lunes, 15 de enero de 2024

Ni Diosdado lo sabe…

            Como ya es habitual en los últimos 8 años, el mercenario de la comunicación Ignacio Ramonet fue a Miraflores los primeros días de Enero de este año a recibir sus incentivos como operador propagandístico del régimen chavista. En su paso furtivo y rápido por Caracas Ramonet, como es costumbre, aprovechó para conversar con Nicolás Maduro y escribir una empalagosa apología ensalzando al tirano venezolano.

            La pieza en cuestión jamás alcanzó el nivel de una entrevista sino más bien un testimonio público de irrefrenable adulación donde Ramonet, solícito, se postraba como alfombra persa para que Maduro pudiera caminar y contornearse con absoluta comodidad. En algún momento, maravillado y salivando por las respuestas básicas de Nicolás Maduro, el operador Ignacio Ramonet le diría en relación a la liberación de Alex Saab: “Fue una bellísima victoria, presidente. A través del mundo muchas personas se alegraron de esa liberación, porque habían militado por denunciar todas las falsedades que se dijeron…”

            De todos los asuntos tratados en esa conversación hay uno de particular importancia para los venezolanos y es el que tiene que ver con la forma como el régimen chavista se prepara para encuadrar su fraude electoral de este año. Si acaso algo habrá que agradecerle al sablista Ramonet es que nos haya ayudado a captar las claves de lo que realmente está pensando el jefe de la macolla chavista sobre la perpetración de la farsa electoral.

            El chavismo por boca de Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello ha insistido que este año habrá elecciones. Sin embargo, las acciones del régimen chavista han tomado caminos distintos y separados del discurso. Cada énfasis en la aseveración de que sí habrá elecciones viene acompañado de una serie de acciones que más bien indican que el régimen chavista se está preparando para suspenderlas o posponerlas.

            Mientras la falsa oposición sigue envalentonada con su candidata en el carnaval electoral, el chavismo no solo mantiene oculta la fecha de los comicios sino que además se ha reservado el derecho de decidir hasta última hora quiénes serán los candidatos opositores habilitados para participar.

            La indefinición y ambigüedad que rodean las elecciones que convocará el chavismo este año confirma que estas serán sin condiciones ni garantías en el mejor espíritu de burlar, como siempre, los acuerdos con la falsa oposición. Pero, por supuesto, ya sabemos que aunque el chavismo cumpla la formalidad de convocarlas según su propia pseudo legalidad esto no significa necesariamente que estas se realizarán.

            Lo más probable es que la ilusa esperanza de la falsa oposición para unas elecciones competitivas se vaya diluyendo conforme pasen los meses de 2024 y el chavismo siga usando su tinglado jurídico-militar para violar sus propias leyes, bien sea suspendiendo en forma indefinida o posponiendo en forma sucesiva la elección presidencial con el pretexto de la supuesta confrontación con Guyana.

            Tratando de aparentar cierta neutralidad, sin lograrlo, Ignacio Ramonet en el referido encuentro le prepara la cama a Nicolás Maduro para que este se mueva a gusto y diga lo que le plazca: “La oposición ya ha designado a unos nueve candidatos, al parecer. Y los analistas dan por descontada la candidatura de usted... Así que quisiera preguntarle si será usted, efectivamente, el candidato del chavismo a la elección presidencial de 2024?”

 

            A lo que el candidato Maduro le responde: “Yo lo que te puedo decir es que es prematuro todavía. Apenas el año empieza. Solo Dios sabe… No Diosdado, Dios. Esperemos que se definan los escenarios electorales del proceso que va a haber este año, y estoy seguro que, con la bendición de Dios, tomaremos la mejor decisión.”

            En entrelineas lo que está diciendo el candidato del PSUV es que este aun siendo la opción oficial del chavismo para seguir dirigiendo el gobierno no lo quiere admitir púbicamente, al menos no por ahora. ¿Por qué? Porque, según Maduro, los escenarios electorales aún no se han definido y las decisiones para definirlos aún no se han tomado.

