jueves, 16 de enero de 2025

Democracia chavista a la cubana

            El problema más grave que sigue enfrentando la oposición venezolana no es con el chavismo en el poder, sino consigo misma por su incapacidad para caracterizar correctamente al adversario que enfrenta. Esta incapacidad ha sido redundante en los últimos 25 años.

            Si no se ha logrado sacar al chavismo del poder no es solo por el uso -abuso- en el control del Estado sino además por la equivocada idea que tiene la oposición sobre el régimen y las estrategias también equivocadas que se derivan de esta concepción.

            Desde 1999 e incluso ahora luego del 28 de julio y el 10 de enero la oposición venezolana insiste en tratar al chavismo como un mal gobierno que puede ser sustituido respetando la legalidad establecida.

            No se repara en el hecho que la legalidad que opera en Venezuela es una legalidad diseñada a la medida del chavismo y que está para todos los efectos blindada en la Constitución de 1999.

            Esto le otorga al chavismo la cualidad de ser juez y parte, amo y señor, de todos los procesos políticos y electorales que definen las relaciones de poder.

            Con un sistema político sin pesos y contrapesos institucionales lo que existe en realidad es un régimen cuyo único objetivo es mantener el poder al precio que sea. En este contexto el Estado chavista realiza elecciones fraudulentas para dar una apariencia democrática pero sin intención real de someterse a la decisión de las mayorías como sería el caso en cualquier democracia que se precie de serlo.

            Tampoco debería sorprender a nadie que en medio del caos que vive Venezuela y el azote que ha significado el chavismo para los propios chavistas a veces los mecanismos de fraude resultan insuficientes para mostrar una victoria. La elección de las Asamblea Nacional en el 2015 y la elección del 28 de julio de 2024 son la mejor demostración que cuando el chavismo pierde también puede corregir la situación y arrebatar el poder “legalmente”.

            Ahora parece que el chavismo ni siquiera quiere tomarse la molestia de hacer fraude electoral para seguir en el poder. Además el fraude implica la involucración de muchas personas en diferentes niveles para su ejecución. Quizás sea mejor para el chavismo librarse de una buena vez de esas ataduras democráticas para buscar formas “más populares” que les permita seguir en el poder sin tener que ir a elecciones.

            Aquí es cuando entra en escena la posibilidad que quizás para finales de 2025 tengamos otra Constitución en Venezuela. Este bodrio jurídico de inspiración cubana buscaría implantar elecciones de segundo grado, mediante delegados de las comunas, para escoger a los miembros de los poderes públicos nacional, estadal y municipal, incluido por supuesto el Presidente de la República.

            A esto se enfrenta la oposición venezolana. No a un mal gobierno ni a un régimen que quiere negociar su salida. Aquí estamos frente a un Estado cuyos operadores pretenden atornillarse para siempre al poder.

            ¿Cuál es la estrategia de la oposición? ¿Continuar participando en mascaradas electorales para demostrarle al mundo que el chavismo hace trampa? ¿Es que acaso hay alguna estrategia para impedir que el chavismo imponga la elección de los poderes públicos mediante el fraude de las llamadas comunas?

            Respetar las reglas de juego del régimen chavista solo ha conducido a propagar la ilusión de que el chavismo podría entregar pacíficamente. Pero la evidencia histórica demuestra lo contrario. El chavismo jamás entregará el poder pacíficamente y todos los esfuerzos electorales de la oposición venezolana solo han servido para pavimentar la vía a una democracia a la cubana. O una falacia de democracia, que es lo mismo.- @humbertotweets

lunes, 13 de enero de 2025

Lo que viene después del 10 de enero

            El 10 de enero de 2025 se cerró una etapa definida por las ilusiones electorales y la vana esperanza de que el chavismo entregara el poder, por pudor y vergüenza. Hoy hasta los más conspicuos operadores de la MUD admiten la inviabilidad de una transición que le entregue el gobierno a Edmundo Gonzalez y a su vez se dividen entre quienes buscarían una intervención militar internacional en Venezuela y quienes tratarían de acoplarse a la nueva normalidad que promueve el régimen.

