domingo, 23 de agosto de 2020

La nueva estafa “unitaria” de Guaidó y la falsa oposición

            En medio de un limbo legal, sin comandar a un soldado y sin controlar un metro de territorio el llamado gobierno interino de Juan Guaidó se aferra ferozmente a la constitución chavista de 1999 para invocar su legitimidad de origen. Es la misma legitimidad que les lleva a reconocer las estructuras mafiosas político-militares del estado chavista, aunque solo propongan un mero cambio del gobierno de Nicolás Maduro como respuesta a un país que ha sido desmantelado y donde todo tiene que ser reconstruido.

El desconocimiento de las refinadas tácticas del régimen chavista para crear una oposición a su medida es lo que ha llevado a varios países, incluido los Estados Unidos, a levantarle la mano a Juan Guaidó sin reparar que al hacerlo le estaban otorgando la verdadera legitimidad y reconocimiento que tanto necesitaba para hacer negocios en nombre de la República.

Este reconocimiento internacional es la que le ha permitido a Juan Guaidó articular una extensa burocracia con politiqueros y palangristas que opera como una sofisticada y compleja gestoría de negocios y contratos para beneficio de los dueños de las franquicias partidistas. Se trata de la representación que el lobby de Juan Guaidó intenta hacer valer para ponerle la mano a los activos y recursos de la república de Venezuela en el exterior.

Y aun cuando, en principio, la mayoría de los países que reconocen a Guaidó desde ya han anunciado que no reconocerán los resultados de las elecciones parlamentarias de 2020, el solo desconocimiento no parece suficiente para liberar los apetecidos activos de Venezuela en el exterior que sería, ultimadamente, el propósito definitivo del lobby de Guaidó.

Una cosa es que varios países reconozcan en forma simbólica al no menos simbólico gobierno de Juan Guaidó. Otra cosa es que en medio de graves sospechas de corrupción y malversación se le dé acceso a la oficina de Juan Guaidó a unos recursos que serían manejados exclusivamente por su grupo. Bajo la cuestionable lógica diplomática de que esos activos que pertenecen a todos los venezolanos solo podrían ser administrados por una entidad que represente a “toda la oposición”, no a una parte de ella, entonces habría que hacer algunos cambios cosméticos en las caras de esa nueva oposición al chavismo estampadas en un pacto unitario (otro más!) que los incluya a todos o a la mayoría y que luzca, aunque solo sea en apariencia, más plural.

Con retórica reciclada y bien practicada elocuencia, en una estilizada coreografía de ojos y manos, Juan Guaidó hace sus mejores esfuerzos para tratar de vender a los venezolanos y a la comunidad internacional en un video esta nueva estafa. Una que, con el adorno de un socorrido pacto de unidad, en realidad esconde una petición, un ruego, a la comunidad internacional para que se le permita seguir atribuyéndose la representación de todos los venezolanos después de enero de 2021 y como consecuencia el uso y abuso de los activos y recursos de Venezuela en el exterior para pagar cuotas, favores y las costosas nóminas de sus operadores políticos. Todo en nombre de la unidad. Esto es lo que está en juego con el pacto convocado por Juan Guaidó.

Para los venezolanos asqueados al límite de la náusea por el colaboracionismo de la falsa oposición esto no es nada nuevo. En Venezuela todos nos conocemos y estamos vacunados contra las maniobras del régimen chavista y su falsa oposición. Pero esta vez el sujeto de la estafa no son los venezolanos, que ya no creen en Guaidó y su banda, sino los representantes de esa comunidad internacional que ingenuamente verían con beneplácito una “unidad de la oposición democrática” aunque en realidad no sea más que una formalismo burocrático para repartirse equitativamente el botín.- @humbertotweets

domingo, 16 de agosto de 2020

Traición a la fe

A nadie debe sorprender el documento de la Conferencia Episcopal Venezolana llamando a legitimar en elecciones fraudulentas al régimen chavista. Desde el comienzo de la tiranía Chavista esta oficina administrativa de la Iglesia Católica ha mantenido una línea política inalterable de apoyar la pseudo legalidad chavista derivada de la Constitución de 1999 y suscribir todas las estrategias colaboracionistas articuladas por la falsa oposición desde participar en elecciones fraudulentas y mesas de negociaciones hasta desmovilizar la insurrección ciudadana.

