lunes, 29 de enero de 2024

¿Dónde está el eje de poder en Venezuela?

            A juzgar por quien lleva la batuta en las negociaciones entre el gobierno y la falsa oposición no hay duda que el régimen chavista actúa desde una posición de poder casi absoluto.  Y no podría ser para menos porque el chavismo tiene a su disposición todo el aparato político, jurídico y militar del Estado. Pero al hablar de régimen fácilmente se puede caer en el error de verlo como un todo homogéneo sin reparar en sus componentes y estructuras que lo integran.

Por eso al referirnos al régimen o al Estado chavista siempre hemos insistido en presentarlo como un complejo ecosistema en el cual interactúan una variedad de grupos y estructuras con motivaciones mayormente criminales en el sentido de sacar provecho de actividades y negocios ilícitos. Esta cultura del crimen como política de Estado se ha propagado de tal manera que es casi imposible detectar un área o nivel del régimen chavista que sea inmune a la corrupción.

Es cierto que para mantener en pie un sistema de esta naturaleza se necesita una base clientelar en la forma de un activismo lumpen que recibe dinero y dádivas a cambio de servirle al régimen no como un honesto empleado público sino más bien como un operador o agente para el control social y policial. Estas masas clientelares también sirven para hacer bulto en los actos oficiales y del PSUV, pero cada día son menos por la desmoralización y las limitaciones materiales para movilizarse que afectan por igual a todos los venezolanos.

            En la Venezuela de hoy el tamaño de la clientela chavista no supera el 5% del universo electoral. Imposible ganar unas elecciones con esa base y más si se toma en cuenta que buena parte de ese 5% está afectado por la frustración que comparten el resto de los venezolanos. Esto quiere decir que si hipotéticamente fuesen posibles unas elecciones con garantías políticas y condiciones justas en Venezuela el chavismo en el mejor de los casos jamás superaría el 10% de los votos y muy seguramente el otro candidato, el opositor, quien quiera que este sea, obtendría fácilmente el 90% o más. Pero no es así.

            Luego de 25 años de farsas electorales la mayoría de los venezolanos entienden muy bien que mientras el régimen chavista sea quien organice las elecciones, cuente los votos y anuncie los resultados es imposible esperar un cambio político. Este perverso sistema electoral permite que el chavismo se proclame ganador sin tener los votos y en contra de voluntad del 90% de los venezolanos.

            Pero además del papel fundamental que juegan el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia en el sostenimiento del régimen chavista hay otra estructura de ese ecosistema que nos parece decisiva y esencial: Las Fuerzas Armadas chavistas. Son estas en definitiva y su capacidad de fuego las que no solo determinan la estabilidad del régimen sino las que deciden cuales grupos internos tendrán una posición privilegiada o no.

            Pero hay que plantear la misma cautela que hemos referido al Estado chavista. No se puede ver a las Fuerzas Armadas chavistas como una estructura homogénea sino como un subsistema dentro de ese ecosistema con diversidad de grupos e intereses enfrentados por cuotas de poder y privilegios. La particularidad de este componente es que, a diferencia de todos los demás que conforman el régimen chavista, tiene acceso a las armas y en un estado de corte militar-policial como este eso hace una gran diferencia.

            Muchas veces hay que insistir en lo obvio porque se olvida o no se ve. En el régimen chavista es el apoyo militar armado lo que permite que sigan en el poder y no los votos. La farsa electoral es un ritual necesario para darle una justificación a los sostenedores del régimen. Pero a estas alturas es irrelevante para el Estado chavista si sus “elecciones” tienen o no reconocimiento internacional. Mucho más importante que los países acepten los resultados de la estafa electoral es que lo hagan los miembros de las FANB chavistas porque son ellos quienes en definitiva tienen el poder para mover la balanza.

            La falsa oposición venezolana haría bien en no perder de vista esta realidad para no exagerar las expectativas con las negociaciones ni promover falsas esperanzas electorales. En las actuales condiciones en Venezuela, sin garantías ni instituciones, el eje del poder político no está en el pueblo soberano sino en las FANB chavistas. Y cuando se repara que más de 100 altos operativos, civiles y militares, del Estado chavista han sido incriminados por delitos de lesa humanidad por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU se entiende que es muy poco probable que este régimen acepte entregar el poder por vía de negociaciones o elecciones. Y menos si la cadena de responsabilidad en la perpetración de estos crímenes, que no prescriben, llega hasta Nicolás Maduro como en efecto se ha determinado.- @humbertotweets 

María Corina seguirá hasta el final en el laberinto chavista

            Los ecos de aquel grito de combate que convocó a millones de venezolanos se desvanecen. No porque la consigna haya perdido su pertinencia histórica sino porque su abanderada la cambió por serpentina electoral. La frase acuñada por María Corina Machado “En tiranía no se vota” muy lejos de ser un slogan de marketing es -¿era?- toda una propuesta para la acción política que con sencillez y claridad resolvía lo que la falsa oposición venezolana no ha podido resolver en dos décadas para sacar al chavismo del poder.

