domingo, 26 de julio de 2020

Qué hacer mientras tanto

   El despedazamiento de Venezuela por parte del régimen chavista plantea tareas urgentes en la reconstrucción nacional que deberían haber comenzado ayer. No solo los venezolanos carecen hoy de los medios materiales para subsistir, a eso se suma la destrucción de la soberanía y la pérdida del territorio. Hasta la identidad nacional se les niega a los venezolanos que regresan al país por las trochas. Sin garantías y sin instituciones Venezuela es una balsa a la deriva que naufraga y se deshace en el mar caribe.
   Lamentablemente el perverso plan de Hugo Chávez de implosionar a la nación venezolana usando sus propias instituciones y las fuerzas armadas nacionales es un plan que funcionó hasta un punto de no retorno. No solo Venezuela carece de las fuerzas políticas y sociales para recuperar su libertad. También está a merced de una infame falsa oposición que solo vive de las negociaciones y las prebendas que le otorga el chavismo.
   La traición más grande de esta falsa oposición ha sido precisamente renunciar a la lucha insurreccional de calle y desmovilizar a la población promoviendo la ilusión electoral durante estos veinte años.
   Hoy Venezuela carece de una vanguardia política, social y militar organizada para recuperarse a sí misma. La hambruna y todos los padecimientos materiales se mezclan con la propagación del coronavirus para lograr el sometimiento al régimen con la inmoral y siempre presta ayuda de una fuerza armada cobarde y mercenaria.
   No hay forma de retroceder en el tiempo y lo que tenemos hoy es una tierra desolada y arrasada por una hordas peores que las de Ezequiel Zamora quien se reveló como el primer chavista en la historia nacional al proclamar “!Mueran los que sepan leer y escribir!”. Ahora, al igual que entonces, se nos plantea a los venezolanos el conflicto definitivo y existencial entre barbarie y civilización.
   Es muy fácil decir que el problema de Venezuela es un asunto que deben resolver exclusivamente los venezolanos. Sobre todo ahora que el régimen chavista y la falsa oposición han logrado destruir la capacidad de movilización y respuesta que en algún momento hubo en Venezuela por allá en los años 2002-2003.
   Por eso la salida del régimen chavista por vías de fuerza no es sino la constatación de una realidad objetiva donde todas las salidas institucionales y jurídicas quedaron canceladas hace ya mucho tiempo. Bien sea por una insurrección militar o una intervención militar internacional o una combinación de ambas resulta evidente que el régimen chavista no saldrá del poder por vía de elecciones o negociaciones.
   Pero, mientras tanto  ¿qué hacer?  ¿Que podrían hacer los millones de venezolanos que luchan diariamente para sobrevivir y no desaparecer como su país?  ¿O quienes estamos en el exilio contando los días y viviendo de los recuerdos de un país que ya no existe? ¿Qué hacer mientras esperamos por un desenlace que no sabemos cuándo podría ocurrir?
   Lo más importante quizás sea que mientras nos quede aliento no podemos renunciar a luchar por recuperar a la nación venezolana y expulsar al chavismo del poder. Tanto dentro como fuera de Venezuela es esencial organizar una vanguardia de ciudadanos que haga a un lado a la falsa oposición y emprenda las acciones insurreccionales necesarias para expulsar al chavismo del poder por vías de fuerza internas o externas.
   Esta iniciativa significa incorporar a venezolanos con base a su calidad ética y profesional, para lograr un cambio de régimen político y ser parte de un gobierno de facto que establezca el orden, recupere el territorio y siente las bases de una nueva república. Esto implica organizarnos y educarnos políticamente para que ese gobierno de facto que vendrá después del chavismo sea un gobierno de los honestos y los mejores,  y no sea secuestrado por las camarillas de oportunistas y politiqueros.- @humbertotweets

domingo, 19 de julio de 2020

Límites y posibilidades para una unidad de las oposiciones frente al régimen chavista