Llegado el día de la juramentación del Presidente de Venezuela Edmundo Gonzalez no pudo regresar al país para tomar posesión del cargo frente a Jorge Rodríguez y Vladimir Padrino López, tal como él y María Corina Machado habían prometido. La promesa era ambiciosa en sí misma y su audacia llevó a muchos a estirar la ilusión de la transición unos meses más aunque nunca quedó claro cómo sería.

Finalmente, la realidad se ha impuesto para identificar, una vez más, los componentes básicos de la ecuación política. Sin presión militar interna o externa es imposible esperar una salida del régimen chavista. Y esto no es otra cosa que la ratificación de uno de los rasgos característicos para el sostenimiento del régimen chavista como lo es el uso de la violencia sobre la población civil desarmada por parte de las Fuerzas Armadas chavistas.

Es en estas condiciones que Nicolás Maduro se juramenta como Presidente de Venezuela con base a unas declaraciones de Elvis Amoroso y sin presentar actas electorales, ni siquiera falsificadas, como de mil maneras sugirieron los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, y Colombia, Gustavo Petro.

Lo que viene después del 10 de enero depende en buena medida de las políticas y acciones que emprenderán los principales bloques de intereses enfrentados en la actual coyuntura.

El régimen chavista. El chavismo tratar á de avanzar a una situación de aparente normalidad sin mayores confrontaciones internas y externas, con elecciones regionales en 2025 y posiblemente otra reforma a la Constitución Nacional para eliminar las elecciones directas e implantar el Estado Comunal.

            La MUD. Es muy probable esperar una división de esa oposición entre quienes tratarán de buscar una intervención militar internacional, con María Corina a la cabeza, y los que quieren entenderse con el chavismo para participar en las elecciones regionales de este año.

            La comunidad internacional. Este conjunto amorfo y heterogéneo de intereses no podrá coordinarse fácilmente para articular una intervención militar, hasta que por lo menos un Estado se decida a declararle la guerra al chavismo en Venezuela.

Los ciudadanos. Ante la evidente ausencia de un plan estratégico y, lo más importante, sin una vanguardia que organice la resistencia lo que se puede anticipar es más desesperanza y desilusión ante promesas inviables que auguraban una transición de poder.

Para la mayoría de los venezolanos todo esto significa más caos, empobrecimiento y represión, con una sensación de sálvese quien pueda. No son pocos quienes después del 10 de enero evalúan abandonar el país o quedarse. Los primeros formarán parte de las nuevas olas migratorias que huyen de la barbarie chavista. Los segundos tratarán de adaptarse para no perecer víctimas de la violencia política. Ambas dinámicas favorecen los planes del chavismo que aspira a prevalecer en un país semi-abandonado y destruido con un Estado de corte militar-policial incapaz de defender la soberanía territorial pero muy eficiente a la hora de perseguir a la población civil.- @humbertotweets

sábado, 11 de enero de 2025

El 10 de enero no pasó nada

            Sin sorpresas ocurrió la juramentación de Nicolás Maduro para el período 2025-2031, luego del asalto a mano armada de las elecciones del pasado 28 de julio de 2024. El nivel de descaro que ha alcanzado el chavismo lo llevó esta vez a juramentar a Maduro con base exclusivamente a la declaración del presidente del CNE y sin mostrar actas electorales. Ni siquiera actas falsificadas las cuales seguramente habrían satisfecho la solicitud de los presidentes de Colombia y Brasil para que el gobierno chavista presentara algo, cualquier cosa, como prueba de su presunto triunfo.