Esto pone la convocatoria de las elecciones en manos de una serie de incidencias y factores todas las cuales dependen en su totalidad de lo que le convenga al chavismo con una muy frágil apariencia de legalidad y legitimidad, no tanto para impresionar a la llamada comunidad internacional como para persuadir a sus propias fuerzas armadas que ellos aún conservan cierta influencia política.

            ¿Por qué tendría Nicolás Maduro que embarcarse en el desgaste de una campaña para unas elecciones que nadie sabe cuándo serán o si efectivamente serán convocadas?

            Gracias al lisonjero Ramonet ahora sabemos que el chavismo se pasará buena parte del 2024, o todo el año, jugando a la incertidumbre de unas elecciones que no cambiaran nada porque están diseñadas para que el régimen chavista cuente los votos y proclame sus resultados. Si ni siquiera Diosdado Cabello sabe la fecha de la farsa electoral chavista, mucho menos podrá esperar la falsa oposición para que le concedan unas elecciones competitivas. Sin embargo, muy a pesar de la incertidumbre y de la falta de condiciones y garantías para unas elecciones transparentes la falsa oposición seguirá pregonando la vía electoral como la única posible. La única para que el chavismo siga en el poder.- @humbertotweets

jueves, 11 de enero de 2024

Libertad para los metropolitanos y los hermanos Guevara

            La perversión en la praxis política venezolana no solo consiste en un régimen que persigue, encarcela y asesina para mantenerse en el poder, sino también en una falsa oposición que se presta para el macabro juego de degradar a los presos políticos, civiles y militares, como fichas de negociación.

            Una negociación correctamente planteada al régimen chavista, con claridad y contundencia, no puede caer en la manipulación chavista de clasificar a los presos políticos en presos de primera, de segunda y de tercera categoría.

            Los presos de primera son aquellos que son más publicitados por los partidos y cuyos nombres siempre están en la mesa de negociaciones entre el oficialismo y su falsa oposición. Generalmente son civiles que han formado parte o han estado relacionados con el cuadro directivo de las franquicias partidistas.

            Hay un segundo grupo de presos políticos cuyos nombres son usados para hacer bulto en las listas pero son más que todo activistas y operadores de menor rango de los partidos o simples ciudadanos que ingenuamente creyeron que en Venezuela hay libertad de expresión y hoy están presos por tuitear contra el régimen.

            Pero hay un tercer grupo de presos políticos, donde la mayoría son militares y hay algunos civiles, del cual muy pocos o casi nadie se ocupa. Aquí se encuentran en su mayoría  los que están procesados por causas militares, pero cuyo denominador común es que por su condición o por no tener vinculaciones orgánicas con las franquicias partidistas muy pocas veces sus casos son visibilizados y casi nunca sus nombres son mencionados en las mesas de negociaciones.

            Hay muchos civiles y militares en este tercer grupo. Solo por tomar un criterio de antigüedad podemos nombrar entre otros a los tres policías metropolitanos que aún permanecen presos Erasmo Bolívar, Héctor Rovaín y Luis Molina; y a los hermanos Guevara, Rolando, Otoniel y Juan Bautista.

            Los abogados defensores de los policías metropolitanos y los hermanos Guevara han hecho un verdadero doctorado en Derecho Penal al demostrar procesalmente la inocencia de sus defendidos cientos de veces en todas las instancias de la justicia chavista. Pero la casi exactitud científica del Derecho Penal siempre termina estrellándose contra la realidad política de un régimen que se empeña en mantenerlos presos para intimidar al resto de la sociedad y una falsa oposición que se avergüenza en defenderlos porque no quiere provocar la ira del chavismo.

            Con la misma obstinación que el régimen chavista se empeñó en liberar a Alex Saab la falsa oposición ha debido hacer un punto de honor el no participar en farsas electorales hasta que no se liberen todos los presos políticos, civiles y militares, comenzado por los más antiguos, los policías metropolitanos y los hermanos Guevara.

