domingo, 31 de enero de 2021

Venezuela emboscada en el Esequibo

            El diferendo entre Venezuela y Guyana por el control material del Esequibo nos lanza a los venezolanos de bruces sobre nuestra propia miserable realidad. Mientras el chavismo depredador se empeña en destruir lo que queda de Venezuela la falsa oposición se atornilla a la visión fantasmagórica de un gobierno interino que solo ha servido para la corrupción.

Mientras tanto en el mundo de la política realmente existente avanza aceleradamente una estrategia que de perpetrarse dejará como resultado la mutilación o el desmembramiento del Esequibo del territorio venezolano para entregárselo definitivamente a Guyana.

La confrontación con Guyana por el reclamo del Esequibo nos sorprende a los venezolanos en el momento de mayor debilidad de nuestra nación. Nada podría ser peor que tener que escoger nuestro destino entre el chavismo y la falsa oposición, ambos caracterizados por  la más absoluta falta de patriotismo a la hora de defender la integridad territorial de Venezuela.

Y esta debilidad se pone de manifiesto en las implicaciones internacionales del conflicto aparente que hay entre el régimen chavista y la falsa oposición (aparente, porque entre ellos sólo hay diferencias de forma que siempre son resueltas mediante negociaciones).

Los países que dan su apoyo protocolar y retórico al interinato de Juan Guaidó son los mismos que ofrecen un decidido apoyo a Guyana en sus pretensiones de arrebatarle a Venezuela sus derechos soberanos sobre el Esequibo. En una postura triangular estos países desconocen al gobierno de Nicolás Maduro, reconocen los derechos de Guyana sobre el Esequibo y a su vez reconocen a Juan Guaidó como presidente de Venezuela.

Un ejemplo de esta política triangular es el grupo de Lima del cual es miembro Guyana, que apoya al gobierno de Guaidó y la posición de Guyana al mismo tiempo. Esto le concede a Guyana la ventaja de reconocer al gobierno de Nicolás Maduro ante la Corte Internacional de Justicia y al de Juan Guaidó ante la OEA sin que nadie les pida una explicación por esa evidente contradicción.

La gravedad de esta tragicomedia es que el chavismo controla el territorio y es reconocido ante la CIJ, pero no se hace parte del proceso jurisdiccional ante ella; el interinato de Guaidó no es reconocido como gobierno ante la CIJ y solo produce resoluciones contradictorias sobre la materia que ningún país toma en serio; y Guyana, por su parte,  se da el lujo de escoger con qué gobierno se quiere entender dependiendo del escenario y de sus intereses.

En este sentido es indudable que el apoyo internacional a la burocracia de Guaidó le ha salido extremadamente cara a la nación venezolana porque se ha traducido al mismo tiempo en una política de afianzar las pretensiones de Guyana sin que el interinato de Guaidó pueda levantar mucho la voz a riesgo de que los saquen de las sala de reuniones virtuales de la OEA.

La intervención del representante de Guaidó ante la OEA Gustavo Tarre Briceño en la última sesión del Consejo Permanente fue patética y vergonzosa por decir lo menos. Tarre Briceño hace una defensa concreta y diligente de la burocracia a la que pertenece y la cual le beneficia en lugar de haber aprovechado esa oportunidad para defender los intereses de la nación venezolana y enfrentar las pretensiones de Guyana de judicializar el conflicto que evidentemente desfavorece los intereses de Venezuela.

Suponiendo que Tarre Briceño representa a un gobierno que actúa en nombre de la nación venezolana (solo como una suposición) él ha debido rechazar categóricamente que el Consejo Permanente de la OEA y cualquier otra instancia internacional como la CIJ se ocupen  del tema limítrofe entre Venezuela y Guyana que según el Acuerdo de Ginebra debería  ser resuelto bilateralmente por ambos países. No menos patética es la declaración oficial de la Secretaría General de la OEA tomando partido abiertamente por Guyana afirmando en un comunicado oficial, avalado por Tarre Briceño, que “La resolución de la disputa territorial entre Venezuela y Guyana es un asunto de jurisdicción internacional…”

Si se examinan las declaraciones de los cancilleres del Grupo de Lima y las de otros países que apoyan a la posición de Guyana y al interinato de Guaidó parece existir consenso en que la CIJ fallara en favor de Guyana y eventualmente el Esequibo le será amputado a Venezuela. Y mientras Venezuela esté a merced de chavistas y falsos opositores parece que así será.