En lugar de ser el templo de refugio para proteger a la resistencia ciudadana y convertirse en la voz de esperanza de una nación que se niega a morir, la burocracia de la Iglesia Católica en Venezuela se ha reducido al papel de instrumento de manipulación por parte del régimen y su falsa oposición, abusando de la fe de quienes creen en los intérpretes de la palabra de Dios.

El documento en cuestión debe ser examinado cuidadosamente porque fue redactado en términos ambiguos y ambivalentes para permitir variadas y cómodas interpretaciones que permiten justificar el llamado a votar como la única opción frente al falso dilema de quedarse de brazos cruzados.

El segundo párrafo del referido documento comienza por ratificar lo que ha sido la política entreguista de la MUD y la falsa oposición: Una defensa sentida de la democracia e institucionalidad chavista. La CEV llama a asumir la “normalidad ciudadana” por la vía racional del voto en un país donde la ausencia de instituciones y garantías nos ha retrocedido a la barbarie. Frente a las mafias chavistas que hoy controlan a Venezuela la única racionalidad posible es un acto puntual de fuerza que los saque del poder para proteger la vida y la integridad de la familia venezolana. Pero la CEV prefiere hacer un llamado pérfido a la racionalidad del voto aunque en forma aún más irracional admita en el mismo documento que el proceso al cual llama a participar está plagado de insalvables irregularidades.

Para sellar la invocación el documento remata: “...la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo de parte del gobierno.” Este tipo de voluntarismo solo comparable con la política ficción ha sido la causa de que muchos venezolanos, civiles y militares, estén presos y torturados y otros tantos hayan sido asesinados por el régimen chavista. Muchos de ellos llevados bajo engaño al matadero bajo la falsa creencia metafísica que solo basta con un “Creer es Poder” o el ultra demagógico “Fuerza y Fe”.

Los venezolanos han participado y atendido todos los llamados que se le han hecho desde la CEV y la falsa oposición para participar masivamente en elecciones. Han sido ya casi dos décadas votando masivamente una y otra vez para finalmente descubrir que todo era una gran estafa política para atornillar al régimen por “vías democráticas”. Votar “masivamente” es el narcótico que se usó para adormecer a los venezolanos, pero ya hoy el tiempo y la sangre derramada ha inmunizado a la mayoría  ante los efectos letales de la droga electoral.

El documento de la CEV relativiza la gravedad de la tragedia y se refiere al régimen chavista en perfumados y maquillados términos de “intentos totalitarios” y “ventajismo”. ¿Intentos totalitarios en un país azotado y desangrado por los colectivos y bandas chavistas? ¿Ventajismo en un régimen político hecho a la medida del chavismo y que lo controla todo hasta el número de votos que saca la “oposición”? Hablar de “intentos totalitarios” y “ventajismo” es una insolente e inmerecida bofetada de los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana contra todos los venezolanos. Y provoca, con serenidad y estoicismo, poner la otra mejilla tan solo para mirar, por unos instantes, a los ojos del agresor.

El documento de la CEV es una jugada política que invoca retóricamente el bien común pero que carece de religiosidad y le da la espalda a la fe cristiana para lavarle la cara a la tiranía. Gracias a Dios y por fortuna para la civilización occidental de tradición judeocristiana, los discípulos de Jesús tuvieron la firmeza, el carácter y la convicción que hoy carecen los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana para propagar y defender la fe. De lo contrario jamás habríamos conocido a la Iglesia Católica.-  @humbertotweets

domingo, 9 de agosto de 2020

EEUU no puede entregarle el poder a los socios del chavismo

Objetivamente existen todas las condiciones para sacar del poder al chavismo por la vía de una intervención militar encabezada por los Estados Unidos y detener su efecto nefasto sobre Venezuela y el resto de América. Las razones de política interna son indiscutibles. Venezuela es un país destruido que ha retrocedido en su deterioro a la época de la guerra civil. A esto se suma la amenaza que representa el narcoregimen chavista al operar como un estado que no duda en patrocinar el tráfico de droga y el terrorismo como medios para sostenerse en el poder.

