lunes, 12 de diciembre de 2022

¿Qué se logró con el Interinato?

            La falsa oposición siempre prisionera de su fidelidad a la constitución chavista de 1999 ha sido incapaz de articular una política y una estrategia viable para enfrentar y sacar al chavismo del poder. La idea de crear un gobierno interino surge precisamente como una de esas taras deudoras de la legalidad chavista impuesta desde 1999. El argumento básicamente consistía en alegar el desconocimiento de Nicolás Maduro proclamado ganador en las elecciones fraudulentas del 2018 y ante ello la Asamblea Nacional del 2015 llenaría el vacío legal con un gobierno designado por ella en forma interina…hasta que haya elecciones libres en Venezuela. En el 2019 eso sonaba más o menos como a un gobierno eterno.

            Varios países, incluidos los Estados Unidos, no se dieron cuenta al principio que lo que parecía el quiebre del Estado chavista no era más que una operación improvisada llena de espontaneísmo y voluntarismo. El reconocimiento de la llamada comunidad internacional fue clave para darle vida a una construcción básicamente montada en el aire y en la cabeza de sus promotores. Era preciso darle un sustrato material a esa entelequia política y esto se resolvería al abrirle los grifos de la ayuda humanitaria internacional y transferirle el control al interinato de los activos de Venezuela en el exterior.

            Desde este punto en adelante el gobierno interino presidido por Juan Guaidó se convirtió en otro eje de corrupción pública igual o peor que el chavismo en Venezuela. Tiene que ser peor porque el interinato saqueó fondos públicos en menos de tres años en proporciones que al chavismo le ha tomado veinte. Además se asume que estos eran los honestos y la alternativa moral a los otros. Gran decepción para millones de venezolanos que vieron sus ilusiones y esperanzas de cambio enterradas en manos de unos negociantes de la política.

            La cualidad única de eludir los controles de los órganos chavistas en Venezuela y de los países donde estaban localizados esos activos y dineros le permitió al gobierno interino la perfecta y cómoda excusa legal para no rendir cuentas en ninguna parte. Ni siquiera a la propia Asamblea Nacional que le había dado origen donde algunos diputados reclamaban no saber que se estaba haciendo con los recursos en manos del gobierno interino.

            Los escándalos del Cucutazo, CITGO, Monómeros, el cobro de comisiones por recuperar activos, fueron algunos de los eventos más memorables del Interinato. El pago en dólares de operadores de las diferentes franquicias partidistas en calidad de embajadores, asesores y analistas fue otra característica vergonzosa de ese gobierno de caricatura pagado con dineros de los venezolanos.

            Desde la política real el interinato no logró nada positivo para Venezuela. Nunca actuó como un gobierno efectivo en capacidad de ejercer políticas o de acaso siquiera organizar una fuerza armada. El llamado gobierno interino manejó miles de millones de dólares para pagar la corrupción política al tiempo que fue incapaz de arrebatarle un metro cuadrado de territorio al chavismo.

            El descrédito político y la bancarrota moral del gobierno interino ha sido de tal magnitud que el chavismo optó por dejarlo operar mientras hábilmente abría canales de negociación directa con los Estados Unidos quien en definitiva y a instancias de esas negociaciones decretaba la muerte del interinato.

            La cesación de la aventura del gobierno interino ya está pactada y en eso están de acuerdo las principales franquicias partidistas que integran el G4, menos, por supuesto, Voluntad Popular. De ese ejercicio de improvisación y saqueo no queda nada útil. Solo queda una frustración más y la lección aprendida de no seguir dándole cheques en blanco a la falsa oposición.

El gobierno interino de Juan Guaidó fue una idea fracasada de la falsa oposición como hoy lo es las negociaciones con el chavismo y el empeño en ir a otras elecciones fraudulentas, sin condiciones ni garantías. A partir de estos fracasos y de estas lecciones es preciso el diseño de una política viable, realista, con los pies en la tierra, que efectivamente acumule fuerzas para sacar al chavismo del poder. Pero eso nunca, jamás, ocurrirá con los factores de la falsa oposición.- @humbertotweets 

jueves, 8 de diciembre de 2022

¿Quién ganó con los acuerdos de México?

