lunes, 13 de junio de 2022

Los bandazos de la política exterior norteamericana

            El papel de los Estados Unidos de Norteamérica como potencia hegemónica, luego del derrumbe de la Unión Soviética, está hoy en discusión. A pesar de su enorme influencia financiera y militar los EEUU enfrentan sensibles conflictos tanto internos como externos que debilitan su rol como potencia imperial.  Esto es en buena medida el resultado de la ideología globalista que se ha instalado en las entrañas del Estado norteamericano y que reaccionó violentamente para sabotear las políticas de orientación nacionalista de Donald Trump en una conspiración que llevo a su destitución, vía fraude electoral, y posiblemente a su enjuiciamiento.

            Esta ideología globalista es precisamente la que ayudó a desmantelar las industrias norteamericanas para hacer una economía dependiente y adicta a los productos baratos fabricados en China. La clase política norteamericana, conformada por demócratas y republicanos influenciados por el globalismo, en defensa de los intereses del complejo industrial militar no podía aceptar la tesis nacionalista de Trump de abandonar el papel de policía del mundo llegando al extremo de plantear, correctamente, la salida de los Estados Unidos del pacto militar de la OTAN.

            Las corporaciones norteamericanas dedicadas al negocio de la guerra que operan a escala global parecen ser quienes están estableciendo las prioridades de la agenda en la política internacional de los EEUU. Ante la ausencia de guerras en la región de Hispanoamérica el eje de la política exterior norteamericana parece estar siempre centrado en Europa, el medio oriente y Asia donde los dividendos por la venta y suministro de armas y tecnología de guerra parecen multiplicarse al infinito. Esto podría explicar el abandono, el desdén y el desgano de los Estados Unidos con el resto de países de las Américas.

            La guerra contra Rusia y el auxilio militar y económico a Ucrania parece estar más justificado por favorecer al complejo industrial militar norteamericano que a un interés genuino desde el punto de vista geopolítico. Resulta un absurdo que los EEUU pretendan justificar su participación en ese conflicto con el pretexto de defender la soberanía de Ucrania o de ejercitar, una vez más, el dudoso papel de policía del orden mundial. Más absurda resulta la concepción de la élite política norteamericana que prefiere entenderse con un gobierno tan inestable como impredecible como el de Ucrania que llegar a un acuerdo político con un Estado más organizado y estable como Rusia.

            Por ejemplo, es un error cuando se le presenta a la opinión pública la imagen de un solo pueblo ucraniano agredido por Rusia sin reparar que el gobierno de Vladimir Zelensky está conformado por las más variadas facciones neonazis cuyos intereses van más allá que Ucrania. Podemos anticipar que, tal como ha ocurrido antes con la política norteamericana, las armas suministradas a grupos y facciones irregulares irán irreversiblemente a las manos de mercenarios que siempre terminan usándolas en contra de intereses y objetivos norteamericanos. ¿Ejemplos? Afganistán, Irak, Libia.

            Enfrentar a Rusia hasta lograr su destrucción usando a Ucrania como proxy no es en realidad, o no debería ser, un objetivo geopolítico de los Estados Unidos. Sin duda hay más espacio y potencial para construir una relación de respeto y cooperación entre los EEUU y Rusia que entre los EEUU y Ucrania. Sin embargo, las corporaciones que viven del negocio de la guerra insisten en todo un despliegue mediático para persuadir a la opinión que Rusia es el enemigo irreductible de los Estados Unidos. Eso lo tenía mucho más claro Trump y así lo asumió aunque lo llamaran pro ruso.

            Las consecuencias de este enfoque ya se sienten dentro y fuera de los EEUU. Internamente los billonarios recursos comprometidos en esa guerra le han impuesto una carga extraordinaria a la economía norteamericana que hoy enfrenta un encarecimiento brutal de bienes y servicios y la inflación más alta en los últimos 40 años. En lo internacional este conflicto ha obligado a un realineamiento de Estados donde una cantidad considerable sobre todo de África y Suramérica han resuelto no acompañar a los Estados Unidos en su guerra contra Rusia. Hasta los Estados que apoyan la alianza militar de los EEUU contra Rusia admiten la inconveniencia de continuar en un sistema de relaciones internacionales unipolar.