   Continuando con el debate iniciado hace varias semanas aquí con el profesor Carlos Hermoso hoy voy a referirme a los puntos más resaltantes de su último artículo publicado en El Pitazo “Coincidencias y diferencias. Pero avanzar en el camino de la unidad”. Aprovecho para reconocer, una vez más, la transparencia y claridad en la exposición del profesor Hermoso. Tratare de confrontar sus tesis en forma sumaria y concreta por considerar que un análisis con mayor rigor y profundidad desbordaría el ámbito de una columna de opinión. 
   El enemigo a vencer. El enemigo a derrotar es una realidad material y sustantiva. Y este no es otro que el estado chavista cuya médula está conformada por complejas estructuras políticas, militares y financieras dispuestas a movilizar sus recursos para mantenerse en el poder. El profesor Hermoso caracteriza correctamente al enemigo y sugiere atacar su médula que serían las mafias encabezadas por encabezadas por Maduro, Cabello y Padrino. En esto estamos de acuerdo.
   La combinación de formas de lucha. Es necesario combinar diferentes formas de lucha y privilegiar aquellas que garanticen mayor acumulación de energías para cambiar la correlación de fuerzas. Igualmente esto significaría desechar aquellas que por su propia naturaleza contribuyan a confundir y debilitar a las fuerzas opositoras. Por las razones que ya hemos explicado en otros artículos, para nosotros la fractura militar interna, la intervención militar internacional y las protestas en la calle estarían en el primer grupo y las elecciones convocadas por el régimen en el segundo. Entonces aquí podríamos estar en acuerdo o desacuerdo dependiendo de cómo se plantee esa combinación de formas de lucha.
   La transición. El profesor Hermoso acota lo siguiente: “En las transiciones, de lo que sea, la convulsión arrastra en una dirección dominante, pero se puede producir una regresión que haga que la cosa antigua se recomponga.” Estamos de acuerdo en lo que se refiere al posible resultado de una transición. Tan es así que nosotros descartamos la tesis de la transición como fórmula política y proponemos la tesis de la ruptura con el régimen chavista, justamente para evitar lo que el profesor Hermoso advierte y es que “la cosa antigua se recomponga.” Además la idea de transición sugiere que de alguna forma habrá una suerte de cooperación del nuevo régimen con el nuevo a cambio de ciertas concesiones. Esto es una ilusión inviable al menos hasta que se logre primero el nivel de reducirlos militar y políticamente.
   El artículo 350 y la constitución chavista de 1999. Para el profesor Hermoso analizar al régimen trasciende el ámbito jurídico. Es cierto. Justamente por eso nosotros proponemos un desconocimiento material de la constitución chavista de 1999, no sólo porque fue aprobada en  fraude a la Constitución de 1961 sino porque además, lo que es peor, destruye las bases republicanas de la nación venezolana. Por otra parte mal podría invocarse el artículo 350 de la constitución de 1999 como para tratar de asirse a algún tipo de justificación jurídico-legal para rebelión. Algunos militares caen en esta trampa que solo conduce al mismo punto de partida al reconocer la pseudolegalidad en la que se apoya el régimen. Una rebelión política y militar no necesita basarse jurídicamente en el artículo 350 de esa constitución. Bastaría la razón histórica de cualquier venezolano para declararse en rebelión y por la defensa de un propósito superior como es la recuperación de la nación venezolana frente a la tiranía chavista. Esto nunca podrá ser resuelto en el ámbito jurídico sino por vías materiales y de hecho.
   El monopolio de las armas. Tal como dice el profesor Hermoso “Toda forma de dominación supone el ejercicio del poder bajo el monopolio de las armas.” Hoy las armas de la República están en manos de un ejército que actúa como el brazo armado del régimen para someter a la sociedad. El estado chavista ha comprado ese apoyo haciendo parte a oficiales de sofisticadas redes de corrupción y lavado de dólares. A quienes están en la base de la pirámide militar les permiten raterías de más baja monta como el robo, la extorsión y el tráfico de droga en menor escala. El estado de descomposición de las fuerzas armadas reduce a una mera ilusión pensar que algún día escuchará los llamados de los venezolanos y se levantará contra el régimen. Frente a esto solo queda la confrontación con otro ejército profesional que les reduzca militarmente sin descartar fracturas militares internas derivadas de luchas intestinas por el control de las redes de distribución de droga y otros ilícitos. En suma, hay que quebrar ese monopolio de las armas que ha sido fundamental para sostener al régimen chavista.
   Un programa para la unidad. Si algo he aprendido de este debate con el profesor Carlos Hermoso es poner esa idea de la unidad de la oposición venezolana frente al régimen chavista en una perspectiva más realista y no idealista. Partiendo del reconocimiento de la diversidad social y política de la sociedad venezolana es imposible aspirar a una unidad del tipo “aquí caben todos” aunque se trate de todos quienes estamos en contra del régimen chavista. Hay diferencias sustanciales que no se pueden obviar en cuanto a la caracterización del régimen (¿Narcoestado o solo mal gobierno?), la forma de confrontarlo (¿vías de hecho o elecciones?), y qué hacer luego de su derrocamiento (¿República de ciudadanos o estado de partidos?).
   Sin embargo, cada una de esas instancias ofrece posibilidades para el acuerdo y el disenso. La tarea es ver que tan lejos podemos avanzar en las áreas de acuerdo y mantener el debate sobre todo lo demás, al tiempo de incorporar otras fuerzas políticas y sociales más allá de los partidos a esta discusión.- @humbertotweets

