parecería una insólita casualidad que el gobierno de Joe Biden tenga una reacción débil y blandengue ante el altisonante régimen chavista anunciando que le dará al chavismo oportunidad hasta Abril para que habilite a todos los candidatos y realice unas elecciones transparentes. Pero dicho plazo le concede al régimen chavista exactamente los 90 días que necesita para amasar más recursos y ejecutar su fraude electoral. Después de verificado el evento electoral y pasado el mes de Abril es probable que los Estados Unidos ofrezca otra declaración condenatoria del régimen venezolano y anuncie una nueva ronda de sanciones seguramente menos efectivas que las anteriores. De hecho ya se habla de las excepciones que contendrán esas sanciones que aún no han sido anunciadas.

            Una vez más el chavismo usa las negociaciones con la falsa oposición para crear ilusiones de cambio y presentar ante los Estados Unidos y los demás países una política de hechos cumplidos, irreversible, frente a la cual es prácticamente imposible discutir. En un ambiente similar se dio la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del 2017 donde el chavismo participó sólo y fue usada para legislar a su antojo como un poder paralelo a la Asamblea Nacional del 2015.

            Pero si efectivamente la farsa electoral se ha de realizar en los próximos 90 días y si además es cierto que María Corina Machado y la falsa oposición seguirán hasta el final en la vía electoral entonces lo más probable es que, contrario a lo que la misma candidata ha dicho, esa oposición más temprano que tarde tendrá que definir y anunciar un candidato sustituto. Esta es la única forma de seguir hasta el final por la vía electoral tal como lo han prometido.

            La pregunta entonces es: ¿Qué se gana con volver a participar en unas elecciones controladas por la tiranía? La respuesta escueta que nos ofrecen desde la falsa oposición es que el objetivo político sería  poner en evidencia, una vez más, al Estado chavista ante el mundo como un régimen autoritario y tiránico. ¿Y no es eso precisamente lo que todos sabemos desde hace 25 años?.- @humbertotweets 

lunes, 5 de febrero de 2024

El 4 de febrero de 1992 y el asalto del chavismo al poder

Luego de un cuarto de siglo de régimen chavista en Venezuela es obligatorio examinar y estudiar en forma exhaustiva no sólo las estrategias fracasadas de la falsa oposición sino además el contexto en el cual el chavismo toma el poder y lo retiene en contra de la voluntad de la mayoría de los venezolanos. No se puede abordar lo primero sin antes entender y descifrar lo segundo pues el chavismo presenta el último modelo conocido y exitoso para tomar el poder en Venezuela.

La pertinencia de este examen debe liberarse desde el comienzo de las fáciles tentaciones de copiar las estrategias y las tácticas chavistas por el solo hecho de que hayan funcionado en el pasado. Más bien lo que habría que hacer es analizar por qué el chavismo usó unas tácticas y no otras y el proceso que condujo a su elaboración para encontrar las pistas que nos ayuden a articular una tesis estratégica única y original tal como a ellos les tocó hacer en esa época.

Esta discusión tiene una eminente actualidad hoy cuando la falsa oposición y su candidata siguen encerrados en el laberinto de la legalidad chavista, en medio de negociaciones y elecciones, sin la menor perspectiva de construir una vía que nos ayude a sacar al chavismo del poder.

Una parte de la falsa oposición ya se acostumbró a ser oposición. Es la oposición funcional de la que tanto habla Sánchez Berzain porque su función es legitimar al régimen y marcha a ritmo que este le imprime entre negociaciones y elecciones. La dirigencia de esta oposición ya sacó sus cuentas y llegó a la conclusión que no hay forma de salir del chavismo en el corto plazo por la vía electoral y entonces apuestan a esperar a que el derrumbe llegue solo inspirados en aquel mantra político que dice “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”. Preocupante tesis porque el chavismo ya lleva 25 de 100 y más desalentador si se mira a una Cuba que lleva 60 de 100.