            El fracaso de la reciente Cumbre de las Américas no es más que una extensión del fracaso de la política exterior norteamericana empeñada en unas urgencias equivocadas. El evento se celebró en un ambiente de apatía, desinterés y pérdida total de credibilidad hacia los Estados Unidos. Para tratar de esconder el histórico abandono que ha caracterizado a los EEUU en las últimas décadas en relación al resto de las Américas el Departamento de Estado intentó centrar el foco en la no invitación a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Como si no invitar a estos gobiernos que han sido sistemáticamente tolerados y hasta alentados por los EEUU tuviese la entidad de una segunda declaración universal de los derechos humanos.

            La realidad, y en definitiva es lo que cuenta, es que los EEUU han mantenido una política blandengue que ha prometido el atornillamiento de estos regímenes. En el caso de Venezuela, por ejemplo, cuál es el sentido de no invitar al chavismo a la cumbre si simultáneamente los EEUU están levantando las sanciones y llevan arrastrada a la falsa oposición a que suscriba un acuerdo de entendimiento con el régimen sí o sí. Juan Gonzalez, alto funcionario de la Casa Blanca para asuntos de América Latina, admitió que los EEUU podrían reunirse con representantes de estos países que no fueron invitados a la cumbre en cualquier otra parte, pero no en su territorio. Entonces la política exterior de los EEUU se reduce a meras formas y posturas donde lo que pasa en los países de las Américas no tiene el menor interés. Esta política de bandazos, sin norte y sin horizonte, sobre todo para los propios ciudadanos norteamericanos no cambiará mientras las corporaciones que integran el complejo industrial militar sean las que decidan la agenda exterior norteamericana.- @humbertotweets

jueves, 9 de junio de 2022

La última Cumbre de las Américas

            La novena edición de la llamada Cumbre de las Américas se desarrolla en medio del cuestionamiento del rol de los Estados Unidos de Norteamérica como la principal potencia en un mundo unipolar inexistente y el resquebrajamiento de la confianza de los pueblos suramericanos hacia el otrora coloso del norte. Estos encuentros concebidos como una invitación al diálogo y la cooperación entre países americanos partiendo de su filiación en la OEA no han logrado ningún resultado significativo desde 1994. No ha sido por falta de voluntad de los países hispanoamericanos, incluida Brasil, sino por el histórico desinterés de los EEUU en atender a la periferia de su imperio y reproducir relaciones y alianzas comerciales entre los países de su entorno.

            Aquí hay que despojar a la expresión imperio de contenidos ideológicos y darle todo su contenido y carga de carácter geopolítico. La realidad es que los Estados Unidos de Norteamérica es el eje de un imperio político, cultural y financiero establecido territorialmente a lo largo y ancho de América, de norte a sur. Hay Estados que ejercen una soberanía en su territorio codeterminada por la existencia de otros Estados y por la hegemonía militar y económica de los EEUU. Eso es lo realmente existente más allá de la retórica populista que desde la izquierda habla de pueblos y Estados soberanos

            Curiosamente la relación de los Estados Unidos con los países que están en su periferia se desarrolla en una dialéctica de acercamiento-confrontación o de amor-odio donde los EEUU no se asumen a si mismos con el rol de potencia imperial y los demás países aunque renieguen del imperio terminan por aceptar una realidad que hasta el día de hoy se mantiene inalterable.

            Sin embargo, a pesar de tener la posibilidad de usar su influencia para ejercer un imperialismo generador de riquezas y posibilidades para sí mismo y para los países de su periferia en el resto de América los Estados Unidos y en especial su clase política siempre parecen estar más interesados en su hegemonía en Europa, Eurasia y el medio oriente. En la geopolítica norteamericana Hispanoamérica no tiene otra relevancia que la de ser el patio trasero en el sentido literal de la expresión. En los últimos 50 años los EEUU han gastado billones de dólares para reafirmar su presencia en el medio oriente y en Europa a través de costosas operaciones como el pacto militar de la OTAN. Tampoco se entiende que en ese mismo periodo de tiempo el liderazgo norteamericano haya decidido desmantelar su propia industria para depender de factorías en China en lugar de forjar una vigorosa alianza industrial con su vecino México.

            El fracaso de la presente edición de la llamada Cumbre de las Américas, y de todas las anteriores, no es más que el resultado de la falta de una política definida por parte de los Estados Unidos hacia los países que operan en su periferia. Sin políticas y sin un horizonte cierto estos encuentros no pasan de ser un ejercicio de palabrería y una oportunidad para una foto sin mayor trascendencia. Esta vez los EEUU hicieron bastante ruido con la no invitación a la cumbre a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Como si al no hacerlos partícipes del evento se pudiese alterar el resultado final.  

