jueves, 7 de noviembre de 2024

Política en la zona de tolerancia

            Hay varias cosas que son evidentes en la actual coyuntura política que vive Venezuela. El régimen chavista opera con estrategias y métodos propios de un sistema totalitario como el cubano y ensaya su propia versión de fascismo. La inmensa mayoría de los venezolanos desconoce, repudia y ha expresado rechazo a ese régimen de varias maneras. La naturaleza totalitaria y fascista del régimen chavista lo lleva a cancelar las instituciones democráticas y usar la fuerza para mantenerse en el poder.

            En ausencia de garantías constitucionales para la participación política es imposible aspirar a un cambio de régimen desde las entrañas del mismo régimen o respetando su pseudo legalidad como vanamente ha intentado la falsa oposición electoral en estos 25 años.

            Para sacar del poder a un régimen fascista y totalitario como el chavista no existe otra salida que las vías de fuerza bien sean éstas derivadas de un conflicto interno o externo. Internamente las opciones serían un levantamiento popular que logre apoyos de sectores militares o una rebelión militar dentro de las propias fuerzas militares chavistas. Ambas opciones lucen hoy distantes por la ausencia de una resistencia organizada políticamente y la represión masiva y sistemática que aplica el régimen a la población civil desarmada y a sus propios militares para prevenir una rebelión.

            Esto deja sobre la mesa la opción de una eventual intervención militar internacional cosa que se dice muy fácilmente pero que por sus graves implicaciones nunca logra materializarse. Lo primero que hay que comprender es que ningún país, ni siquiera los Estados Unidos, está obligado a intervenir en el conflicto interno de Venezuela para corregir la situación. Y esto es así porque la racionalidad de cada estado es actuar en defensa de sus propios intereses no en defensa de los intereses de otros.

            Casi siempre se invoca la presunta jurisdicción universal de los derechos humanos para justificar la intervención de un Estado en los asuntos internos de otro, pero ese argumento retórico en realidad enmascara una realidad geopolítica cuando un Estado llega a la conclusión que es vital para sus intereses intervenir en los asuntos de otro.

            El punto aquí es entender que ningún país entrara en un conflicto directo con Venezuela solo para salvar a los venezolanos del fascismo chavista. Y mientras esto sea así no veremos más que declaraciones diplomáticas de condena al régimen y solidaridad con los venezolanos unas más altisonantes que otras, pero nada más.

            El chavismo entiende esta dinámica y la explota en su beneficio. Esto le permite atacar a los Estados Unidos en foros internacionales como la ONU al mismo tiempo que en forma puntual y confiable le suministra petróleo barato. Y no se olvide que a pesar de estar formalmente rotas las relaciones entre Venezuela y los EEUU las negociaciones entre ambos continúa en forma fluida, directa y sin intermediarios.

            El Estado chavista parece haber encontrado una zona de tolerancia en la cual puede insultar y vejar a sus pares internacionales sin mayores consecuencias en la medida en que no afecte intereses sensibles de otros Estados. Esta política le ha rendido dividendos a un país como Cuba que sobrevive y colapsa en las narices de los Estados Unidos sin que este país muestre la menor intención de querer intervenir para salvar al pueblo cubano como también podría considerar hacerlo con el venezolano.

            A las acusaciones de los vínculos del régimen chavista con organizaciones terroristas antinorteamericanas como Hamas y Hezbollah los Estados Unidos no les ha otorgado credibilidad y quizás por eso aún Venezuela no entra en la lista de países enemigos de los EEUU. Sin embargo, hay sectores envalentonados dentro del régimen chavista que están presionando para hacer un pacto con Irán que le permita a este país instalar un complejo industrial militar en Venezuela. De concretarse esta operación la misma constituiría un acto de provocación que no pasaría desapercibido para los Estados Unidos y el abandono inmediato de la política en la zona de tolerancia que hasta ahora ha beneficiado al chavismo.- @humbertotweets

lunes, 4 de noviembre de 2024

Por fin el fascismo chavista tendrá que negociar

            En la era chavista y desde 1999, la idea que se tiene en Venezuela de una negociación política se ha pervertido y degradado para quedar convertida en una maniobra grotesca y recurrente que le permite al chavismo burlarse de las partes y ganar tiempo para las jugadas subsiguientes.