Hay otro sector de la falsa oposición que en forma irreflexiva, improvisada e ingenua simplemente trata de copiar el modelo chavista de asalto al poder quizás pensando que si funcionó una vez bien podría funcionar dos veces. Este sector se mueve pendularmente entre la idea de una insurrección cívico militar (tipo 4 de febrero de 1992) y una masiva movilización electoral (tipo diciembre de 1998). He aquí la pertinencia de examinar el contexto en el cual el chavismo toma por asalto el poder.

Se ha escrito y documentado en forma abundante sobre los detalles que llevaron al golpe de estado de febrero de 1992 y el proceso que condujo a la victoria electoral de Hugo Chávez en diciembre de 1998. Argumentos y detalles que pueden ser consultados en la bibliografía disponible sobre el tema pero que no vamos a repetir en los estrictos límites de este artículo. Lo que si consideramos medular para el análisis es la idea en la cual coinciden epígonos y críticos de estos eventos en virtud de la cual la vulnerabilidad del régimen de Estado de partidos es lo que permite el acceso de Hugo Chávez al poder y la instauración de su régimen político desde 1999.

Un autor experto en la génesis e historia del chavismo como Alberto Garrido aporta importantes documentos y análisis propios sobre este proceso sin dejar de repetir que las debilidades políticas e institucionales del sistema al cual se enfrentaba Chávez fueron claves para su derrota. Esto es muy importante para refutar a los espontáneos e improvisados que despachan el tema proponiendo una rebelión cívico militar como las de antes (Antonio Ledezma en declaraciones a Patricia Poleo, agosto de 2023) o quienes creen que basta con participar masivamente en unas elecciones para ganarle al chavismo así como Hugo Chávez lo hizo en 1998.

Desde el punto de vista estrictamente militar el 4 de febrero de 1992 fue un fracaso, pero sus promotores, con la ayuda de algunos medios de comunicación, lo vendieron como una victoria, aunque nadie salió a apoyar en la calle. Lo grave es que como resultado de esa campaña mediática los traidores a la patria no fueron degradados y sentenciados sino convertidos en héroes, recuperando su libertad y plenos derechos políticos con garantías para seguir actuando dentro del régimen que trataron de derribar.

Militares activos en esa época tales como Mario Iván Carratú Molina han explicado con detalles que todo el proceso conspirativo y el posterior perdón de los golpistas ocurrieron en conocimiento y con la anuencia de la alta oficialidad militar y la dirigencia política. En el caso de los militares algunos callaron lo que sabían y otros fueron cómplices de la conspiración por rivalidades internas o por un extraño pudor democrático que los arrastraba a defender los derechos humanos de sus compañeros de armas.

En lo político hubo un evidente revanchismo en contra del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez orquestado por su propio partido Acción Democrática (¡Que historias debe tener Ramos Allup de esas reuniones!) y eficientemente aprovechado por Rafael Caldera quien en su obsesión por ser presidente no dudo ni un minuto en otorgarle legitimidad histórica a los golpistas, sin reparar que así le clavaba un puñalada al corazón del mismo régimen que a él le había endiosado.

Con un régimen político (el Estado de partidos) cuyos operadores estaban dispuestos a destrozarlo para zanjar sus rivalidades resultaba casi obvio que Hugo Chávez se moviera de su táctica insurreccional-militar hacia una electoral. En ese terreno Chávez tuvo todas las garantías, el apoyo mediático que quiso y mucho más para derrotar a un régimen político que fue incapaz de defenderse a sí mismo y su propia institucionalidad.

Si Hugo Chávez se hubiese encontrado con un régimen político que en ejercicio de su constitucionalidad y legalidad le hubiese juzgado, condenado y degradado este jamás hubiese podido llegar al poder. Por el contrario Chávez se encontró con un ejército de colaboracionistas y tránsfugas que cambiaron de bando y le facilitaron la vía al poder. No solo se le permitió a un traidor a la patria postularse y ser electo presidente sino que además, por si eso fuera poco, el estamento político y judicial de la época permitió la violación de la Constitución vigente de 1961 para facilitarle a Chávez imponer fraudulenta su propia Constitución (sobre esto la magistrada Cecilia Sosa Gómez también debe tener historias!).