            El caso de Venezuela resulta particularmente patético porque trata de enmascarar la impotencia de la administración de Joe Biden para lidiar con el régimen chavista, debilidad derivada en buena medida por la gran cantidad de operadores y lobistas chavistas que influyen en las políticas del gobierno demócrata. ¿Cuál puede ser el alcance de no invitar a Venezuela a la Cumbre de las Américas si al mismo tiempo el gobierno norteamericano trabaja aceleradamente para levantar las sanciones al régimen chavista? Ejercitando la dialéctica de Cantinflas los EEUU no acepta la participación del estado chavista en la cumbre pero tampoco invitan al gobierno de papel de Juan Guaidó a quien tan solo le dispensan una llamada telefónica privada. La política norteamericana hacia el régimen chavista de Venezuela está atrapada en un limbo de indefiniciones e incertidumbres mejor caracterizada por el ingenioso comediante mexicano al apuntar “Que no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario''. 

            Es irrelevante que los Estados Unidos no hayan invitado a Venezuela, Cuba y Nicaragua a participar en la novena Cumbre de las Américas porque tampoco están haciendo nada para cambiar la situación política en esos países, sobre todo si se compara con las grandes sumas de dinero y recursos que los EEUU ha comprometido para ayudar a Ucrania en su confrontación con Rusia. A riesgo de ser etiquetados como ingenuos tenemos que preguntarnos ¿Por qué Ucrania? ¿Por qué no Venezuela, Cuba o Nicaragua? El Congreso norteamericano no ha podido ponerse de acuerdo en los últimos meses para aprobar un paquete de $4000 millones en ayuda a Centroamérica, pero en cuestión de días le aprobó $40.000 millones a Ucrania.

 El desinterés de los Estados Unidos por asumir su papel como un verdadero imperialismo generador de riquezas en la región, su pérdida de credibilidad y el desgano mismo en la elaboración de la agenda para este encuentro aunado a la ausencia de logros concretos bien podrían constituir la antesala de la última Cumbre de las Américas tal como se le ha conocido hasta ahora.- @humbertotweets

lunes, 6 de junio de 2022

La quiebra del Estado de partidos en Colombia

            La sorpresiva insurgencia del candidato independiente en las elecciones de Colombia Rodolfo Hernández no solo confirma la decepción de los colombianos frente a una derecha ambigua y cobarde sino que también revela la profunda crisis del modelo de Estado de partidos o de democracia liberal como también se le conoce. Con un discurso declarado en contra de la corrupción y los partidos políticos Hernández es hoy la esperanza de millones de colombianos para enfrentar al izquierdista Gustavo Petro y sus pretensiones de llevar a Colombia por los caminos de Venezuela, Cuba, y Nicaragua.

            Ya en un artículo anterior en este mismo medio adelantamos la crítica a la supuesta derecha colombiana y sus candidatos por su empeño en parecerse y copiar el discurso de Petro. Abrazando un discurso ambiguo frente a temas fundamentales como la familia y el territorio para no ser acusados de derechistas la mayoría de estos candidatos presentaron propuestas para cautivar a los electores pero no para definir una política desde el Estado colombiano. Y la razón para esto es porque todos o casi todos estos candidatos de la derecha colombiana al igual que Gustavo Petro coinciden en preservar el modelo de Estado de partidos que hoy comienza a resquebrajarse al ser impotente incluso para defenderse a sí mismo.

            En toda democracia liberal expresada en la forma de Estado de partidos son los partidos políticos, no el ciudadano, quienes ejercen el poder. Al tomar el control total o parcial el Estado estos partidos se convierten en oligarquías que se sostienen mediante clientelas de militantes y activistas que rinden sus servicios al partido, no al Estado, a cambio de una contraprestación en forma de dinero o contratos. Este tipo de perversión política se ha presentado como normal, inevitable e intrínseca al modelo de democracia de partidos. Frente a esto se dice que solo queda esperar por la actuación de las instancias judiciales para frenar o castigar la corrupción, pero instancias que a su vez están controladas por las oligarquías de los partidos.

