domingo, 28 de junio de 2020

Las fuerzas armadas desahuciadas

   Podría pensarse como una ironía el que bajo la bota militar del chavismo sean las fuerzas armadas una de sus víctimas. Para mantenerse el poder en contra de la voluntad nacional Hugo Chávez no tenía otra alternativa que tomar por asalto las instituciones republicanas y entre ellas las fuerzas armadas.
   El asalto a las fuerzas armadas comenzó por el cambio de nombre agregándole el adjetivo de “bolivarianas” e imponiendo alabanzas al socialismo y al propio mesías Hugo Chávez en forma de consignas militares. A esto le seguiría un proceso de desprofesionalización y desmantelamiento para reducirlas a ser el brazo armado del régimen y abandonar su misión fundamental en defensa del territorio y la soberanía.
   Esta desnaturalización de las fuerzas armadas venezolanas ha quedado bautizada en la constitución chavista de 1999 y plasmada además en una política sostenida por Nicolás Maduro que consiste en premiar a los oficiales genuflexos y lisonjeros que se arrastran para mantener las prebendas que les da la tiranía.
   Para vencer resistencias internas y ablandar a oficiales y tropa el régimen ha promovido la corrupción y el pillaje en todos los niveles de la pirámide militar. Así desde el primer Plan Bolívar 2000 y hasta la fecha queda muy claro para un oficial que al iniciarse debe escoger no solo un componente militar sino también un cartel o pandilla según la preferencia del crimen que quiera perpetrar: Droga, secuestro, robo, malversación, narcolavado. Hay de todo, hasta para ahorrarle a los más agazapados el ratón moral de ensuciarse las manos con billetes malolientes.
   Para la tropa solo queda el incentivo de las raterías de menor monta, los cobros de vacuna en las fronteras y la extorsión a quienes compran gasolina.
   La política de Hugo Chávez fue propagar masivamente la corrupción en las fuerzas armadas venezolanas para ganarlas a su lado con la premisa de robar y dejar robar.
En esta orgia de inmoralidad y traición a la patria las fuerzas militares de Venezuela se han puesto al servicio del régimen para reprimir con ferocidad a la población civil. Lo que resulta irónico es que para sus tareas represivas estos componentes militares usan las armas que la república les confió para la defensa del territorio. Pero estos militares que despliegan su furia bolivariana contra la población desarmada son incapaces de expulsar de territorio venezolano a guerrilleros y paramilitares que reinan a sus anchas dentro de  nuestras fronteras.
   Por eso hoy los venezolanos miran a estos uniformados sin respeto y con desprecio. Hasta sus propias familias que tienen que soportar los rigores de vivir en un país donde falta todo sienten vergüenza de ser asociados a estos elementos que decidieron cambiar a su patria por una miserable caja CLAP.
   Pero tampoco podemos ignorar que a pesar de tener varias promociones de oficiales formados bajo la férula doctrinaria del castrismo cubano también hay manifestaciones de descontento, disidencia e insurrección en contra de la corrupción militar. De otra forma no se podría explicar que las cárceles estén abarrotadas de oficiales acusados de rebelión unos y participantes en actos de insurrección otros. Más de mil procesados por delitos militares es la evidencia de la profunda crisis que vive la fuerza armada nacional.
   Para salvarse a sí misma y luego salvar la República esta fuerza armada tendría que amputar sus miembros gangrenados, quizás las 3/4 partes de la institución y luego la tercera parte resultante emprender un disciplinado proceso de restauración de principios y valores republicanos, expulsando y castigando sin clemencia a criminales y traidores. Una receta dolorosa pero inevitable para un paciente con un cáncer terminal que aun tenga la inquebrantable voluntad de sobrevivir.- @humbertotweets