Esta ha sido historia desde aquellas mesas de negociación que montó José Vicente Rangel con el Centro Carter hasta el día de hoy.  No importa si el chavismo negocia con la falsa oposición, si la contraparte es el gobierno de los Estados Unidos o si el garante es el majestuoso reino de Noruega. El resultado es el mismo. El chavismo siempre logra eludir los compromisos escritos, generalmente argumentado algún extraviado pie de página o alguna nota al margen escrita en tinta invisible que había pasado inadvertida para la contraparte.

Las negociaciones entre el chavismo y la falsa oposición solo han servido para entretener a estos opositores con los mendrugos electorales logrando casi siempre llevar a estos operadores políticos mansamente al matadero electoral. Ni siquiera María Corina Machado se salvó de la suculenta tentación chavista de participar en el fraude electoral del 28 de julio pasado con la fantasiosa idea de que el chavismo perdería, aceptaría el resultado y entregaría el poder.

Similar experiencia ha tenido el gobierno de los Estados Unidos, adicto al petróleo barato y confiable, al creer que el chavismo haría significativas concesiones en materia electoral y hasta sería parte de una transición para dejar el poder si los EE UU liberaban a los narcosobrinos que en su momento fueron una preciosa pieza de trueque. Los Estados Unidos cumplieron su parte, en una jugada legal insólita que algún día tendrá que ser revisada por el sistema legal norteamericano. Sin embargo liberados los narcosobrinos el chavismo no cumplió con lo prometido y se limitó a liberar a los ciudadanos norteamericanos que tenía como rehenes lo cual redujo esta ambiciosa operación política a una más simple de canje de prisioneros.

Pero el chavismo siempre pide más, a veces para probar la resistencia de su contraparte, y a la liberación de los narcosobrinos se sumó la audaz demanda de liberar al operador chavista Alex Saab. Esto que también parecía improbable fue otorgado prácticamente a cambio de nada.

Quienes desde la falsa oposición venezolana y la comunidad internacional insisten en plantear una salida negociada con el chavismo parecen olvidar que la negociación como tal nunca es un fin en sí mismo sino que más bien es un vehículo o un instrumento que conduce a otras situaciones. Pero además deliberadamente se ignora lo más importante: una negociación, cualquiera que ella sea, no brota del deseo o la voluntad de las partes sino más bien de las necesidades reales y materiales que obligan a éstas a buscar una situación transnacional de entendimiento.

La falsa oposición venezolana  ha creído, y aún está convencida, que el chavismo necesita legitimidad para gobernar y mantenerse en el poder. Esta idea totalmente falsa los lleva a pensar que para el chavismo es esencial un resultado electoral transparente y creíble. Por lo cual con la esperanza de que el chavismo no se atreva a ser tan vulgar y grotesco a la hora de robarse las elecciones se abren las posibilidades de derrotarlo electoralmente. Y suponiendo que al chavismo realmente le importa que no le identifiquen como una tiranía fascista entonces quizás hasta entreguen el poder.

La realidad ha demostrado que el chavismo no necesita de las elecciones para seguir en el poder, que tampoco importa que le llamen tiranía y que además el asunto de la legitimidad para ellos es absolutamente irrelevante.

Con los Estados Unidos ocurre algo parecido porque en realidad el chavismo puede seguir operando a escala internacional sin el reconocimiento formal de los Estados Unidos, aunque esto es más simbólico porque en la práctica los Estados Unidos reconocen al Estado chavista como el poder político realmente existente en Venezuela. Lo que si no es posible para los Estados Unidos es prescindir de un proveedor barato y confiable de petróleo como Venezuela, sobre todo para sostener sus compromisos con Ucrania en la guerra contra Rusia.

Es suma, mientras no exista una situación que lleve al régimen chavista a un estado de necesidad y lo obligue a ceder algo para conseguir otra cosa de valor ninguna negociación será posible. Desde esta perspectiva hemos argumentado en el pasado que una situación de guerra interna o externa que fracture al Estado chavista podría perfectamente reproducir las condiciones necesarias para una negociación verdadera con algunas de las facciones del régimen. Pero esa es una posibilidad que al día de hoy parece aún muy distante.

Sin embargo, en las últimas semanas se ha revelado una situación que se venía fermentado desde hace tiempo y que si parece obligar al chavismo a negociar de verdad. Esto es, a emprender una negociación verdadera y no las caricaturas ejercitadas con la falsa oposición y los Estados Unidos.