            Tanto el chavismo como la falsa oposición celebran y se asumen triunfadores con la firma del acuerdo parcial en México. No solo eso, ambos coinciden en afirmar que se trata de un acuerdo humanitario para beneficio de los venezolanos. Pero más allá de la retórica es preciso desentrañar quién gana y quién pierde en un proceso de negociaciones entre el chavismo y la falsa oposición que ha sido visto con desconfianza e indiferencia por la mayoría de los venezolanos.

            Esta nueva ronda de negociaciones comenzaron hace aproximadamente un año supuestamente con el propósito de lograr mejores condiciones y garantías electorales. Esto es algo que en cualquier otra democracia se asume como un hecho indiscutible y dado. Pero no en Venezuela donde el chavismo controla todas las instancias del proceso electoral para asegurarse resultados favorables. Y si eventualmente la cuenta electoral falla, como ocurrió en el 2015, entonces el Estado chavista dispone de mecanismos “legales” para cambiar el resultado electoral por uno a su medida.

            Discutir con el chavismo cambios en ese sistema electoral viciado fue la razón inicial ofrecida por la falsa oposición para negociar en México. Mientras para la falsa oposición el objeto de la negociación se centraba en condiciones y garantías electorales, para el chavismo lo era lograr reconocimiento internacional como régimen político y levantamiento de las sanciones impuestas por los EEUU y otros países.

            Poco tardaría la representación del chavismo en descartar cambios a su sistema electoral y abruptamente abandonar la mesa de negociaciones exigiendo negociar directamente con los Estados Unidos y la liberación del supuesto diplomático Alex Saab. Así las negociaciones quedaban suspendidas por tiempo indefinido dejando a chavistas y falsos opositores entretenidos con los preparativos para participar en unas elecciones sin que los temas de las condiciones y las garantías electorales hubiesen sido resueltos o siquiera discutidos.

            La firma de los acuerdos de México viene a ser la formalización de una situación fáctica que ya viene operando desde hace varios meses, ahora más precisa y refrendada por la licencia a la Chevron para que opere libremente en Venezuela y la liberación de 300 mil  millones de dólares para un supuesto gasto social en Venezuela sujeto a un control indefinido e incierto por parte de la ONU.

            En suma, mientras el chavismo ha logrado todo lo que inicialmente pedía y más la falsa oposición tiene que conformarse con una promesa tímida y ambigua de que quizás algún día se discutirán las condiciones y garantías electorales.- @humbertotweets

¿Qué se decide en las primarias de la falsa oposición?

            Los aspectos fundamentales del proceso electoral se mantienen intactos como siempre han sido. El régimen chavista controla los mecanismos para producir resultados electorales a su conveniencia. Además de las graves irregularidades en el registro electoral y el abuso de los dineros públicos para financiar las candidaturas del régimen está el más grave problema de todos y este es el diseño de fraude electrónico que le ha permitido al chavismo dar la apariencia de victoria desde el principio.

            El voto electrónico deja en manos de la persona que maneja el programa la decisión que debería corresponder a millones de venezolanos. Técnicos del gobierno y de la falsa oposición en el pasado han intervenido en el debate, todos para abogar en favor de la cientificidad de unas máquinas cuyo resultado se presenta como inapelable. En el plano teórico el voto electrónico debería estar dotado de mayor transparencia y utilidad, pero no bajo el régimen chavista que lo ha reducido a su varita mágica para atornillarse al poder con barniz democrático.          

            Sin controles y sin rigurosas auditorías es imposible confiar en el voto electrónico. Sin un Consejo Electoral totalmente despartidizado y sin la presencia del chavismo es imposible asistir a unas elecciones limpias y transparentes. Todos los demás ajustes que el chavismo pueda ofrecer no pasan de ser minúsculas concesiones que mantienen la esencia fundamental de un sistema fraudulento creado para fabricar resultados y proclamar ganadores según le convenga al chavismo. Ese sistema no ha cambiado, ni se prevé cambiará en el futuro inmediato.