            Con un discurso en contra de las perversiones del Estado de partidos y la corrupción Rodolfo Hernández gana su primera incursión en la política al convertirse en forma sorpresiva en Alcalde de Bucaramanga. Desde entonces Hernández ha logrado atraer la atención y el apoyo de millones de colombianos decepcionados con políticos liberales y conservadores, de derechas e izquierdas. Y es que otro curioso elemento que caracteriza la candidatura de Rodolfo Hernández es que se presenta al margen de las usuales etiquetas de izquierdas y derechas muy eficientes para simplificar la confrontación política pero, al ser carentes de contenido,  inútiles para explicar las verdaderas políticas de los candidatos.

            Sin necesidad de presentarse como un candidato de la derecha Rodolfo Hernández convenció a millones de colombianos que se identifican a sí mismos como conservadores o derechistas que él era la mejor opción para derrotar al izquierdista Gustavo Petro. Para lograr esto Hernández se presentó como lo opuesto a la política tradicional percibida como la degeneración de aquellos que toman el poder del Estado para su propio beneficio. Esto le permite un ángulo formidable al poner en el mismo bando por igual a políticos de izquierda y derecha donde ya no habría diferencias entre Petro, Uribe, Duque, Santos, Fico, etc.

Sería ingenuo pensar que Rodolfo Hernández por sí solo pueda lograr superar males que son sistémicos e inherentes a la estructura del Estado de partidos en la eventualidad que él pudiera convertirse en el próximo presidente de Colombia. Como jefe del Estado Hernández tendría que lidiar con capas y segmentos enquistados dentro del gobierno por décadas que responden a intereses partidistas y no a los de la nación colombiana. Sería necesario emprender un proceso de reformas y cambios agresivos y radicales en la estructura del Estado y el gobierno para desmontar la dictadura del Estado de partidos. Y esto es algo que quizás ni el mismo candidato anti-partidos Rodolfo Hernández se ha planteado.

Lo que queremos resaltar aquí es que aunque Hernández reciba el apoyo de la llamada derecha colombiana esto no necesariamente significa que él sea o asuma el espacio político de esa derecha. Por el contrario la abundancia de propuestas cortoplacistas para el gobierno y la ausencia de una tesis ideológica podría llevar a Rodolfo Hernández a abrazar las ideologías disolventes que hoy están de moda.

Lo que realmente importa es que hoy Colombia cuenta al menos con una opción para enfrentar al llamado progresismo que representa Gustavo Petro. Independientemente de la victoria de Hernández o no Colombia va a una reconfiguración del mapa político donde posiblemente haya espacio para reconstruir una opción conservadora de la familia, la república y las tradiciones que asuma transformar al Estado de partidos en uno de ciudadanos. Pero esto requiere de una construcción ideológica y filosófica más que un programa de gobierno para los próximos 4 años.- @humbertotweets

jueves, 2 de junio de 2022

¿Hemos renunciado a Venezuela?

            Gracias al chavismo Venezuela muestra hoy el dudoso honor de ser el segundo país en el mundo con más desplazados fuera de sus fronteras. El primero es Siria y el tercero Afganistán. Según ACNUR con base a reportes de gobiernos habría alrededor de 6 millones de venezolanos desplazados. Otras cifras de organizaciones no gubernamentales internacionales estiman la cantidad de desplazados en más de 7 millones, esto equivale a la cuarta parte de la población venezolana. Pero, ¿Qué ha hecho el chavismo en el poder desde hace dos décadas para provocar esta tragedia?

            Desde que Hugo Chávez tomó el poder el chavismo se dio a la tarea de sustituir al Estado nacional venezolano por el Estado chavista. El objeto de esta política fue tomar por asalto los poderes públicos, incluidos el  judicial, el electoral, y el militar, para subordinados a los intereses de la camarilla chavista gobernante y no de la nación venezolana. Esto se ha implementado a través del fraudulento desconocimiento de la Constitución de 1961 sustituida por la Constitución chavista de 1999 y la creación de un sofisticado tinglado jurídico legal que usa como pretexto la pseudo legalidad del régimen chavista.

            El contar con la sumisión del poder judicial y militar le permite al régimen literalmente imponer su ley sobre el resto de los venezolanos. Así los tribunales se han convertido en casinos donde se rifan sentencias y se decretan el encarcelamiento de cualquiera que represente un peligro para el régimen. Por su parte las fuerzas militares en lugar de asegurar el orden público y la defensa de las fronteras han sido desplegadas para linchar, apresar y torturar a todos los venezolanos que no son parte de la clientela chavista.