El veto de Luiz Inacio Lula Da Silva para que Venezuela entre al grupo de los BRICS ha sido un duro golpe que ha puesto al chavismo a la defensiva. El régimen chavista no tiene absolutamente nada que aportar al bloque de los BRICS, ni siquiera petróleo. Es el Estado chavista quien necesita desesperadamente arrimarse a los BRICS para participar de los beneficios financieros que le permitan los recursos suficientes para pagar por el mantenimiento de su Estado militar-policial.

Es la primera vez en muchos años que el chavismo quiere algo que necesita en forma desesperada para sobrevivir y no puede conseguirlo con empujones ni amenazas. Vladimir Putin, aliado del régimen chavista y voz influyente en los BRICS, habría dicho que Venezuela tiene que resolver su situación directamente con Brasil para poder entrar al grupo. Y Brasil ha dicho que hasta que el chavismo no muestre las actas del 28J “desglosadas por mesa” no reconocerá al gobierno de Maduro y tampoco levantará su veto para que Venezuela entre a los BRICS.

Finalmente, el régimen chavista vulgar, altanero y arrogante, en contra de su voluntad  y obligado por las circunstancias tendrá que sentarse a negociar con Brasil y tendrá que ceder algo de valor para lograr lo que quiere. En otro artículo analizaremos porque Brasil actúa de esta manera, más allá de la simplista explicación que lo atribuye al fraude electoral del 28J. Por ahora hay que seguir con atención esta nueva dinámica que obliga al régimen chavista a sentarse a negociar de verdad por primera vez en muchos años. Y por supuesto habrá que calibrar la posición de Brasil quien tiene la posibilidad única e histórica, no de sentarse a negociar con el chavismo sino de ponerlo de rodillas en todos los terrenos. Porque la tentación de hacerlo es muy grande.- @humbertotweets

jueves, 31 de octubre de 2024

“Con Lula hemos topado”

            Precisamente cuando el fascismo chavista venía desenfrenado linchando físicamente a quienes no le apoyan y burlándose de toda la llamada comunidad internacional de repente se ha encontrado contra su peor némesis: El Brasil que preside Luiz Inacio Lula Da Silva.

            El proverbio popular dice que no hay peor cuña que la del mismo palo. El progresivo pivote de la postura de Brasil hacia el chavismo en Venezuela en cierta forma sorprende porque se trata de un legendario aliado internacional del régimen chavista cuyas posiciones ideológicas parecen ser similares.

            Sorprende que un gobierno autodenominado socialista, que ha sido instrumental para el sostenimiento internacional del régimen chavista, no sólo haga presión para que el chavismo demuestre que efectivamente ganó las elecciones el pasado 28 de julio sino que además parece dispuesto a castigar la conducta inmoral del Estado forajido.

            Sin embargo, para un análisis más comprensivo de la nueva postura de Brasil frente a Venezuela hay que recordar y subrayar que este giro se comenzó a manifestar en forma pública con los pactos de cooperación militar y las maniobras de entrenamiento bélico entre Brasil y Guyana. Esto ocurrió después del 2018 cuando Guyana, que mantiene una disputa territorial activa frente a Venezuela, acudió unilateralmente a la ONU para pedir una resolución al diferendo sobre el Esequibo y la Corte Internacional de Justicia se declaró competente para conocer la materia.

            La posición de Venezuela para recuperar el control soberano del Esequibo es débil no sólo por la incompetencia y torpeza del régimen chavista sino por la correlación de fuerzas a nivel internacional donde se ha creado un consenso tácito para avalar una eventual decisión de la CIJ concediendo plena soberanía a Guyana sobre el territorio en disputa.

            Es en este nuevo marco geopolítico que el Brasil de Lula, otrora aliado del chavismo, atendiendo a sus propios intereses, decidió fortalecer sus relaciones militares con Guyana mostrando una evidente preferencia en este conflicto.

            Este giro de Brasil seguramente fue percibido por el chavismo pero al mismo tiempo desestimado ya que para el Estado chavista lo realmente importante es seguir en el poder sin importar que eso signifique hacer concesiones territoriales a otros países o incluso perder el Esequibo.

            El chavismo no reconoció la hostilidad de Brasil cuando este país se declaró como un aliado militar de Guyana sino cuando Brasil ejerció su derecho de veto en los BRICS para impedir la entrada de Venezuela. Sólo en ese momento el régimen chavista replanteó su política frente a su antiguo aliado al punto de estar muy cerca de una ruptura de relaciones.