domingo, 5 de julio de 2020

La unidad de las oposiciones para derrocar la narcotiranía chavista

Cada vez que la crisis social y política en venezuela da un nuevo salto para empeorar, la frustración y el sufrimiento de miles de venezolanos lleva a replantear el tema de la unidad de la oposición para enfrentar a la narcotiranía chavista. Es uno de esos temas que van vienen en forma cíclica e intentan darle sentido y esperanza a una lucha que ya nos lleva dos décadas.
Por la seriedad de su proponente y la coherencia de su argumentación voy a tomar como referencia el artículo escrito por Carlos Hermoso, Secretario General Adjunto de Bandera Roja, “El poder de Maduro y el poder de Guaidó” donde esta semana aborda el tema de la unidad de la oposición frente al régimen.
La primera constatación que hace Hermoso es que con la designación del nuevo Consejo Nacional Electoral se confirma que “el chavismo no puede medirse sino de manera fraudulenta. En segundo lugar, que va con todo.” Pero los hechos nos demuestran que esto no es nuevo. Esto ha sido así desde 1999 y ha sido confirmado en forma reiterada en todas las elecciones celebradas durante el chavismo. Como dice el profesor Hermoso, esta decisión (la de ir nuevamente a elecciones con un CNE amañado) sorprendió a pocos. ¡Y es que luego de veinte años no debería sorprender a nadie!
Hermoso en su artículo argumenta correctamente que en Venezuela no hay dualidad de poderes, sin embargo reconoce a la llamada presidencia interina de Juan Guaidó como una entidad paralela que sin ser poder real administra una parte de las finanzas públicas, no tiene el monopolio de la fuerza y ha logrado el reconocimiento de varios países.
Agrega Carlos Hermoso que este reconocimiento internacional es lo que ha obligado al régimen de Maduro a “a respetar la figura de Guaidó.” Bueno, no es precisamente que el régimen respete la figura de Guaidó, es más bien el hecho constatable que el régimen usa a Guaidó para sus fines y este a su vez se presta para cohabitar. Veamos.
Una omisión importante en el artículo de Hermoso es la necesaria caracterización de Juan Guaidó y su “gobierno”. ¿Quién es? ¿Qué intereses representa? ¿Para quién realmente trabaja? Hechos incontrovertidos demuestran que Juan Guaidó fue designado por Leopoldo López, dueño de Voluntad Popular, partido a su vez miembro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que en forma consistente y sistemática ha insistido en negociar con el régimen chavista condiciones para participar en elecciones fraudulentas, las mismas que alude Hermoso al comienzo de su artículo.
Desconocer la voluntad del régimen chavista de hacer fraude y usar la fuerza para sostenerse en el poder es una política que ha llevado a esta oposición a convertirse en un poderoso factor legitimador del régimen e inmovilizador de las luchas de calle. No habría forma de explicar al chavismo en el poder sin el colaboracionismo de una oposición que propagó su tóxica ilusión electoral por veinte años y ha traicionado todos los intentos civiles y militares de insurrección. A esta oposición no podría calificarse por menos que falsa, porque no es real ni verdadera.