            Es un asunto de claridad e integridad en la praxis política. No puede haber elecciones sin condiciones ni garantías y menos aún con presos políticos.

            Que la falsa oposición y sus voceros hayan aceptado como normal algo que es una aberración dice mucho de lo que de ellos se puede esperar. No es normal ir a votar con incertidumbre, sin condiciones ni garantías. No es normal ir a votar con presos políticos, así como es inaceptable la falacia de llamar a votar “para liberarlos con el voto”. No comprometerse con la liberación de todos los presos políticos, civiles y militares, y entregarse incondicionalmente a la farsa electoral es la mayor traición de la falsa opción venezolana.- @humbertotweets 

Cortoplacismo

            Cortoplacismo. He aquí otra de las taras que persigue y atrapa a la falsa oposición venezolana. Es la tendencia a reaccionar en forma epiléptica y espasmódica a las situaciones que va presentando la coyuntura. El resultado es una secuencia de acciones caóticas, desordenadas y espontáneas que nunca producen los resultados esperados.

Pero ¿qué es el cortoplacismo? Es la conducta que busca resultados inmediatos, casi instantáneos, sin tomar previsiones o estimar consecuencias a largo plazo.

El cortoplacismo puede ser la consecuencia de la falta de caracterización o de una caracterización errónea del adversario político.

En Venezuela, por ejemplo, creer que el chavismo está limitado por su propio marco jurídico sería una caracterización errónea que a su vez conduce a alimentar la idea cortoplacista de ir a unas elecciones con la esperanza que sus resultados serán respetados y garantizados. 

El cortoplacismo se asimila muy rápidamente como la conducta dominante sobre todo en aquellos que, por desesperación o cualquier otro motivo, tienen la esperanza de un cambio inmediato.

Así lo que se impone es la práctica improvisada de hacer cualquier cosa en lugar de hacer nada, aun a sabiendas de que lo que se hace podría igualmente conducir a nada.

Llamar a votar sin condiciones ni garantías electorales es una típica desviación cortoplacista que apuesta por un cambio casi milagroso que produzca satisfacción instantánea.

Las propuestas cortoplacistas tienen el encanto mágico que anima a no pocos a abrazarlas como la única tabla de salvación, a pesar de que su formulación desafíe toda racionalidad.

Los políticos demagogos conocen muy bien el inmenso efecto persuasivo del cortoplacismo como fórmula, aunque sus perversos efectos en el largo plazo  sean desesperanzadores y demoledores.

Vencer el cortoplacismo requiere de una estrategia de largo plazo construida con claridad y disciplina, pero más que todo paciencia y perseverancia. Todas estas cualidades humanas resultan odiosas cuando dos décadas de chavismo ya parecen una interminable eternidad.

Diremos que en política normalmente no hay atajos y pocas veces funcionan. Pero generalmente el atajo entendido como una praxis que evade hacer la tarea y se apoya en la espontánea improvisación se paga caro.

Todo esto nos lleva a concluir que en Venezuela la idea cortoplacista que se impuso en 1999 para enfrentar al entonces naciente régimen de Hugo Chávez nos ha arrastrado por caminos equivocados y ciertamente nos ha llevado al fracaso a la hora de lograr el cambio político.

Lamentablemente como en política no operan los milagros ni las soluciones mágicas lo que no hicimos en 1999 tenemos que hacerlo hoy con serenidad, paciencia y perseverancia aunque la invitación suene desalentadora después de todo lo que ha pasado.

Si hoy se vuelve a imponer el cortoplacismo será muy difícil, y casi imposible, lograr resultados distintos a los acumulados en estas dos últimas décadas de barbarie y destrucción.- @humbertotweets

lunes, 8 de enero de 2024

Alex Saab y la moral chavista

            Para los efectos de este artículo tenemos que establecer una clara distinción entre moral y ética. Para evitar enredarnos en inútiles discusiones retóricas que alimentan la confusión diremos que, siguiendo los parámetros planteados por el filósofo español Gustavo Bueno, entendemos por moral el conjunto de normas que busca la preservación de un grupo y por ética aquellas orientadas a la protección del individuo o la persona. 