domingo, 21 de junio de 2020

El estado chavista y sus franquicias partidistas

      A nadie debería sorprender la decisión de los órganos del estado chavista de tomar el control de los partidos Acción Democrática y Primero Justicia, además de inhabilitar a Voluntad Popular. Los representantes de esos partidos de la falsa oposición, que por veinte años se han entendido con el narcoregimen chavista, deberían ser aun los menos sorprendidos.
      Desde un principio, por allá en 1999, estos partidos decidieron abrazar incondicionalmente a la constitución chavista y desde entonces han aceptado mansamente todas las condiciones del juego político que el chavismo les ha dictado. ¿Por qué estos partidos decidieron pagar el precio de aceptar la pseudo legalidad chavista? Para de alguna forma ser parte de ese estado, recibir los privilegios y prebendas que esto implica, y así seguir alimentando a sus clientelas.
      Con la falacia que la lucha democrática había que darla desde adentro estos partidos y otros se aliaron con el régimen para someter a los venezolanos a un callejón sin salida donde la única promesa al final del túnel sería la ilusión de salir de este régimen por vías electorales.
      No podemos aceptar que esta decisión haya sido inspirada por razones genuinamente políticas ya que desde un principio se podía constatar que el modelo de Hugo Chávez apuntaba al desmantelamiento de la República usando sus propias instituciones incluidas allí los partidos políticos. Así como Chávez se hizo del control de las fuerzas armadas para someter militarmente a la sociedad, de la misma forma uso los apetitos clientelares de los partidos para disolver la lucha insurreccional en la calle con fórmulas electorales.
      En otras palabras los partidos de la falsa oposición se entregaron en brazos del chavismo por puro oportunismo político. Su papel ha sido instrumental a la hora de lavarle la cara al régimen y darle un maquillaje democrático. Siempre han estado dispuestos a participar en las maniobras electoreras del estado chavista aclarando que lo hacían bajo protesta porque no había otra forma de luchar.
      Por cierto que estos partidos, que en el plano retórico critican al chavismo, tienen conductas iguales que el mismo PSUV chavista. En la práctica se trata de oligarquías que operan eficientemente como franquicias partidistas donde el secretario general o coordinador es el verdadero y único dueño de las siglas, el logotipo y los negocios de ese partido. El dueño del partido es el habilitado para inscribir candidatos y postular magistrados dentro de las migajas que le asigna el estado chavista que controla todo el negocio.
      Esta degeneración de la política partidista había sido aceptada como incuestionada y normal por todos los actores hasta ahora, cuando el estado chavista como verdadero dueño de esas franquicias decidió reasignarlas a nuevos administradores. Los antiguos encargados de estas agencias del clientelismo no logran entender que luego de una fidelidad perruna al chavismo se les haya botado sin derecho a reclamo.
      Estos nuevos desempleados del chavismo califican lo ocurrido como una agresión contra la democracia y no como lo que realmente es, un ajuste de cuentas entre pranes. Simplemente estamos frente a un evento en la larga historia de cohabitación entre el régimen chavista y la falsa oposición. Es episódico además porque cuando el régimen quiera retomar las negociaciones los volverá a llamar y estos proxenetas de la política regresaran con gusto reivindicados en su bandera oportunista de que la pelea hay que darla desde adentro.
      La descomposición de las instituciones, inexistencia de un estado de derecho y la ausencia de garantías para los ciudadanos configuran una realidad que hace inviable la acción política por vías democráticas normales. Cualquier grupo que se plantee con seriedad y responsabilidad la organización y movilización política de los venezolanos en contra de la tiranía chavista solo tiene los espacios la clandestinidad y el exilio. Lo otro es cohabitar abiertamente con el régimen o emprender una aventura encomendando sus resultas a la suerte.-  @humbertotweets