            Brasil habría planteado que hasta tanto no se muestren las actas “desglosadas por mesa” este país no reconoce a Nicolás Maduro como el ganador del 28J y adicionalmente lo descalifica para ser miembro del emergente grupo de los BRICS. Esto es sin duda un duro golpe para el régimen chavista que puede vivir cómodamente con la pérdida del territorio Esequibo pero no sin la ansiada ayuda financiera de los BRICS para sostener su aparato político militar-policial.

            Nicolás Maduro atendió la última reunión de los BRICS sólo para jugar el lastimoso papel de la novia plantada en el altar. Con el veto de Brasil Venezuela no entra en el grupo. Y honrando los protocolos de funcionamiento de esa alianza geopolítica y comercial Vladimir Putin presidente de Rusia, quien favorece la aspiración de Venezuela, habría dicho que el régimen venezolano tiene que entenderse con Brasil para resolver el veto.

            Es quizás la primera vez en 25 años que el chavismo está obligado a negociar en serio porque se encuentra en la difícil situación de querer algo que no es posible lograr por otros medios. Estas no serán el tipo de negociaciones donde un altanero Jorge Rodríguez abofetea al ex rector Vicente Díaz y se desdice con desenfado de un acuerdo suscrito y firmado como lo ha hecho varias veces con los Estados Unidos.

            Estas negociaciones que empezaran en cualquier momento entre Venezuela y Brasil serán diferentes a las realizadas con la falsa oposición, porque si el régimen chavista no pone en la mesa algo de valor político y geopolítico sustancial y tangible no entra a los BRICS. Y esto tendría dramáticas y decisivas consecuencias para el régimen venezolano.

            “Con Lula hemos topado, Sancho”. Ya era hora.- @humbertotweets

lunes, 28 de octubre de 2024

Victorias que son derrotas

            Las guerra mediáticas que se libran entre el chavismo y la oposición muchas veces ocultan o enmascaran los desarrollos reales de estas confrontaciones induciendo a ver victorias y derrotas que no son tales, pero cuya difusión en realidad busca un efecto propagandístico en sus respectivos seguidores.

            No resulta fácil discernir cuando un evento como las elecciones del 28 de julio constituyen una derrota efectiva para el régimen chavista o por el contrario es una escaramuza que le permite atornillarse aún más el poder.

            Para la oposición que dirigen María Corina Machado y la MUD el robo de las elecciones del 28 de julio constituye una derrota para el chavismo. La medida que esta oposición usa para caracterizar dicho evento como una derrota es que efectivamente millones de venezolanos acudieron a votar y lo hicieron masivamente en contra de Nicolás Maduro,  como se desprende de las actas difundidas y no aceptadas por el CNE chavista.

            Sin embargo, a pesar de esa masiva votación en contra que obligó al chavismo a robarse las elecciones sin ningún reparo, el régimen chavista sigue gobernando en Venezuela y la escalada represiva lo muestra más bien como impune, altanero y aún poderoso desde el punto de vista militar-policial.

            Entonces, si el resultado del masivo fraude electoral del 28J no contribuyó para sacar al chavismo del poder o fracturar su estructura habría que definir con más precisión cuáles son las características de una derrota y las de una victoria para saber cuándo estamos frente a una u otra situación. Lo contrario a esto es lo que ha venido haciendo la oposición de la MUD que cada vez que el régimen chavista estornuda o tose dice que estamos frente a una crisis terminal cuyo desenlace se confirmaría en días.

            El chavismo por su parte también manipula para ofrecer a sus clientelas y operadores una imagen falsa de la realidad. Además de aprovechar cada oportunidad para mostrarse como un régimen fuerte que se mantiene incólume a pesar de las ligeras sanciones internacionales el chavismo insiste en mostrar una imagen inexistente de Venezuela solo para animar a sus seguidores, muchos de los cuales se han sumado a las oleadas migratorias ante la insufrible situación que reina en el país.

            Tratando de delinear con mayor precisión la idea de derrota o la de victoria diremos que todo aquello que objetivamente le reste poder material al chavismo es un signo de derrota y por consiguiente todo aquello que materialmente ayude a mantener su condición actual sería un signo de victoria o de fortaleza.

