De las trampas y fraudes electorales que ha perpetrado el chavismo para seguir en el poder en estos 26 años se ha documentado suficientemente. Todo cambió en Venezuela desde que el régimen chavista tomó el control total de todos los poderes públicos incluyendo el electoral. La ausencia de pesos y contrapesos institucionales hace prácticamente imposible aspirar a un cambio político dentro de ese sistema que opera a la media de sus dueños.
Las elecciones en Venezuela han sido
desde 1999 el mecanismo más eficiente de propaganda del que dispone el chavismo
para disfrazar su tiranía de democracia. Es mera propaganda porque el sistema
en sí está diseñado para siempre dar como ganador a los candidatos chavistas.
Pero lo que es peor, si el sistema reporta alguna falla operativa y produce
algún resultado indeseado (elección de la AN en el 2015) el Estado chavista
dispone de mecanismos jurídico-políticos para corregir inmediatamente esa
anomalía.
Así, entre fundadas acusaciones de
fraude electoral, los venezolanos en su mayoría han venido votando
sucesivamente desde 1999 sin mayores cambios en el paisaje político los cuales
no van más allá de algunas burusas adjudicadas a la oposición electoral, un
gobernador aquí, un concejal allá y así.
La erosión electoral del chavismo ha
tocado a sus propias bases clientelares que menguadas y depauperadas como el
resto de los venezolanos ya tampoco tienen incentivos para arrastrarse a los
pies de sus amos y ofrendarles el voto. Los alucinantes resultados que anuncia
el CNE chavista en las consultas electorales donde solo participa el chavismo
contrastan con la escuálida participación.
El régimen chavista jamás ha podido explicar cómo en el referéndum para
el Esequibo y en la consulta para elegir a los jueces de paz con centros de
votación vacíos pudieron votar más de 10 millones de personas.
Las clientelas chavistas no solo ya
no salen a votar sino que cuando lo hacen pueden al igual que el resto de los
venezolanos votar por un candidato opositor como ocurrió el pasado 28 de julio.
Pero aquí nuevamente el estado chavista vuelve a intervenir para corregir la
situación y enmendar un resultado adverso adjudicándole el triunfo al candidato
perdedor Nicolás Maduro, sin ni siquiera contar los votos y menos aún tener que
mostrar ninguna acta que así lo demuestre.
Este es un fraude electoral
continuado y sistemático al que estamos acostumbrados los venezolanos desde
1999. Con ese no hay novedad. Pero hay otro fraude electoral más pérfido y
sinuoso. Uno que se presenta como la salvación y ha resultado la vía más segura
al infierno chavista. Es el fraude perpetrado por aquellos que saben que las
elecciones controladas por el chavismo no conducen a ningún cambio político
pero aun así insisten en promover la salida electoral como la única viable para
enfrentar al chavismo.
Estos estafadores justifican su
postura como la única válida para enfrentar al chavismo y se niegan a aceptar
la evidencia histórica de estos 26 años de fraudes electorales chavistas.
Cuando se les muestra la debilidad de su argumento siempre se refugian en el
falso dilema de “elecciones o salida violenta” frente al cual la vía electoral
aunque ayude a perpetuar las cadenas chavistas luce como la más racional.
Pero se trata de un falso dilema que
pretende sorprender incautos para arrastrarlos a la tesis del voto como “el mal
menor”. Hay una cantidad de alternativas y métodos de lucha que sin ser
violentos tampoco sugieren ir a votar como un ejercicio ridículo y simbólico en
una tiranía que no respeta ni siquiera su propia legalidad.
Está la trampa electoral que ejecuta
el régimen chavista para robarse las elecciones y justificar el crimen con su
sistema legal. Pero también está la trampa electoral de una oposición que se
aferra al voto como la única forma para enfrentar al chavismo a sabiendas de su
inviabilidad.
Votar en la era chavista ha
resultado tan intrascendente para sacar al chavismo del poder que mientras la
oposición se acostumbró a votar para decir que hace algo ya los chavistas
cansados de “ganar” las elecciones se preparan para la nueva etapa. Esta será
una donde se ahorren todas las molestias asociadas al voto en términos de
tiempo y recursos. Será la nueva democracia chavista con elecciones de segundo
y tercer grado para elegir a los poderes públicos como ocurre en Cuba.
Y veremos a la redomada oposición
electoral amaestrada y acostumbrada a votar llamando a participar en esas
elecciones de delegados. Y seguro dirán en los próximos 30 años que la única
forma de salir del chavismo es votando, aunque las elecciones se hagan en las
sedes del PSUV, sin secreto y con delegados.- @humbertotweets
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