El primer problema, y quizás el más importante de todos, es definir y caracterizar a quien nos enfrentamos. ¿Es lo que tenemos al frente simplemente un mal gobierno? ¿Es un gobierno autoritario electo democráticamente? ¿Es una dictadura? ¿O acaso un tipo especial de Estado fallido? Desde un principio, en 1999, la falsa oposición venezolana, entonces Coordinadora Democrática, se decantó por la tesis de confrontar al chavismo como a cualquier otro mal gobierno que, dadas las condiciones y garantías constitucionales, podría ser sustituido por la vía electoral.

Quizás en 1999 y en los primeros años de la era chavista esta política pudo tener una justificación porque el chavismo aún no había tomado control pleno de las instituciones del Estado Venezolano tales como los poderes legislativos, judicial y militar. Y subrayamos quizás porque ya en 1999 con la Constitución aprobada ese año resultaba obvio que el chavismo iba rumbo a sustituir al Estado nacional venezolano por el Estado chavista.

María Corina Machado tuvo un primer acierto en caracterizar correctamente a ese régimen político como una tiranía en la que una camarilla se impone por la violencia y gobierna con desprecio de ley (aunque sea la suya propia) y la justicia. Esta tiranía chavista resume todos los vicios de un mal gobierno pero además los de un Estado o régimen político que usando la fuerza contra la población civil desarmada define el marco de su legalidad con base a los intereses de la oligarquía que gobierna, no los de la nación venezolana.

A este acierto de definir con precisión a lo que nos enfrentamos se suma el segundo componente de la ecuación que vendría a ser una tesis para la acción política: No votar, no hacerse partícipe de las farsas electorales de la tiranía para darle legitimidad a su sospechoso hedor democrático. Pero ¿por qué no votar en tiranía si la mayoría de los ciudadanos la rechaza y la desprecia? Porque a diferencia de los regímenes políticos basados en un estado de derecho en una tiranía no existen condiciones ni garantías para que la voluntad de los ciudadanos sea respetada jamás. Y si estas condiciones existen no pasan de ser un adorno democrático o papel mojado como ocurre en Venezuela.

Entonces, “En Tiranía no se vota” es una propuesta política que quiere decir primero hay que cambiar el régimen político chavista y destruir su pseudo legalidad para entonces sí construir un Estado de orden y leyes donde haya condiciones y garantías democráticas para la participación electoral de todos los ciudadanos. En otras palabras la lucha debe ser por cambiar totalmente el régimen político de la Constitución de 1999, no buscar un mero cambio de gobierno en unas elecciones donde el régimen decide la fecha, quienes serán los candidatos, cuenta los votos y proclama al ganador.

Desgraciadamente para quienes creyeron -creímos- en María Corina Machado ella sin previo aviso y sin decir adiós abandonó una línea política de lucha que merecía ser profundizada. De un día para otro la cautivadora y vibrante María Corina sería seducida por las ilusiones electorales de la falsa oposición como se le identifica a todo aquel que pretende un cambio por la vía electoral dentro de la legalidad del régimen chavista.

Montada en la ola de una popularidad, bien ganada diciendo una cosa, María Corina Machado ganó cómodamente la Primaria de la falsa oposición para comenzar a decir algo totalmente diferente. Porque si es cierto que en tiranía no se vota y ahora María Corina llama a votar es porque seguramente esto milagrosamente ya dejó de ser una tiranía y entonces ahora sí deberíamos ir todos a votar. Al final María Corina ha terminado abrazada a la tesis política de la falsa oposición según la cual esto es un mal gobierno del cual se puede salir por elecciones.

Sin embargo, la admiración y el respeto que aún le mantienen miles de venezolanos lleva a que muchos de ellos, aún perplejos ante la monumental incoherencia, le concedan el beneficio de la duda. ¿Y si ella sabe algo que nosotros no sabemos? ¿Y si ella tiene el apoyo de presidentes y países que se activarán en su debido momento? Su misma retórica, una vez conocida la caricaturesca inhabilitación por parte del TSJ, anima a creer que hay esperanza y esta es electoral: “Maduro y su sistema criminal escogieron el peor camino para ellos: unas elecciones fraudulentas. Eso no va a pasar.”.

