domingo, 9 de mayo de 2021

El preámbulo de la nueva normalidad (chavista)

            Mientras la falsa oposición se debate y se divide en torno a la negociación de nuevas condiciones electorales para ir a elecciones -¡Otra vez!- el régimen chavista por su parte tiene un solo y único objetivo: mantenerse en el poder al precio que sea, aunque sea un día a la vez.

            Para lograr esto la estrategia sigue siendo la misma, aunque como es natural usen nuevas tácticas. Los esfuerzos del chavismo se despliegan en una combinación de acciones para obligar a la falsa oposición a seguir jugando dentro del marco jurídico y político del régimen. Esta vez el chavismo provocó una división orgánica de la falsa oposición cuyos bandos están enfrentados por el reparto desigual de las prebendas, aun cuando ambos están de acuerdo en que definitivamente hay que negociar y entenderse con el régimen.

            Sin embargo, luego de dos décadas de fraude político la estrategia de sostenerse en el poder al precio que sea ha entrado en un nuevo momento y es lo que podríamos definir como el contexto de la nueva normalidad. En esta nueva fase el chavismo busca imponerse y ser aceptado como un factor que aun cuando se admite que es perverso, tóxico y nocivo se puede convivir -cohabitar- con él. Es la misma racionalidad, pero más refinada, que usan regímenes como Cuba, Nicaragua y Siria entre otros, quienes sobreviven y se mantienen a pesar de las sanciones internacionales e incluso a pesar de los ataques militares directos de potencias como los Estados Unidos.

            La habitual torpeza, cobardía y corrupción de la falsa oposición le hace el juego a esta perversa racionalidad. Argumentos esgrimidos por destacados voceros de la falsa oposición tales como “lo hemos intentando todo” o “Todas las opciones están en la mesa (incluyendo la cohabitación, ¡por supuesto!) intentan justificar el círculo vicioso de negociaciones-elecciones-negociaciones en un eterno giro de tornillo en una tuerca aislada.

La reciente designación del nuevo Consejo Nacional Electoral fue negociada con el sector de la falsa oposición que encabeza Henrique Capriles Radonski y es una parte esencial de esa estrategia que busca atornillar al chavismo por dos décadas más en el marco de una nueva normalidad. Ese CNE integrado por defensores confesos del régimen chavista tiene la tarea de persuadir a partidos y electores que si hay garantías suficientes para votar, porque las elecciones es lo que le da al régimen un viscoso barniz de legitimidad.   

            El otro bando de la falsa oposición controlado por Leopoldo López, vía Interinato, no fue parte de esta primera negociación, pero en declaraciones contradictorias -¡o muy coherentes!- Juan Guaidó expresó que no reconocen al nuevo CNE pero tampoco se opondrán a que la gente vote en esas elecciones regionales. Lo que en realidad no pueden resistir López y Guaidó es la presión de sus propias clientelas partidistas en Venezuela clamando por ir a elecciones y ser parte de la oposición oficialmente aceptada por el régimen chavista con todos los beneficios que ello implica.

            El único apoyo concreto con el que cuenta el interinato es la, hasta ahora, política oficial de los EEUU de permitirles el acceso ilimitado e incontrolado a los activos de Venezuela en el exterior. Pero eso puede cambiar. El presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja de Estados Unidos Gregory Meeks, encabeza un grupo de representantes en el partido demócrata que presionan a Joe Biden para un cambio de política hacia el régimen chavista que incluya levantamiento de sanciones, negociaciones y elecciones.

            El apoyo de la llamada comunidad internacional también se resquebraja. Ya no son 60 países los que apoyan al interinato y con el tiempo serán menos los dispuestos a seguir participando en una operación de desgaste con posibilidades inciertas.

            Todos estos factores de política interna y externa juegan a favor de esa nueva normalidad que ansiosamente busca el chavismo. Una normalidad donde el chavismo puede convivir con una oposición domesticada y ante la protesta simbólica de la comunidad internacional que protesta diplomáticamente, pero acepta al régimen. En realidad una nueva versión de eso que ha vivido Venezuela donde el hambre, la miseria, la violencia y hasta el desgajamiento de la nación que cede su territorio a la guerrilla colombiana son presentadas como algo “normal.”

La política que se adelanta desde ambos bandos de la falsa oposición le hace el juego a esa perversa racionalidad de rendirse ante la supuesta inevitabilidad del chavismo. Ambos grupos están enfrentados por el reparto de las dádivas que les ofrece el régimen y al mismo tiempo ambos coinciden que la única forma de hacer política en Venezuela es aparearse con el chavismo y ser parte de su nueva normalidad.- @humbertotweets

 

 

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