            El control militar y policial del Estado chavista es lo que explica que el chavismo haya perpetrado este asalto prácticamente sin ningún tipo de resistencia y contrapeso. Aunque en la víspera de la juramentación de Maduro se especuló sobre la posibilidad de rebeliones internas en la Fuerza Armada con el paso de las horas se verificaba que nunca existieron tales brotes insurreccionales.

            La militarización de todo el país en los días previos al 10 de enero desalentó movilizaciones ciudadanas significativas ante el justificado temor a la violencia y represión política por parte de militares y colectivos chavistas.

            En el plano internacional, más allá del aumento de la recompensa ofrecida por los Estados Unidos por las cabezas de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello a 25 millones de dólares cada uno y las protestas de varios países, tampoco se produjeron acciones significativas conducentes al desplazamiento del régimen chavista

            En esas condiciones no era difícil prever que efectivamente Nicolás Maduro seria juramentado como Presidente con el apoyo de las fuerzas armadas chavistas, desafiando el resultado electoral del 28 de julio y con el rechazo del 95% de los venezolanos.

            Lo que nos debe preocupar en este momento es hacia dónde se dirige el chavismo ahora que sabe que tiene todo el poder militar para hacer lo que le dé la gana, literalmente, sin ningún tipo de contrapeso institucional. Algunos voceros del régimen ya han mostrado por donde vienen los tiros.

            En los predios del hamponato chavista lo que se pide es pisar el acelerador y dejar a un lado el pudor que hasta ahora aconsejaba hacer una caricatura de elecciones fraudulentas para ahora buscar su cancelación definitiva y su sustitución por un sistema electoral basado en delegados seleccionados en elecciones de segundo grado. Esto es lo que hace Cuba sin tener que darle explicaciones a nadie. Y es lo que ahora se propone el Estado chavista con la instalación de su mentado Estado comunal.

            Este es el espíritu del anuncio de Nicolás Maduro advirtiendo que el paso siguiente a su juramentación sería una reforma Constitucional que buscaría crear los mecanismos para atornillar al chavismo al poder en forma permanente sin necesidad de tener que cumplir con el fastidioso trámite de ir a unas elecciones, aunque tenga el poder para hacer trampa.

            Dentro del marco de la legalidad chavista establecida en la Constitución de 1999 y su Estado es imposible detener la instauración del Estado Comunal y la sustitución de las elecciones directas para elegir los poderes públicos. Y esto no sería más que la confirmación histórica de que nunca hubo forma de sacar al chavismo del poder por la vía electoral, aunque en ello se haya desperdiciado ya 25 años o un cuarto de siglo.

            En este sentido decimos que el 10 de enero no pasó nada. Esto es, no pasó nada nuevo que ya de antemano no se supiera. El chavismo seguirá en su empeño depredador y destructor de Venezuela a menos que una coalición de fuerzas internas y/o externas lo detenga y lo expulse del poder. Pero esa esa opción aún no parece visible. @humbertotweets

lunes, 6 de enero de 2025

La falsa oposición se prepara para repetir el ciclo

            Desde 1999, un grupo de partidos y líderes políticos en Venezuela se ha atribuido la representación de la oposición. Tradicionalmente, esta denominación abarcaba a quienes se oponían al régimen, entonces emergente, de Hugo Chávez. Sin embargo, en sus inicios, fue difícil distinguir a qué se oponía realmente esta “oposición” y cuáles eran las estrategias empleadas para hacerlo.

Durante este periodo de ambigüedad, la oposición adoptó conceptos creados por el chavismo, como la frase “dentro de la constitución todo, fuera de la constitución nada”. Esta consigna reflejaba la intención del régimen de someter a sus detractores bajo un sistema político diseñado a su medida, pero que mantenía la apariencia de una "fiesta democrática".