            Mientras el sistema electoral sea el mismo modelo fraudulento que el chavismo ha impuesto no hay ninguna posibilidad de triunfo para un candidato de oposición. No habrá manera de ganarle al chavismo unas elecciones donde ellos encerrados en un cuarto negro cuentan los votos y presentan números que luego son refrendados por el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y las Fuerzas Armadas, todos chavistas. Entonces ¿Ante quien se apela? ¿La OEA? ¿Biden? ¿La Corte Celestial?

            La falsa oposición sabe perfectamente que bajo este sistema electoral no hay la menor posibilidad de ganarle al chavismo y mientras el sistema no cambie jamás la habrá. Es irrelevante que el candidato de la falsa oposición sea único y electo en primarias. Es inútil que vote el 90% de los venezolanos y la abstención no pase del 10%. Da lo mismo que los 7 millones de venezolanos en el exterior voten o no. Al final todo termina en el mismo punto de siempre. ¿Quién cuenta los votos? ¿Quién anuncia los resultados?

            Pero aun a sabiendas de la imposibilidad material de ganarle al chavismo la falsa oposición está obligada a fomentar la ilusión metafísica de un triunfo solo si la gente les vuelve a hacer caso y en contra del más elemental sentido común acuden a votar. El engaño tiene una justificación. La falsa oposición sigue empeñada en decir que representa a los venezolanos y de esa autorepresentación derivan todos los privilegios y prebendas que han logrado, sobre todo embaucando a representantes de otros países.

Aun arrebatando los resultados electorales para validar su fraude el chavismo tendría que admitir que la falsa oposición obtuvo al menos un  49%, suficiente para proclamar ganador al candidato chavista y darle reconocimiento a los falsos opositores para que sigan haciendo lo de siempre. No podemos llamarnos a engaños. Lo que se decide en las primarias de falsa oposición es a quien le corresponderá el dudoso honor de reconocer públicamente la victoria previamente arreglada de Nicolás Maduro y convalidar un sistema electoral viciado y fraudulento, aunque sea a regañadientes.- @humbertotweets 

lunes, 5 de diciembre de 2022

Todo a cambio de nada

            No importa cuánto se empeñe la falsa oposición en presentarlo como un logro, el acuerdo alcanzado entre la MUD y el chavismo es una derrota y una traición a los venezolanos. La percepción general se conjuga con la realidad para presentar un deplorable resultado donde, una vez más, el régimen chavista se queda con todo y el pueblo venezolano con nada. No es la primera vez que pasa. Es lo que siempre ha ocurrido en todas las negociaciones a las cuales la falsa oposición asiste con el chavismo para seguir convalidando al régimen y sus prácticas criminales y corruptas a cambio de concesiones pingües sin repercusión histórica alguna.

            El veterano policía Iván Simonovis caracterizó la situación con una claridad indiscutible «A cambio de nada los “negociadores” otorgaron al régimen: tiempo, licencias y recursos.» Y es que admitiendo la necesidad real que tiene el régimen chavista de acceder a esos recursos para asegurar su propio sostenimiento hay otro activo quizás aún más importante y valioso que el dinero: El tiempo. Se trata del tiempo perdido por los venezolanos en los esquemas fracasados de la falsa oposición y ganado por el chavismo para continuar atornillados al poder mientras observan como en el mundo los gobiernos cambian alterando la configuración de la situación y las alianzas internacionales.

            Desde los primeros años que el régimen enfrentó importantes presiones dentro y fuera de Venezuela las mesas de negociaciones y los diálogos han sido el recurso más socorrido del chavismo para la maniobra política. Con promesas siempre incumplidas de transparencia y apertura, sazonadas con prebendas burocráticas y dinerarias para una falsa oposición postrada, el chavismo ha sobrevivido más de 2 décadas de negociación en negociación.  Y eso difícilmente cambiará mientras ese sea el tipo de oposición con la cual tenga que entenderse.