Estoy de acuerdo con el profesor Carlos Hermoso en que no hay una sino varias oposiciones. Solo que una, con sus dos tendencias (MUD y mesita tapa amarilla), es tolerada por la narco tiranía porque se inca ante el régimen político derivado de la constitución chavista de 1999. Aceptar la Asamblea Nacional y la presidencia de Guaidó no es un acto de respeto, sino la necesaria contraprestación para unos operadores políticos que diligentemente colaboran para sostener la pseudo legalidad en la cual se apoya el chavismo. El resto de las oposiciones orbitan en torno a partidos, movimientos y liderazgos, unos de naturaleza civil otros militar, con fórmulas diferentes para enfrentar la narcotiranía.
Aquí llegamos al corazón de la idea que nos propone el profesor Carlos Hermoso: La unidad de la oposición (¡las oposiciones!) para derrotar al régimen en el momento más agudo de su crisis y descomposición.
Pero, ¿acaso estamos hablando aquí de una unidad que integre sin distinción a todas las oposiciones? ¿Cómo podríamos convocar una unidad opositora que incluya a los colaboracionistas que han parasitado del chavismo en las últimas dos décadas? Un frente de lucha con la MUD o la mesita tapa amarilla sería equivalente a incluir al PSUV en esa alianza opositora. Esto es algo antihistórico que debe ser rechazado en forma definitiva.
Tampoco estamos de acuerdo con una suma meramente cuantitativa de nombres y siglas de partidos que teóricamente produciría como resultado la unidad política. Esto se reduciría a una unidad burocrática que intenta agenciar intereses disímiles y hasta contrapuestos lo cual llevaría a inevitables contradicciones y fracasos.
En lugar de una unidad burocrática proponemos una unidad de propósito para derrocar al régimen chavista donde el eje fundamental no sean sus integrantes sino las tesis políticas que se suscriben. Claridad en la unidad de propósito es lo que nos permitiría convocar amplios sectores realmente comprometidos más allá de los partidos y construir una dirección política que coordine los esfuerzos contra la tiranía.
Por ejemplo, el desconocimiento de la constitución chavista de 1999, la ruptura con el estado chavista y todas sus instituciones, y  la salida por vías de fuerza del régimen para establecer un gobierno de facto que recupere la república son ideas concretas para articular una unidad que sea efectiva en sus fines. 
En suma, la sola idea de unidad por sí misma y sin un propósito definido carece de la potencia para convocar sectores políticos, militares y sociales que logren acumular energías suficientes para derrocar al régimen. Por el contrario, una consigna como la propuesta por Bandera Roja “La Rebelión es el Camino” es un intento real para nuclear a los convocados en torno a un propósito claro y concreto, aunque aún tengamos que definir cómo se manifiesta esa rebelión (¿Acaso una mera rebelión electoral por vía de abstención?) y a dónde conduce ese camino (¿Acaso a un gobierno de transición que deje intacto el aparato político-militar chavista?).  Con todo, la referida consigna sería un buen comienzo para darle contenido a esa idea de unidad, pero eso forma parte de otro debate.- @humbertotweets