            De esta forma podemos decir que si el fraude electoral perpetrado el pasado 28 de julio no contribuyó a socavar el soporte militar en el que se apoya el régimen chavista entonces difícilmente se puede decir se trata de un régimen derrotado. Desconocer esto es seguir flotando en una nebulosa de deseos y fantasías para alimentar falsas esperanzas de las que sin duda alguien se está beneficiando.- @humbertotweets

jueves, 24 de octubre de 2024

El fascismo chavista del siglo XXI no entra a los BRICS

            El ejercicio del fraude electoral del 28J ha obligado a los más conspicuos aliados internacionales del chavismo a replantearse su relación formal y material con el régimen chavista. La forma tan burda y grotesca mediante la cual el chavismo se ha robado las elecciones ha degradado ese evento al nivel de una basura incomible incluso para aliados importantes tales como Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil y Gustavo Petro de Colombia.

En ambos casos estos presidentes, otrora defensores internacionales del régimen chavista, hoy muestran asco, vergüenza y pudor frente al robo de las elecciones en Venezuela y de muchas maneras evitan ser asociados con esa felonía. No es que Lula y Petro estén genuinamente interesados en apoyar un cambio político en Venezuela es que su cercanía con el régimen chavista es percibida como aberrante por sus respectivos electores y le plantea a ambos presidentes una inminente pérdida de votos en futuros comicios electorales.

            Petro lucha desesperadamente para dar una imagen de autonomía y criterio propio frente a sus electores, sin lograrlo, al tiempo que parece ceder ante el chantaje del régimen chavista que amenaza con dinamitar las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y grupos guerrilleros, en las cuales el chavismo actúa como un extraño y sospechoso mediador.

            La situación de Lula es diferente y su posición parece el resultado de un progresivo acto de pivote político que comenzó hace unos años con la formalización de pactos militares entre Brasil y Guyana, país que intenta arrebatarle a Venezuela el territorio Esequibo. Durante todo este tiempo Brasil venía actuando simultáneamente como aliado militar de Guyana y aliado político del régimen chavista.

Aunque esto nunca fue percibido como una contradicción por el chavismo, Brasil emprendió un progresivo y casi imperceptible alejamiento del chavismo hasta alcanzar su punto culminante con el no reconocimiento del triunfo de Nicolás Maduro el 28J tal como habría esperado el chavismo de uno de sus más firmes aliados en el pasado.

            Pero Brasil con Lula no se ha conformado con asumir una actitud beligerante a la hora de no reconocer a Maduro como ganador y exigir la publicación de las actas con los resultados electorales desglosados por mesa de votación. Brasil ha ido mucho más lejos. Ahora Brasil ha confirmado oficialmente que no aprobará la solicitud de ingreso de Venezuela al grupo de los BRICS como ansiosamente esperaba el régimen chavista.

            Y para un régimen que esperaba beneficiarse económicamente de esta alianza para mitigar el desastre económico en el que está sumida Venezuela esto es sin duda una importante derrota que limitará severamente su acceso a recursos financieros afectando sensiblemente su operatividad interna.

            El miedo que no sintió el chavismo el 28 de julio es el que invadió a sus principales operadores cuando incrédulos se enteraron de la nueva posición de Brasil frente a Venezuela en relación a su ingreso a los BRICS. La membresía en este grupo es el resultado de negociaciones que en forma consensual terminan en una invitación formal a unirse al grupo. Ya el año pasado cuando India habría objetado el ingreso de Venezuela, otros miembros tales como Rusia, China y Brasil intercedieron en favor de Venezuela.

            Hoy ese cuadro ha cambiado y Brasil se suma a la tesis de impedir que el fascismo chavista del siglo XXI ingrese a los BRICS. Un duro golpe para un régimen que necesita en forma desesperada recursos para mantener la utilitaria lealtad de sus fuerzas militares. Aun habría que esperar el desarrollo de las sesiones de los BRICS en los próximos días y ver si Rusia y China ceden ante la postura de Brasil o si por el contrario en defensa de sus intereses geopolíticos insisten en favorecer al chavismo.- @humbertotweets

lunes, 21 de octubre de 2024

María Corina Machado frente al chavismo fascista del siglo XXI

            La gran debilidad de la oposición venezolana frente al chavismo consiste básicamente en fallar a la hora de caracterizar al régimen y entender cómo operan sus mecanismos internos. Hasta ahora las denominaciones usadas para etiquetar al régimen chavista van desde un mal gobierno, pasando por la de un sistema autoritario y llegando hasta la de una corporación criminal agenciada para el delito, entre muchas otras.