            El señalamiento de Simonovis hace énfasis precisamente en el tiempo que nuevamente gana el chavismo y que en nuestra opinión es tan esencial que equivale al todo en ese tipo de negociación.  Y la valoración cobra particular importancia cuando, según lo indicado por Iván Simonovis, el proceso para liberar los 3 mil millones de dólares por el Departamento del Tesoro norteamericano podría tomar hasta 8 meses. Ya para entonces estaremos en la nueva etapa de normalidad entre el chavismo y la falsa oposición con la bendición de los Estados Unidos donde esos 3 mil millones de dólares vendrían como un oportuno obsequio para un régimen que no dudara en usar esos recursos para aplacar el creciente descontento en sus propias fuerzas militares.

Los falsos opositores que acuden a esas negociaciones en nombre de sus propios intereses mezquinos no han podido siquiera anotar en una servilleta el tema de las condiciones electorales. Nadie puede dudar que la falsa oposición ya está resignada y entregada a participar en la farsa electoral del chavismo bien sea en el 2023 o el 2024. Da lo mismo porque el Consejo Electoral chavista proclamará ganador a Nicolás Maduro ante las comedidas y tímidas protestas de los siempre obedientes falsos opositores.

El descaro del chavismo es de dimensiones colosales cuando el propio Nicolás Maduro para celebrar los logros de México vuelve a elevar el tono para dejar claro que en Venezuela solo habrá elecciones justas y transparentes si al régimen se le entregan todos los activos congelados, con sus intereses devengados y además el control de CITGO. De lo contrario no habrá tales elecciones justas y transparentes. ¿Es tan difícil inferir que las elecciones que se fraguan no serán más que otro fraude electoral perpetrado por el chavismo con la anuencia de la sumisa y postrada falsa oposición?

            Los acuerdos firmados en México entre el chavismo y la falsa oposición solo favorecen al régimen chavista y es un despropósito tratar de justificarlos como un logro para beneficiar a los venezolanos. Es evidente que el chavismo gana tiempo y recursos. La falsa oposición recibe a cambio promesas de concesiones burocráticas e incentivos monetarios para que haga bien su papel. Venezuela sigue y seguirá perdiendo mientras las decisiones fundamentales sigan en manos de estos negociadores profesionales de la politiquería.- @humbertotweets 

viernes, 2 de diciembre de 2022

Política desde el escepticismo

            Por los momentos Venezuela parece condenada a tomar partido entre el régimen chavista o su oposición oficialmente reconocida, en cualquiera de sus versiones. Aunque esto es lo que muestra la apariencia vertida a través de las redes y los medios, la realidad social y política es mucho más compleja para admitir este tipo de simplificación dicotómica. El resquebrajamiento de las instituciones ha fomentado la descomposición en los ámbitos social y económico a un nivel que desborda la mera alternabilidad entre el chavismo y su oposición. Esto es, se requiere de otras opciones, que parecen no visibles ahora, para emprender una recuperación agresiva y definitiva de la República que corrija por vía constitucional los errores que se han cometido hasta ahora y que nos han arrastrado al borde de la desaparición como nación.

            La ausencia de un discurso y una propuesta política que interprete la necesidad de salvar la integridad política e histórica de Venezuela es lo que ha llevado a muchos venezolanos a dudar en forma militante tanto del chavismo como de su falsa oposición.  Mientras Venezuela se derrumba moral y físicamente estas dos formas políticas siguen enredadas en la manía burocrática de gastar presupuestos por inercia y apostar a que la gente vaya a votar para, básicamente, seguir haciendo lo mismo. Cuando se evalúa la gestión de un alcalde o gobernador del chavismo o de la falsa oposición realmente es muy difícil apreciar las diferencias, sencillamente porque no las hay. Lo único en lo que quizás podrían diferir es que cada uno le otorga prebendas a su respectiva clientela.