Es prácticamente imposible enfrentar en forma eficiente y victoriosa a Guyana mientras no hayamos resuelto nuestros graves conflictos internos que incluso amenazan con hacernos desaparecer. Decir esto no es darle argumentos a Guyana como sugieren algunos que también viven en la fantasía de esperar por un gran acuerdo nacional que ponga a un lado las “diferencia políticas” y nos una a todos los venezolanos en un mezclote con los mismos que han vendido la patria para, ahora sí, tomarnos de las manos, cantar armónicamente en coro y defenderla.

La realidad es que hoy estamos emboscados y no hay atajos. Los venezolanos tenemos que primero ajustar cuentas con nuestra historia y nuestros verdugos para establecer un genuino régimen patriota nacionalista y republicano. Solo entonces, como una nación unida, estaremos en condiciones  morales y materiales de retomar lo que Guyana nos haya arrebatado.- @humbertotweets

 

domingo, 24 de enero de 2021

Lo que viene para Venezuela

Con la juramentación de Joe Biden cambia el enfoque de la política de los EEUU hacia Venezuela. De una política donde “todas las opciones están en la mesa (incluyendo la opción militar)” a otra donde se busca “aumentar la presión sobre el régimen…” (Antony Blinken, 21-01-20).

Lo que acaba de anunciar el nuevo Secretario del Departamento de Estado Norteamericabno Anthony Blinken es tomar uno de los componentes de la política de Donald Trump hacia Venezuela (sanciones al régimen chavista) y convertirlo en la política principal de los EEUU aderezada con negociaciones directas entre el chavismo y la oposición. 

Aquí hay que dejar establecido que la idea inicial de Trump para Venezuela de articular una acción internacional para sacar del poder al régimen chavista por vías policiales y militares encontró resistencia dentro de su propio gobierno. Esto al punto que los encargados de llevar adelante esta política la diluyeron en meras sanciones y un reconocimiento al interinato de Juan Guaidó bueno para gastarse el dinero de Venezuela en el exterior pero no para reconocerle estatus jurídico en situaciones sensibles como el diferendo entre Venezuela y Guyana donde los propios EEUU siguen reconociendo al gobierno de Maduro, no al de Guaidó, como el gobierno realmente existente.

Así las declaraciones beligerantes de Donald Trump sugiriendo la inminencia de una salida armada para Venezuela contrastaba con la de sus funcionarios (Abrams, Story, Kozak) abogando por vías negociadas con el régimen acordadas con el mismo régimen chavista aunque esto sea evidentemente una contradicción. Esta política ambivalente que dominó los últimos meses de la administración Trump hacia Venezuela recibió, como era lógico, la bendición bipartidista de republicanos y demócratas en el congreso de los EEUU.

Con Joe Biden en la presidencia de los EEUU no habrá contradicciones entre el presidente y sus funcionarios porque el propio Biden ha anunciado que su política hacia Venezuela seguirá más o menos la de Trump. Con esto lo que Biden quiere decir es que esperan aplicar sanciones selectivas a unos chavistas del régimen, pero no a todos, con la esperanza de poder incentivar una crisis interna en el gobierno de Maduro que provoque a su vez una negociación y una transición en los términos que viene proponiendo Leopoldo López como vocero del interinato.

Esta política de sanciones selectivas seguramente será coordinada con el interinato de Guaidó para ayudar a determinar a cuales chavistas del régimen conviene sancionar y a cuales otros incluso levantarles las sanciones para, según aspiran, lograr crear los incentivos para una fractura interna del régimen. El interinato de Guaidó hundido en escándalos de corrupción no  será inmune a las gestiones de miembros del régimen chavista dispuestos a pagar para no ser incluidos en esas listas. Tampoco sería la primera vez que se entrelazan las lealtades entre el chavismo y la falsa oposición. 