Las diferencias entre la falsa oposición y su candidata quedaron en el pasado y solo son recordadas como nimiedades. Hoy todos gritan con más vehemencia que los chavistas “Nadie nos sacará de la vía electoral”. No importa que el régimen chavista inhabilite candidatos, haga trampa, meta más presos, torture, y hasta asesine. Nada de eso importa porque somos demócratas y nadie nos sacará de la vía electoral… Y así es como le gusta hacer política al chavismo. Cuanto más humilla y ultraja a su falsa oposición esta se esmera en buscar nuevas formas para servirle.

Lo que en verdad sorprende no es que María Corina Machado haya sido inhabilitada por el Tribunal Supremo de Justicia chavista. ¿Y eso no es lo que precisamente hace una tiranía? Lo que sorprende es que ella se preste para esto y lo justifique como la única forma para salir del chavismo.

Lo que veremos en los próximos días es a una María Corina dando vueltas hasta el final en el laberinto de la legalidad chavista. Exigiendo que se cumplan los acuerdos de Barbados, pidiéndole a la comunidad internacional que intervenga, solicitando a los Estados Unidos que haga algo…que alguien, por el amor a Dios, obligue a los chavistas a cumplir su palabra! En ese laberinto de tecnicismos, pies de página y trampas legales no hay solución posible para Venezuela. En los próximos meses los dueños de las franquicias partidistas de la falsa oposición tendrán que resolver si buscan a otro candidato y sacrifican a María Corina, con su carisma y popularidad, o si por el contrario se inmolan todos agarraditos de las manos coreando “Nadie nos sacará de la vía electoral” y “Dentro de la Constitución (de 1999) todo, fuera de ella nada”

Da igual lo que hagan porque esta no es la primera vez, ni será la última, que el chavismo vaya sólo a una farsa electoral. Y que los falsos opositores no vengan a decir que eso es mejor para que el chavismo quede al desnudo ante la comunidad internacional. Como si los chavistas alguna vez hubiesen tenido algún pudor…@humbertotweets

jueves, 25 de enero de 2024

Las conspiraciones chavistas contra Nicolás Maduro

            Hace ya muchos años Venezuela dejó de tener una Fuerza Armada Nacional. En su lugar lo que tiene es una Fuerza Armada chavista que actúa como el brazo armado del régimen contra la población civil desarmada y es su principal soporte de apoyo. Esto es el resultado de la combinación de varios factores que juntos produjeron el peor de los resultados para Venezuela al no poder contar con un fuerza armada profesional e institucional sino con una banda armada que defiende un régimen político.

            Esto es el resultado de la visión cortoplacista y aventurera de la falsa oposición cuyo momento más emblemático fue el caricaturesco golpe que llevó a Pedro Carmona a una brevísima presidencia el 11 de abril del 2002. También es el producto de una generación de oficiales militares formados en la era de la democracia de partidos como unos verdaderos eunucos políticos cuyo pudor democrático en su momento les impidió defender con las armas el régimen político al cual pertenecían. Esa perniciosa y tóxica ideología es la culpable de que una gran cantidad de oficiales militares se hayan animado a ir a la plaza Altamira a protestar democráticamente contra Hugo Chávez en lugar de organizarse militarmente para sacarlo del poder.

            La partidización de las fuerzas militares en Venezuela comenzó en 1999 con la inauguración misma de la presidencia de Hugo Chávez. Pero lo que al principio fueron movimientos tácticos, tímidos y discretos tomarían la fuerza de un huracán precisamente luego del fracaso del golpe de Carmona en abril del 2002. El fracaso del golpe de Carmona le facilitaría a Hugo Chávez el trabajo de identificar con quienes no contaba dentro de esas fuerzas armadas y sería la mejor justificación para emprender una purga que terminaría expulsando a más del 60% de los oficiales reemplazándolos con fieles incondicionales con la llamada revolución bolivariana, sin importar su formación ni experiencia.

            En el 2024 solo queda una fuerza armada 100% chavista formada a la medida del Estado chavista sin la presencia de oficiales comprometidos o simpatizantes del régimen político anterior al chavismo. De manera que cualquier foco conspirativo, de rebelión o resistencia dentro de estas fuerzas armadas está necesariamente conformado por elementos de la generación chavista. Y por su estructura orgánica actual (una política donde todos están bajo sospecha y todos vigilan a todos) quienes ya han salido de la organización militar no tienen mayor influencia sobre quienes están aún dentro.