domingo, 14 de junio de 2020

El TIAR no llegará más lejos que la OEA

     Algunos políticos venezolanos han tratado de desmarcarse de la falsa oposición (MUD-FA) en la retórica del discurso, pero aún son prisioneros de las formas pseudo legales que benefician por igual al narcoregimen chavista y a la posición cohabitadora. Es el caso de María Corina Machado y Antonio Ledezma que, a diferencia de la ambigüedad de la falsa oposición, han encontrado en la invocación al TIAR la fórmula de fuerza que teóricamente podría librar a Venezuela de las garras del chavismo.
     El TIAR es el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca firmado en Río de Janeiro en 1947 concebido como un pacto de defensa mutua de los países firmantes. El artículo 3.1 del pacto dice: “...un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, (...)” El pacto igualmente establece un órgano de consulta conformado por los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas con la facultad de acordar el uso de la fuerza que además “...adoptará sus decisiones por el voto de los dos tercios de los Estados signatarios que hayan ratificado el Tratado.”, según indica su artículo 17.
El TIAR no es más que otra instancia diplomática similar a la OEA. De hecho países miembros de la OEA son parte del TIAR. Poner la decisión de la intervención militar internacional en Venezuela en manos de los ministros de Relaciones exteriores de países signatarios del TIAR-OEA es una expresión de ignorancia o cinismo.
     O bien se desconoce el balance histórico que prueba la más absoluta inutilidad del TIAR para el propósito que fue creado o a sabiendas de su inutilidad se invoca para dar la sensación que se apoya una intervención militar con la certeza que esta nunca ocurrirá.
     Ni siquiera en el conflicto de Las Malvinas donde se materializaron con claridad las previsiones teóricas del acuerdo (un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano) se pudo activar el TIAR. Estados Unidos, Colombia y Chile, cada uno por separado, argumentaron diversos legalismos para salirse del mentado pacto.
     Y esto no debe escandalizar porque lo que gobierna las decisiones políticas y militares de los estados son sus intereses y la dialéctica de imperios. Desde el punto de vista de la realidad material un pacto como el TIAR jamás tendrá más eficacia que los intereses particulares de sus estados miembros, aunque se trate de uno solo de ellos. Esperar lo contrario es un simple ejercicio de fantasía.
     En el supuesto que algún día el consejo de consulta del TIAR se reúna para considerar el caso de Venezuela este sería tan solo el inicio de largas e interminables discusiones para resolver si se está frente a un acto de agresión externa contra un estado signatario o no. El debate se diluiría entre eufemismos y galimatías jurídicos para eventualmente llegar a una votación que sería decidida por los dos tercios de los países firmantes. Un proceso que podría tardar años para llegar a la nada, tal como ha ocurrido con la OEA. Y mientras tanto la disolución de la república seguiría su curso.
     Si esto se conoce y se entiende entonces es un acto de cinismo -¿oportunismo?- por parte de quienes aun comprendiendo la inutilidad práctica del TIAR lo invocan como “la salida de fuerza” apropiada para la crisis de Venezuela. Son los mismos que intentan un malabarismo retórico al hablar de una “intervención humanitaria’ de la mano de la OEA, la ONU, y el grupo de Lima. El sustantivo “intervención” se usa para hacer creer que se trata de una acción militar, aunque en el fondo no lo sea. El sustantivo “humanitaria” sería el neutralizador de la intervención militar internacional que al ser humanitaria tendría que ser de la mano de instancias y protocolos internacionales cuyos mecanismos están diseñados para esterilizarla y que esta nunca ocurra.
     La sola invocación del TIAR al ser asociada a una salida de fuerza, aunque sea una fórmula ineficaz, les podría rendir temporalmente beneficios a sus defensores quienes aspiran a desmarcarse de la falsa oposición con un discurso en apariencia radical. Pero más allá de la ignorancia o el cinismo la realidad es el resultado de inescapables dinámicas geopolíticas que no dependen de las intenciones o los buenos deseos.
     Lo real es que estamos frente al proceso de disolución de la República de Venezuela el cual impactará negativamente a países como Brasil, Colombia y los Estados Unidos. Y estos países se verán obligados a intervenir militarmente, no por razones humanitarias, sino en defensa de sus propios intereses y a pesar de instancias disolventes como el TIAR y la OEA. El alineamiento de esos intereses con los de quienes luchamos por defender la integridad de la república es lo que deberíamos comenzar a discutir. Todo lo demás es pura metafísica.- 
@humbertotweets