domingo, 28 de junio de 2020

Las fuerzas armadas desahuciadas

   Podría pensarse como una ironía el que bajo la bota militar del chavismo sean las fuerzas armadas una de sus víctimas. Para mantenerse el poder en contra de la voluntad nacional Hugo Chávez no tenía otra alternativa que tomar por asalto las instituciones republicanas y entre ellas las fuerzas armadas.
   El asalto a las fuerzas armadas comenzó por el cambio de nombre agregándole el adjetivo de “bolivarianas” e imponiendo alabanzas al socialismo y al propio mesías Hugo Chávez en forma de consignas militares. A esto le seguiría un proceso de desprofesionalización y desmantelamiento para reducirlas a ser el brazo armado del régimen y abandonar su misión fundamental en defensa del territorio y la soberanía.
   Esta desnaturalización de las fuerzas armadas venezolanas ha quedado bautizada en la constitución chavista de 1999 y plasmada además en una política sostenida por Nicolás Maduro que consiste en premiar a los oficiales genuflexos y lisonjeros que se arrastran para mantener las prebendas que les da la tiranía.
   Para vencer resistencias internas y ablandar a oficiales y tropa el régimen ha promovido la corrupción y el pillaje en todos los niveles de la pirámide militar. Así desde el primer Plan Bolívar 2000 y hasta la fecha queda muy claro para un oficial que al iniciarse debe escoger no solo un componente militar sino también un cartel o pandilla según la preferencia del crimen que quiera perpetrar: Droga, secuestro, robo, malversación, narcolavado. Hay de todo, hasta para ahorrarle a los más agazapados el ratón moral de ensuciarse las manos con billetes malolientes.
   Para la tropa solo queda el incentivo de las raterías de menor monta, los cobros de vacuna en las fronteras y la extorsión a quienes compran gasolina.
   La política de Hugo Chávez fue propagar masivamente la corrupción en las fuerzas armadas venezolanas para ganarlas a su lado con la premisa de robar y dejar robar.
En esta orgia de inmoralidad y traición a la patria las fuerzas militares de Venezuela se han puesto al servicio del régimen para reprimir con ferocidad a la población civil. Lo que resulta irónico es que para sus tareas represivas estos componentes militares usan las armas que la república les confió para la defensa del territorio. Pero estos militares que despliegan su furia bolivariana contra la población desarmada son incapaces de expulsar de territorio venezolano a guerrilleros y paramilitares que reinan a sus anchas dentro de  nuestras fronteras.
   Por eso hoy los venezolanos miran a estos uniformados sin respeto y con desprecio. Hasta sus propias familias que tienen que soportar los rigores de vivir en un país donde falta todo sienten vergüenza de ser asociados a estos elementos que decidieron cambiar a su patria por una miserable caja CLAP.
   Pero tampoco podemos ignorar que a pesar de tener varias promociones de oficiales formados bajo la férula doctrinaria del castrismo cubano también hay manifestaciones de descontento, disidencia e insurrección en contra de la corrupción militar. De otra forma no se podría explicar que las cárceles estén abarrotadas de oficiales acusados de rebelión unos y participantes en actos de insurrección otros. Más de mil procesados por delitos militares es la evidencia de la profunda crisis que vive la fuerza armada nacional.
   Para salvarse a sí misma y luego salvar la República esta fuerza armada tendría que amputar sus miembros gangrenados, quizás las 3/4 partes de la institución y luego la tercera parte resultante emprender un disciplinado proceso de restauración de principios y valores republicanos, expulsando y castigando sin clemencia a criminales y traidores. Una receta dolorosa pero inevitable para un paciente con un cáncer terminal que aun tenga la inquebrantable voluntad de sobrevivir.- @humbertotweets