            Con esto podemos adelantar la siguiente tesis: Cualquier intento viable para derrocar militarmente al régimen chavista o reformarlo saldrá necesariamente de lo interno de sus propias fuerzas armadas, no de afuera. Esta hipótesis no incluye la intervención militar internacional que aunque muy improbable no se puede descartar y tendría igualmente que coordinarse con elementos internos de las fuerzas armadas chavista haciendo muy difícil su viabilidad.

            El fermento de la conspiración dentro de las actuales Fuerzas Armadas chavistas es fértil y fecundo, pero no por las mismas razones que animarían a ex militares que ya no pertenecen a la pirámide castrense. Aquí estamos frente a oficiales que nada tienen que agradecer al antiguo Estado de partidos y su prédica democrática. Por el contrario, esta generación de militares ha hecho de la corrupción su credo para afianzar su fe en una revolución que destruye el país a pedazos pero que les permite ciertas dádivas y ofrece expectativas de futuras prebendas a cambio de su fidelidad.

            Dentro del régimen chavista sus fuerzas armadas operan como un ecosistema propio con relativa autonomía, códigos y protocolos. La razón que tendría un oficial de la Fuerza Armada chavista para rebelarse contra la autoridad de Nicolás Maduro o la de Vladimir Padrino López no es buscar el regreso de la democracia y el régimen de libertades sino más bien sería un cuestionamiento a la incapacidad e incompetencia de ambos para que esa aceitada maquinaria de crimen y corrupción siga operando eficientemente. Es la pérdida de fe en las capacidades de Maduro y Padrino para mantener el aparato político militar chavista lo que ha alentado la inevitable pugna por el liderazgo en el sector militar donde ya se cuentan más de 6 promociones represadas porque los están arriba no quieren abandonar sus cargos a pesar de haber cumplido sus años de servicio, comenzando por el mismo ministro de la defensa.

            Nicolás Maduro en su discurso de memoria y cuenta este año indicó que en el 2023 habían intentado asesinarlo y sacarlo del poder por lo menos 4 veces. Las acusaciones sin la menor credibilidad apuntan a los Estados Unidos país que está decidido a entenderse con el chavismo por suministro de petróleo barato y a algunos dirigentes de la falsa oposición que andan loquitos por hacer lo que el gobierno les pida con tal y les permitan participar en las elecciones.

            La última de estas versiones de conspiraciones de utilería fue refrendada por el Fiscal del régimen Tarek William Saab presentando como ya es costumbre a un testigo estrella que se auto incrimina e incrimina a otros. Con base a la supuesta confesión del ex militar Angelo Heredia el régimen ordenó la captura de un grupo de militares y dictó órdenes de captura contra Tamara Sujú; Wender Villalobos; Norbey Marin; Sebastiana Barráez; Mario Carratú Molina y José Antonio Colina. Por supuesto, no hay trabajo policial o investigativo que respalde la versión poética de Saab, todo comienza y termina en la confesión del testigo estrella.

            Otras conspiraciones como la operación Gedeón también fueron ampliamente publicitadas por el régimen quien les había infiltrado y parecía estar moviendo los hilos de toda la acción hasta su desmantelamiento.

            Pero estos supuestos intentos conspirativos “desde afuera” de las Fuerzas Armadas chavistas son inocuos y no se parecen a los otros intentos de los cuales sí tenemos evidencias pero no son admitidos por el régimen. Las conspiraciones que le quitan el sueño al régimen chavista no son precisamente las que este publicita sino más bien aquellas que disimula y las que, por ejemplo, han decretado que Nicolás Maduro no podrá volver más nunca a un desfile militar en público por temor a un atentado. O aquella otra que terminó con la desaparición física de Tareck El Aissami y la detención de varios de sus operadores civiles y militares.

            El objetivo de estos montajes conspirativos mediáticos, burdos y caricaturescos por parte del chavismo no es que el común de la gente se los crea. Eso les da igual. Esto es un producto de marketing muy especial para una audiencia específica: Sus operadores civiles y militares, sobre todo estos últimos que se han desmoralizado y parecen resueltos a buscar un nuevo comandante en Jefe más competente para mantener el ecosistema criminal y seguramente egresado de la Academia Militar.