domingo, 7 de junio de 2020

La consumación del barraganato Chavismo-MUD

    Se trata de una relación que ha existido desde 1999. Por esos años parecía impensable imaginar el alcance de los acuerdos entre el régimen de Chávez y la falsa oposición. Cualquier conversación y acuerdo para lo estrictamente electoral era justificado públicamente por el más alto interés nacional de mantener la paz.  Pero en la trastienda del harem Hugo Chávez incluyó a la falsa oposición en el reparto del botín gestando las más perversas tramas financieras que dejaron como fruto de esa unión inmoral una criatura conocida como Los Bolichicos.
   Este apareamiento entre Chavismo y falsa oposición se define mejor como un barraganato o relación de hecho que le permite a los dos grupos recibir las bondades del estado chavista. Es una relación que ha tenido sus desencuentros en público pero más para dar la apariencia de que son dos cosas distintas cuando en realidad ambos están de acuerdo en lo fundamental que ha sido el sostenimiento político del régimen a cambio de la transferencia de dinero y la participación en los negocios del chavismo.
   Pero ni el experimentado malabarista político Ramos Allup podría sostener por tanto tiempo (veinte años!) la acrobacia audaz de recibir los beneficios del régimen al momento de presentarse como una alternativa política frente al mismo. Por eso los “zorro viejo” le dejaron a Voluntad Popular y Juan Guaido el papel de sostener la ilusión de un gobierno paralelo al de Maduro pero que en la práctica carece de poder para gobernar aunque su burocracia se conforme con ser una inmensa gestoría de favores y negocios.
Eso que llaman la presidencia de Guaido es un velo creado para vender la ilusión a los venezolanos que el cambio ya comenzó (reciclando engaños y esperanza una vez más!) y ocultar los acuerdos electorales y financieros entre el régimen chavista y la falsa oposición. El intento acrobático de hacerle tragar esa rueda de molino a la gente ha quedado reducido a una asqueante maroma ante los ojos de millones de venezolanos. es imposible explicar el chavismo en el poder sin la colaboración activa de la falsa oposición.
Ahora una nueva escena se agrega a la relación del barraganato entre el chavismo y la falsa oposición. Con el pretexto de combatir el coronavirus Nicolás Maduro y Juan Guaido han firmado un acuerdo donde ambos se reconocen mutuamente como presidentes para “liberar” unos fondos que serían manejados por la Organización Panamericana de la Salud. El acuerdo es defendido por los operadores de ambos bandos como un “milagro político” donde tanto el chavismo como la falsa oposición habrían dejado a un lado sus aparentes diferencias por el bien del país.
   La realidad siempre está escondida entre líneas y en letras pequeñas. Se trata de recursos que habría “liberado” el gobierno de Guaido en el exterior y que por virtud de este acuerdo llegarian a Venezuela de la mano de la OPS con la aprobación del chavismo y la falsa oposición. Pero una larga historia de pillaje y saqueo descalifica a ambos para decidir qué hacer con esos recursos y hay razones para pensar la maniobra completa forma parte de un guiso más entre estos concubinos.
   Si existiese una preocupación real, genuina y honesta por el impacto que el coronavirus pudiera tener en Venezuela y para evitar una tragedia donde podrían morir cientos de miles de personas habría que buscar formas expeditas, de fuerza y de facto para derrocar a la narcotirania chavista no la próxima semana sino hoy. Pero en este barraganato que ahora ha sido consumado con la bendición de la OPS hay otras urgencias y en esta cohabitación antinatural para Venezuela la falsa oposición ha escogido dócilmente ser la parte débil del contubernio.- 
@humbertotweets

domingo, 31 de mayo de 2020

El chavismo y las oposiciones viven de reciclar ilusiones

La influencia del idealismo y la metafísica en la política venezolana ha sido nefasta. Tan nefasta que varias generaciones han adoptado esas concepciones y hoy son impotentes para ver la realidad y articular una respuesta. Esa forma de ver -¿deformar?- la realidad es la que ha embarcado a miles de venezolanos por caminos de frustración que terminan en cárcel, destierro o muerte.
Por metafísica entendemos la sustantivación de algo que no existe. Y así la metafísica política sería tratar de darle cuerpo a una ilusión que aunque parezca real no existe pero es usada como base de juicio para tomar decisiones que afectan a un grupo. Pero además la sustantivación de las ilusiones ha sido un recurso político muy útil en la arena electoral de las democracias realmente existentes.
Hay corrientes políticas como la socialdemocracia que han hecho de la metafísica y el el reciclaje de promesas electorales su práctica más eficiente para cautivar electores y ganar su voto. Aquí la socialdemocracia no se entiende en sentido estricto como los partidos miembros de la internacional socialista (Acción Democrática, Voluntad Popular), sino además de partidos democratacristianos (Copei, Primero Justicia), liberales (Vente Venezuela) y de la izquierda indefinida (Psuv). Todos, sin excepción, coinciden en sostener un estado de partidos clientelar tal como está definido en la constitución chavista de 1999.
La construcción metafísica que une a todos estos grupos, aparentemente disímiles y contradictorios, son las ideas de “democracia” y “elecciones” como formas para resolver la crisis interna de Venezuela. Las diferencias aparentes entre ellos son de forma, no de fondo. El chavismo (Psuv) con armas dinero y CNE de su lado ofrecerá tantas “elecciones” como quiera, la falsa oposición (partidos de la MUD) dirá que sólo bajo ciertas condiciones (nuevo CNE, etc.) iría a elecciones, y la posición más “radical” sería la de María Corina Machado con Vente Venezuela que condicionan la salida electoral a la caída del gobierno de Nicolás Maduro (...elecciones cuando cese la usurpación!). Todos coinciden en que, de una u otra forma, la salvación milagrosa para Venezuela pasa por unas elecciones donde el pueblo soberano decida su destino.
Por supuesto el chavismo (Psuv) con el monopolio de las armas y las finanzas públicas lleva adelante una política real de control y represión de la sociedad venezolana. Abstracciones como “democracia” y “elecciones” son usadas por el estado chavista como elementos de propaganda hacia lo interno de las fuerzas armadas para justificar su acción represiva. Para la oposición, en sus diferentes variedades, queda el ejercicio oportunista de la ilusión política o el arte de convencer a los venezolanos de que se puede salir del chavismo con arreglo a la constitución chavista de 1999 y unas elecciones. A esto hay que agregar el sofisma predilecto de las oposiciones: “la salida está a la vuelta de la esquina, porque esto (la narcotiranía) ya está a punto de caer”. En eso llevamos veinte años.
La realidad material de Venezuela es la de una nación que cada día deja de ser. La de Venezuela es la realidad de un país descuartizado sin piedad por el chavismo y la falsa oposición. Venezuela hoy es un espacio gobernado por pandillas (políticas, militares, financieras, etc.), sin instituciones, sin garantías, donde sus habitantes carecen de los mínimos medios materiales para sobrevivir y llevar una vida digna. Bajo el chavismo y la falsa oposición Venezuela lo ha perdido todo, su nombre, sus símbolos, sus instituciones, su historia...y ahora su territorio. Pensar en elecciones en un país que se extingue es un ejercicio soberano de cinismo o ingenuidad.
Quienes hacen política desde la metafísica no pueden aceptar esta realidad aunque la entendieran. Hacerlo sería destruir la base de su formidable negocio político basado en el reciclaje de promesas y esperanzas que, aunque coqueteen con una salida de fuerza,  siempre serán transadas en alguna fiesta “democrática y electoral.”
Los profesionales de la política, tanto unos como otros, necesitan desesperadamente que los venezolanos sigan creyendo que son dueños de su destino y que la única salida civilista  posible sería una basada en el diálogo y las elecciones. Nadie en ese espectro de las oposiciones  podría admitir que estamos frente a una lucha existencial contra la barbarie porque hacerlo sería el fin de las ilusiones. Esto sería comenzar a definir posiciones frente a realidades como la vida y la muerte o la comprensión que el único desarrollo racional de este proceso histórico definitorio para los venezolanos sería un acto de guerra.
 @humbertotweets