            Cada una de estas etiquetas provoca una estrategia distinta y diferente para enfrentar al régimen. Por ejemplo, una de las más usadas es la de “régimen autoritario”. Esta invita a un reconocimiento del sistema político-jurídico-electoral y a partir de allí tratar de ejercer presiones internas e internacionales para que el régimen en acatamiento a su propia legalidad entregue el poder.

Esta es la base angular de la vía electoral cuyo último episodio ocurrió el pasado 28 de julio. Sin embargo al no existir mecanismos institucionales como soporte de un estado de derecho la voluntad de la mayoría queda brutalmente burlada con el robo descarado de las elecciones frente a lo cual no existe ni siquiera el recurso de apelación.

La concepción de “régimen autoritario” aconseja agotar todas las vías institucionales internas (aunque estas estén controladas totalmente por el chavismo) y externas para corregir el exabrupto. Esto es precisamente lo que ha hecho la MUD y María Corina Machado al constatar que no hay forma de lograr reconocimiento legal para la elección de Edmundo Gonzalez dentro de Venezuela y proseguir en la búsqueda de un reconocimiento internacional.

Pero esas vías institucionales tanto internas como externas actúan más bien como una camisa de fuerza que como una energía liberadora. Internamente el Tribunal Supremo de Justicia, en nombre de la legalidad del régimen chavista y su Constitución de 1999 a cuyo imperio se someten María Corina Machado y la MUD, ha dicho que el presidente electo es Nicolás Maduro.

La llamada “comunidad internacional”, que como tal orgánicamente es inexistente, se ha expresado en las declaraciones individuales de varios Estados que cuidadosamente identifican a Edmundo Gonzalez como el ganador del 28 de julio pero al mismo tiempo se abstienen de reconocerle el estatus de Presidente Electo.

Hemos planteado en otras oportunidades que una cosa es expresar simpatía en términos diplomáticos por la victoria de Edmundo Gonzalez y otra muy distinta es declararle la guerra al Estado chavista para que le entregue el poder al hombre que esos países reconocen como el ganador del 28J. Mientras lo segundo no ocurra lo primero no será más que un simbólico saludo a la bandera.

Últimamente también hemos visto como María Corina Machado le ha enviado mensajes tanto a los militares como a los jueces (en ambos casos de indiscutible filiación chavusta) haciéndoles un llamado a reconocer la voluntad de los venezolanos expresada el 28 de julio y respetar la Constitución y las leyes (la legalidad chavista establecida en 1999).

Estos llamados no son otra cosa que una consecuencia del ejercicio de la vía electoral frente a un régimen que Machado aún considera es autoritario y que contiene algunas partes que se pueden salvar. La invitación de MCM asume que dentro del régimen chavista todavía quedan reservas institucionales en los poderes judicial y militar que podrían rebelarse en contra de la macolla dirigente.

Sin embargo, la premisa de la que parte María Corina Machado es equivocada y conduce a una estrategia errónea. No existen tales reservas como desearía Machado. Dentro del régimen chavista hay grupos definidos por el reparto de los privilegios y el botín, pero todos, sin excepción hacen causa común a la hora de defender un régimen que les permite seguir saqueando en nombre de la revolución.

Este empeño en saquear y lucrarse en nombre de la revolución tiene un sustrato cultural e ideológico que con sus matices se apoya en sólidos elementos de la doctrina fascista tales como la instauración de un estado totalitario, la imposición de un régimen de partido único y la destrucción de la persona. En el fascismo chavista del siglo XXI los clanes de poder no actúan como una federación sino más bien como grupos definidos por intereses particulares y utilitarios pero integrados en un solo sistema que ha demostrado una gran capacidad para reproducirse y depurarse para seguir en el poder.

El carácter eminentemente fascista del régimen chavista es lo que falla en reconocer o admitir María Corina Machado y lo que la lleva a seguir pidiendo reconocimiento a los resultados electorales del 28J y enviarles mensajes a los componentes de ese Estado para que se rebelen. Quienes integran los poderes militar y judicial dentro del Estado chavista no son elementos extraños a dicho régimen, todos ellos son parte del Estado fascista que hay que derrocar y razón por la cual nada se puede esperar de ellos como ingenuamente aspira María Corina Machado.- @humbertotweets

jueves, 17 de octubre de 2024

Cambios militares: Otro trapo rojo del chavismo

            La situación política en Venezuela se podría caracterizar en la actual coyuntura como un realineamiento de las fuerzas del régimen, dispersión e incertidumbre en el campo opositor mientras la destrucción del país avanza y la emigración obligada aumenta.