domingo, 21 de junio de 2020

El estado chavista y sus franquicias partidistas

      A nadie debería sorprender la decisión de los órganos del estado chavista de tomar el control de los partidos Acción Democrática y Primero Justicia, además de inhabilitar a Voluntad Popular. Los representantes de esos partidos de la falsa oposición, que por veinte años se han entendido con el narcoregimen chavista, deberían ser aun los menos sorprendidos.
      Desde un principio, por allá en 1999, estos partidos decidieron abrazar incondicionalmente a la constitución chavista y desde entonces han aceptado mansamente todas las condiciones del juego político que el chavismo les ha dictado. ¿Por qué estos partidos decidieron pagar el precio de aceptar la pseudo legalidad chavista? Para de alguna forma ser parte de ese estado, recibir los privilegios y prebendas que esto implica, y así seguir alimentando a sus clientelas.
      Con la falacia que la lucha democrática había que darla desde adentro estos partidos y otros se aliaron con el régimen para someter a los venezolanos a un callejón sin salida donde la única promesa al final del túnel sería la ilusión de salir de este régimen por vías electorales.
      No podemos aceptar que esta decisión haya sido inspirada por razones genuinamente políticas ya que desde un principio se podía constatar que el modelo de Hugo Chávez apuntaba al desmantelamiento de la República usando sus propias instituciones incluidas allí los partidos políticos. Así como Chávez se hizo del control de las fuerzas armadas para someter militarmente a la sociedad, de la misma forma uso los apetitos clientelares de los partidos para disolver la lucha insurreccional en la calle con fórmulas electorales.
      En otras palabras los partidos de la falsa oposición se entregaron en brazos del chavismo por puro oportunismo político. Su papel ha sido instrumental a la hora de lavarle la cara al régimen y darle un maquillaje democrático. Siempre han estado dispuestos a participar en las maniobras electoreras del estado chavista aclarando que lo hacían bajo protesta porque no había otra forma de luchar.
      Por cierto que estos partidos, que en el plano retórico critican al chavismo, tienen conductas iguales que el mismo PSUV chavista. En la práctica se trata de oligarquías que operan eficientemente como franquicias partidistas donde el secretario general o coordinador es el verdadero y único dueño de las siglas, el logotipo y los negocios de ese partido. El dueño del partido es el habilitado para inscribir candidatos y postular magistrados dentro de las migajas que le asigna el estado chavista que controla todo el negocio.
      Esta degeneración de la política partidista había sido aceptada como incuestionada y normal por todos los actores hasta ahora, cuando el estado chavista como verdadero dueño de esas franquicias decidió reasignarlas a nuevos administradores. Los antiguos encargados de estas agencias del clientelismo no logran entender que luego de una fidelidad perruna al chavismo se les haya botado sin derecho a reclamo.
      Estos nuevos desempleados del chavismo califican lo ocurrido como una agresión contra la democracia y no como lo que realmente es, un ajuste de cuentas entre pranes. Simplemente estamos frente a un evento en la larga historia de cohabitación entre el régimen chavista y la falsa oposición. Es episódico además porque cuando el régimen quiera retomar las negociaciones los volverá a llamar y estos proxenetas de la política regresaran con gusto reivindicados en su bandera oportunista de que la pelea hay que darla desde adentro.
      La descomposición de las instituciones, inexistencia de un estado de derecho y la ausencia de garantías para los ciudadanos configuran una realidad que hace inviable la acción política por vías democráticas normales. Cualquier grupo que se plantee con seriedad y responsabilidad la organización y movilización política de los venezolanos en contra de la tiranía chavista solo tiene los espacios la clandestinidad y el exilio. Lo otro es cohabitar abiertamente con el régimen o emprender una aventura encomendando sus resultas a la suerte.-  @humbertotweets