Hasta ahora el gobierno de los Estados Unidos y más específicamente su presidente Donald Trump han sido los únicos dispuestos a emprender acciones concretas para sacar al chavismo del poder. Esta política se ha expresado en ofrecer recompensas a quienes ayuden a capturar a Nicolás Maduro y otros miembros de su entorno político, militar y financiero. Además el permanente patrullaje de naves norteamericanas por vía marítima y aérea anticipa los preparativos para una eventual acción militar contra el régimen chavista, salida que ha sido públicamente asumida por la administración de Trump.

Sin embargo, el propio Donald Trump enfrenta resistencias en su propio ámbito a su tesis sobre Venezuela. Los representantes de su política (Pompeo, Abrams, y Story) sigue aupando una salida encabezada por el mal llamado gobierno interino de Juan Guaidó. En la visión de estos funcionarios el régimen chavista entraría en una fase de ablandamiento ante la presión de las sanciones económicas contra sus altos operadores y negocia su rendición. Esta ruta fue incluso adornada con el idílico documento que presentó Mike Pompeo en Marzo de este año ofreciendo elecciones democráticas seis meses después de la salida de Nicolás Maduro.

Esta posición de los representantes de Donald Trump para atender el caso Venezuela es ingenua, por decir lo menos. Parece marcada por el tipo de doctrina que embarcó a los Estados Unidos en el fracaso de Irak al exitosamente sacar a Sadam Hussein para luego imponer fórmulas políticas democráticas ajenas a la cultura de los actores locales.

Los funcionarios diplomáticos de Trump están anclados en un fundamentalismo democrático que les lleva a buscar salidas para Venezuela dentro de un marco jurídico que ha sido diseñado a la medida de los intereses del chavismo. Por esta vía le otorgan un reconocimiento legal a Guaidó y a la Asamblea Nacional controlados por las mafias de la falsa oposición que mantiene negocios con el régimen chavista a través de la bisagra de los bolichicos. Esto no es interpretación. Se trata de asociaciones públicas y notorias entre la oposición reconocida y los financistas del chavismo  que han sido puestas en evidencia por periodistas de investigación una y otra vez.      

Pero Donald Trump, quien hábilmente se ha desmarcado del lobby de Juan Guaidó, tiene que resolver otra situación adicional a la resistencia de sus colaboradores. Y es que desde la geopolítica de los Estados Unidos resultaría un contrasentido salir por vías de fuerza del socialismo autoritario de Nicolás Maduro para entregarle el poder a otra forma de socialismo suave quizás representado por la falsa oposición de Guaidó. Esto así planteado podría llevar a Venezuela a un caos mayor o vacío de poder como correctamente apuntó esta semana el Senador Republicano Rand Paul.

Los Estados Unidos tienen la tecnología y capacidad militar para ejecutar una intervención militar en Venezuela y en cuestión de horas poner fin a una pesadilla que ya lleva dos décadas. El problema no es tanto sacar del poder al chavismo sino entregarle el poder a sus socios.- @humbertotweets