Este enfoque de respetar estrictamente las reglas del régimen derivó en un círculo vicioso de elecciones y negociaciones que se ha prolongado por más de dos décadas. La estrategia de Juan Guaidó y su equipo, centrada en negociar “condiciones mínimas para unas elecciones libres”, es una extensión de las primeras formas de colaboracionismo, aún ancladas en el sistema constitucional chavista de 1999.

En medio de la confusión y la desesperación, los venezolanos confiaron en las convocatorias de esta llamada oposición. Cuando se les pidió votar, acudieron masivamente con la esperanza de un cambio político, solo para enfrentar la frustración de ver cómo sus líderes “opositores” entregaban estas victorias electorales al chavismo sin defender la voluntad popular. Igualmente, cuando se les convocó a las calles, millones se movilizaron creyendo en la posibilidad de una insurrección civil y militar que derrocaría al régimen. Sin embargo, estas protestas terminaron siendo sofocadas en negociaciones entre el chavismo y la oposición, dejando como saldo miles de venezolanos asesinados.

La desilusión hacia una clase política que ha convertido la “oposición” en un lucrativo modus vivendi llevó a muchos ciudadanos indignados a distanciarse del término, optando en su lugar por identificarse como “resistencia”. Otros, en cambio, buscan recuperar la esencia del concepto denunciando a los colaboracionistas como una pseudo-oposición o falsa oposición.

Desde el exterior, la complejidad de la crisis venezolana se simplifica en la narrativa de que existe “una oposición”, representada por todos los partidos que se proclaman adversarios del chavismo. Esta visión ignora la naturaleza traicionera de aquellos que, bajo el manto de la legalidad otorgada por el chavismo, simulan ser opositores.

En este contexto, no existe una oposición real al chavismo en Venezuela, sino un grupo de actores políticos que usufructúan esa representación, amparados en la legitimidad que les concede el régimen. Esta falsa oposición es una distorsión de la realidad, diseñada para perpetuar el engaño y la manipulación política.

La supuesta oposición, leal a la constitución chavista de 1999, es una fachada que confunde y, si no se desmantela, será el instrumento que permitirá al chavismo permanecer otros 25 años en el poder. En lugar de actuar como una fuerza de cambio, esta falsa oposición sigue apostando por la ilusión de una entrega pacífica del poder, mientras se prepara para reiniciar el ciclo de negociaciones y elecciones que está previsto comenzar el 10 de enero de 2025.- @humbertotweets

jueves, 2 de enero de 2025

Petro entre Maduro y Trump

            El asalto a mano armada a plena luz del día de las elecciones del pasado 28 de julio  fue un             evento que se podía fácilmente anticipar por el poder militar que el chavismo ha concentrado en estos 25 años sin ningún tipo de contrapeso. Es cierto que hasta ahora el chavismo se había limitado a un ejercicio de fraude electoral que de alguna manera trataba de salvar las formas. Gobiernos aliados del chavismo y sus operadores de la izquierda mundial siempre supieron que el chavismo apelaba al fraude para ganar elecciones pero las falsas apariencias les otorgaban la oportunidad de cohonestar el crimen.

Sin embargo, lo del 28 de julio alcanzó otro nivel de descaro. Sin presentar actas el chavismo se proclama ganador por fuerza de la violencia en un robo electoral a mano armada ante los ojos atónitos de propios y extraños. Lo que sorprende no es que el chavismo una vez más se haya robado las elecciones sino la forma descarada como esta vez lo hizo.

La oposición que encabeza María Corina Machado está frente a un dilema frente al 28 de julio. Sí admite que fue sorprendida por el robo de las elecciones tendrá entonces que igualmente admitir su pretenciosa fantasía de esperar que el chavismo reconocería el resultado y entregaría el poder. Si por el contrario, dicen que sí sabían lo que el chavismo intentaba perpetrar entonces habrá que responsabilizar a estos opositores de llevar a la gente bajo engaño a unas elecciones que ya se sabía el chavismo de una u otra forma se robaría.