domingo, 24 de mayo de 2020

Irán apoya narcoregimen chavista y desafía doctrina Monroe

La movilización de buques iraníes cargando, supuestamente, gasolina para Venezuela que serían presuntamente escoltados por unidades militares venezolanas es una acción que podrá a prueba la política de los Estados Unidos frente al régimen de Nicolás Maduro.
Para el eje Irán-Venezuela es un intento con claros objetivos propagandísticos de hacer dudar o retroceder a los EEUU frente a las consecuencias de un escalamiento militar del conflicto. De esta forma los Estados Unidos estarían obligados a intervenir militarmente para impedir el arribo de esos buques y asumir las consecuencias, o no hacerlo y poner en evidencia la debilidad de su política frente al régimen de Venezuela.
En las próximas horas sabremos si las sanciones de los Estados Unidos contra el narcoregimen chavista son una política de estado ejercida en toda su plenitud o si por el contrario eran tan solo movimientos tácticos para asustar a personeros del régimen. Cualquier acción militar o diplomática de los Estados Unidos que no conduzca a impedir el arribo de esos buques a costas venezolanas será tomada como un claro signo de debilidad y quizás la más grave constatación de la muerte de la doctrina Monroe (América para los americanos).
No trato aquí de hacer un ejercicio de predicción sobre lo que finalmente harán los EEUU. Esto lo sabremos en cuestión de horas. Lo importante es constatar el proceso de desaparición de una república en la órbita de influencia del imperio norteamericano -Venezuela- y las consecuencias que esto trae para la región y para el propio imperio. Un imperio desde ya asediado por China, Rusia y el islamismo y además debilitado por graves contradicciones internas.
Estas contradicciones se reproducen en la política exterior norteamericana prisionera de un fundamentalismo democrático que la lleva a abrigar esperanzas de soluciones electorales para países como Venezuela donde la institucionalidad ha desaparecido, no hay estado de derecho y gran parte de la población está sometida a la ley primitiva del más fuerte.
Por eso los Estados Unidos anuncian medidas contra el régimen de Maduro que en esencia son contradictorias. Se le pone precio a la cabeza de los mafiosos más conocidos del régimen al mismo tiempo que se les ofrece clemencia política si abandonan el poder y hasta una promesa de elecciones en el corto plazo.
Pareciera que la diplomacia norteamericana se debate entre la línea suave de persuadir con ofertas y amenazas al régimen de Maduro que abandone el poder y otra línea más dura de confrontación militar para destruir un narcoestado que, por sus alianzas con carteles de droga y grupos terroristas, amenaza la existencia misma del imperio norteamericano.
En medio de esta dialéctica de imperios nos encontramos los venezolanos tratando de salvar lo que queda de Venezuela. Para el chavismo la lógica destructora y suicida data de tiempos del propio Hugo Chávez. A veces en forma velada y muchas veces en forma abierta Chávez y su grupo siempre han dicho que prefieren destruir a Venezuela antes que entregar el poder.
Y aquí es donde las fórmulas electorales y negociadoras siempre se han estrellado. Ha tomado un proceso largo y lento de veinte años para que la mayoría de los venezolanos entendamos que no estamos frente a un mal gobierno que puede ser cambiado por vía de elecciones, sino frente a una mafia que cumplirá la promesa destructora de su inspirador.
La marcha de los buques iraníes hacia costas venezolanas pone la confrontación de EEUU contra el eje Venezuela-Irán en un punto de no retorno. Los barcos iraníes llegan o no llegan. Estados Unidos lo impide militarmente o no. Finalmente estamos en un punto que no admite fórmulas mixtas. Es el momento de las graves definiciones que siempre resultan odiosas para los diplomáticos ambivalentes. Este desenlace será un evento clave, decisivo, para determinar la supervivencia o no de la República de Venezuela y la vigencia de la doctrina Monroe para proteger los intereses del imperio norteamericano en el hemisferio occidental.
@humbertotweets