domingo, 2 de agosto de 2020

La falacia de la sociedad civil en la política

   El descrédito de los partidos políticos en los sistemas de estado de partido es tan grande que ha llevado una degradación de la idea de política a la cual se le atribuyen propiedades perversas e inmorales en la pragmática lucha por el poder. Por esta vía se llega al reduccionismo de asociar la política a lo más sucio y despreciable en una sociedad cuando en realidad es la degeneración del ejercicio de la política lo que resulta condenable. Esta simplificación conduce a la equivocada generalización de “todo en política es corrupto.”
   Sin embargo, el problema de la corrupción asociada al ejercicio de la política es tan real que algunas personas insisten en hacer política adoptando la etiqueta de “sociedad civil” como característica diferenciadora con quienes orbitan en la sociedad política.
   La idea de una sociedad civil que se opone a una sociedad política es un concepto negativo. En este sentido se podría decir que la sociedad civil es aquella que no es política, o mejor dicho aquella parte de la sociedad que no participa en los partidos políticos.
   Pero esta definición es ambigua y confusa.  ¿Cómo quedarían categorizados los militares que por su condición no deben ser parte de partidos políticos?  ¿Son o no son sociedad civil?  ¿Y los menores de 18 años que de acuerdo a la mayoría de las legislaciones no pueden participar en partidos?   ¿Son o no son sociedad civil?
   Los ciudadanos que no participan en partidos políticos son tan heterogéneos y diversos que no podría hablarse propiamente de una sola y única sociedad civil. Habría tantas sociedades civiles no partidistas como grupos en una sociedad. Iglesias, sindicatos, empresas y otras organizaciones podrían calzar perfectamente en la idea de sociedad civil o ser cada una de ellas una sociedad civil particular. Entonces, cuando se habla de sociedad civil  ¿de qué sociedad civil se está hablando?
   El problema se complica aún más cuando algunos grupos con intereses políticos incursionan en la política escondiéndose tras la etiqueta “sociedad civil” con la pretensión de “organizar” a “toda” la sociedad civil. El empeño es tan pretencioso como iluso porque no es posible “organizar” a la sociedad civil como una totalidad homogénea. A estos grupos no les queda otra opción que crear mecanismos que den la apariencia de legitimidad y así asumir la representación de una totalidad que no les corresponde.
   En otras palabras los grupos políticos que se escudan tras la sociedad civil estarían haciendo un ejercicio de vulgar politiquería al tratar de incursionar en política sin el costo de que los llamen políticos. Aquí estamos frente a una forma sofisticada de oportunismo que es igual a las prácticas farsantes de las cuales se quieren diferenciar.
   La presunta distinción entre sociedad civil y sociedad política es una falacia producto de la ignorancia y la manipulación. Siguiendo al filósofo español Gustavo Bueno defendemos la tesis que la sociedad civil y la sociedad política son inseparables, aun cuando se puedan disociar. La sustantivación de la idea de sociedad civil como una fuente positiva de energía política propia no es más que un artificio para sorprender incautos y ocultar agendas partidistas, que no necesariamente políticas.-  @humbertotweets

domingo, 26 de julio de 2020

Qué hacer mientras tanto