Esta política de sanciones y negociaciones que será vigorosamente auspiciada por el gobierno de Biden encaja perfectamente en lo que espera el régimen chavista: Nuevas, largas e interminables rondas de negociaciones que siempre terminan diluyéndose en formalismos diplomáticos o estancados por inevitables cambios burocráticos en los países involucrados, tal como acaba de ocurrir en USA.

El régimen chavista siempre estará dispuesto a negociar porque sabe perfectamente que cada día de negociación es un día más en el poder. Y mientras tanto sigue pasando el tiempo y ellos siguen siendo el poder realmente existente en Venezuela. En esto ya han acumulado más de veinte años de experiencia. 

A esto hay que sumar la nueva realidad internacional donde China ejerce una influencia innegable en la política norteamericana y seguramente jugará un papel decisivo para salvaguardar los intereses del régimen chavista de Venezuela.

La política de aplicar sanciones para provocar negociaciones y eventualmente una transición en Venezuela consumirá los próximos cuatro años de la agenda norteamericana para Venezuela. Es una política que prolongará el sufrimiento de los venezolanos, le dará por lo menos cuatro años más de vida al régimen chavista y por consiguiente está condenada al más absoluto fracaso.-  @humbertotweets 


domingo, 17 de enero de 2021

La entrega del Esequibo

            Para los venezolanos el Esequibo es uno de esos temas que van y vienen en forma cíclica cada vez que algún evento rompe la inercia o cuando algún politiquero necesita darse un barniz de nacionalismo.

Pero el Esequibo también es un tema que pone en evidencia la traición de la clase política venezolana acendrada en el estado de partidos. En esta clase hay que incluir a todos quienes han dirigido el estado venezolano hasta este momento.

Sin duda Venezuela ha contado con excepcionales funcionarios públicos, eficientes y patriotas, que a lo largo de la historia han cumplido cabalmente con su trabajo de documentar los derechos de Venezuela sobre el Territorio Esequibo y producir los actos jurídicos y políticos para ejercer esos derechos.

La traición que tratamos de examinar está definida por una política formalista de usar solo las vías diplomáticas para resolver esta crisis sin ejercer en forma material actos indubitables de soberanía sobre ese territorio.

Esto quiere decir que mientras se emprendían esas gestiones diplomáticas para reclamar el Esequibo el estado venezolano nunca estableció su presencia soberana en ese territorio mediante la fundación de ciudades y el fomento de actividades productivas como la industria y el comercio.

Esta clase política incluso le dio la espalda a los venezolanos que en 1969 encabezaron la rebelión del Rupununi quienes se declararon parte de Venezuela y por ese motivo fueron masacrados ante la más sórdida indiferencia de nuestros políticos.

No vamos entrar aquí en consideraciones jurídicas sobre los títulos jurídico-políticos e históricos que otorgan derechos a Venezuela sobre el territorio Esequibo porque es un tema ha sido exhaustivamente examinado por expertos e investigadores y desborda el ámbito de este artículo.

Pero en el contexto de esta crítica hay que citar el hecho que a partir de la denuncia en 1962 del fraude perpetrado en el Laudo de París y la firma del Acuerdo de Ginebra Venezuela recupera una posición de ventaja frente a Guyana. Ventaja que se fue diluyendo en el tiempo como resultado de la ideología que ha prevalecido todos estos años de dejar el reclamo en manos de la inercia burocrática y el formalismo de las negociaciones internacionales.

No se trata de sugerir el uso de una acción armada para recuperar el territorio Esequibo, aunque siendo realistas tampoco se podría descartar. Aquí se trata de poner en juicio la imperdonable desidia con que la clase política ha abordado el tema todos estos años renunciando a establecer una presencia efectiva, más allá de plantar una banderita tricolor, sobre un territorio que reclamamos como venezolano.

La modorra institucional que dejó el reclamo del Esequibo en manos de la inercia fue sacudida por la no menos vergonzosa entrega pública de Hugo Chávez del territorio Esequibo a Guyana en 2005. El oportunismo de Chávez de lograr el apoyo de Guyana y los países del CARICOM como votos en la OEA para apoyar su régimen fue lo que llevó al comandante traidor a decirle a Guyana en el 2004 que “El gobierno venezolano no será un obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo…”.