Se puede apreciar que el régimen chavista de hoy es muy diferente al Estado de partidos de ayer. El Estado chavista impone su legalidad a sangre y fuego. Decide quiénes serán los candidatos, organiza las elecciones, cuenta los votos y proclama al ganador. Todo esto es legal, Y si alguien está en desacuerdo que vaya y apele ante el Consejo Nacional Electoral chavista o el Tribunal Supremo de Justicia Chavista.

Aquí no funciona tratar de organizar una insurrección militar desde afuera con una Fuerza Armada organizada y  adoctrinada como chavista y una oficialidad vigilada de mil maneras por el G2 cubano. Esa no era la situación de las Fuerzas Armadas de la era “democrática” donde Hugo Chávez y sus compinches discutían libremente sus planes conspirativos con sus superiores.

Tampoco funciona la táctica electoral que usó Chávez en 1998 porque este es un sistema electoral viciado y  diseñado a la medida de las farsas electorales del chavismo. Nada que ver con el CNE de 1998 donde varios miembros de su directiva estaban envalentonados con la candidatura de Chávez.

Fueron las debilidades institucionales, jurídicas, políticas, y militares  del Estado de partidos las que facilitaron el asalto del chavismo al poder. Todo lo demás que se pueda decir para explicar esta situación forma parte del mito de la insurrección popular o el mito de la avalancha electoral.

Con este argumento no queremos decir que el régimen chavista es imbatible. No. El régimen chavista en este momento tiene profundas y graves debilidades sobre todo en la institución militar, pero se le percibe como fuerte si se le compara con la falsa oposición que tiene al frente. Algunas lecciones que se pueden aprovechar del 4 de febrero y el asalto del chavismo al poder son: 1) Hay que caracterizar al adversario y definir con precisión sus vulnerabilidades para atacarlo en esos puntos; 2) No se puede caer en el simplismo de hacer algo porque Chávez lo hizo y le funcionó. Hay que pensar en nuevas estrategias y nuevas tácticas que respondan a una realidad y una coyuntura que son totalmente diferentes.

Una cosa es enfrentar y derrotar al Estado de partidos donde la mayoría de sus facciones colaboraron con el chavismo y otra muy distinta es confrontar al Estado chavista siempre dispuesto a usar su pseudo legalidad y la violencia para atornillarse en el poder.- @humbertotweets

jueves, 1 de febrero de 2024

¿Por qué la táctica político-electoral de Hugo Chávez no funciona contra el chavismo?

            Se están cumpliendo 32 años del fallido golpe de estado de Hugo Chávez en febrero de 1992 y 25 años de la instauración del Estado chavista en enero de 1999. Es preciso analizar el contexto en el cual ocurre el asalto al poder por parte del chavismo no solo porque haya sido exitoso sino porque hay quienes hoy insisten en trazar líneas históricas paralelas invitando a emular las tácticas que empleó Hugo Chávez pero para enfrentar al Estado chavista. ¿Es esto siquiera posible?

            La llegada al poder de Hugo Chávez fue el resultado de un largo y complejo proceso conspirativo que comenzó mucho antes de que el propio Chávez hubiese alcanzado su pubertad, por allá en los años 60. Fue en principio el resultado de un trabajo paciente metódico y perseverante de ex guerrilleros izquierdistas derrotados militarmente tales como Douglas Bravo, Francisco Prada, Diego Salazar, y Kleber Ramírez entre otros en su mayoría militantes de la FAN-FALN y PRV-Ruptura.