            Bajo el chavismo Venezuela ha sido partida en dos pedazos, entre aquellos que reciben beneficios directos e indirectos del régimen chavista, donde entran vergonzosamente los colaboracionistas de la falsa oposición, y el resto de los venezolanos que ha sido castigado simplemente por no ser chavistas. Es cierto que en un país inundado de miserias y precariedades problemas generados por el chavismo como el hambre, la inseguridad, el desempleo y la ausencia de servicios públicos afectarían a todos los venezolanos y por ende a los chavistas. Pero las políticas del chavismo son cuidadosamente selectivas para proveer salvaguardas y atajos a la minoría que apoya al régimen y logran escaparse del drama social. El infame carnet de la patria es un buen ejemplo de esto.

            Más de 7 millones de venezolanos, la cuarta parte de la población, llegó a la conclusión que un país en estas condiciones es inviable e invivible. Pero, ¿no son estas mismas carencias las que en una u otra medida encontramos en otros países de centro y sur américa? La diferencia está en que las posibilidades de resolver los conflictos de Venezuela en forma civilizada están completamente agotadas. Al controlar todos los mecanismos institucionales para un cambio político el chavismo aplica la ley de la selva que ha logrado imponer la barbarie como forma de vida. En otros países al menos hay instituciones que permiten cierta alternabilidad en el gobierno del Estado de partidos. En Venezuela el sistema está diseñado para que el chavismo siga en el poder ganando elecciones fraudulentas en forma indefinida.

            Pero ciertamente no puede ser solo la falta de condiciones socio-económicas materiales para llevar una vida digna lo que mueve a más de 7 millones de venezolanos a abandonar su país. Es la ausencia de mecanismos para cambiar esa situación. La misma falta de una opción política y militar que organice la lucha ciudadana para derrocar al chavismo solo puede terminar en desesperanza y desilusión frente a lo cual migrar parece ser la única opción.

            ¿Han renunciado los millones de venezolanos migrantes a dar la pelea por Venezuela? ¿Son -¿somos?- acaso desleales que han abandonado a su patria? O por el contrario, ¿son víctimas del linchamiento chavista y de la traición de la falsa oposición? Con toda certeza podemos asegurar que cada venezolano que abandona Venezuela y el que se queda y no vota representa en la práctica un voto de repudio y rechazo a las políticas colaboracionistas, clientelares y negociadoras de la falsa oposición. Se trata de un daño casi irreparable si se toma en cuenta que las posibilidades para el cambio y la recuperación en Venezuela son tan inciertas como la disposición de estos millones de venezolanos de retornar a su patria. El chavismo no puede sino celebrar esta desgracia porque ellos prefieren ver a quienes no les apoyan muertos o exilados.-  @humbertotweets

lunes, 30 de mayo de 2022

Colombia vía Venezuel

            Para quienes hemos visto el desmantelamiento de Venezuela en manos del chavismo es inevitable preocuparnos al ver paralelismos con el actual proceso político colombiano cuya fase actual podría culminar con la llegada de Gustavo Petro y la izquierda indefinida al poder. Es cierto que Petro no es Chávez pero está siguiendo las mismas tácticas para lograr el control del Estado colombiano y luego intentar su implosión para sustituirlo por una estructura tolerante con ideologías extrañas a los valores históricos de la sociedad colombiana. Al igual que chávez en su momento Gustavo Petro le dice a cada quien lo que quiere escuchar, esto le ha permitido pasar los exámenes de una oligarquía financiera, de  unos monopolios mediáticos, y hasta de una élite militar que lo consideran potable y aceptable como presidente.

            En buena medida Petro estaría accediendo al poder como resultado del triunfo de esa ideología de la tolerancia que ha gangrenado las instituciones del estado colombiano, incluyendo a sus fuerzas armadas. Esta ideología es la que ha permitido que hoy buena parte del poder judicial colombiano esté controlado por jueces permisivos con los grupos guerrilleros y lo que ellos significan con el pretexto de la inclusión. Parece que muy temprano se ha olvidado que la paz en Colombia sólo fue posible luego de la derrota militar de la guerrilla y el narcotráfico.