Esa política militante de traición a la patria impulsada por Chávez es justamente lo que alienta a Guyana a emprender acciones más agresivas para ejercer presencia en la zona. Estas acciones serían la continuación de un, metódico y paciente, trabajo político y diplomático de sumar aliados internacionales para su causa y aumentar su control y explotación del territorio.

Hoy Venezuela está a merced de una decisión de la Corte Internacional de Justicia. El gobierno chavista decidió no hacerse parte de estos procedimientos alegando desconocer la competencia de esa corte en la materia. El chavismo ahora trata de remediar la infame herencia del comandante traidor con medidas que no trascienden la propaganda tales como la  creación de un supuesto estado de la fachada Atlántica y el patrullaje militar por vía marítima.

Por su parte el interinato de Juan Guaidó, para que se le vea como un gobierno real, unas veces dice que la Corte Internacional de Justicia tiene competencia y otras veces dice que no. A esta improvisación se suma la confusión que generan actos que no se sabe si son producidos por el poder ejecutivo que preside Guaidó o por el poder legislativo que preside Guaidó haciendo de esta parodia una caricatura que nadie toma en serio en el contexto internacional.

Los procedimientos en marcha para amputarle a Venezuela el Esequibo dejan claro que el interinato de Guaidó no tiene una representación jurídica real aceptada en el contexto internacional, tampoco tiene ejército, ni controla un metro de territorio. En otras palabras, se le podrá tomar por una oficina que nombra comisionados y se gasta un presupuesto, pero jamás como un verdadero gobierno.  

Tanto el régimen chavista como el interinato de Guaidó saben perfectamente que es inminente una decisión desfavorable hacia Venezuela que irreversiblemente mutilará esa parte del territorio. Esto no va a cambiar si Venezuela se hace presente ante la CIJ (¿Cuál gobierno? ¿Maduro? ¿Guaidó?). Ni cambiará con las declaraciones retóricas y altisonantes de chavistas y falsos opositores.

Mientras la CIJ se apresta a tomar una decisión fundada en la más absoluta e implacable dialéctica de imperios (geopolítica) con brochazos de fraseología jurídica para desmembrar el Esequibo de Venezuela los políticos siguen engañando y haciendo demagogia con el tema.

Este infortunado evento nos sorprende a los venezolanos en nuestro momento de mayor debilidad. El poder está en manos de traidores y esto no se resuelve con llamados ilusos de unidad nacional con quienes han perpetrado la traición sino con la consumación efectiva de la ruptura y el cambio del régimen político.

Necesitamos una nueva generación de políticos patriotas que lideren la recuperación de la nación venezolana, establezcan un régimen político verdaderamente republicano y sin complejos asuma la recuperación del territorio Esequibo por todas las vías materiales posibles.- @humbertotweets

 

jueves, 7 de enero de 2021

Estados Unidos: ¿Quo vadis?

            Los Estados Unidos como potencia imperial está en un momento definitorio y su régimen político comienza a mostrar numerosos y frecuentes signos de agotamiento. Más allá de la reciente confrontación electoral, cuyo último episodio fue la certificación de Joe Biden como ganador y el parco reconocimiento de Donald Trump, está la constatación de una clase política dominante bipartidista complaciente con China e ignorante de su realidad.

En las últimas cuatro décadas la ideología dominante en los Estados Unidos ha sido alentar y apoyar el desarrollo del capitalismo en China y su proceso de industrialización. Esta visión se había justificado como una estrategia geopolítica para incorporar y controlar a la entonces China comunista en el selecto club de potencias mundiales. Este diseño estratégico de Henry Kissinger fue adoptado invariablemente como política de estado por los partidos Republicano y Demócrata.

El precio que pagó los Estados Unidos por esa política fue el desmantelamiento de sus industrias y el desarrollo de una grave adicción a productos fabricados en China a costos ridículamente baratos. Esto fue posible porque mientras Estados Unidos era inundado con toda suerte de productos fabricados en China allá se pagaban salarios de centavos de dólar al día y se cometían las más brutales violaciones a las personas para sostener ese colosal sistema económico-industrial.