Los aliados internacionales del chavismo tales como Brasil y Colombia también encuentran problemático reconocer sin mayores reparos el robo electoral del 28 de julio. Estos gobiernos, el de Brasil el de Colombia, operan en Estados donde existen pesos y contrapesos institucionales que garantizan el traspaso pacifico del poder. Además las coaliciones políticas que respaldan tanto a Lula como a Petro  no quieren ser asociadas con la delincuencia electoral chavista por el daño electoral que esa vinculación podría producir en sus respectivos países en futuras elecciones.

Estas consideraciones han obligado tanto a Lula como a Petro a crear espacios metafóricos que les permitan continuar apoyando a Nicolás Maduro sin que ese apoyo tenga un costo político en sus países o incluso un rechazo por parte de otros países. La solución a este dilema fue ofrecida pragmáticamente por el gobierno demócrata de Joe Biden quien comenzó a ensayar la tesis de desconocer el robo electoral del 28 de julio reconociendo al gobierno realmente existente en Venezuela que es el que encabeza Nicolás Maduro, por lo menos hasta el 10 de enero.

Inmediatamente Brasil y Colombia, cada uno por su lado hicieron suya esa tesis que de alguna manera permitía complacer a ambos bandos. Sin embargo, en las semanas siguientes y luego del triunfo de Donald Trump el gobierno de Biden con la soltura de quien se sabe libre de ataduras comenzó a tomar decisiones más que para favorecer a la política exterior norteamericana con el objetivo de entregarle una papa caliente al nuevo gobierno de Trump. Una de esas medidas fue precisamente reconocer a Edmundo Gonzalez como el ganador de las elecciones del 28J lo cual deja a los Estados Unidos en la contradictoria posición de no reconocer el resultado oficial del 28 de julio y al mismo tiempo tener como presidentes de Venezuela tanto a Nicolás Maduro como a Edmundo Gonzalez.

            Los chavistas que entienden que la política exterior norteamericana entra en una nueva etapa el próximo 20 de enero han preferido esperar para reaccionar. Gustavo Petro por su parte quien preside un gobierno que requiere de los servicios mediadores del chavismo con el ELN ha tenido que encontrar fórmulas más creativas para seguir apoyando a Maduro sin que esto se vea como un apoyo.

            El canciller de Colombia ha dicho que aún no está decidido si Petro asistirá o no a la toma de posesión de Maduro el 10 de enero. Pero al mismo tiempo ha confirmado que el embajador de Colombia en Venezuela si asistirá a la juramentación de Maduro lo cual, según el Canciller, no es un reconocimiento a ese gobierno. ¿Si la asistencia del embajador de Colombia a la toma de posesión de Nicolás Maduro no es un expreso reconocimiento a ese estado entonces qué es? Porque con toda certeza un desconocimiento no es.

            El problema para el gobierno de Petro no es tan solo que depende de Venezuela la mediación con el ELN sino además el hecho concreto real y no protestado por el gobierno izquierdista de Petro de alojar las bases militares de los Estados Unidos en territorio colombiano.

            La incertidumbre de los posibles desarrollos de la política exterior de Trump hacia las Américas y específicamente hacia Colombia obliga a Colombia a tratar de conservar la mayor prudencia. Aunque en el ejercicio de esa prudencia se vea forzada a hacerle concesiones a los gobiernos de Trump y el de Maduro al mismo tiempo como lo es reconocer al régimen venezolano sin admitir que efectivamente se trata de un reconocimiento luego del robo de las elecciones el 28 de julio.- @humbertotweets

lunes, 30 de diciembre de 2024

¿Ha funcionado la estrategia electoral de María Corina Machado?