            Grupos políticos y militares que no lograron reventar al estado colombiano en una guerra abierta ahora operan desde adentro buscando su implosión de la mano de la candidatura de Gustavo Petro. El uso de instituciones como el poder judicial para buscar el desmantelamiento del estado colombiano es algo muy parecido a lo que el chavismo hizo en Venezuela.

            Además de la connivencia de la burguesía financiera y el apoyo de empresarios de medios de comunicación Petro se ve favorecido por la ausencia de una verdadera alternativa que contraste su retórica populista con una tesis política firme en defensa de la nación colombiana. Por el contrario la gran mayoría de los candidatos que enfrentan a Petro quieren parecerse a él y copian su discurso ambivalente con el afán de ganar apoyos de un electorado que parece encantado con los cantos de sirena. La tragedia de Colombia hoy es que el estado de partidos está obligado a depender de politiqueros, no de estadistas, que parecen más preocupados por las próximas elecciones que por las próximas generaciones.

            Sin embargo, hay notables diferencias entre el proceso político colombiano y el venezolano que nos animan a un moderado optimismo. Aun ganando la presidencia de la República y logrando mayoría en el parlamento Gustavo Petro tendrá que enfrentar poderosos factores políticos, sociales y militares que estarían dispuestos a pelear en el sentido literal de la expresión para defender la integridad territorial y los valores de la sociedad representados en el actual estado colombiano.

            A diferencia de Venezuela en Colombia hay una larga tradición de lucha de la sociedad contra el narcotráfico y la guerrilla. Se trata de una guerra que costó millones de vidas y que unió a la gran mayoría de los colombianos contra las fuerzas que intentaron destruir la nación colombiana. Hay conciencia en amplios sectores de la sociedad colombiana que no se puede ser indiferente frente a las políticas disolventes que trae Petro.

            Igualmente Colombia cuenta con unas fuerzas Armadas con un alto sentido de patriotismo y responsabilidad en la preservación de las instituciones de la nación colombiana. Es cierto que las ideologías tolerantes y disolventes ya están operando en el seno de la elite militar, pero aun así existen amplios sectores con tradición y experiencia en las fuerzas armadas dispuestos a defender los valores históricos de la sociedad colombiana.

            Los intentos de Petro para adecuar al estado colombiano a una versión débil y permisiva con los enemigos históricos de la sociedad colombiana serán enfrentados por sectores que aún tienen una presencia decisiva en la política. Desmantelar al Estado colombiano será mucho más difícil que lo experimentado en Venezuela, pero ante la ausencia de una opción política alternativa y patriótica no se puede descartar.

            La llegada de Gustavo Petro al Palacio de Nariño podría significar el comienzo del fin para Colombia tal como la hemos conocido hasta ahora, con instituciones fuertes y resuelta a defenderse. Pero a diferencia de Venezuela será una batalla de más largo alcance e intensidad que podría verse potenciada por la articulación de una opción política patriótica de carácter civil y militar. El tiempo dirá si Colombia decide transitar el camino de Venezuela o por el contrario regresa y se refugia en su propia historia y valores.- @humbertotweets

jueves, 26 de mayo de 2022

Colombia entre Petro y los que se parecen a Petro

            Más que una sana envidia los venezolanos de bien sentimos una profunda admiración y respeto por el pueblo colombiano que en las últimas décadas ha logrado derrotar al narcotráfico y la guerrilla al tiempo de preservar la integridad de la nación colombiana y sus  valores fundamentales. Lo vemos con admiración sobre todo cuando valoramos que los venezolanos hemos fracasado en ese mismo empeño al dejar caer a Venezuela en manos del chavismo. Sin embargo, Colombia parece no ser inmune al virus disolvente de estados y naciones que hoy recorre el mundo disfrazado de ideologías llamadas progresistas que en muchos casos son asociadas a las ideas de una supuesta izquierda que nosotros preferimos llamar como izquierda indefinida.

            Los enemigos de la nación colombiana que fueron derrotados y reducidos en sus propósitos hoy regresan infiltrados dentro de la propia institucionalidad del Estado colombiano. Estos buscan ahora permear al Estado con políticas de ambigüedad y tolerancia frente a temas fundamentales tales como la defensa de la familia, de la vida, de la propiedad privada y la integridad territorial frente a grupos guerrilleros que han sabido sacarle partido a negociaciones que les permitan una representación que la sociedad con justicia les había negado.