            La propuesta de Bravo consistió en profundizar el trabajo de captación de cuadros revolucionarios dentro de las Fuerzas Armadas Venezolanas actividad que ya había emprendido el Partido Comunista de Venezuela muchos años atrás. Aprovechando la conformación policlasista del componente militar se establecieron relaciones y afinidades con oficiales de distintos rangos llegando incluso a captar Generales para su causa.

            El historiador Alberto Garrido aportó en su momento documentos y análisis en detalle sobre el proceso conspirativo que llevó a Hugo Chávez al poder. Hoy no nos vamos a detener en sus interesantes hallazgos, que se pueden leer en sus libros, sino en una primera caracterización de ese proceso y es que se trata de una conspiración orquestada a plena luz del dia y al calor de las libertades democráticas ofrecidas por el Estado que se intentaba derrocar.

            En los trabajos de investigación de Garrido se puede apreciar la libertad de movimiento y en muchos casos de opinión que disfrutaron los golpistas para avanzar sus planes. Varios oficiales militares de esa época inscritos en cursos de postgrado defendieron públicamente sus ideas subversivas al amparo de una libertad de cátedra y de una élite militar que jamás consideró esas opiniones como lesivas a la integridad del Estado de partidos llamado democracia.

            Una vez embarcados en las actividades golpistas que llevan al 4 de febrero de 1992, y luego de su derrota, los insurgentes no fueron juzgados, sentenciados ni degradados como correspondía sino por el contrario convertidos en héroes populares gracias a unos medios de comunicación que los sublimaron y también conspiraban contra ese Estado.

            Es la incapacidad de ese régimen político lo que lleva a Chávez a cambiar su táctica militar insurgente por una político-electoral que, con la colaboración de factores económicos y políticos decisivos del viejo régimen, lo llevan a coronar su victoria en las elecciones de 1998. Luego vendría el asalto a la Constitución de 1961 para imponer su modelo cubano de Estado chavista con el auxilio de aquella infame Corte Suprema de Justicia.

            Esta breve referencia es pertinente hoy cuando en medio de la peor arremetida contra la población civil venezolana el régimen chavista se prepara para perpetrar un nuevo fraude electoral y la falsa oposición colaboracionista sigue apostando a las negociaciones y a las elecciones dentro de la legalidad del Estado chavista como la única vía para enfrentarlo.

            De alguna forma la falsa oposición y su candidata están convencidos que es posible reeditar la táctica político-electoral de Chávez en 1998 y solo bastaría movilizar masivamente a la gente a votar para derrotar al chavismo. Ingenuamente esperan que una vez contados los votos y verificada esa nueva mayoría en apoyo a la candidatura de la oposición el Estado chavista, sus operadores y en especial sus Fuerzas Armadas se rindan y entreguen el poder.

            Los falsos opositores y su candidata no saben u olvidan que al Estado chavista no se le puede comparar con el régimen que había antes de Hugo Chávez en 1999. Aquel fue un régimen complaciente y generoso con los golpistas, este es uno donde la disidencia interna y externa se paga con la vida. Aquel fue un régimen muy preocupado por los derechos humanos de los golpistas y hasta encontró maneras legales para perdonarlos y reconocerles sus derechos políticos. Este, el régimen chavista, es uno que tiene su propia legalidad y esta puede cambiar sin aviso y sin protesto de un día para otro.

            La combinación de la táctica insurgente con la político-electoral le funcionó a Hugo Chávez en los años 90 porque en Venezuela había un Estado de derecho tan prudente y equilibrado que no tuvo jamás la fuerza para defenderse a sí mismo. Lo que tenemos hoy en Venezuela no es eso, sino otra cosa monstruosa y siniestra que opera como una agencia de crimen y muerte aunque se haga llamar Estado. Es una irresponsabilidad, por decir lo menos, llevar a la gente a una lucha suicida que está condenada desde el principio al fracaso porque sus resultados dependen de las concesiones que haga el adversario que se quiere derrotar.