            De esta distinción podemos desde ya obtener algunas conclusiones. Por ejemplo, que no siempre moral y ética van a coincidir y que por el contrario muchas veces se encuentran en una irreconciliable confrontación dialéctica. También podemos decir que un grupo de delincuentes tiene unos valores morales que no son los mismos valores ni la misma moral de la sociedad en que están insertos y que ellos tratan de pervertir.

            Con este breve preámbulo podemos argumentar que en Venezuela efectivamente hay una moral chavista que busca la preservación y recurrencia de ese grupo y que está enfrentada a la moral de la sociedad venezolana que defiende valores totalmente opuestos.

            Desde el control del aparato del Estado el chavismo ha hecho todo lo posible para destruir material y moralmente la estructura nuclear de la familia como célula fundamental de la sociedad venezolana. Esto podría parecer un contrasentido si se piensa que al destruir la familia el chavismo estaría al mismo tiempo destruyendo las bases en las que se apoya su Estado.  Pero lo que privilegia el chavismo no es la idea de familia sino más bien la de banda, grupo o secta que sirve de sustento al Estado chavista que no a un Estado nacional venezolano.

            En esta concepción del grupo o secta que sustituye a la familia no hay educación sino propaganda, no hay empleo sino dádivas, no hay justicia sino fidelidad. Esto puede explicar que mientras muchos lamentamos la bancarrota material y moral de la nación venezolana el chavismo la celebra. Porque es precisamente en el caos y el desmantelamiento de las tradicionales instituciones sociales que el chavismo puede imponer sus propias estructuras y su propia moral.

            La forma como el chavismo se planteó la liberación de Alex Saab es un magnífico ejemplo para ilustrar cómo opera la moral chavista. Alex Saab es uno de los muchos operadores con los que cuenta el régimen chavista para perpetrar acciones esenciales en el sostenimiento del régimen. Se trata de operadores que actúan bajo el amparo de la pseudo legalidad del Estado chavista, pero cuyas gestiones en otros países podrían ser consideradas ilegales.

            En términos instrumentales Alex Saab puede tener igual o menos información que otro operador como el Pollo Carvajal a la hora de comprometer al régimen para el cual han trabajado. Más que información incriminatoria lo que en realidad quisiera obtener alguna agencia policial internacional serían datos precisos de operaciones o redes de operadores para buscar su neutralización. Pero cuando este tipo de operadores es detenido normalmente esto obliga a replantear la ejecución de las operaciones en marcha impactando la utilidad de la información que el detenido pueda aportar.

            De esto podemos concluir que el valor de cambio de estas fichas no está tanto en la información que puedan llevar consigo como en el efecto mediático que se pueda lograr de su proceso de liberación. En esto el régimen cubano ha sido muy efectivo al orquestar campañas para presentar mercenarios y espías cubanos como verdaderos héroes nacionales.

            Algunos medios y analistas que orbitan en torno a la falsa oposición se quedaron anclados en la lectura superficial según la cual para el chavismo era de vida o muerte liberar a Alex Saab por los supuestos secretos del régimen que él conocía y podía revelar, como si los contactos no se pudiesen eliminar y las contraseñas cambiar. Desde ese ángulo limitado era muy difícil explicar todos los esfuerzos mediáticos que hizo el chavismo para lograr la liberación de Alex Saab y menos aún explicar la audacia de presentar a un operador de tercera o cuarta categoría como un diplomático venezolano acreditado.

            La campaña para liberar a Alex Saab tenía dos frentes. El frente internacional con contenidos en impecable gramática inglesa e intensas campañas de cabildeo (lobby) entre representantes demócratas y altos funcionarios de la administración de Joe Biden para quienes un canje de 5 ciudadanos norteamericanos a cambio de un operador chavista resultaba algo más que obvio.