            Las elecciones presidenciales en Colombia de este 29 de mayo nos presentan un cuadro político con todas las contradicciones propias del Estado de partidos. Comenzando por la insuficiente e inútil clasificación de las opciones políticas entre izquierda, centro y derecha pasando por un sistema político que en aras de ser democrático es débil por naturaleza para defenderse de sus enemigos que ya operan desde adentro apostando a su implosión. Un proceso muy parecido, salvando las distancias y particularidades históricas, al que vivió Venezuela en 1998.

            Hablar de izquierda, centro y derecha en Colombia sin darle contenidos concretos a estas etiquetas solo contribuye a la confusión de un electorado que es obligado por las corporaciones mediáticas locales a escoger entre opciones muy parecidas unas a otras donde el factor distintivo termina siendo algo tan volátil y superficial como la personalidad o el carisma del candidato.

            Tomemos como ejemplo las opciones presidenciales de Gustavo Petro y Fico Gutiérrez, identificados el primero con la izquierda y el segundo con la derecha según los medios de comunicación colombianos. En un tema fundamental como es la política del Estado colombiano frente a la guerrilla ambos candidatos coinciden en proponer negociaciones como vía para vencer a estos grupos y lograr la paz. Ambos candidatos, por razones distintas, reniegan del éxito del estado colombiano y su ejército en más de tres décadas de combate a la guerrilla y al narcotráfico. La victoria militar del Estado colombiano sobre la guerrilla y el narcotráfico es la que facilita la política de acuerdos de paz y negociaciones, totalmente innecesarias porque estos grupos ya habían sido vencidos y lo que procedía era someterlos a las leyes vigentes más no convertirlos en receptores de dádivas burocráticas en el seno del Estado colombiano.

            Mientras Petro tiene muy claro que su política de acuerdos con grupos guerrilleros y ex guerrilleros busca un objetivo de largo plazo que es insertarlos en las instituciones del Estado colombiano, el candidato Fico de la supuesta derecha se ve obligado a postular la misma política solo por populismo para tratar de atraer votos de la izquierda que le permitan ganar. Este es uno de los vicios propios del Estado de partidos. Con el objetivo inmediato de ganar una elección los candidatos terminan diciendo no lo que realmente piensan o lo que conviene a la nación sino lo que ellos creen que la gente quiere escuchar. Esto nos presenta un elenco de candidatos al cual habría que yuxtaponer etiquetas de izquierda, centro izquierda, centro, centro centro, centro derecha, derecha y hasta ultraderecha. Los medios de comunicación en Colombia han hecho fiesta con estas denominaciones en lugar de evaluar el contenido de las opciones políticas desde la óptica de lo que conviene a la nación colombiana y de ser necesario hasta podría admitir que ninguna de esas opciones estarían representando a una gran cantidad de colombianos dispuestos a votar en blanco y que las empresas encuestadoras controladas por los medios ubican en un 13%.

            Según las encuestas Gustavo Petro pareciera perfilarse como el ganador en la primera vuelta de este 29 de mayo. Este candidato de la izquierda con apoyos del partido de la FARC y toda suerte de movimientos con ideologías disolventes del Estado colombiano también ha logrado convertirse en un candidato potable para poderosos grupos financieros que están ayudando esta candidatura posicionándola como aceptable para Colombia. Aunque Petro por razones pragmáticas se ha desmarcado del régimen de Nicolás Maduro encontramos grandes similitudes con Hugo Chávez en sus tácticas para tomar el poder diciéndole a cada sector lo que quiere escuchar y cosechando apoyos de fuerzas sociales con intereses contradictorios.

            La respuesta de la supuesta derecha colombiana es llamar a votar por cualquier opción en contra de Petro no importa que en el examen estas terminan pareciéndose a la del candidato del llamado Pacto Histórico. En lugar de construir una propuesta inspirada en la defensa de la nación colombiana, sus valores, la familia, la propiedad y el territorio estos autodenominados grupos de derecha han optado por desdibujarse para tratar de parecerse a Petro y atraer votos. Y si las opciones presentadas a Colombia para este 29 de mayo son entre Petro y los candidatos que quieren parecerse a Petro para nada debería extrañar que el ganador fuese Gustavo Petro.- @humbertotweets

lunes, 23 de mayo de 2022

A elecciones, sin sanciones ni condiciones

            El engaño de las negociaciones chavismo-falsa oposición en México es más que evidente. La estafa consiste en intentar hacerle creer a la gente que se está negociando algo, quizás hasta algo muy importante, cuando en realidad todo ya está resuelto, adjudicado, y repartido desde el ángulo del estado chavista y nada queda por negociar.

