Desde hace varios años hemos argumentado en las páginas de La Razón que en Venezuela el chavismo solo saldrá del poder por vías de fuerza, jamás por elecciones.
Esta
tesis que se puede ser etiquetada de irresponsable, tremendista y alucinante
tiene fundamento en la caracterización que hemos hecho del Estado chavista como
una entidad que en sustitución del Estado nacional venezolano tiene el control
absoluto del poder político y militar en Venezuela.
Con
un tinglado jurídico-legal soportado en la constitución de 1999 y la
disposición de las fuerzas militares y policiales al servicio del régimen es
imposible encontrar formas institucionales para lograr el cambio jurídico
dentro de ese régimen político.
El
Estado chavista sigue los pasos del Estado cubano para eternizarse en el poder
y si no hay nada que afecte la estructura de ese ecosistema militar el
resultado, como ya se puede apreciar, será muy similar a del Cuba donde la
mafia castrista ya pasó los 65 años de tiranía.
Pero
también hemos dicho en La Razón que
en la actual coyuntura no se perciben signos de ruptura interna o de presión
internacional que empujen a una salida de fuerza en Venezuela.
En
la estructura militar, principal componente del Estado chavista, hay grupos,
carteles y mafias pero definidos por el reparto del botín no por su postura
política frente al régimen a que sirven y menos aún por su defensa de las
formas democráticas. A esto se suman purgas que periódicamente hace el régimen
para neutralizar a todos aquellos oficiales militares que, aun sin ser enemigos
del régimen, no se comportan con el grado de incondicionalidad y fanatismo que
se espera.
Así,
la ruptura militar interna no parece hoy una fórmula para desbancar al régimen
chavista y podría no serlo nunca por el grado de deterioro y corrupción en que
se encuentran esas fuerzas militares.
La
presión internacional se ha limitado a la condena diplomática y a la aplicación
de unas leves sanciones que no afectan al régimen chavista pero que son usadas
por su aparato de propaganda para justificar su dramático fracaso ante sus
propias clientelas. Mientras no exista un Estado dispuesto a declararle la
guerra al régimen chavista como lo hizo Alemania con el régimen de los Zares en
Rusia será imposible ver una presión internacional efectiva contra el chavismo,
suficientemente fuerte como para sacarlo del poder.
Entonces
¿qué opciones quedan? La falsa oposición electorera invocando su legítimo
derecho a sobrevivir el linchamiento moral y físico no tiene otra salida que
refugiarse en el esquema de la nueva normalidad propuesto por el chavismo.
Tendrán que aparearse con el régimen si no quieren perecer y esto quizás hasta
obligue a un entendimiento entre las facciones de los partidos intervenidos
judicialmente para ir juntos, agarrados de la mano, a las elecciones del 2025 y hasta para apoyar la reforma a la
Constitución de 1999.
Pero
también hemos argumentado que la estructura político-militar del estado
chavista que es muy eficiente y efectiva para linchar a ciudadanos civiles
desarmados no tiene las capacidades ni las fortalezas para defender la
integridad del territorio y menos aún para enfrentar una amenaza militar
externa.
La
posibilidad de que en los próximos años la Corte Internacional de Justicia tome
una decisión desmembrando el Esequibo del territorio venezolano le planteara al
endeble y frágil Estado chavista el dilema de responder militarmente o no al
despojo. En este artículo no vamos a discutir el fondo de la controversia
territorial, solo diremos, como también lo hemos explicado en esas páginas, que
esta sería una decisión sin ningún fundamento jurídico ni histórico sino más
bien atendiendo a motivaciones de tipo geopolítico de las potencias que controlan
e influyen en la CIJ.
El
chavismo podría intentar responder a la agresión con un ejército débil y
desorganizado incapaz de sostener acciones militares de guerra por más de 8
horas frente a una coalición militar internacional alineada con Guyana. Esta segura
derrota militar terminaría con el descabezamiento, por vía de fuerza, del
chavismo.
También hay
otra posibilidad. Que el chavismo, consciente como lo es de sus propias
debilidades militares, decida enfrentar el despojo por la vía diplomática sin
arriesgarse a provocar una intervención militar internacional que sería letal.
Esta alternativa quizás podría generar un reacomodo dentro de las fuerzas
militares del régimen si es que aún queda alguna fibra patriótica en esos
oficiales. Pero de esto no hay garantía porque las nuevas generaciones de
militares chavistas han demostrado una extraordinaria disposición al servilismo
y la corrupción.
De una u otra
forma, el chavismo no podrá ser indiferente ante la posible pérdida del
Esequibo en el marco de un eventual enfrentamiento militar a escala
internacional que, dependiendo del grado de entreguismo, podría decidir o no el
destino de un régimen político que ha, literalmente, descuartizado a
Venezuela.- @humbertotweets
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