Sin incentivos para invertir y generar empleos en su propio país la gran mayoría de las corporaciones de capital norteamericano mudaron sus operaciones de manufactura a la China continental desde donde se fabrican los sofisticados Iphones, pasando por vinos californianos hasta mascarillas anti virales de papel, entre muchos otros productos. Mientras tanto China se transformaba en una competente y diestra potencia capitalista con todas sus estructuras, sin desprenderse del rótulo ornamental “comunista.”

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los EEUU en 2016 produce una ruptura abrupta con esta política inercial que había hecho de los Estados Unidos un imperio cada día más dependiente de China. La política de Trump de incentivar y obligar a corporaciones norteamericanas a regresar sus operaciones a los Estados Unidos fue descalificada como populista y nacionalista por los medios de comunicación y la clase política.

Las élites políticas, financieras, mediáticas y académicas en los EEUU han adoptado la ideología globalista que ve en China a un socio mundial y no a un imperio emergente que cada día parece subyugar la voluntad de su adversario sin necesidad de disparar un solo misil. Y es que a la adicción que tiene la sociedad norteamericana a productos baratos lo cual se traduce en transferencias de inmensas masas de dinero, hay que agregar la eficiencia del aparato de  propaganda del partido comunista Chino y su gobierno que hábilmente han reclutado operadores influyentes en la política norteamericana por la vía de halagos, concesiones y hasta sobornos.

No se le puede restar importancia a las conexiones directas que hay entre elementos de esas clases dirigentes norteamericanas y el partido comunista chino. Hoy en los Estados Unidos de Norteamérica la valoración geopolítica y estratégica para determinar si China o Rusia son adversarios reales está en manos de una clase dirigente amigable y connivente con China. La relación entre Joe Biden y su familia con el partido comunista Chino es un buen ejemplo que ha sido bien documentado por periodistas independientes.

Esa fue la esencia del debate electoral en los EEUU en 2016 y en 2020. En ambos casos se trató de la confrontación entre la visión nacionalista de Trump para recuperar  las capacidades imperiales de los Estados Unidos contra una política entreguista de los EEUU a China anidada por décadas en todos los niveles y ramas del gobierno norteamericano.

Desde este punto de vista Trump estaría haciendo lo correcto para tratar de salvar la República y la influencia del imperio norteamericano en el mundo. Sin embargo, para esto ha tenido que enfrentar poderosos adversarios y graves contradicciones internas de un régimen político que está implosionando porque sus instituciones son incapaces de defenderse y de defender las ideas de patria y nación.

Esta peligrosa concepción para los intereses del imperio se expresa en medidas, cada vez más frecuentes, como por ejemplo imponer la ideología de género en la educación, la eliminación del estudio de la historia de los EEUU en la primaria, la eliminación de policías y cárceles, una política de inmigración laxa y ambigua, el desmantelamiento de las industrias nacionales para favorecer a China, entre otras.

La presidencia de Donald Trump fue una insurgencia contra esa política y sus beneficiarios. Solo esto podría explicar la intensidad de una confrontación cuyo último episodio aún no está escrito y bien podría terminar con una destitución temprana de Trump y hasta su encarcelamiento por sedición, según sus acusadores.

La incapacidad de resolver las impugnaciones de fraude electoral según los criterios de ley y orden también pone en evidencia la debilidad de un imperio que voluntariamente renuncia a su derecho a defenderse de la influencia de potencias extranjeras en sus asuntos internos, ya sea esta política, financiera o cultural.

Por eso, quizás la pregunta más importante que deberán hacerse los noveles líderes de esta y la próxima generación no es tanto hacia donde van los Estados Unidos, sino más bien hacía donde va el imperio norteamericano.- @humbertotweets

 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Se desmorona el interinato

            Podemos decir con certeza que de esa conexión política y electoral de los venezolanos con la falsa oposición que ocurrió en el 2015 ya hoy no queda nada. Sin embargo, esa Asamblea Nacional desprestigiada y sin apoyo sigue hablando en nombre de un pueblo que no le reconoce como su representante, tal como se ha visto en el rechazo a sus últimas convocatorias.