domingo, 14 de junio de 2020

El TIAR no llegará más lejos que la OEA

     Algunos políticos venezolanos han tratado de desmarcarse de la falsa oposición (MUD-FA) en la retórica del discurso, pero aún son prisioneros de las formas pseudo legales que benefician por igual al narcoregimen chavista y a la posición cohabitadora. Es el caso de María Corina Machado y Antonio Ledezma que, a diferencia de la ambigüedad de la falsa oposición, han encontrado en la invocación al TIAR la fórmula de fuerza que teóricamente podría librar a Venezuela de las garras del chavismo.
     El TIAR es el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca firmado en Río de Janeiro en 1947 concebido como un pacto de defensa mutua de los países firmantes. El artículo 3.1 del pacto dice: “...un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, (...)” El pacto igualmente establece un órgano de consulta conformado por los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas con la facultad de acordar el uso de la fuerza que además “...adoptará sus decisiones por el voto de los dos tercios de los Estados signatarios que hayan ratificado el Tratado.”, según indica su artículo 17.
El TIAR no es más que otra instancia diplomática similar a la OEA. De hecho países miembros de la OEA son parte del TIAR. Poner la decisión de la intervención militar internacional en Venezuela en manos de los ministros de Relaciones exteriores de países signatarios del TIAR-OEA es una expresión de ignorancia o cinismo.
     O bien se desconoce el balance histórico que prueba la más absoluta inutilidad del TIAR para el propósito que fue creado o a sabiendas de su inutilidad se invoca para dar la sensación que se apoya una intervención militar con la certeza que esta nunca ocurrirá.
     Ni siquiera en el conflicto de Las Malvinas donde se materializaron con claridad las previsiones teóricas del acuerdo (un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano) se pudo activar el TIAR. Estados Unidos, Colombia y Chile, cada uno por separado, argumentaron diversos legalismos para salirse del mentado pacto.
     Y esto no debe escandalizar porque lo que gobierna las decisiones políticas y militares de los estados son sus intereses y la dialéctica de imperios. Desde el punto de vista de la realidad material un pacto como el TIAR jamás tendrá más eficacia que los intereses particulares de sus estados miembros, aunque se trate de uno solo de ellos. Esperar lo contrario es un simple ejercicio de fantasía.
     En el supuesto que algún día el consejo de consulta del TIAR se reúna para considerar el caso de Venezuela este sería tan solo el inicio de largas e interminables discusiones para resolver si se está frente a un acto de agresión externa contra un estado signatario o no. El debate se diluiría entre eufemismos y galimatías jurídicos para eventualmente llegar a una votación que sería decidida por los dos tercios de los países firmantes. Un proceso que podría tardar años para llegar a la nada, tal como ha ocurrido con la OEA. Y mientras tanto la disolución de la república seguiría su curso.
     Si esto se conoce y se entiende entonces es un acto de cinismo -¿oportunismo?- por parte de quienes aun comprendiendo la inutilidad práctica del TIAR lo invocan como “la salida de fuerza” apropiada para la crisis de Venezuela. Son los mismos que intentan un malabarismo retórico al hablar de una “intervención humanitaria’ de la mano de la OEA, la ONU, y el grupo de Lima. El sustantivo “intervención” se usa para hacer creer que se trata de una acción militar, aunque en el fondo no lo sea. El sustantivo “humanitaria” sería el neutralizador de la intervención militar internacional que al ser humanitaria tendría que ser de la mano de instancias y protocolos internacionales cuyos mecanismos están diseñados para esterilizarla y que esta nunca ocurra.
     La sola invocación del TIAR al ser asociada a una salida de fuerza, aunque sea una fórmula ineficaz, les podría rendir temporalmente beneficios a sus defensores quienes aspiran a desmarcarse de la falsa oposición con un discurso en apariencia radical. Pero más allá de la ignorancia o el cinismo la realidad es el resultado de inescapables dinámicas geopolíticas que no dependen de las intenciones o los buenos deseos.
     Lo real es que estamos frente al proceso de disolución de la República de Venezuela el cual impactará negativamente a países como Brasil, Colombia y los Estados Unidos. Y estos países se verán obligados a intervenir militarmente, no por razones humanitarias, sino en defensa de sus propios intereses y a pesar de instancias disolventes como el TIAR y la OEA. El alineamiento de esos intereses con los de quienes luchamos por defender la integridad de la república es lo que deberíamos comenzar a discutir. Todo lo demás es pura metafísica.- 
@humbertotweets