            Como siempre, cada vez que los voceros de la macolla chavista hablan hay que prestar atención no solo a lo que dicen sino a lo que callan y ocultan, porque allí es donde podremos encontrar las verdaderas claves de sus certezas y de sus temores.- @humbertotweets 

La nueva política exterior de Trump frente al chavismo

            Donald Trump está a punto de ser seleccionado candidato presidencial por el partido republicano y tiene la posibilidad real de ser electo nuevamente presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Qué se podría esperar de una segunda presidencia de Donald Trump en sus relaciones con el chavismo en Venezuela?

En principio, y como una política general del Departamento de Estado Norteamericano no habría mayor diferencia con la administración de Joe Biden en el sentido que la prioridad de Trump sería defender los intereses de los EEUU más allá de las consideraciones de derechos humanos que afectan a la mayoría de la población venezolana.

Aunque resulte odioso para los venezolanos, la realidad es que los Estados Unidos no se van a involucrar en el conflicto interno de Venezuela por lo que interesa a los venezolanos sino por lo que convenga a los intereses de los EEUU. Y habrá una disonancia permanente mientras ambas ondas de interés no estén alineadas.

Lo que sí va a marcar un cambio desde el día 1 en la política exterior de Donald Trump es su interés en buscar una salida negociada para terminar la guerra Rusia-Ucrania.

De llegarse a este punto los Estados Unidos perderían interés en tener al gobierno chavista como un proveedor confiable de petróleo barato y en su lugar buscarían afianzar aún más sus relaciones con Guyana vía ExxonMobile. Esta nueva situación geopolítica sin duda influenciaría dramáticamente la decisión de la Corte Internacional de Justicia sobre el Diferendo territorial entre Venezuela y Guyana.

No es realista esperar que un segundo gobierno de Trump emprenda acciones similares al apoyo del gobierno interino de Juan Guaidó ni tampoco que se embarque en una intervención militar. ¿Por qué? Porque los EEUU tienen formas más eficientes de proteger sus intereses.

Lo que se puede esperar de un segundo gobierno de Donald Trump es una relación entre Washington y Caracas basada en el más absoluto realismo político, siempre condicionada por la necesidad superior de los EEUU de proteger su alianza con Guyana y la del chavismo en no darle motivos a los Estados Unidos para que se involucre en los asuntos internos.

En otras palabras, es de interés para el chavismo no alterar el statu quo de esa relación.

En ejercicio del más absoluto pragmatismo es probable que Trump mantenga los canales de comunicación -que no de negociación incondicional- con el chavismo al mismo tiempo que no dudaría en prestar generosa asistencia militar a Guyana de ser necesario y, si la oportunidad se presenta, ejecutar las órdenes de captura internacional contra altos jerarcas del régimen chavista.- @humbertotweets

lunes, 22 de enero de 2024

La vía electoral nos lleva a ninguna parte

            Nuevamente estamos frente a otro año electoral. Los chavistas se frotan las manos. Los falsos opositores salivan. Los operadores políticos de ambos bandos afanosos se revisan los bolsillos y celebran la fiesta electoral. Será un año de emociones que promete oportunidades y recompensas para todos. Para todos aquellos que cumplan fielmente el guión electoral del régimen chavista.

            Así ha sido desde 1999 y así será hasta el 2030 y más allá mientras sea el chavismo quien fije las reglas del juego democrático en Venezuela. Esto es, mientras sea el chavismo quien organice las elecciones, cuente los votos y proclame los ganadores, sin derecho a auditoría o protesta.

            Esto que podría ser ilegal o incluso inconstitucional en otros países, quizás en la mayoría, aquí en Venezuela es enteramente legal de acuerdo a la pseudo legalidad en la que opera el Estado chavista. Los dirigentes de la falsa oposición, que son operadores políticos habilidosos y experimentados, saben perfectamente que esto es así. No hay manera de ganarle al chavismo unas elecciones dentro de su propia legalidad. Esto no es Colombia, Chile, ni Argentina. Esto es Venezuela, donde los criterios para una posible comparación quizás se podrían encontrar en la versatilidad de algunas repúblicas africanas.

            Sin embargo, admitir que esto es cierto significaría para la falsa oposición ponerse al margen del plan de beneficios e incentivos que el régimen chavista ofrece a cambio de la colaboración. Y para unos partidos cuyas clientelas viven de la política es vital que el régimen les lance aunque sea algunos mendrugos suficientes para seguir medrando. Alguien tendría que explicar cómo se pueden financiar partidos y campañas electorales en Venezuela donde millones de venezolanos no tienen empleo, no comen tres veces al día y están en modo permanente de supervivencia. De los chavistas sabemos cómo y dónde saquean, pero ¿y los falsos opositores de dónde sacan el dinero?