            Esta pregunta no es retórica ni ociosa, por el contrario tiene un sentido estrictamente político y es totalmente pertinente tomando en cuenta las expectativas que se han creado en torno al 10 de enero de 2025. ¿Entrará Edmundo Gonzalez a Venezuela acompañado de personalidades de escala internacional? ¿Será juramentado ante la Asamblea Nacional chavista que preside Jorge Rodríguez, tal como lo dicta la Constitución de 1999? Si los hechos confirman estas preguntas con sentido hipotético entonces sin duda habría que reconocerle a María Corina Machado el mérito de haber triunfado con su tesis electoral.

Sin embargo, el desarrollo de los eventos parece reeditar el reciente episodio del 28 de Julio en cuanto a suponer fantasiosamente que el chavismo cumpliría su propia ley y entregaría el poder. Es importante repasar lo que ha ocurrido hasta ahora tomando como eje del análisis la pregunta que formulamos en el título de este artículo ¿Ha funcionado la estrategia electoral de María Corina Machado? Sobre lo cual hay que comenzar haciendo varias precisiones.

En primer lugar hay que ponderar la estrategia de María Corina Machado como una de naturaleza eminentemente electoral que apuesta a respetar las reglas juego del Estado chavista en la esperanza de que este pacíficamente entregue el poder. Esta estrategia no se parece en absoluto a las tesis propuestas por la María Corina Machado de la fase anterior quien hasta justo antes de la Primaria de la MUD argumentaba correctamente que participar en las elecciones del régimen era colaboracionismo puro. Ella en ese entonces tenía toda la razón y fue quien con mejor claridad explicó el sinsentido de ir a unas elecciones controladas en todas sus fases por el régimen chavista.

Por el contrario la tesis electoral de la María Corina que súbitamente decide participar en la Primaria de MUD es una postura que coincide totalmente con Manuel Rosales, Henrique Capriles Radonski y todos los operadores y partidos más emblemáticos de la MUD. Todos ellos desde 1999 y María Corina Machado, ahora, suscriben la tesis de la vía electoral según la cual es posible que el chavismo pierda unas elecciones y en respeto a su propia legalidad pacíficamente entregue el poder.

Las diferencias entre María Corina Machado y los operadores de la MUD, que ella antes combatió, son de forma más no de fondo. María Corina ha resultado un mensajero más carismático y seductor que Capriles y Rosales a la hora de embaucar a la gente con las bondades de la salida electoral. Pero en el fondo ella está vendiendo el mismo pote humo que antes vendieron los otros solo que esta vez el estuche es diferente. La combinación de frustración y desesperanza ha llevado a los más incautos a asegurar que si María Corina lo dice entonces tiene que ser verdad. Sobre todo cuando ella sigue alimentando la falsa ilusión de cobrar, por la vía electoral y legal que ofrece el chavismo.

Y esto nos lleva a otro aspecto de la misma pregunta. ¿Cuál es el parámetro para medir triunfo o fracaso? ¿Que la gente acuda a votar? ¿Qué Edmundo Gonzalez se juramente ante Jorge Rodríguez y gobierne con Padrino López? ¿Que el mundo se entere que los chavistas son tramposos? ¿Cómo exactamente se define el éxito o el fracaso de la tesis electoral de María Corina Machado? Ella deliberadamente no lo dice, ni lo dirá, porque eso le permite al igual que a los sofistas griegos tener la razón en cualquier caso.

Como la forma de cobrar nunca estuvo clara, como el llegar hasta el final jamás fue definido y como el criterio político de derrota o victoria no fue establecido entonces cualquier cosa que pase el 10 de enero o a partir de esta fecha podrá ser calificado como victoria. Aunque el chavismo siga en el poder, porque entonces se dirá que estamos frente a una victoria moral en un intento más por enmascarar la derrota de la vía electoral.

Y es que si queremos ser justos con María Corina Machado y otorgarle el beneficio de la duda habría que juzgarla en base al único parámetro material y objetivamente posible que es la salida efectiva del régimen chavista del poder. Esto es, si el Estado chavista es expulsado del poder como resultado de la cadena de eventos que se iniciaron el 28 de julio entonces sin duda habría que reconocerle a María Corina Machado el mérito de la victoria de su tesis electoral.