            La oposición que lidera María Corina Machado y la MUD no ha logrado estructurar una estrategia viable para disputarle por la vía de los hechos el poder al chavismo. No se puede desmeritar ni minimizar el triunfo electoral de Edmundo Gonzalez el pasado 28 de Julio, pero tal como ya se había advertido la MUD y MCM carecían de una estrategia para lograr que el chavismo les entregara el poder por las buenas.

Esto ha lanzado la lucha opositora por los terrenos inciertos de una presión internacional al tiempo que en forma improvisada se trata de alimentar a cualquier precio la esperanza en la gente de un desenlace en el corto plazo

            Por su parte, el chavismo toma las medidas propias de un régimen que no muestra la intención de entregar el poder. La represión contra operadores de los partidos de la MUD y contra civiles desarmados ha aumentado y cada día escala a niveles más violentos haciéndose ahora extensiva a los menores de edad.

            El régimen chavista parece muy cómodo con el rechazo internacional que aún no supera las fronteras de la retórica diplomática. Mientras tanto en Venezuela se preparan cambios que buscan asegurar la permanencia de esa claque fascista en el poder.

            Hace unos días se anunciaron las sustituciones de los jefes de la DGCIM el MG Iván Rafael Hernández Dala y del SEBIN GJ Gustavo Enrique Gonzalez López. Estos movimientos, que son normales en regímenes fascistas como los de Cuba y Venezuela, fueron calificados inmediatamente por la oposición como señales inequívocas de una fractura militar. A estos cambios se suman otros en los componentes militares y por supuesto la ratificación de Vladimir Padrino López como Ministro de la Defensa y de Domingo Antonio Hernández Lares como jefe del CEOFANB.

            Este movimiento llevó a operadores y analistas vinculados a la MUD a propagar toda suerte de fábulas sobre presuntas crisis y miedos en el régimen chavista y más específicamente en su sector militar. Como esto es algo que todo el mundo desea escuchar las distintas versiones y “análisis” sobre fracturas y rupturas militares sonaron como música celestial para muchos incautos.

            Este es el clásico trapo rojo que el régimen chavista agita con su mano izquierda mientras con la mano derecha, en la actual coyuntura, aprovecha para aprobar las nuevas leyes electorales que regularan el fraude electoral del 2025 y hace una renovación de cuadros en el llamado Poder Ciudadano, esto es para elegir al Defensor del pueblo, al Contralor y el Fiscal General de la República. Siendo el cargo que hoy ostenta Tarek William Saab el de mayor notoriedad pero que seguramente por sus actuaciones se encamina a una ratificación.

            No vemos en los cambios militares ni en los cambios del Poder Ciudadano signos de división, crisis o fractura en el Estado chavista como sugieren algunos fabuladores. Por el contrario vemos a un régimen que se reagrupa para tratar de hacer más eficiente su aparato militar y policial de represión. Para lograr esto al igual que el régimen cubano el chavista hace purgas periódicas para sacar no necesariamente a quienes están conspirando, que serían muy pocos, sino a aquellos que lucen menos beligerantes y fanáticos que otros.

            La presunción de que el fin del chavismo será por vías de fuerza le otorga crédito a las versiones de supuestas divisiones internas en sus fuerzas militares. Es cierto que hay luchas internas por el poder, como ocurre en cualquier otro régimen político, pero estas se dan en el contexto de un ecosistema cerrado que hasta ahora ha demostrado una gran capacidad para reproducirse, reacomodarse y adaptarse.

            Mientras seguimos distraídos esperando que unos militares chavistas atiendan el llamado a rebelión que les hace María Corina Machado el régimen aprovecha para avanzar sus posiciones más allá del 10 de enero.

            Se requiere de un debate profundo y un replanteo total de la estrategia y los métodos de lucha de la oposición venezolana para verdaderamente articular una lucha que sea viable y exitosa para derrocar al chavismo.

            Pero aún estamos muy lejos de eso y mientras tanto seguimos dándole vida a las falsas esperanzas con trapos rojos que se agitan por doquier.- @humbertotweets