domingo, 7 de junio de 2020

La consumación del barraganato Chavismo-MUD

    Se trata de una relación que ha existido desde 1999. Por esos años parecía impensable imaginar el alcance de los acuerdos entre el régimen de Chávez y la falsa oposición. Cualquier conversación y acuerdo para lo estrictamente electoral era justificado públicamente por el más alto interés nacional de mantener la paz.  Pero en la trastienda del harem Hugo Chávez incluyó a la falsa oposición en el reparto del botín gestando las más perversas tramas financieras que dejaron como fruto de esa unión inmoral una criatura conocida como Los Bolichicos.
   Este apareamiento entre Chavismo y falsa oposición se define mejor como un barraganato o relación de hecho que le permite a los dos grupos recibir las bondades del estado chavista. Es una relación que ha tenido sus desencuentros en público pero más para dar la apariencia de que son dos cosas distintas cuando en realidad ambos están de acuerdo en lo fundamental que ha sido el sostenimiento político del régimen a cambio de la transferencia de dinero y la participación en los negocios del chavismo.
   Pero ni el experimentado malabarista político Ramos Allup podría sostener por tanto tiempo (veinte años!) la acrobacia audaz de recibir los beneficios del régimen al momento de presentarse como una alternativa política frente al mismo. Por eso los “zorro viejo” le dejaron a Voluntad Popular y Juan Guaido el papel de sostener la ilusión de un gobierno paralelo al de Maduro pero que en la práctica carece de poder para gobernar aunque su burocracia se conforme con ser una inmensa gestoría de favores y negocios.
Eso que llaman la presidencia de Guaido es un velo creado para vender la ilusión a los venezolanos que el cambio ya comenzó (reciclando engaños y esperanza una vez más!) y ocultar los acuerdos electorales y financieros entre el régimen chavista y la falsa oposición. El intento acrobático de hacerle tragar esa rueda de molino a la gente ha quedado reducido a una asqueante maroma ante los ojos de millones de venezolanos. es imposible explicar el chavismo en el poder sin la colaboración activa de la falsa oposición.
Ahora una nueva escena se agrega a la relación del barraganato entre el chavismo y la falsa oposición. Con el pretexto de combatir el coronavirus Nicolás Maduro y Juan Guaido han firmado un acuerdo donde ambos se reconocen mutuamente como presidentes para “liberar” unos fondos que serían manejados por la Organización Panamericana de la Salud. El acuerdo es defendido por los operadores de ambos bandos como un “milagro político” donde tanto el chavismo como la falsa oposición habrían dejado a un lado sus aparentes diferencias por el bien del país.
   La realidad siempre está escondida entre líneas y en letras pequeñas. Se trata de recursos que habría “liberado” el gobierno de Guaido en el exterior y que por virtud de este acuerdo llegarian a Venezuela de la mano de la OPS con la aprobación del chavismo y la falsa oposición. Pero una larga historia de pillaje y saqueo descalifica a ambos para decidir qué hacer con esos recursos y hay razones para pensar la maniobra completa forma parte de un guiso más entre estos concubinos.
   Si existiese una preocupación real, genuina y honesta por el impacto que el coronavirus pudiera tener en Venezuela y para evitar una tragedia donde podrían morir cientos de miles de personas habría que buscar formas expeditas, de fuerza y de facto para derrocar a la narcotirania chavista no la próxima semana sino hoy. Pero en este barraganato que ahora ha sido consumado con la bendición de la OPS hay otras urgencias y en esta cohabitación antinatural para Venezuela la falsa oposición ha escogido dócilmente ser la parte débil del contubernio.- 
@humbertotweets