            Pero el frente interno, el de la política nacional, era en realidad el de mayor interés e importancia para el chavismo. La campaña por la liberación de Alex Saab fue vendida dentro del régimen chavista, y especialmente dentro de sus fuerzas armadas, como los extremos hasta los cuales está dispuesto a llegar el régimen en defensa de uno de los suyos. Esto es hoy particularmente importante porque hay desmoralización y deserción entre operadores chavistas muchos de ellos con órdenes internacionales de captura obligados a disfrutar sus millones en Venezuela.

            El mensaje que el régimen chavista le envía a sus operadores es que la lealtad perruna siempre será retribuida hasta los límites más insospechados, como en el caso de Alex Saab, pero igualmente la traición será implacablemente castigada sin misericordia con muerte, prisión o destierro así como ha ocurrido con emblemáticos miembros del régimen tales como Carlos Lanz, El Pollo, Carvajal, Rafael Ramírez, Luisa Ortega Díaz, y Tareck El Aissami, por citar algunos.

            El régimen chavista está conformado por clientelas y redes de operadores civiles y militares. Aunque estos elementos actúan como una banda o secta no pueden evadirse de la realidad socioeconómica en la que están insertos y la que muchas veces los lleva a sufrir frecuentes y recurrentes crisis de fe y de lealtad con un sistema que más o menos funciona, pero que se agota en el tiempo. Las evidencias de este agotamiento se pueden apreciar en las masivas solicitudes de baja y las deserciones de oficiales militares en todos los niveles.

            La liberación de Alex Saab era esencial para el chavismo y su campaña que trata desesperadamente de mantener la moral, la cohesión y la lealtad de las partes de un ecosistema que producto de sus propias contradicciones en cualquier momento podría implosionar.- @humbertotweets

jueves, 4 de enero de 2024

Saab Naranjo: Los apellidos de la política exterior norteamericana

            Siempre hemos sido críticos de la política exterior norteamericana frente al régimen chavista por varias razones que podemos sintetizar en dos: 1) Porque en un balance de sus resultados a lo largo de dos décadas esta política ha ayudado a que el chavismo siga en el poder, muy parecido a lo que ha pasado con Cuba; y 2) Porque dicha política parece ignorar, en forma deliberada, los peligros que representa para la seguridad nacional de los propios Estados Unidos tener en su área de influencia a un Estado con alianzas militares activas con países como Irán y Rusia.          

            Pero suponemos que el Departamento de Estado norteamericano cuenta con operadores que se han planteado el tema de las relaciones con el régimen chavista no como un ejercicio de improvisación sino en estricta defensa de los intereses de los Estados Unidos, por encima de los intereses de cualquier otro país, nación o pueblo, así se trate del pueblo venezolano que aún hoy sigue viendo a los Estados Unidos como un país amigo de la causa liberadora.

            Pero en los terrenos movedizos y traicioneros de la geopolítica los intereses de la nación venezolana por sobrevivir a la barbarie chavista no necesariamente tienen que coincidir con los intereses imperiales de los Estados Unidos. Y esa realidad por muy dura que parezca, porque lo es, solo confirma una vez más que los Estados no tienen amigos, ni siquiera aliados, sino intereses.

            Mientras para los venezolanos es vital librarse por cualquier medio del chavismo, para los Estados Unidos la prioridad máxima parece ser asegurarse un proveedor confiable y barato de petróleo en la región, papel que el chavismo está dispuesto a jugar con tal y se le permita seguir abusando del poder.

            En negociaciones directas con el régimen chavista los EEUU no sólo canjearon a Alexa Saab por ciudadanos norteamericanos detenidos arbitrariamente en Venezuela sino que además le entregaron al gobierno chavista al Teniente de la Guardia Nacional Pedro Naranjo quien con toda razón había solicitado asilo en los EEUU. Lo que sorprende e indigna es que a Naranjo no solo le hayan negado el asilo sino que a diferencia de otros casos en los cuales el deportado es enviado a un país que garantice la integridad física de la persona, en este fue entregado directamente a sus verdugos y potenciales asesinos.