Tratando de usar las propias trampas leguleyas de los chavistas y su constitución la falsa oposición se inventó una ficción llamada gobierno interino argumentando que había que ocupar el vacío de poder porque ya Nicolás Maduro no era legalmente presidente. Desde ese día arranca una comedia trágica, vergonzosa y miserable para tratar de presentar a una oficina de lobby y contratos como un supuesto gobierno.

Entre una y otra declaración simbólica de “países amigos” no es sino hasta el día que Donald Trump le levantó la mano a Juan Guaidó cuando la suerte del interinato cambió. El apoyo político de los Estados Unidos al interinato creaba una nueva esperanza por el cambio. Sin embargo, este apoyo en lugar de ser usado para coordinar los esfuerzos en una acción militar internacional que sacara al chavismo del poder se diluyó en declaraciones y más concretamente en el acceso del interinato a los activos de Venezuela en el exterior que como resultado de las sanciones internacionales no podía ser controlado por el régimen chavista.

El acceso del interinato a los dineros de Venezuela en el exterior y los activos tales como CITGO cambió todo. La oficina de Guaidó comienza a manejar esos dineros más los recursos de la ayuda humanitaria en un maravilloso limbo jurídico donde no tenían que rendirle cuentas a nadie. Ni a los Estados Unidos, ni a las instituciones chavistas y, por supuesto, menos aún a los venezolanos.

La orgia de saqueo orquestada desde el interinato ha sido de tales dimensiones que hasta el propio Leopoldo López dejó a un lado pruritos morales para rápidamente salir de Venezuela y entrar a controlar directamente el reparto de la piñata.

Ya no es tiempo de mantener las formas y las apariencias. Está claro que Juan Guaidó es un títere de Leopoldo López a quien le cuida el puesto y que es Leopoldo el jefe de la pandilla de Voluntad Popular que decide quién cobra y quien no en los ámbitos del interinato.

Un Leopoldo ambicioso y audaz sale a recorrer el mundo sin complejos, a pedir un gobierno de coalición con el chavismo (eso sí, sin Maduro) y mientras tanto que se le renove el periodo por tiempo indefinido al hamponato interino controlado por Voluntad Popular. Para esta maniobra López le roba la idea de la tal “continuidad administrativa” a Ramos Allup y la hace suya, sin pagar los derechos de autor.

Esta falacia jurídica de continuidad administrativa de algo que jurídicamente nunca existió no es otra cosa que un cheque en blanco para que Leopoldo López, su familia y los hamponcitos de Voluntad Popular manejen en forma ilimitada y sin rendición de cuentas miles de millones de dólares que están en el exterior y pertenecen a la nación venezolana.

Como era de esperar el reparto desigual del botín ha hecho estallar ese antro llamado G4 que representa a la falsa oposición. Acción Democrática pidió Citgo, Leopoldo dijo que no. Primero Justicia pide más participación en el interinato (más contratos), Leopoldo López dice que no se puede porque eso es lo que hay. Leopoldo López lo quiere todo y se niega a repartir equitativamente la torta. Resultado: Tanto AD como PJ ya han anunciado, cada uno a su manera, que no apoyarán el llamado estatuto del interino que hipotéticamente sería la base jurídica para la auto designación de estos hampones como representantes de los venezolanos por tiempo indefinido.

Hasta la fracción 16 de julio integrada por los operadores políticos de María Corina Machado y Antonio Ledezma tuvo que tomar partido para plegarse en forma vergonzosa a la pandilla de Voluntad Popular con la esperanza de que algunas migas les caiga de la mesa donde Leopoldo decide quién cobra y quién no. Para sobrellevar el ratón moral esta fracción emitió un comunicado donde tímidamente critican a Juan Guaidó y rechazan la idea de una continuidad administrativa para luego justificarse y apoyar al interinato argumentando una supuesta “continuidad constitucional.” Por su postración y creatividad los de la fracción 16 de Julio recibirán su premio de consolación de manos de Leopoldo López.