domingo, 17 de mayo de 2020

3 premisas para la rebelión cívico-militar

Salvar la república de Venezuela es una empresa muy grave y delicada. Esto no se logrará cambiando unos corruptos por otros. Evitar el colapso requiere de un conjunto de acciones difíciles y dolorosas que han debido asumirse hace mucho tiempo para amputar la parte putrefacta y salvar al todo de una muerte casi segura.
Cualquier venezolano, civil o militar, que se plantee en serio la defensa de la integridad de la patria tiene que considerar al menos las siguientes premisas como resultado de una constatación histórica: Desconocimiento de la Constitución de 1999, destrucción del estado chavista, el uso de la fuerza para lograr el propósito
Desconocimiento de la Constitución de 1999. El chavismo se procuró su propia legalidad. Una exactamente a su medida. Esta legalidad conveniente cambió las reglas del juego político para favorecer al chavismo. Dentro de este marco, herméticamente controlado por el régimen y protegido por su poder judicial y militar, deben ocurrir las elecciones, negociaciones y toda la administración del estado con resultados absolutamente predecibles.  Cualquier acción basada o inspirada en esta constitución está condenada al fracaso porque siempre será neutralizada y alienada por la pseudo legalidad. El necesario desconocimiento de facto de esta Constitución plantea el reto de llenar el vacío quizás regresando, aunque sea temporalmente, a la Constitución de 1961.
Destrucción del estado chavista. Hoy el estado venezolano no representa a la nación venezolana sino a las diferentes facciones y mafias financieras y militares que coexisten en el chavismo. Estos grupos han hecho del estado y sus instituciones una protección para actividades criminales asociadas al narcotráfico y el terrorismo. El diseño burocrático del estado chavista es omnímodo y así es un incentivo para que la falsa oposición lo deje tal como está. La socorrida tesis de la transición solo busca un cambio burocrático de gobierno dejando intacto el resto del aparataje que ahora estaría al servicio de un chavismo reciclado con las mismas prácticas corruptas. La ruptura total y definitiva con esas estructuras es una condición indispensable para asegurar que no regresaremos a la situación que justamente se trata de superar.
El uso de la fuerza para la ruptura. Las fuerzas militares de Venezuela como poder institucional ya no están al servicio de la república. Por el contrario a las fuerzas armadas se les cambió el nombre, su estructura y su doctrina para ponerlas al servicio de la mafia gobernante. Se trata de componentes militares que fácilmente pueden someter a la población en nombre de la pseudo legalidad chavista. Este desbalance solo puede ser corregido con la combinación de fuerzas militares internas y externas (internacional) que articulen una confrontación como un ejército regular frente a otro.
Si no se detiene la acción depredadora del chavismo en el gobierno y el colaboracionismo de la falsa oposición con sus tesis electoreras, erráticas y engañosas, la desaparición de la república de Venezuela tal como la conocemos será un evento irreversible.
@humbertotweets