   El despedazamiento de Venezuela por parte del régimen chavista plantea tareas urgentes en la reconstrucción nacional que deberían haber comenzado ayer. No solo los venezolanos carecen hoy de los medios materiales para subsistir, a eso se suma la destrucción de la soberanía y la pérdida del territorio. Hasta la identidad nacional se les niega a los venezolanos que regresan al país por las trochas. Sin garantías y sin instituciones Venezuela es una balsa a la deriva que naufraga y se deshace en el mar caribe.
   Lamentablemente el perverso plan de Hugo Chávez de implosionar a la nación venezolana usando sus propias instituciones y las fuerzas armadas nacionales es un plan que funcionó hasta un punto de no retorno. No solo Venezuela carece de las fuerzas políticas y sociales para recuperar su libertad. También está a merced de una infame falsa oposición que solo vive de las negociaciones y las prebendas que le otorga el chavismo.
   La traición más grande de esta falsa oposición ha sido precisamente renunciar a la lucha insurreccional de calle y desmovilizar a la población promoviendo la ilusión electoral durante estos veinte años.
   Hoy Venezuela carece de una vanguardia política, social y militar organizada para recuperarse a sí misma. La hambruna y todos los padecimientos materiales se mezclan con la propagación del coronavirus para lograr el sometimiento al régimen con la inmoral y siempre presta ayuda de una fuerza armada cobarde y mercenaria.
   No hay forma de retroceder en el tiempo y lo que tenemos hoy es una tierra desolada y arrasada por una hordas peores que las de Ezequiel Zamora quien se reveló como el primer chavista en la historia nacional al proclamar “!Mueran los que sepan leer y escribir!”. Ahora, al igual que entonces, se nos plantea a los venezolanos el conflicto definitivo y existencial entre barbarie y civilización.
   Es muy fácil decir que el problema de Venezuela es un asunto que deben resolver exclusivamente los venezolanos. Sobre todo ahora que el régimen chavista y la falsa oposición han logrado destruir la capacidad de movilización y respuesta que en algún momento hubo en Venezuela por allá en los años 2002-2003.
   Por eso la salida del régimen chavista por vías de fuerza no es sino la constatación de una realidad objetiva donde todas las salidas institucionales y jurídicas quedaron canceladas hace ya mucho tiempo. Bien sea por una insurrección militar o una intervención militar internacional o una combinación de ambas resulta evidente que el régimen chavista no saldrá del poder por vía de elecciones o negociaciones.
   Pero, mientras tanto  ¿qué hacer?  ¿Que podrían hacer los millones de venezolanos que luchan diariamente para sobrevivir y no desaparecer como su país?  ¿O quienes estamos en el exilio contando los días y viviendo de los recuerdos de un país que ya no existe? ¿Qué hacer mientras esperamos por un desenlace que no sabemos cuándo podría ocurrir?
   Lo más importante quizás sea que mientras nos quede aliento no podemos renunciar a luchar por recuperar a la nación venezolana y expulsar al chavismo del poder. Tanto dentro como fuera de Venezuela es esencial organizar una vanguardia de ciudadanos que haga a un lado a la falsa oposición y emprenda las acciones insurreccionales necesarias para expulsar al chavismo del poder por vías de fuerza internas o externas.
   Esta iniciativa significa incorporar a venezolanos con base a su calidad ética y profesional, para lograr un cambio de régimen político y ser parte de un gobierno de facto que establezca el orden, recupere el territorio y siente las bases de una nueva república. Esto implica organizarnos y educarnos políticamente para que ese gobierno de facto que vendrá después del chavismo sea un gobierno de los honestos y los mejores,  y no sea secuestrado por las camarillas de oportunistas y politiqueros.- @humbertotweets