            La liberación de Saab no es obviamente un evento fortuito sino, al igual que la entrega del Teniente Naranjo, una decisión que responde a una política definida y orientada a reconocer y entenderse por intereses pragmáticos con el chavismo. Que no se diga que se trata de un asunto de cumplir las leyes norteamericanas. Porque la misma discrecionalidad y clemencia que operó para Alex Saab ha podido ser invocada y beneficiar al Teniente Pedro Naranjo.

            Llama la atención que los operadores de la política exterior norteamericana caigan en el mismo juego del chavismo de usar personas privadas de libertad como fichas de negociación, tal como se ha visto en estos casos.

            Sería una absoluta ingenuidad pensar que la liberación de Saab y la entrega del Teniente Naranjo es el precio para unas elecciones transparentes, con condiciones y garantías en Venezuela. Pero, la experiencia nos dice que el chavismo usa estas negociaciones para aliviar presiones internacionales, vía propaganda, y ganar tiempo hasta las próximas negociaciones.

            La liberación de Saab y la entrega del Teniente Naranjo solo pueden tener el efecto de una sorpresiva en inmerecida bofetada a los millones de venezolanos que aún esperan ilusionados que los Estados Unidos presione al régimen chavista para que acepte unas elecciones justas, reconozca el resultado, y entregue pacíficamente el poder. Es mucho esperar de nuestro aliado más preocupado hoy por la guerra Rusia-Ucrania que por el barranco hacia el cual va embalada la nación venezolana.

            Esto no quiere decir que esa política no cambie en el futuro. Puede cambiar. Esperemos que para entonces, cuando los intereses geopolíticos de los EEUU y los del pueblo venezolano se vuelvan a realinear, aún quede algo por salvar.- @humbertotweets 

Voluntarismo

El voluntarismo es una teoría filosófica y una praxis. Como teoría filosófica el voluntarismo le otorga más importancia a la voluntad que al entendimiento o la razón. Como praxis política el voluntarismo hace énfasis en el deseo personal basado en la voluntad, por encima del análisis racional de las posibilidades reales o del contexto en el cual se está inserto.

Algunos exponentes del voluntarismo incluyen a filósofos como Schopenhauer, Nietzsche, y Kierkegaard, entre otros.

En la política el voluntarismo puede aparecer indistintamente en grupos con concepciones idealistas o materialistas, o de izquierda o derecha, como un subproducto del ejercicio pragmático y acrítico de la acción que se enmascara en sofismas seductores tales como “querer es poder”.

A pesar de las engañosas bondades del voluntarismo que atribuye el cambio a la única, férrea e indómita voluntad del hombre la realidad nos plantea una confrontación dialéctica entre nuestros deseos (planes y programas) y los complejos contextos en los cuales nos desenvolvemos (la realidad).

Así el voluntarismo se nos revela más que como una virtud como una verdadera tara para la praxis política desde el momento en que presupone que la realidad se puede sustituir a fuerza de voluntad.

Esta es una discusión de total actualidad en Venezuela hoy, cuando hay fuerzas que insisten en llamar a votar para lograr el cambio político, a sabiendas de que no existen condiciones ni garantías políticas o institucionales.

Los voluntaristas dicen que es mejor ir a votar sin garantías que quedarse de brazos cruzados. Para alimentar su débil argumento dicen que votar es la única forma de lucha ciudadana para el cambio político y además ponen toda su fe en un milagro, literalmente. 

Lo opuesto al voluntarismo no es el escepticismo o la resignación a no hacer nada como los voluntaristas falsamente sugieren.

Una praxis política racional y materialista, anclada en la realidad, debe partir de un exhaustivo inventario de lo que hay (correlación de fuerzas antagónicas) y un diagnóstico de las condiciones (entorno) en un momento determinado (coyuntura) para proponer unas hipótesis de acción (lucha política).

La dirigencia partidista que solo piensa en función del calendario electoral, sustrayéndose de la realidad, en la esperanza que algo milagrosamente cambie a fuerza de buenos deseos, está incapacitada para ver un horizonte más allá de sus narices y formular una política viable y sostenible para el largo plazo. Y en eso llevan ya dos décadas.