            Lo que sí habría que tomar en cuenta de la experiencia de Douglas Bravo y su grupo es el trabajo de caracterizar correctamente al adversario y aprovechar sus puntos vulnerables para emprender un plan de lucha con paciencia, disciplina y perseverancia que involucre siempre a la institución militar realmente existente. Lamentablemente aquí no hay atajos, lo que no hemos hecho desde 1999 tendremos que hacerlo hoy o mañana dejando a un lado a la falsa oposición con su tóxica, distractora, y seductora música electoral.- @humbertotweets 

Venezuela, entre el miedo y la esperanza

            Hace un par de meses vi en YouTube una entrevista que le hizo Luis Ventoso de El Debate al filósofo español Gabriel Albiac. En la conversación hay una parte en la que Albiac reflexiona y dice: “...hay dos formas de generar servidumbre: Infundir  miedo o infundir esperanza. ¿Qué tienen de común el miedo y la esperanza? Que son la renuncia del presente en el futuro. ¿Cuál funciona mejor? Sin duda de ningún tipo la esperanza, porque el miedo duele y la esperanza no”.

Es inevitable ver un paralelismo entre la metáfora del miedo y la esperanza con la falsa dicotomía que hoy se les presenta a los venezolanos obligados a escoger entre el chavismo y una aparente oposición.

El chavismo ha usado eficientemente el aparato estatal para infundir miedo y generar servidumbre. Venezuela es hoy un país de privaciones de todo tipo, de comida, de servicios y de garantías. Es evidente que la inmensa mayoría tiene una opinión distinta a la del régimen chavista, pero no hay mecanismos institucionales para que esa opinión se exprese y se respete. El miedo es libre y democrático cuando la disidencia política se paga con la vida.

Frente a esto surge una aparente antítesis que dice: frente al miedo, la esperanza. Es la idea que atraviesa la retórica de la falsa oposición desde 1999. Esperanza como una idea metafísica sin conexión con la realidad que sin base histórica promete que los buenos siempre ganan, que unidos venceremos y finalmente que no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista.  Ya con 25 años el chavismo intentará pasar los 100, aunque a los demás nos parezca absurdo.

Como dice Albiac, entre el miedo y la esperanza esta última resulta mucho más peligrosa y tóxica porque no duele, cuál ultra afilado puñal esta penetra en forma sinuosa y vigorosa en el corazón hasta que la propia hemorragia es la que nos advierte del fatal daño.

El remedio frente a la toxicidad de la esperanza no es tampoco la renuncia ni la resignación. Quizás si es necesaria una buena dosis de escepticismo militante para, en principio, dudar de toda oferta política hasta que sea exhaustivamente triturada en sus partes más pequeñas para entender qué es lo que tiene de verdad.

Pero siendo aún más ambiciosos, podríamos decir que la cura contra la servidumbre que infunden tanto el miedo como la esperanza quizás sea destruir esa falsa idea dicotómica que es muy fecunda en el cine y la literatura, pero muy perniciosa en la política y es la que divide a los actores en forma simplista entre buenos y malos.

Un enfoque más racional y pragmático sería poner los pies en la tierra, liberarse de miedos y esperanzas para  trabajar con la realidad que se nos presenta buscando transformarla en un permanente ejercicio dialéctico, donde cada crisis o cada revés en lugar se ser una mala noticia se conviertan en un aprendizaje de cómo hacer o no hacer las cosas.- @humbertotweets

lunes, 29 de enero de 2024

¿Dónde está el eje de poder en Venezuela?

            A juzgar por quien lleva la batuta en las negociaciones entre el gobierno y la falsa oposición no hay duda que el régimen chavista actúa desde una posición de poder casi absoluto.  Y no podría ser para menos porque el chavismo tiene a su disposición todo el aparato político, jurídico y militar del Estado. Pero al hablar de régimen fácilmente se puede caer en el error de verlo como un todo homogéneo sin reparar en sus componentes y estructuras que lo integran.