El problema más grave que tiene Leopoldo es con sus socios de AD y PJ. Al no resolver en términos satisfactorios el reparto del botín y estos partidos negar su apoyo para la continuidad del interinato se cae la base argumental fundamental de la campaña  de Leopoldo López para presentar internacionalmente su oficina de lobby y contratos como un gobierno alterno al de Maduro en Venezuela. Se puede anticipar como epílogo a esta tragicomedia que que varios países retiren su apoyo político y jurídico al interinato al tiempo que mantengan su apoyo al pueblo venezolano en su lucha.

El desmoronamiento del interinato debe conducir a que países como los Estados Unidos e Inglaterra le cierren el acceso a los activos de Venezuela en el exterior al hamponato interino. La desaparición del interinato y la consecuente pérdida de poder de la falsa oposición y el G4 es una buena noticia para los venezolanos. Esto despejará el camino para la conformación de un nuevo eje político y militar que articule fuerzas internas e internacionales con el objetivo de derrocar al régimen chavista.- @humbertotweets

 

domingo, 13 de diciembre de 2020

La consulta es una estafa continuada

            Luego de veinte años de chavismo y de falsa oposición colaboracionista en realidad queda muy poco que decir y mucho por hacer. Ya se ha dicho todo. Las razones para liquidar por vías de fuerza a la narcotiranía son las mismas que las del primer día: Estamos frente a una banda de criminales que asaltó el estado venezolano y está destruyendo la República. Desde el momento en que los venezolanos dejamos de contar con las fuerzas armadas como institución las opciones electorales quedaron automáticamente canceladas. Y de eso hace ya mucho tiempo.

Las mentiras y los pretextos para justificar las tesis electoreras y negociadoras del chavismo, que sistemáticamente han sido abrazadas por la falsa oposición, también se conocen. En ese terreno ya no hay nada nuevo que decir. La falsa opción, esta vez con Leopoldo López a la cabeza, tiene un discurso rancio y fastidioso que sigue repitiendo lo mismo que han dicho en veinte años: De esto solo se sale con negociaciones, condiciones electorales mínimas y elecciones.

Siempre que la falsa oposición ha llamado a participar en elecciones o en protestas (como se preparan para hacerlo ahora...una vez más!) lo hace como antesala y preludio a una nueva ronda de negociaciones con el régimen chavista. Siempre le presentan a los venezolanos soluciones que terminan atornillando al régimen. Así han transcurrido las elecciones presidenciales, legislativas y de gobernadores durante esta etapa.

Los argumentos son pueriles y nefastos: Que esta sea la última cola, no le podemos dejar esos espacios al régimen, etc. Toda una justificación del clientelismo más despreciable y barato. Todo esto para embaucar a la gente y les den un cheque en blanco. Y así pacientemente lo hicieron millones de venezolanos por muchos años. Hasta que la gente se cansó y ya no hay nada nuevo que sacar del sombrero del mago. Ya no hay nada nuevo que decir para seguir apoyando una estrategia que políticamente ha fracasado pero que ha probado ser un magnífico y lucrativo negocio para la “oposición.”

Así hemos llegado al episodio de la consulta II. Ni Leopoldo López ni Juan Guaidó se han tomado la molestia de explicar que se logró con la consulta I, la del 2017, donde también se hizo la maroma de movilizar a la gente para hacerle preguntas insulsas. Esa consulta no logró lo prometido aunque en forma humillante le otorgó 7 millones de supuestos votos como ofrenda a la constitución chavista de 1999.

Esta nueva consulta es otro engaño. No solo busca una vez más poner de rodillas a los venezolanos ante la constitución y el régimen chavista. Esta vez también busca el no menos audaz objetivo de persuadir a los países que apoyan al hamponato interino que el lobby internacional de Leopoldo López y Juan Guaidó debe seguir manejando los activos de Venezuela en el exterior.

El acceso a estos recursos es la apetecida joya de la corona para el grupo de Leopoldo que ya comienza a ser cuestionado por sus antiguos socios de Acción Democrática y Primero Justicia por tacañería en el reparto del botín. AD y PJ intentan argumentar que el hamponato interino debe seguir siendo reconocido por una peregrina doctrina de continuidad administrativa,  pero con nueva jefatura que ellos esperan no sea un títere de Leopoldo sino uno de ellos.