Cualquiera podría atajarnos y decir que el derrocamiento del régimen chavista podría ocurrir incluso luego del 10 de enero, en cualquier momento, por lo cual la valoración final sobre el éxito o fracaso de la vía electoral de María Corina estaría aún en suspenso indefinidamente. Y es cierto porque la tesis de la salida electoral del chavismo, tal como la plantean María Corina Machado y la MUD, es una suerte de estafa recurrente a la cual tendremos que enfrentarnos una y otra vez en el futuro así como ha ocurrido en este cuarto de siglo de tiranía chavista que comenzó en 1999.- @humbertotweets

jueves, 26 de diciembre de 2024

¿De dónde sale el poder del chavismo?

            El verdadero poder político del Estado chavista no proviene de las elecciones, aunque estas se usen como fachada legitimadora. Durante 25 años, los venezolanos han sido llamados repetidamente a procesos electorales sin que esto haya modificado la estructura de poder fundamental. 

Entonces, ¿de dónde emana ese poder? En Venezuela, donde las instituciones estatales han desaparecido hace tiempo, el poder real reside en quienes tienen las armas. Ellos controlan el monopolio de la violencia frente a una población civil desarmada, incapaz de defenderse o de revertir este desequilibrio mediante vías institucionales. 

Por ello, las elecciones jamás han una preocupación para el chavismo. Su prioridad radica en mantener la lealtad dentro de las fuerzas armadas, cuya complejidad interna se asemeja a un ecosistema en constante conflicto. Entrecruces de lealtades y agendas crean una red difícil de desenredar, donde todos se identifican como chavistas y bolivarianos, pero luchan entre sí. 

Muchos analistas suelen interpretar las acciones del chavismo como torpes o desesperadas. Un ejemplo es la llamada “conspiración del brazalete blanco”, una trama plagada de incoherencias. Testigos cuestionables y mapas obsoletos han sido usados por el fiscal Tarek William Saab para justificar una conspiración con acusados que no se conocen entre sí, carecen de recursos y, en algunos casos, ni siquiera pertenecen ya a las fuerzas armadas. 

Algunos celebran estas supuestas torpezas, pero cabe preguntarse si no forman parte de un plan deliberado. Los acusados carecen de capacidad real para ejecutar las acciones que se les atribuyen. Sin embargo, esta estrategia no es nueva. Casos como el del teniente Ronald Ojeda Moreno, asesinado en Chile, muestran cómo el chavismo recurre a métodos extremos para neutralizar cualquier potencial amenaza.

Lo que queda claro es que mientras el régimen promueve la ilusión electoral (¡ahora viene la de las elecciones regionales del 2025!), endurece su campaña de terror dentro de las fuerzas armadas. Con acciones brutales y aparentemente absurdas, envía un mensaje claro a sus oficiales: no hay límites para perseguir, torturar o eliminar a quienes representen una posible amenaza. 

Montajes como el del “brazalete blanco” o el llamado “golpe azul” no solo justifican persecuciones internas, sino que refuerzan un clima de desconfianza generalizada entre los oficiales. Este ambiente tenso es clave para prevenir insurrecciones y es una táctica copiada del Estado cubano. Incluso los secuestros de militares en el extranjero demuestran hasta dónde puede llegar el régimen para infundir miedo y desmovilizar conspiraciones reales. 

El chavismo concentra todos sus esfuerzos en el ámbito militar porque sabe que ahí radica su origen y su posible fin. La estabilidad del régimen depende de controlar este sector, el único capaz de alterar el rumbo del país. Se podría decir que el fascismo chavista del siglo XXI se impuso a fuerza de violentar y reventar las instituciones del Estado venezolano. El cálculo más probable es que también termine por la fuerza, no por negociaciones ni elecciones.- @humbertotweets