            La dinámica gobierno-oposición en Venezuela ha quedado planteada en términos de un régimen que organiza una farsa electoral con barniz viscoso, poroso y pestilente que, aunque imperfecto y cuestionado, cumple el trámite básico de apariencia democrática. Una falsa oposición que sabe que no tiene posibilidades de ganarle electoralmente al chavismo porque no hay condiciones ni garantías de transparencia, pero que está obligada a participar en la trama chavista e inventar o reciclar mil falacias para asegurar que aunque parezca increíble sí es posible ganarle al chavismo con votos.

            Tal como lo ha caracterizado correctamente el analista internacional Carlos Sánchez Berzain, esta oposición electoral al chavismo es una oposición funcional porque su función consiste en prestarse para legitimar al régimen chavista. El papel de esa oposición es buscar siempre los candidatos que con más eficacia sean los voceros de la ilusión y la fantasía electoral, cuanto más carismáticos mejor para tratar de seducir a unas masas indómitas, ariscas y desconfiadas que, en contra de toda la experiencia acumulada y la racionalidad, votar en Venezuela aún tiene sentido y es lo único que se puede hacer para salir del chavismo.

            La confrontación aparente entre Estado chavista y falsa oposición requiere de un contexto que justifique lo imposible y lo, de otra forma, inaceptable. Se requiere de un marco que ofrezca cierta racionalidad a esa ilusión para hacerla potable en las tráqueas de las clientelas, sobre todo de la falsa oposición. Este marco es el ya conocido círculo vicioso negociaciones-elecciones-negociaciones. De alguna manera hay que justificar la tesis de que aunque no existan condiciones ni garantías si es posible ganarle al chavismo por la vía electoral. De lo contrario el argumento carecería de fuerza y credibilidad suficiente para sorprender a los incautos que quedan.

            Esto lleva al inicio del ciclo con unas negociaciones donde el chavismo aparenta estar dispuesto a ceder condiciones para unas elecciones competitivas. Y hasta puede llegar a hacer concesiones insignificantes como darle uno o dos rectores en el CNE chavista a la falsa oposición. Por su parte la falsa oposición agradece la concesión y la celebra como una victoria épica porque según ellos la pelea hay que darla desde adentro o como repiten ahora a rabiar !Nadie nos sacará de la vía electoral! En otras palabras, no importa que el chavismo cuente los votos, no importa que inhabiliten a nuestra candidata, no importa que suspendan o posponga las elecciones. Sigamos en la vía electoral y gritemos con furia la consigna chavista dentro de la Constitución (de 1999) todo, fuera de la Constitución nada.

            Después de la farsa electoral del 2024 y su predecible y anticipado final vendrá, como es lógico, la fase siguiente del círculo vicioso…las nuevas negociaciones con sus respectivas promesas para las elecciones del 2030 o las que sean.

            Muchos de quienes viven de la industria electoral en Venezuela aseguran un día que el régimen chavista habilitará a María Corina Machado como candidata de la oposición, y al día siguiente cambian el análisis y dicen que no será habilitada. Un día dicen que el chavismo respetará su calendario electoral y convocará elecciones este año, y al día siguiente dicen que serán suspendidas con el pretexto de la confrontación con Guyana.

            Mientras tanto la macolla del régimen y sus operadores disfrutan porque en el terreno electoral la trama se desarrolla con el suspenso, la incertidumbre y el drama que ellos le quieren imprimir. ¿Habrá elecciones este año? Puede ser que sí, puede ser que no, lo más seguro es que nadie lo sabe. Ni siquiera Diosdado. Si conviene al chavismo habrá elecciones, si no conviene pues no. Con el aparato jurídico-político-militar en sus manos encontrar una justificación en uno u otro sentido es lo de menos. A la pregunta ¿será o no habilitada María Corina Machado? Igualmente la respuesta dependerá de lo que convenga al régimen chavista.

            Una vez que la administración de Joe Biden ha resuelto reconocer y entenderse con el gobierno de Nicolás Maduro sería un muy mal cálculo esperar que el gobierno norteamericano tenga algún interés en presionar para cambiar el status quo que impera en Venezuela. ¿Más señas? En el contexto de la liberación de Alex Saab el propio Biden reconoció los avances en materia electoral del gobierno de Maduro. ¿Cuáles?

            Dado el control que tiene el Estado chavista en todas las instancias del proceso, la vía electoral ha fracasado en Venezuela desde 1999 como forma para sacar al chavismo del poder. Esto no ha cambiado y si algo ha cambiado es para empeorar porque la fase madurista del régimen chavista hoy ha acumulado más poder que el que tuvo Hugo Chávez en 1999. Conociendo todo esto, quien apueste por la vía electoral no hace otra cosa que un vergonzoso ejercicio de colaboracionismo con el régimen chavista, aunque su rostro sea amable y su carisma seductor.