domingo, 19 de julio de 2020

Límites y posibilidades para una unidad de las oposiciones frente al régimen chavista

   Continuando con el debate iniciado hace varias semanas aquí con el profesor Carlos Hermoso hoy voy a referirme a los puntos más resaltantes de su último artículo publicado en El Pitazo “Coincidencias y diferencias. Pero avanzar en el camino de la unidad”. Aprovecho para reconocer, una vez más, la transparencia y claridad en la exposición del profesor Hermoso. Tratare de confrontar sus tesis en forma sumaria y concreta por considerar que un análisis con mayor rigor y profundidad desbordaría el ámbito de una columna de opinión. 
   El enemigo a vencer. El enemigo a derrotar es una realidad material y sustantiva. Y este no es otro que el estado chavista cuya médula está conformada por complejas estructuras políticas, militares y financieras dispuestas a movilizar sus recursos para mantenerse en el poder. El profesor Hermoso caracteriza correctamente al enemigo y sugiere atacar su médula que serían las mafias encabezadas por encabezadas por Maduro, Cabello y Padrino. En esto estamos de acuerdo.
   La combinación de formas de lucha. Es necesario combinar diferentes formas de lucha y privilegiar aquellas que garanticen mayor acumulación de energías para cambiar la correlación de fuerzas. Igualmente esto significaría desechar aquellas que por su propia naturaleza contribuyan a confundir y debilitar a las fuerzas opositoras. Por las razones que ya hemos explicado en otros artículos, para nosotros la fractura militar interna, la intervención militar internacional y las protestas en la calle estarían en el primer grupo y las elecciones convocadas por el régimen en el segundo. Entonces aquí podríamos estar en acuerdo o desacuerdo dependiendo de cómo se plantee esa combinación de formas de lucha.
   La transición. El profesor Hermoso acota lo siguiente: “En las transiciones, de lo que sea, la convulsión arrastra en una dirección dominante, pero se puede producir una regresión que haga que la cosa antigua se recomponga.” Estamos de acuerdo en lo que se refiere al posible resultado de una transición. Tan es así que nosotros descartamos la tesis de la transición como fórmula política y proponemos la tesis de la ruptura con el régimen chavista, justamente para evitar lo que el profesor Hermoso advierte y es que “la cosa antigua se recomponga.” Además la idea de transición sugiere que de alguna forma habrá una suerte de cooperación del nuevo régimen con el nuevo a cambio de ciertas concesiones. Esto es una ilusión inviable al menos hasta que se logre primero el nivel de reducirlos militar y políticamente.
   El artículo 350 y la constitución chavista de 1999. Para el profesor Hermoso analizar al régimen trasciende el ámbito jurídico. Es cierto. Justamente por eso nosotros proponemos un desconocimiento material de la constitución chavista de 1999, no sólo porque fue aprobada en  fraude a la Constitución de 1961 sino porque además, lo que es peor, destruye las bases republicanas de la nación venezolana. Por otra parte mal podría invocarse el artículo 350 de la constitución de 1999 como para tratar de asirse a algún tipo de justificación jurídico-legal para rebelión. Algunos militares caen en esta trampa que solo conduce al mismo punto de partida al reconocer la pseudolegalidad en la que se apoya el régimen. Una rebelión política y militar no necesita basarse jurídicamente en el artículo 350 de esa constitución. Bastaría la razón histórica de cualquier venezolano para declararse en rebelión y por la defensa de un propósito superior como es la recuperación de la nación venezolana frente a la tiranía chavista. Esto nunca podrá ser resuelto en el ámbito jurídico sino por vías materiales y de hecho.
   El monopolio de las armas. Tal como dice el profesor Hermoso “Toda forma de dominación supone el ejercicio del poder bajo el monopolio de las armas.” Hoy las armas de la República están en manos de un ejército que actúa como el brazo armado del régimen para someter a la sociedad. El estado chavista ha comprado ese apoyo haciendo parte a oficiales de sofisticadas redes de corrupción y lavado de dólares. A quienes están en la base de la pirámide militar les permiten raterías de más baja monta como el robo, la extorsión y el tráfico de droga en menor escala. El estado de descomposición de las fuerzas armadas reduce a una mera ilusión pensar que algún día escuchará los llamados de los venezolanos y se levantará contra el régimen. Frente a esto solo queda la confrontación con otro ejército profesional que les reduzca militarmente sin descartar fracturas militares internas derivadas de luchas intestinas por el control de las redes de distribución de droga y otros ilícitos. En suma, hay que quebrar ese monopolio de las armas que ha sido fundamental para sostener al régimen chavista.
   Un programa para la unidad. Si algo he aprendido de este debate con el profesor Carlos Hermoso es poner esa idea de la unidad de la oposición venezolana frente al régimen chavista en una perspectiva más realista y no idealista. Partiendo del reconocimiento de la diversidad social y política de la sociedad venezolana es imposible aspirar a una unidad del tipo “aquí caben todos” aunque se trate de todos quienes estamos en contra del régimen chavista. Hay diferencias sustanciales que no se pueden obviar en cuanto a la caracterización del régimen (¿Narcoestado o solo mal gobierno?), la forma de confrontarlo (¿vías de hecho o elecciones?), y qué hacer luego de su derrocamiento (¿República de ciudadanos o estado de partidos?).
   Sin embargo, cada una de esas instancias ofrece posibilidades para el acuerdo y el disenso. La tarea es ver que tan lejos podemos avanzar en las áreas de acuerdo y mantener el debate sobre todo lo demás, al tiempo de incorporar otras fuerzas políticas y sociales más allá de los partidos a esta discusión.- @humbertotweets