Esto es lo que en verdad se está decidiendo con la consulta de la falsa oposición. Lo que está en juego es si la mal llamada comunidad internacional les permite a esta banda de hampones seguir usufructuando los dineros de Venezuela en el exterior y ultimadamente cuál de los pranatos en pugna será quien en definitiva se quede con el premio gordo. Todo esto mientras los venezolanos invitados a participar en la consulta estafadora mueren de hambre y Venezuela ha quedado reducida a una mera palabra en riesgo de desaparecer a manos de chavistas y falsos opositores.-  @humbertotweets

domingo, 6 de diciembre de 2020

Elecciones y consulta para seguir robando

            El narco régimen chavista y las dos alas de la falsa oposición siguen buscando formas de justificarse para seguir saqueando a Venezuela. Los chavistas y alacranes tienen la urgencia de justificarse ante sus propias bases para alimentar una presunta legitimidad. En realidad estos, que controlan el aparato del estado, saben que hay que darle algunas certezas a su propia fuerza armada para que esta les siga sosteniendo en el poder.  Las elecciones fraudulentas son la archiconocida fórmula del chavismo desde 1999 para cumplir con esta formalidad de legitimidad. Para esto los chavistas cuentan con la fidelidad perruna del ala alacrán de la falsa oposición.

La otra ala de la falsa oposición, la de los Guaidolovers, quiere aferrarse a toda costa a la membresía del llamado gobierno interino porque esto les da acceso a millones de dólares sin tener que rendirle cuentas a nadie. Con el falso argumento de que supuestamente la comunidad internacional lo ha pedido el ala Guidolover de la falsa oposición se ha embarcado en una consulta estafadora cuyo único propósito, al igual que el de Maduro en Venezuela, es el de darle a Juan Guaidó un piso que le permita seguir firmando los cheques en nombre del hamponato interino.

Ambos eventos, tanto las elecciones fraudulentas como la consulta estafadora, se mezclan en un propósito único de seguir robando a la nación venezolana. A Nicolás Maduro y a Leopoldo López con su respectivo séquito de parásitos que les acompañan no les importa detener la destrucción de Venezuela. Desgraciadamente luego de veinte años solo podemos constatar que tanto chavistas como falsos opositores solo quieren seguir depredando lo que queda mientras los venezolanos mueren literalmente de hambre y en esclavitud.

Solo los chavistas creen en las elecciones que está convocando Maduro para esta semana. Y no todos los chavistas. Solo aquellos enchufados o ilusionados porque les regalaron un rollo de mortadela. O los militares de cualquier rango que usan su uniforme y armas para robar hasta a sus propias familias. Esas elecciones están diseñadas para hacerle publicidad al chavismo ante su ya menguada y exigua clientela.

Por el lado del ala Guaidolover de la falsa oposición la llamada consulta es tan pirata que hasta sus organizadores dicen que es vinculante aunque poca gente vote. En otras palabras bastaría contar los votos por correo electrónico  de la burocracia asalariada del hamponato interino para darte un supuesto soporte jurídico a la presidencia caricaturesca de Guaidó.

Las elecciones fraudulentas que organiza el chavismo y la consulta estafadora de la falsa oposición no solo son parte de las formas de saqueo que usa esta casta política que ha destruido a Venezuela. Ambos eventos, tanto las elecciones como la consulta,  son tributarios de la constitución chavista de 1999 diseñada para sostener al chavismo en el poder a perpetuidad. Constitución que primero habría que triturar para comenzar a hablar en serio de “oposición.”

Cualquiera que venga a proponer soluciones basadas en la pseudo legalidad chavista llámese elecciones, consultas, o negociaciones para un cogobierno con el chavismo (Leopoldo López dixit) sólo trabaja como agente del chavismo.

Para liquidar políticamente al régimen chavista es imprescindible liquidar primero a la falsa oposición que ya hoy más de un 80 % de los venezolanos percibe como un estorbo en el camino. Y esto no se logra ni con elecciones ni con consultas.-  @humbertotweets