            Por eso quizás, hace unos años en un relancino momento de lucidez alguien con coraje se atrevió a desmarcarse de los falsos opositores increpándoles “En tiranía no se vota”. Porque votar en tiranía es un salto al vacío. Es la vía más segura para llegar a ninguna parte, como ya se ha visto.- @humbertotweets

jueves, 18 de enero de 2024

El chavismo y la falsa oposición le han costado muy caro a Venezuela

            Tan nefasto ha sido el chavismo para Venezuela como la falsa oposición que se presenta como su alternativa sin realmente serlo porque el tiempo ha demostrado que estos opositores de la MUD-FA-PUD no son más que justificadores del régimen chavista que dicen combatir.

            Del chavismo que está ejerciendo el poder político y militar en Venezuela se puede esperar que haga todo para seguir mandando, aunque esto signifique un daño irreparable para la república. Pero si se admitiese que la falsa oposición es un intento serio de hacer las cosas diferentes a como las ha hecho el chavismo entonces habría razón para esperar mucho más de estos falsos opositores, Lamentablemente no es así.

            Desde un principio en 1999 el chavismo le planteó a Venezuela la necesidad de someter los intereses de la nación venezolana a los intereses de algo amorfo y difuso llamado la revolución bolivariana. En nombre de esta revolución, cuyos contornos específicos estaban únicamente en la cabeza de Hugo Chávez, se justificó el desmantelamiento progresivo de la nación venezolana y sus instituciones

            Eventos que en otras latitudes quizás habrían provocado una ruptura política y militar en Venezuela fueron aceptados sin plantear confrontación alguna por parte de las fuerzas sociales y políticas. Así poco a poco se le cambió el nombre al país, se desdibujaron el escudo y los símbolos patrios, se sustituyó la historia nacional por la propaganda chavista y se destruyó el Estado nacional venezolano para dar paso al Estado chavista.

            Como los intereses de un  Estado Nacional venezolano no son los mismos que los del Estado chavista entonces la entidad usurpadora puede permitirse el lujo de sacrificar la soberanía y el territorio todo en nombre de un supuesto propósito superior que sería la llamada revolución bolivariana.

            Para seguir en el poder el lumpen chavista ha tenido que partidizar a las fuerzas armadas nacionales y hacer importantes cesiones de territorio y soberanía a grupos terroristas en las fronteras y a megabandas criminales en Venezuela. Igualmente el sostenimiento del aparato chavista pasa por la destrucción de la economía nacional dejando al país en escombros, sin comercio y sin industria, a merced de mafias que en operaciones de mediana y gran escala han convertido a Venezuela en una gigantesca factoría para el narcolavado.

            Frente a una estructura que ha confiscado todos los poderes nacionales y las garantías políticas se presenta una falsa oposición que pretende disputarle el poder al chavismo cumpliendo al detalle con sus engañosas y fraudulentas reglas de juego. La falsa oposición ha intentado, a lo largo de estas dos décadas, desplazar al chavismo en escaramuzas que cada vez revelan una inocultable voluntad de cohabitar con él más que expulsarlo del poder.

            Decir que la necia insistencia en negociar con el chavismo y prestarse a su farsa electoral cada temporada es una estrategia equivocada sería conceder que los falsos opositores actúan de buena fe y que estaríamos simplemente frente a una tesis política errónea. Pero después de 24 años de marchas y contramarchas la evidencia es abrumadora al mostrar a una falsa oposición que simplemente se acostumbró a participar en el círculo vicioso negociaciones-elecciones-negociaciones no porque realmente crea que eso eventualmente conduciría a salir del chavismo sino porque es la única forma de seguir viviendo y parasitando de la política en Venezuela.

            El único capital político con el que cuenta esa falsa oposición para seguir vigente es la desesperación de miles de venezolanos que en medio de su angustia quieren creer en las ilusiones y las fantasías por la vía electoral. La estafa funciona porque la potencial víctima quiere ser estafada y está dispuesta a cooperar en la perpetración del crimen.

            Estos son los votos que cada cierto tiempo acumulan los candidatos de la falsa oposición y que sirven para que el chavismo a discreción adjudique unos cargos que incentivan a los falsos opositores a seguir participando y a sus víctimas a seguir votando.