            En el plano presidencial tanto Nicolás Maduro como quienes pretenden disputarle el poder por vía electoral parecen hablarle a sectores del país que viven protegidos y aislados en sus burbujas financieras. Pero ese discurso que intenta ofrecer una nueva normalidad donde las cosas no son tan malas como parecen no conecta con los millones de venezolanos condenados a vivir en condiciones infrahumanas y de mera subsistencia porque carecen de los más elementales servicios y garantías que hoy están disponibles en la mayoría de las sociedades occidentales. Cosas tan elementales como la comida, el agua y las medicinas no están al alcance de la mayoría en la Venezuela de hoy.

            Al contrastar con la realidad el discurso político de los chavistas y los falsos opositores no es difícil apreciar la desconexión con las expectativas más básicas y elementales que tienen los venezolanos. Las expectativas de una vida digna, decente y sostenible nunca vendrán empaquetadas en cajitas CLAP con el logotipo del PSUV o de la MUD. La promesa y la propuesta tiene que ser históricamente más ambiciosa para romper lo que ha sido la vieja práctica política clientelar y emprender sin pérdida de tiempo un replanteo del modelo político que asegure el sostenimiento de la República de Venezuela haciendo a un lado las alcabalas de las viejas franquicias partidistas.

            La ausencia de una propuesta viable que interprete la necesidad de este cambio político profundo es lo que ha movido a millones de venezolanos a refugiarse en el escepticismo. Este escepticismo se expresa como la duda y la desconfianza sistemática con las opciones ofrecidas al momento por ser similares o carecer de valor. Algunos epígonos del chavismo y de la falsa oposición han etiquetado esta posición como “apatía” o “desinterés” por la política. Pero muy lejos de eso, el escepticismo militante se muestra muy interesado en conocer las diferentes opciones políticas ofrecidas para criticarlas y desecharlas. Igualmente es una expresión activa que se puede apreciar en formas más concretas tales como la abstención y la emigración que de alguna manera también constituyen un ejercicio de la política, aunque sea desde las trincheras del escepticismo.- @humbertotweets

jueves, 1 de diciembre de 2022

¿Cómo se gastarán los 3 mil millones de dólares asignados en México?

            El chavismo y la falsa oposición celebran a rabiar la firma de los acuerdos en México. La emoción es tal que prácticamente se borra la diferencia entre ambos bandos. En realidad lo que festejan es el inicio de la nueva etapa que se impone en Venezuela marcada por una cohabitación y un cogobierno de características más formales y definidas que antes. Esta, que es la razón verdadera de la negociación de marras, no es por supuesto lo que se le dice a la gente porque sería reconocer públicamente el oportunismo de dos grupos que han destrozado a Venezuela.

Para adornar la galería se concibieron narrativas más piadosas y benignas. La primera fue justificar las negociaciones entre chavismo y MUD como un intento de avanzar hacia condiciones y garantías electorales para unas elecciones libres y transparentes. Según esta conseja se sugería que el chavismo estaría dispuesto a aceptar cambios en un sistema electoral corrupto, vaciado y diseñado para producir resultados que siempre le favorecen. La posibilidad de que el chavismo alguna vez acepte cambios en su sistema electoral equivaldría a aceptar que tendría que resignarse a entregar el poder, cosa que ha sido vehemente y sistemáticamente negada por sus principales voceros.

Pero la falacia de las condiciones y garantías electorales fue útil tan solo por unos meses hasta que el chavismo no solo se negó a discutir el tema sino que además abandonó las negociaciones de México. Para el chavismo toda negociación quedaba sujeta a que produjera la liberación de Alex Saab y su incorporación a la delegación oficialista negociadora, además de sentarse a negociar directamente con los EEUU, no solo con los representantes de la falsa oposición.

Así el chavismo movía la vara de sus peticiones y expectativas a su punto más alto lo cual hacía pensar en su inviabilidad. Y lo insospechado ocurrió. El gobierno norteamericana  de Joe Biden no solo se sentó a negociar directamente con el chavismo, haciendo a un lado a la falsa oposición, sino que si bien es cierto no liberó a Alex Saab si excarceló a los narcosbrinos de Nicolás Maduro que pagaban condena en los EE UU por tráfico de droga. Estas concesiones pavimentaban la vía para el levantamiento definitivo de las sanciones al chavismo, la autorización a la Chevron para operar libremente en Venezuela, y el descongelamiento de los activos en el exterior. Todo un cuadro que apunta a una nueva normalidad entre el régimen chavista y los Estados Unidos.