            Tratando de darle un sentido a la estafa la falsa oposición sugiere que se estarían negociando condiciones electorales y algunos posibles cambios de políticas del Estado chavista para beneficio de los venezolanos. La realidad es que las concesiones y adjudicaciones concretas que el chavismo le iba a hacer a la falsa oposición ya fueron asignadas hace unos meses atrás con la designación de la directiva del Consejo Nacional Electoral. Allí la falsa oposición cuenta con unos voceros que serán los encargados de afinar los procedimientos electorales con cambios superficiales e inocuos que le sigan garantizando al chavismo ganar las elecciones subsiguientes.

            En cuanto al cambio de políticas que se esperan del régimen chavista la falsa oposición justifica sumarse a las peticiones de levantar gradualmente las sanciones que, según ellos mismos dicen sumados al coro del chavismo,  estarían afectando al pueblo y no al régimen. Parece olvidarse ahora que el objetivo, teórico al menos, de esas sanciones tibias y muy mal implementadas era precisamente debilitar la operatividad del régimen para provocar una crisis que desembocara en su caída. Ahora se cambia el argumento para decir que al tratar de socavar la operatividad del régimen se estaría afectando a los venezolanos víctimas de un gobierno que no podría hacer su trabajo por culpa de las sanciones.

            En el nuevo giro para suspender las sanciones al chavismo han influido no sólo la cobardía y el entreguismo de la falsa oposición. A estos factores materiales habría que sumarle otro, quizás mucho más influyente, que es el ablandamiento de la política de los Estados Unidos frente al Estado chavista con el cambio de gobierno de Donald Trump a Joe Biden. Desde un comienzo la administración Biden ha buscado enmascarar su política real frente al chavismo que no es otra que la de la tolerancia con regímenes tiranos como los de Cuba y Nicaragua al tiempo que ejercita una retórica “anti” que solo esconde acuerdos concretos de la política realmente existente del departamento de estado norteamericano, la cual permitiría la permanencia de estos regímenes, incluido el de Venezuela, por décadas.

            Así las cosas los venezolanos nos encontramos víctimas del régimen chavista y de una falsa oposición que se atribuye una representación que no le corresponde para negociar en nombre de millones de venezolanos con el chavismo. Estas supuestas negociaciones, como ya se ha explicado, son más una estafa que otra cosa. La evidencia del engaño resulta inocultable cuando se constata que la falsa oposición ya está lista para escoger su candidato presidencial y participar en el fraude electoral del 2024 sin condiciones electorales y, posiblemente ya para ese año, sin ningún tipo de sanciones que afecten al estado chavista. Antes de sentarse en la mesita de los pasapalos en México ya la falsa oposición le ha dicho sí a todas las concesiones del chavismo.

            La falsa oposición no ha podido explicar con claridad qué tipo de negociación pretende con el chavismo al renunciar a cualquier mecanismo de presión concreta que obligue al régimen a cambiar su curso. Sin condiciones electorales mínimas que garanticen unas elecciones limpias y sin sanciones que limiten la operatividad del Estado chavista los resultados, si es que se pudiese esperar algunos, descansaran sobre la buena voluntad del chavismo para hacer lo correcto de ahora en adelante sin otro factor de presión que su propia moral. Esto es esperar mucho de una mafia que no duda en linchar a los suyos si es necesario para mantenerse en el poder.

            Para lo único que sirve el levantamiento gradual de las sanciones al chavismo y el participar en su fraude electoral del 2024 es para asegurar la estabilidad y permanencia del Estado chavista. Pero quizás esto es lo que busca la falsa oposición con su nueva táctica de acoplarse al estado chavista para ser un factor de aparente resistencia que en realidad es uno controlado por el régimen. Esta jugada requiere de cierto apoyo popular que convalide con votos la política colaboracionista de la falsa oposición. Para lograr esto hay que inyectarle esperanzas a la gente para que crea en la presunta racionalidad de las negociaciones en México y la salida electoral aunque lo que se estaría logrando es precisamente lo opuesto, el atornillamiento del régimen chavista.- @humbertotweets