            Lo que también es cierto es que cada día son menos venezolanos dispuestos a seguir haciéndole el juego a chavistas y falsos opositores. Por eso la abstención sigue y seguirá aumentando ante la convicción de que votar en Venezuela bajo tiranía no resuelve nada. Igualmente la cantidad de venezolanos que continua emigrando hacia los Estados Unidos, vía el Darien, no ha disminuido en lo que significa una rotunda ruptura con el chavismo y su falsa oposición.

            A los chavistas les podemos achacar con razón la pérdida de soberanía y territorio, el desmantelamiento de la industria petrolera y el descalabro general que hoy sufre el país como resultado del sistemático saqueo que ha realizado el chavismo en dos décadas. Pero los falsos opositores al dárseles la oportunidad no han hecho menos que el chavismo. El gobierno interino de Juan Guaidó en un momento concentró todas las esperanzas de un cambio político para terminar compitiendo con el chavismo en materia de saqueo del erario nacional y vandalismo político. La inminente pérdida de CITGO, por ejemplo, no puede ser atribuida exclusivamente al régimen chavista. Esto es un crimen en el cual comparten responsabilidades tanto chavistas como falsos opositores.

            Venezuela está obligada a romper esa tenebrosa dicotomía de obligarse a escoger entre el malo y el peor. Para sacar al chavismo del poder es necesario acabar igualmente con la nociva y tóxica influencia que hasta ahora ha ejercido la falsa oposición. Si esta dinámica entre chavistas y falsos opositores se mantiene Venezuela seguirá pagando un precio cada vez más elevado en términos de soberanía e integridad territorial.- @humbertotweets 

Hay que ser más exigentes con María Corina Machado

            De la mano engañosa de la falsa oposición Venezuela ya lleva dos décadas votando sin condiciones y sin garantías políticas. Esto, que en cualquier otro sistema político sería considerado anormal, ha ocurrido tantas veces y por tanto tiempo que ahora es parte de la normalidad.

Uno de los incentivos para continuar haciendo lo mismo es que en las elecciones parlamentarias y en las regionales aparentemente la falsa oposición logra ganarle algunas veces al chavismo y este también aparentemente acepta algunas de esas derrotas.

Por supuesto, esto no ocurre con las elecciones presidenciales donde, a pesar de los esfuerzos y las encuestas, el candidato de la falsa oposición siempre llega en un digno y honroso segundo lugar, casi a punto de ganarle al candidato oficialista, pero sin efectivamente poder lograrlo.

Todas las elecciones celebradas durante la era chavista han tenido esa imagen de aparente competitividad, aunque sin condiciones ni garantías transparentes de muy poco han servido para lograr el cambio político.

Esto además sugiere sino una complicidad al menos una aceptación tácita de los candidatos opositores para participar en unas elecciones cuyo resultado cualquiera fácilmente podría anticipar.

Más allá de la narrativa épica de quienes la apoyan, la candidata de la falsa oposición María Corina Machado no podrá zafarse de la dinámica en la que se han visto sus antecesores. ¿Por qué habría de ser diferente hoy si al igual que ayer tampoco existen condiciones y garantías? Y lo emblemático de esto es que la misma habilitación de la  candidatura de Machado depende de lo que le convenga al gobierno. Sencillamente si conviene a sus intereses será habilitada y si no pues no lo será.

Muy consciente de todo lo que hemos planteado en este artículo María Corina Machado propagó masivamente la consigna “En Tiranía no se vota”. Y a esa definición política ella debería agradecerle la popularidad de la que hoy disfruta.

En algún momento ella cambió su postura y resolvió que ahora en tiranía si se vota. Al igual que sus antecesores en la falsa oposición ella no se sintió obligada a explicar o razonar su nueva postura pidiendo en cambio que se le apoye como un acto de fe ciega en sus desconocidas facultades las cuales reclaman un cheque en blanco al portador.

Después de todos los engaños que han perpetrado los candidatos de la falsa oposición lo menos que se puede esperar del venezolano promedio es el escepticismo militante como una respuesta reflejo frente a los cantos de sirena.

María Corina Machado hoy ocupa la representación que ayer le correspondió a Francisco Arias Cárdenas, Manuel Rosales, y Henrique Capriles Radonski. A ella no se le puede pedir menos que a los otros. Por el contrario, tomando en cuenta la destreza que ha demostrado la falsa posición para reinventarse y reciclar sus promesas en cada uno de sus candidatos con María Corina Machado habría que ser más desconfiado, suspicaz y escéptico para que el desengaño y la desesperanza no tengan efectos demoledores.- @humbertotweets