domingo, 5 de julio de 2020

La unidad de las oposiciones para derrocar la narcotiranía chavista

Cada vez que la crisis social y política en venezuela da un nuevo salto para empeorar, la frustración y el sufrimiento de miles de venezolanos lleva a replantear el tema de la unidad de la oposición para enfrentar a la narcotiranía chavista. Es uno de esos temas que van vienen en forma cíclica e intentan darle sentido y esperanza a una lucha que ya nos lleva dos décadas.
Por la seriedad de su proponente y la coherencia de su argumentación voy a tomar como referencia el artículo escrito por Carlos Hermoso, Secretario General Adjunto de Bandera Roja, “El poder de Maduro y el poder de Guaidó” donde esta semana aborda el tema de la unidad de la oposición frente al régimen.
La primera constatación que hace Hermoso es que con la designación del nuevo Consejo Nacional Electoral se confirma que “el chavismo no puede medirse sino de manera fraudulenta. En segundo lugar, que va con todo.” Pero los hechos nos demuestran que esto no es nuevo. Esto ha sido así desde 1999 y ha sido confirmado en forma reiterada en todas las elecciones celebradas durante el chavismo. Como dice el profesor Hermoso, esta decisión (la de ir nuevamente a elecciones con un CNE amañado) sorprendió a pocos. ¡Y es que luego de veinte años no debería sorprender a nadie!
Hermoso en su artículo argumenta correctamente que en Venezuela no hay dualidad de poderes, sin embargo reconoce a la llamada presidencia interina de Juan Guaidó como una entidad paralela que sin ser poder real administra una parte de las finanzas públicas, no tiene el monopolio de la fuerza y ha logrado el reconocimiento de varios países.
Agrega Carlos Hermoso que este reconocimiento internacional es lo que ha obligado al régimen de Maduro a “a respetar la figura de Guaidó.” Bueno, no es precisamente que el régimen respete la figura de Guaidó, es más bien el hecho constatable que el régimen usa a Guaidó para sus fines y este a su vez se presta para cohabitar. Veamos.
Una omisión importante en el artículo de Hermoso es la necesaria caracterización de Juan Guaidó y su “gobierno”. ¿Quién es? ¿Qué intereses representa? ¿Para quién realmente trabaja? Hechos incontrovertidos demuestran que Juan Guaidó fue designado por Leopoldo López, dueño de Voluntad Popular, partido a su vez miembro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que en forma consistente y sistemática ha insistido en negociar con el régimen chavista condiciones para participar en elecciones fraudulentas, las mismas que alude Hermoso al comienzo de su artículo.
Desconocer la voluntad del régimen chavista de hacer fraude y usar la fuerza para sostenerse en el poder es una política que ha llevado a esta oposición a convertirse en un poderoso factor legitimador del régimen e inmovilizador de las luchas de calle. No habría forma de explicar al chavismo en el poder sin el colaboracionismo de una oposición que propagó su tóxica ilusión electoral por veinte años y ha traicionado todos los intentos civiles y militares de insurrección. A esta oposición no podría calificarse por menos que falsa, porque no es real ni verdadera.
Estoy de acuerdo con el profesor Carlos Hermoso en que no hay una sino varias oposiciones. Solo que una, con sus dos tendencias (MUD y mesita tapa amarilla), es tolerada por la narco tiranía porque se inca ante el régimen político derivado de la constitución chavista de 1999. Aceptar la Asamblea Nacional y la presidencia de Guaidó no es un acto de respeto, sino la necesaria contraprestación para unos operadores políticos que diligentemente colaboran para sostener la pseudo legalidad en la cual se apoya el chavismo. El resto de las oposiciones orbitan en torno a partidos, movimientos y liderazgos, unos de naturaleza civil otros militar, con fórmulas diferentes para enfrentar la narcotiranía.
Aquí llegamos al corazón de la idea que nos propone el profesor Carlos Hermoso: La unidad de la oposición (¡las oposiciones!) para derrotar al régimen en el momento más agudo de su crisis y descomposición.
Pero, ¿acaso estamos hablando aquí de una unidad que integre sin distinción a todas las oposiciones? ¿Cómo podríamos convocar una unidad opositora que incluya a los colaboracionistas que han parasitado del chavismo en las últimas dos décadas? Un frente de lucha con la MUD o la mesita tapa amarilla sería equivalente a incluir al PSUV en esa alianza opositora. Esto es algo antihistórico que debe ser rechazado en forma definitiva.
Tampoco estamos de acuerdo con una suma meramente cuantitativa de nombres y siglas de partidos que teóricamente produciría como resultado la unidad política. Esto se reduciría a una unidad burocrática que intenta agenciar intereses disímiles y hasta contrapuestos lo cual llevaría a inevitables contradicciones y fracasos.
En lugar de una unidad burocrática proponemos una unidad de propósito para derrocar al régimen chavista donde el eje fundamental no sean sus integrantes sino las tesis políticas que se suscriben. Claridad en la unidad de propósito es lo que nos permitiría convocar amplios sectores realmente comprometidos más allá de los partidos y construir una dirección política que coordine los esfuerzos contra la tiranía.
Por ejemplo, el desconocimiento de la constitución chavista de 1999, la ruptura con el estado chavista y todas sus instituciones, y  la salida por vías de fuerza del régimen para establecer un gobierno de facto que recupere la república son ideas concretas para articular una unidad que sea efectiva en sus fines. 
En suma, la sola idea de unidad por sí misma y sin un propósito definido carece de la potencia para convocar sectores políticos, militares y sociales que logren acumular energías suficientes para derrocar al régimen. Por el contrario, una consigna como la propuesta por Bandera Roja “La Rebelión es el Camino” es un intento real para nuclear a los convocados en torno a un propósito claro y concreto, aunque aún tengamos que definir cómo se manifiesta esa rebelión (¿Acaso una mera rebelión electoral por vía de abstención?) y a dónde conduce ese camino (¿Acaso a un gobierno de transición que deje intacto el aparato político-militar chavista?).  Con todo, la referida consigna sería un buen comienzo para darle contenido a esa idea de unidad, pero eso forma parte de otro debate.- @humbertotweets