El voluntarismo es una mala práctica política con efectos tóxicos que no solo contamina el análisis sino que además alienta otras desviaciones tales como el mesianismo y la esperanza en un héroe -¿o heroína? que en forma milagrosa y épica descenderá de los cielos para ganar la batalla final. El voluntarismo y su componente metafísico solo funcionan en Narnia. En el mundo real no hay milagros ni atajos. Sólo queda hacer política con los pies en la realidad.- @humbertotweets

lunes, 1 de enero de 2024

Balance y perspectivas

            En la lucha por recuperar la nación venezolana de las garras de la tiranía chavista es preciso hacer una breve pausa para revisar dónde estamos y plantear algunas hipótesis de análisis y resolución.

            Lo fundamental en la política venezolana no ha cambiado. Seguimos enfrentados al Estado chavista que define los términos de su legalidad y establece las instituciones que mediante el auxilio de su fuerza armada se impone por la fuerza sobre el resto de los venezolanos.

            La total ausencia de instituciones que representen a un Estado nacional y la falta de condiciones y garantías políticas plantean una grave crisis de Estado y no de gobierno como equivocadamente sigue asumiendo la falsa oposición.  Con instituciones democráticas y garantías políticas la crisis de un mal gobierno como el de Nicolás Maduro podría ser corregida mediante unas elecciones en procesos como los que se han dado en Colombia, Chile y Argentina, donde de alguna forma existen mecanismos para la alternabilidad.

            Este no es el caso de Venezuela que se parece más al modelo cubano en cuanto a las formas de control político y militar combinados con la propaganda para sostener en el poder a la macolla gobernante.

            Sin embargo, la falsa oposición sigue insistiendo en una estrategia basada en negociaciones y elecciones con la vana esperanza que algún día el régimen chavista haga algunas concesiones que permitan su derrota y en forma consecuente entregue el poder. El chavismo acepta esta fórmula binaria primero porque conviene a su falso discurso de apertura y segundo porque es la mejor forma de mantener controlada a su falsa oposición siempre ilusionada e ilusionante sobre las esperanzas electorales.

            La falsa oposición no oculta que el éxito de su estrategia negociaciones-elecciones depende enteramente de la presión que ejerzan los Estados Unidos, ni siquiera de esa asociación de intereses difusos llamada pomposamente comunidad internacional. Y en efecto los EEUU se han involucrado en el proceso desde una perspectiva etic en estricta defensa de sus intereses estratégicos como es lógico.

            La política norteamericana hacia Venezuela la cual hemos criticado por improvisada tiene sus matices y distinciones entre las administraciones de Donald Trump y Joe Biden, pero en esencia ambos enfoques responden a una sola política coherente que consiste en defender los intereses de los EEUU y su hegemonía en la región como potencia imperial, muy por encima del descalabro que podría estar ocurriendo en Venezuela.

            Por eso, la política exterior norteamericana luego de reconocer el caricaturesco gobierno interino de Juan Guaidó comprendió que era una jugada montada en el aire que no conducía a nada y muy pronto comenzó a trabajar con los operadores de la falsa oposición para elegantemente y sin desaires desmontar ese parapeto. Quedó la imagen de una falsa oposición que resolvió acabar con esa jugosa e inagotable fuente de corrupción llamada Interinato para así pasar a una fase -¡a otra más!- de negociación con el régimen chavista. Pero eso no habría ocurrido de no haberlo resuelto previamente el gobierno norteamericano.

            De México a Barbados, con pausas y contramarchas, en los meses siguientes al desmantelamiento del hamponato interino quedaría muy claro que la única negociación que vale y la que en realidad cuenta es la que se ejercita entre el Estado norteamericano y el Estado chavista en la cual la falsa oposición venezolana está pintada en la pared y es informada por redes sociales.