Destruido miserablemente por la realidad el argumento de las condiciones electorales y restablecidas la relación bilateral directa entre el chavismo y el gobierno norteamericano la falsa oposición quedaba literalmente en el aire y sin razones para seguir negociando de acuerdo a su propia prédica electoralista. Esta bancarrota es lo que mueve a la MUD a pivotar del argumento electoral al argumento “social” como nueva justificación para seguir negociando con el chavismo.

En realidad, una vez establecida la nueva dinámica de relaciones entre el chavismo y los EEUU poco o nada queda a la falsa oposición por negociar. Lo único que queda es justificar la entrega de recursos y tiempo al régimen chavista para supuestamente favorecer a los venezolanos. Según esta nueva narrativa, que sustituye al pretexto electoral, la liberación de los fondos congelados al régimen chavista en el exterior, que en este primer tramo se estiman en aproximadamente 3 mil millones de dólares, estaría plenamente justificada porque serían recursos para beneficiar a los venezolanos. Pero ¿Cómo?

El manejo de estos recursos estaría bajo el control de alguna instancia de la ONU. Pero aparte de este enunciado ambivalente y genérico no hay ninguna indicación de un sistema o mecánica para su implementación. ¿Enviará la ONU sus funcionarios a Venezuela para ejecutar esos recursos? Esto no parece viable. Lo más probable es que la ONU asigne estos recursos a través de organizaciones no gubernamentales controladas por el chavismo y por la falsa oposición para proyectos humanitarios fantasmas lo cual es la garantía de que esos recursos serán saqueados sin piedad por los dos bandos políticos. La otra probabilidad es que ultimadamente la ONU le entregue esos recursos directamente al régimen chavista ante la imposibilidad de hacer una gestión con infraestructura propia.

Aparte de la opacidad en el manejo de estos dineros está el problema de su finitud. Y es que Venezuela es un país semidestruido donde 3 mil millones de dólares no alcanzarán para nada significativo y se perderán como una gota en un mar de tragedias. ¿Cuál podría ser la prioridad para el uso de esos limitados recursos? ¿Hospitales? ¿Escuelas? ¿Infraestructura? ¿Red eléctrica? O quizás esos recursos sean destinados a atender al único sector que le importa al chavismo: Las Fuerzas Armadas. Con recursos limitados y en medio de un insoluble quiebre económico no es aventurado suponer que el régimen chavista atienda primero a sus fuerzas militares que son el único pilar que materialmente sostiene a una estructura de otra manera absolutamente frágil y endeble.

La preguntas sin respuesta sobre el manejo de los recursos liberados al régimen chavista son otra evidencia que lo que está en el fondo de la cuestión no es atender ninguna emergencia humanitaria sino más bien avanzar rápidamente a un nuevo esquema de cohabitación entre el chavismo y la falsa oposición, esta vez con la bendición de los Estados Unidos.- @humbertotweets

lunes, 28 de noviembre de 2022

La irrelevancia del candidato único

            Para tratar de animar el fúnebre ambiente en las primarias de la falsa oposición hay quienes insisten en la falacia del candidato único como mágica vía que conduciría a la salida del régimen chavista en Venezuela.  Según esta tesis tan solo si la falsa oposición fuese capaz de ir unida con un solo candidato a las elecciones del 2023 entonces podría ganarle a Nicolás Maduro. Y si este candidato (o candidata) es el resultado de unas primarias mucho mejor para sus posibilidades. Esta concepción pertenece más al ámbito de la propaganda que al de la política y presenta muchos problemas y contradicciones para sustentarse a sí misma como una tesis viable que confronte exitosamente contra el Estado chavista.