Por eso al referirnos al régimen o al Estado chavista siempre hemos insistido en presentarlo como un complejo ecosistema en el cual interactúan una variedad de grupos y estructuras con motivaciones mayormente criminales en el sentido de sacar provecho de actividades y negocios ilícitos. Esta cultura del crimen como política de Estado se ha propagado de tal manera que es casi imposible detectar un área o nivel del régimen chavista que sea inmune a la corrupción.

Es cierto que para mantener en pie un sistema de esta naturaleza se necesita una base clientelar en la forma de un activismo lumpen que recibe dinero y dádivas a cambio de servirle al régimen no como un honesto empleado público sino más bien como un operador o agente para el control social y policial. Estas masas clientelares también sirven para hacer bulto en los actos oficiales y del PSUV, pero cada día son menos por la desmoralización y las limitaciones materiales para movilizarse que afectan por igual a todos los venezolanos.

            En la Venezuela de hoy el tamaño de la clientela chavista no supera el 5% del universo electoral. Imposible ganar unas elecciones con esa base y más si se toma en cuenta que buena parte de ese 5% está afectado por la frustración que comparten el resto de los venezolanos. Esto quiere decir que si hipotéticamente fuesen posibles unas elecciones con garantías políticas y condiciones justas en Venezuela el chavismo en el mejor de los casos jamás superaría el 10% de los votos y muy seguramente el otro candidato, el opositor, quien quiera que este sea, obtendría fácilmente el 90% o más. Pero no es así.

            Luego de 25 años de farsas electorales la mayoría de los venezolanos entienden muy bien que mientras el régimen chavista sea quien organice las elecciones, cuente los votos y anuncie los resultados es imposible esperar un cambio político. Este perverso sistema electoral permite que el chavismo se proclame ganador sin tener los votos y en contra de voluntad del 90% de los venezolanos.

            Pero además del papel fundamental que juegan el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia en el sostenimiento del régimen chavista hay otra estructura de ese ecosistema que nos parece decisiva y esencial: Las Fuerzas Armadas chavistas. Son estas en definitiva y su capacidad de fuego las que no solo determinan la estabilidad del régimen sino las que deciden cuales grupos internos tendrán una posición privilegiada o no.

            Pero hay que plantear la misma cautela que hemos referido al Estado chavista. No se puede ver a las Fuerzas Armadas chavistas como una estructura homogénea sino como un subsistema dentro de ese ecosistema con diversidad de grupos e intereses enfrentados por cuotas de poder y privilegios. La particularidad de este componente es que, a diferencia de todos los demás que conforman el régimen chavista, tiene acceso a las armas y en un estado de corte militar-policial como este eso hace una gran diferencia.

            Muchas veces hay que insistir en lo obvio porque se olvida o no se ve. En el régimen chavista es el apoyo militar armado lo que permite que sigan en el poder y no los votos. La farsa electoral es un ritual necesario para darle una justificación a los sostenedores del régimen. Pero a estas alturas es irrelevante para el Estado chavista si sus “elecciones” tienen o no reconocimiento internacional. Mucho más importante que los países acepten los resultados de la estafa electoral es que lo hagan los miembros de las FANB chavistas porque son ellos quienes en definitiva tienen el poder para mover la balanza.

            La falsa oposición venezolana haría bien en no perder de vista esta realidad para no exagerar las expectativas con las negociaciones ni promover falsas esperanzas electorales. En las actuales condiciones en Venezuela, sin garantías ni instituciones, el eje del poder político no está en el pueblo soberano sino en las FANB chavistas. Y cuando se repara que más de 100 altos operativos, civiles y militares, del Estado chavista han sido incriminados por delitos de lesa humanidad por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU se entiende que es muy poco probable que este régimen acepte entregar el poder por vía de negociaciones o elecciones. Y menos si la cadena de responsabilidad en la perpetración de estos crímenes, que no prescriben, llega hasta Nicolás Maduro como en efecto se ha determinado.- @humbertotweets