            Al ponerle precio a la cabeza de Nicolás Maduro y otros jerarcas del régimen chavista y al aplicarle a Venezuela unas sanciones inocuas y simbólicas el gobierno norteamericano aliviaba la presión interna de electores que exigen mano dura contra la tiranía chavista y de alguna manera quedaba bien con millones de venezolanos esperanzados en la ayuda e intervención del amigo norteamericano para librarse de la pesadilla chavista.

            Pero al mismo tiempo la política realmente existente del imperio norteamericano ejerciendo un comprensible pragmatismo en defensa de sus intereses levantó las sanciones simbólicas contra Venezuela, liberó a los narcosobrinos y por si fuera poco en un intercambio de prisioneros liberó a Alex Saab. Aquí hay que hacer una mención especial a la entrega del Teniente de la Guardia Nacional Pedro Naranjo a Venezuela por parte de los EEUU haciendo caso omiso a los ruegos de sus familiares. Más que una extraviada decisión burocrática la entrega del militar venezolano parece el postre de ese macabro banquete para ofrendar al chavismo.

            Todo esto ante la expresión boquiabierta y de incredulidad de millones de venezolanos. Todo eso, que no es poca cosa, a cambio de nada, de nada para la falsa oposición que aún está esperando por condiciones más o menos justas para unas elecciones y que le permitan inscribir a su candidata.

            Al reconocer al Estado chavista como el poder político y militar realmente existente en Venezuela y negociar directamente con esa estructura el gobierno norteamericano dinamitó cualquier posibilidad de relevancia o representatividad que la falsa oposición MUD/FA y su candidata pudieran tener. Los Estados Unidos han validado la tesis de Jorge Rodríguez de entenderse directamente con los norteamericanos. De aquí en adelante el chavismo no tendrá ningún incentivo para negociar con otro factor que no sea el propio gobierno norteamericano.

            ¿Qué se puede esperar en los próximos meses en relación a la salida electoral? Sobre esto ya Joe Biden adelantó por donde vienen los tiros “Nicolás Maduro está cumpliendo su compromiso de celebrar elecciones democráticas en Venezuela”. Esto quiere decir que, con la anuencia de los Estados Unidos,  la farsa electoral programada para el 2024 podría realizarse o suspenderse indefinidamente con el pretexto de la supuesta guerra con Guyana. Da lo mismo porque todo será resuelto con arreglo a la legalidad del estado chavista y su Constitución de 1999 con la buena pro de los EEUU. A cambio el régimen chavista seguirá despotricando contra el imperialismo norteamericano al tiempo que le suministra petróleo barato.

            Esta política de concesiones de los EEUU al régimen chavista es decisiva en estos momentos para darle oxígeno a un chavismo que también sufre sus propias contradicciones entre sus clientelas y sus facciones militares. Pero la política exterior norteamericana estará sujeta a los desarrollos del conflicto provocado entre Venezuela y Guyana donde desde ya los Estados Unidos participan de una alianza militar internacional que acompaña a quienes hoy controlan el territorio Esequibo.

            Los operadores del régimen chavista conscientes de las debilidades estructurales de su ecosistema saben perfectamente que la luna de miel con los EEUU puede terminar en cualquier momento y depende más de la guerra Rusia-Ucrania y el conflicto Venezuela-Guyana que de cualquier otra cosa. Frente a esto la lógica del chavismo sigue siendo la misma. Cada día al frente del Estado chavista es victoria y es una oportunidad más para saquear.

            Al resto de los venezolanos lo que se nos plantea es deslastrarnos totalmente de las políticas y las falsas ilusiones electorales de la MUD y sus candidatos. ¿Por qué? porque bajo el Estado chavista y su legalidad no hay salida electoral posible. ¿Qué hacer? Replantearnos los ejes de la lucha hacia lo político y social, no lo electoral. Organizarnos en sindicatos y gremios, más que en partidos políticos, para articular en forma orgánica el descontento frente a la crisis nacional y el rechazo al régimen chavista que crece y se multiplica hasta en sus propias clientelas civiles y militares.- @humbertotweets