            El primer problema es que se habla de escoger un milagroso candidato unitario que con el apoyo de todos los componentes de la falsa oposición y el voto de la mayoría de los venezolanos sería electo presidente. Esta tesis se aferra a una calidad cuantitativa y matemática según la cual para ganar solo hace falta contar con la mayoría de los votos lo cual podría funcionar en otros países pero no en la Venezuela chavista. Aquí lo que vale es quien cuenta los votos o mejor decir quien anuncia los resultados finales. La tesis del candidato único se abstrae deliberadamente del tema fundamental de las garantías y condiciones electorales que deberían ser establecidas preliminarmente para unas elecciones con un mínimo de transparencia.

            Pero regresar al viejo e incómodo tema de las condiciones electorales cuando ya todos están embarcados en campañas presidenciales sería echar por tierra el entusiasmo que inspira la tesis del candidato único. Mejor seguir hablando de un candidato unitario que de cambios sustanciales en el sistema electoral tales como la despartidización del Consejo Electoral, el voto manual y el derecho al voto de los más de 7 millones de venezolanos que hoy están en el exterior.

            La flacidez de la postura política de la falsa oposición se aprecia justamente en un tema que debería ser innegociable para sus propios intereses electorales. El voto de los venezolanos en el exterior podría decidir un resultado electoral sin margen de duda y este sería abrumadoramente en contra del régimen chavista, si tan solo fuese posible contar con un sistema electoral justo y transparente. Pero este no es el caso. El chavismo impedirá basado en su pseudo legalidad el voto de estos venezolanos. ¿Qué hará entonces la falsa oposición frente a esto? ?retirarse de un proceso electoral cuyo resultado ya está previamente decidido? ¿O continuar con la farsa para pagarle tributo al régimen chavista?

            Hay incluso quienes se atreven a asegurar que hasta un 70% de electores podrían votar si se logra confianza en el sistema electoral chavista. Pero, ¿quién podría confiar en un sistema que opera como una caja negra para manufacturar resultados que luego resultan inapelables precisamente por la ausencia de garantías políticas y jurídicas?

            Y aquí está otro grave problema con la tesis de los poderes mágicos del candidato unitario de la falsa oposición. Es el tema del régimen político vs. gobierno. La postura de la falsa oposición a lo más que puede llegar es a plantearse un mero cambio de gobierno por la vía electoral, sólo si el propio chavismo lo permite. Pero el régimen político, esto es el Estado chavista, con todas sus estructuras militares, judiciales, legislativas y electorales se mantendría intacto. Ante un hipotético triunfo de ese candidato unitario de la falsa oposición que tanto podría hacer esa sola persona para gobernar desde las entrañas del Estado chavista con sus normas y leyes. Pero se trata de un escenario imposible porque al chavismo no le gustan esas fórmulas puntofijistas de alternabilidad para dar la apariencia de cambio.

            El candidato unitario que escoja la falsa oposición tendrá que hacer un esfuerzo supremo en explicarles a los venezolanos exactamente a que se opone. Sobre todo si va a hacer campaña arropado en la Constitución chavista de 1999 y aferrado a las reglas de un régimen político diseñado para impedir el cambio. Ese candidato o candidata tendrá que explicar cómo renunciando a las más elementales condiciones de transparencia electoral es posible ganarle al chavismo, pero además explicar cómo se defendería ese triunfo frente al tinglado judicial del régimen. Y, ultimadamente, si otra derrota en estas condiciones es algo que vale la pena como un esfuerzo distinto al que ya ha intentado en los últimos 20 años.

            Las respuestas evasivas o ambivalentes para atender a estas legítimas inquietudes de los venezolanos confirmarán las sospechas de muchos quienes piensan que la falsa oposición sabe de antemano que no se trata de escoger a un candidato presidencial sino a quien le tocará el dudoso honor de reconocer públicamente el triunfo del candidato oficialista, aunque sea a regañadientes y bajo protesta. Tal será el irrelevante y episódico papel del candidato unitario de la falsa oposición. Y la razón por cual millones de venezolanos seguirán viendo con escepticismo y desconfianza los llamados falaces de la falsa oposición frente a los cuales es preferible atrincherarse en la abstención militante.- @humbertotweets